Lo extraño de la muerte era la vida




Las ganas de extrañar eran sencillas, recurrentes. Venían siempre a cuento. 
La muerte era otra cosa. Como la vida misma. 
Aunque nadie conociera el resultado, la temían. Evitaban morir como la peste. 
Se comportaban como si fueran eternos o como si un final les molestara. 
Era un decir nomás. Qué se sabía. 
Quizá era otro principio. Punto y aparte apenas. Nota al pie. 

Cosas más raras que la muerte solía hacer la vida y mucho menos caso le prestaban. 
La vida se pasaba como si no fuera con ellos. Como si fuera gratis, aunque saliera cara. 
La vida era otra cosa, repetían los tristes aspirantes a una existencia ajena. A cualquier otra. 

Bien mirada la vida era un misterio inconsolable que tan sólo la muerte resolvía. 
Pero no estaban dispuestos a entenderlo. 
Así que sopesaban cada argucia y sus pasos de plomo derretido no llegaban muy lejos. 
El mar era una orilla extranjerísima que a pocos convocaba. 

A veces, en el medio de la vida, pasaban cosas raras. El amor, por ejemplo. 
Catástrofe absoluta, distracción magistral para que el moribundo se sintiera vivito y coleando. 
Duraba lo que el fuego. Artificio inquietante. Solicitado, es cierto. 

Cada quien distraía su suerte con el faro que tenía más a mano. 
La luz, a fin de cuentas, proyectaba distinto en cada quien o uno y nadie preguntaba acerca de. 

Era cierto o probable que ni la vida ni el amor fueran originarios de la zona, pero ya no importaba. 
La costumbre, su fuerza, es siempre bruta. 


m.trigo

Tomás Downey a escena






El mes que viene se estrena en Espacio 33 una puesta en escena que aborda varios de los relatos del libro Acá el tiempo es otra cosa, de Tomás Downey. Editado por Interzona en 2015 fue una lectura comentada en este blog. No imaginábamos entonces que aquello sería el primer paso de un viaje de casi dos años. 

La adaptación eligió cuatro de los relatos del libro - "La nube", "Cavayo", "Mamá" y "Ver a un niño" - y asume el desafío de componer una puesta donde la belleza expresiva y la contundencia del texto no sólo se mantenga, sino que crezca, enriquecida por el trabajo actoral. El extrañamiento que palpita en el universo del autor se filtra en esta versión escénica que mantiene el título del libro, entre otras cosas, porque encontró en él algunas de las claves exploradas desde la dirección. La iluminación y la música acompañan una búsqueda estética que confía en lo connotativo y que apela a un público entrenado en la percepción fragmentaria de la vida. 





Los actores Juan Manuel López Baio, Pablo Pandolfi y Ary Pardal son los responsables de poner en pie las voces narrativas convertidas en personajes cuya poética los ubica en tiempos y espacios tan inmediatos como inquietantes. Juntos exploran la conjunción de tres situaciones dramáticas que se conectan sutilmente a través de la mirada, un gesto o una palabra, pero mantienen su independencia de sentido. 

La obra se presenta como una investigación sobre la poética del universo del autor, una adaptación donde se impone el deseo de habitar con herramientas teatrales una narrativa excelente para transformarla en material escénico. 



Actúan: Juan Manuel López Baio, Pablo Pandolfi y Ary Pardal. 
Asistencia de dirección: Ariadna Mierez. 
Texto original: Tomás Downey.
Música: Nicolás Blum.
Gráfica: Dalmiro Zantleifer.
Producción: Espacio 33.
Adaptación y dirección: Macarena Trigo.

ESTRENO: 1 DE JULIO

Sábados a las 21h. en Espacio 33. 
Treinta y tres orientales 1119.

Javier Vicedo Alós


Poeta y dramaturgo


¿Cómo te definís profesionalmente?
Un titubeo prosigue siempre a esa pregunta.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Porque no me interesa otra cosa.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
La filosofía, la jardinería, el silencio, el mar, el aburrimiento, la muerte, la noche.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Que no se debe esperar nada.
¿Y lo más hermoso?
Que lo inútil es útil para algunos.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
El cine de los hermanos Coen, de Malick, de Wenders, de Herzog, de Reygadas. Los poemas de Valente, de Fabián Casas, de Juarroz, de Cernuda. El teatro de Beckett, de Lagarce, de Alejandro Ricaño, de Rodrigo García. La narrativa de Zambra, de Julio Ramón Ribeyro, de Félix Romeo, de Carver. La obra de Hopper, de Joan Mitchell, de Esteban Vicente, de Giacometti. La fotografía de Yamamoto, de Todd Hido, de Castro Prieto, de Misrach. La música de Beethoven, de Arcade Fire, de Sam Cooke, de los Byrds, de Alabama Shakes, de Brahms. ¿Sigo con la pedantería?
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
El pasado.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
El pasado.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
En tres.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
Sí.
¿Cuántos te esperan ahora?
No se debe esperar nada.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
¿Cómo lo recordás? 
Lo recuerdo como un camino hacia dentro.  
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Soy camarero. De manera snob se puede decir bartender. De manera estúpida coctelero del drama.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Poesía, pintura, fotografía y música.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Exponerme.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Ir a una Feria del Libro a firmar ejemplares. A uno no le tiran cacahuetes pero casi.  
¿Qué estás leyendo?
A Jergović.
¿Qué autores recomendás siempre?
A Ribeyro, a Cernuda, a Cioran, a Fabián Casas.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Fitzcarraldo, American Beauty, The man who wasn’t there, Paris, Texas, A straight story, Lost in Translation, El árbol de la vida.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Los mismos que mencioné en las influencias.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Lo primero que sean buenas personas. Después que entiendan que todos aportan.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A los de mi generación.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Odio hablar sobre lo que estoy haciendo. Mando los textos cuando ya casi están terminados a un círculo muy reducido de amigos.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Una vez obtuve una beca del Ministerio de Cultura español. También de una fundación privada, la Antonio Gala. Esa última determinó mi vida.
¿Por qué?
Porque todos necesitamos dinero para comprar tiempo.
¿Por qué vivís en Madrid?
Por la gente que vive aquí.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Muy pobre ha de ser uno si los viajes no modifican nada de su estructura mental.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando estoy escribiendo y pierdo la referencia del tiempo.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
¿Las supersticiones y manías cuentan como sistema?
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Vivir en cualquier otra parte, hacer cualquier otra cosa.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
El otro día a raíz de una charla que tuve que dar percibí durante dos segundos un atisbo de coherencia. Fue magnífico.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
No se debe esperar nada.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?
Soy un bicho social.  
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
Cualquier cosa que tenga que ver con hacer preguntas.

"La obra, un accidente."




¿Cuánto crece una obra en dos meses y medio? ¿Cómo medir ese crecimiento?  Hace dos meses y medio presenciamos un ensayo de El mundo es más fuerte que yo. La puerta de Roseti se abría después de más de dos años para compartir ese trabajo y la criatura palpitaba un entusiasmo febril. Sin luces, ni vestuario, ni final ni… Era un regalo honesto e inagotable. Reposada la impresión del primer cuerpo a cuerpo, volvimos a verla para renovar la experiencia acumulada. 

¿Dónde ponemos la expectativa al entrar en una sala de teatro? ¿Y al volver a una obra? ¿Qué buscamos? ¿Qué se desea? Sobre todo, que no nos decepcionen, que no roben nuestro escaso tiempo con algo que no. Y, por supuesto, que aquello, lo que fuere, esté tan vivo que me obligue a quedarme ahí, que tome mi mente y mi cuerpo y los vacíe llenándolos de algo más. Poder salir de esa obra, de esa sala, con el ánimo restaurado, con un poco de entusiasmo que cauterice el resto del sindios. Eso es ir al teatro y lo demás, sociales. En la república de Roseti trabajan arduo para ese umbral de expectativa no decaiga. 

El mundo es más fuerte que yo, quizá, pienso ahora, hoy, no quiere ser una obra de teatro. Pero es un bicho de. No quiere ser una trampa, una elipsis donde el público envejezca. Su naturaleza es la de un campo de pruebas, territorio abierto al que se nos invita y donde todo se presta a correcciones, cambios. Una de sus grandes virtudes es que capitaliza en el instante cuanto sucede y eso, sin duda, la mantendrá viva mientras su equipo la ampare. En cualquier momento puede suceder algo inesperado que modificará la puesta, quizá para siempre, y eso, el accidente, es tan bienvenido como deseado.

Nada es lo que parece. Ni el espacio, ni nuestra llegada, ni los roles asignados en remeras. El mundo está lleno de significantes agotados, de cosas que son sin estar, de acuerdos tácitos y absurdos. El pacto ficcional, esa convención vapuleada, esa anestesia… ¿Puede quebrarse? ¿Cómo? ¿Qué hay que hacer para que la ficción se rompa? ¿Dónde está la fisura que permite ir y volver? Y, en última y primera instancia, ¿qué nos importa más? ¿Nos define la realidad que nos rodea o la ficción a donde escapamos? La ficción que nos consume y consumimos, ¿acaso no nos (pre)ocupa más que la vida? ¿Dónde vivimos más y mejor?

El mundo es más fuerte que yo no necesita ser una obra de teatro más. Es un ensayo práctico, un experimento escénico que aspira a involucrarnos medularmente. Su programa así lo sugiere: "La cooperativa está inscripta en ACTORES con el número de orden: 21061. Una vez finalizada la obra, ustedes deberán inscribirse en la misma y cobrar el porcentaje correspondiente por la función que acaban de representar.”

La dirección de Juan Coulasso exprime las paradojas de la literalidad hasta las últimas consecuencias. Nos convierte en sus actores por obra y gracia de su concepción del hecho escénico como un acontecimiento limítrofe e incierto. Su puesta en escena nos recuerda, nos obliga a recordar, que no hay punto de vista adecuado. Ver o no ver, escuchar o no, aplaudir o no, son convenciones prescindibles si el bicho teatral está vivo. “No hay obra”, nos recuerdan una y otra vez, un guiño a Lynch, sí, pero, sobre todo, un regalo para nosotros, el público. Un público personaje al que se apela con inteligencia honestidad y humor. 

La no-obra comienza varias veces. Mientras el público se acomoda, su dinámica resuena en el audio de un ensayo. La sala se nos abre de una forma y se nos entrega en otra. Nos exigen atención desde el vamos. Miren, esta podría ser la puesta, pero no. Este podría ser el espacio, pero no. No sólo. Vos estás ahí pero también acá. Nada nos separa. La incertidumbre nos acosa.

En esta poética de ensayo sobre el quehacer teatral no hay rol menor, sin embargo, es el vínculo entre la actriz y el director, omnipresente en la puesta como una parodia de sí mismo y de todos los directores que en el mundo son y han sido, el que se desarrolla casi sin palabras. Mientras la actriz, una generosa y explosiva Victoria Roland, verbaliza la evidencia de esa relación tan tortuosa como necesaria,  contemplamos como, por momentos, su cuerpo y su voz se transforman en materia informe al servicio de una búsqueda vital, una comunión energética. La actuación concebida como un umbral de entrega, de intimidad tan absoluta como pública. El rol de actriz cuestionado como una extensión física y mental del director.

¿Qué es un director de teatro a fin de cuentas? ¿Cuál es su trabajo exactamente? Por suerte, a nadie le interesa una respuesta unívoca.


Hay más, tanto y mucho más sobre lo que puede escribirse y se escribirá en torno a esta producción de Roseti. Lo importante, de más está decirlo, es el acontecimiento. La cosecha de preguntas y sensaciones - el eco de la percusión en el cuerpo, por ejemplo - que cada quien se lleva al abandonar la sala como un actor más: obligado por la dirección. 



El mundo es más fuerte que yo

Texto: Juan CoulassoVictoria Roland
Actúan: Victoria RolandFlor Sánchez Elía
Músicos: Matías Coulasso
Diseño de vestuario: Endi Ruiz
Diseño de luces: Matías Sendón
Diseño sonoro: Matías Coulasso
Realización de vestuario: Emiliana De CristofaroLuisa Vega
Video y trailer:  Nadia Lozano
Operación de sonido: José Feliciano Ramirez
Fotografía: Nora Lezano
Asesoramiento coreográfico: Carmen Pereiro Numer
Entrenamiento vocal y asesoramiento musical y artístico: Bárbara Togander
Asistencia de dirección: Nadia LozanoMarina Ollari
Dirección de arte: Endi Ruiz
Colaboración en dirección: Carmen Pereiro Numer
Dirección: Juan Coulasso

Roseti

Roseti 722
Sábados 18.30h

Facfolc





El teatro (también) es una trinchera de la memoria, la de todos. Elegir el pasado, cualquier pasado, como carne de cañón es siempre delicado. Nuestros trabajos son puntos de vista, tan parciales como interesados por la cuestión. La conciencia sobre el valor de la temática tiende a llenarnos de reparos y prejuicios. ¿Qué se puede (volver) a contar sobre lo conocido? ¿Y cuál es el principal objetivo de esa obra? ¿Se aprende algo realmente de la Historia mayúscula en una sala de teatro? Estas y otras cuestiones de esa índole enfrentó, sin duda, el equipo creativo de Facfolc durante su proceso de ensayo.

Facfolc es una obra sobre Malvinas, un homenaje que, en estos días de desgobierno, adquiere una urgencia necesaria. Mientras el Estado desfigura el mapa y, tan literaria y literalmente, borra las islas de la geografía argentina en uno de sus muchos lapsus, el teatro independiente, una sala mínima, una cooperativa chica, nos cita para reescribir los hechos. El pasado aún no está escrito. La historia oficial no nos incluye. El teatro sabe todo sobre dar voz a quienes nunca tuvieron. El imaginario del soldado tiende a presentarse de forma parecida en nuestras mentes de civil, no obstante, toda guerra es única en su espantoso modo. No hay dos muertes iguales, aunque haya millones ignoradas. En ese terreno es donde la obra crece de mano de sus personajes. Facfolc cita Malvinas pero los soldados, pibes jugando a ser hombres de acción, jóvenes esperanzados con un destino mejor que se convierten en carcasas sometidos bajo la fuerza bruta de las circunstancias, esos soldados, se abrazan con los de cualquier conflicto bélico.

El texto elige anécdotas triviales para presentarnos a su personaje principal, Antonio. Su recuerdo detenido en sus últimas horas en casa, es la guía de un relato que, de a poco, se abre hacia la intemperie del campo de batalla. La puesta es despojada pero expresionista. Las actuaciones combinan la organicidad con la precisión coreográfica. Las repeticiones exploran la confusa representación de la mente. ¿Qué detalles son los que se fijan, como esquirlas de metralla, al recuerdo? Los actores comparten una voz y prestan su cuerpo a todos los personajes que el relato suma.

Una obra compleja que logra sacar partido a los mecanismos teatrales para aproximarnos a una temática sobre la que queda mucho por decir y todo por recordar.



Facfolc, un manto de neblina

Actúan: Cristian AguirreGuido DíazGuillermo Mac Donell
Fotografía: Gustavo Marión
Entrenamiento corporal y coreografía: Julie Cristal
Asistencia de dirección: Ángeles Clavijo
Coreografía: Julie Cristal
Texto y dirección: Fernando Locatelli

Sábados 22.30
Kowaslki Club de Cultura
Billinghurst 835

Instrumental

Considerar que casi siempre es cierto poco y nada,
nunca sucede a tiempo lo preciso
y toda duda suma mientras arde.

Precipitarse sólo si hay vacío.
No mata la caída, mata el miedo.

¿Qué es lo peor entonces?

Vivir embadurnado de costumbre y certeza
como perro feliz y taxidérmico.

Saberse de antemano consecuencia.

No hay lección ni consejo,
ni abrazo a medianoche sin precio
ya estimado.

El valor, sin embargo, es otra cosa.



m.trigo










Este sindios ni puente






Va de nuevo. La vida. Este sindios ni puente donde ir a gritar algo. 
Rebobina la historia tan prolija con su lista de miedos y miserias que ya ni putapena.

Así se siente el fondo de este vaso vacío para el brindis donde otros se atragantan y celebran quién sabe qué deseo concedido.

Se muere todo el mundo pero lloramos sólo a los mejores. O a los nuestros. La muerte es un negocio. Vende bien. Aunque se entiende poco de qué sirve. Un descanso quizá. Pero quién sabe.

A palo ciego el eco de otras veces no consuela ni un poco. No se escarmienta nunca en cuerpo ajeno. Ni se duerme o se mea de prestado. El corazón tampoco hace sus cosas como una pretendiera. No programa poéticas ni admite candidatos consecuentes. No está por la labor de la prudencia. No quiere ser vulgar, el muy cabrón, y anda de huelga en huelga como un profeta más en el desierto.

Mudo grita. Elegante la imagen si no fuera un estorbo.

El tiempo hace lo suyo y se extravía. Pasa, vuela y a ratos se detiene. No hay forma de esquivar su destrucción y somos esta ruina sin subsidio que el lobo del cuentito demolerá al soplar cualquier mañana.

Pese a las obviedades, la contramano exige sus quimeras y llegan telegramas donde el futuro existe y está siendo distinto. El pasado mejora dicen los optimistas. Y un poco la razón queremos darles porque si no la cosa se enrarece y el presente amenaza demasiado. Ahora que ya ni dios atiende los reclamos, hay que hacerse el idiota y ver qué más sucede. Cuánto puede aprenderse del mal ejecutado con tanta maestría. Toda acción es política y presiden el mundo delincuentes de altura sin estofa. Qué se puede esperar de este big bang insulso y tan solemne donde se baila al ritmo del single de verano.


Va de nuevo. La vida. Este paréntesis. 


m.trigo