Valeria Iglesias






Escritora. Editora. Docente. 



¿Cómo te definís profesionalmente?
Ecléctica, heterogénea y ciclotímica. Mi curiosidad nunca me deja tranquila y siempre creo que hay algo más interesante para hacer. Nunca puedo estar haciendo lo mismo por mucho tiempo. Algo que en el pasado viví con angustia. Sentía que nunca echaba raíces, que el entusiasmo de lo que emprendía pensando en que "esa era mi vocación" llegaba a agotarse pronto. Pronto había otra cosa que me interesaba más hacer. Años de terapia me ayudaron primero a aceptar mi forma: mi vocación es multitareas y se parece a las galletitas surtidas. Diferentes intereses conviven y los trabajo como si se complementaran el uno al otro. Y, segundo, aprendí a sacarle ventaja a esta forma de ser. Aprendí, en realidad, que nada de lo que emprendo queda abandonado en el camino cuando cambio de rumbo. Aprendí a integrar, a encontrar puntos de conexión con todas mis vocaciones.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Hay un momento en que una, sin darse mucho cuenta de lo que está haciendo, al tomar un rumbo, deja inaccesibles otras puertas. Hay hasta una edad para dedicarse a una carrera académica o dentro del mercado laboral formal. Yo ya no podría trabajar para una empresa. Primero porque no sé bien en qué rubro podría aprovechar al máximo mi potencial. Segundo porque para hacer carrera todos buscan empleados o pasantes de menos de 25 años (por ser generosa con el límite de edad). Entonces, por más que quisiera, ya no podría elegir el mundo seguro de un sueldo holgado por mes a cambio de mi rutina diaria de 8 horas dedicadas a un interés corporativo. En cambio, vivo con lo justo (a veces muy justo), pero manejo mis tiempos, siempre tengo un hueco para investigar algo nuevo, siempre tengo margen para, dentro del freelanceo y el trabajo independiente, cambiar el rumbo.
El momento en que elegí este rumbo fue durante la crisis de 2001. Mi hijo era pequeño y tenía la opción de capear el temporal trabajando más horas por menos plata, asegurándome un empleo, pero dejando de ver a mi hijo todos los días 8 horas y trabajando esas 8 horas para pagarle a una señora que lo cuidara y así llegar a fin de mes sin un mango de más. La otra opción era arriesgarme a llegar a fin de mes también con los mangos justísimos, pero compartiendo más tiempo con mi hijo.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
No lo sé. Lo que sí sé es que lo que resultó fundamental fue darme cuenta de que todas las disciplinas, todo lo que estudié y estudio, todo lo que incorporé y sigo incorporando no son conocimientos estancos que no se relacionan entre sí. Todo se conecta. Un taller de clown sirve para pensar la escritura. La escritura sirve para pensar un ejercicio de inglés para niños. Un ejercicio de inglés para niños, sirve para pensar cómo enseñar español a extranjeros. Enseñar español a extranjeros sirve para reflexionar acerca de la gramática. Reflexionar acerca de la gramática sirve para pensar en la inclusión social, y así... También podría relacionar la gramática con el clown, la escritura con la inclusión social, el extranjero con el niño, y así.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
La paciencia. Primero a descubrir que es accesible a todos. Segundo que, contrario a lo que al principio parece, te permite avanzar más rápido. También la importancia de la generosidad. Enseñar (lo que sea que uno enseñe) requiere de una entrega enorme. Darlo todo es la consigna. Desde mi punto de vista es mejor maestro el que tiene 2 y te da 2 que el que tiene 10 y te da 8. Eso lo aprendí de mis mejores maestros y así me moví siempre en todo lo que transmití.
¿Y lo más hermoso?
Ver que lo que diste, le sirvió a alguien. Comprobar que, a pesar de que a veces en el día a día pensás que da lo mismo hacer que no hacer lo que estás haciendo, un día levantás la cabeza y ves un montón de gente que aprecia y agradece lo que estás haciendo. Sobre todo me refiero a los proyectos que hago y que no me generan ingresos económicos y que a veces me canso de sostener. Entonces, cuando estoy muy agobiada pienso, ¿por qué seguir? ¿si da lo mismo? Pero no, no da lo mismo. Eso te da aliento.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Romper con prejuicios, envidias (propias y ajenas) y autocensura... o mejor dicho (porque lograr estas rupturas es un fin muy exigente) trabajar día a día para detectar prejuicios, envidias y autocensura hace que cualquier material se vuelva fuente de creatividad. Eso en un plano muy general. En un plano muy particular, de un tiempo a esta parte, Amanda Palmer me inspira para todo: para crear, para promocionar y para pensar cómo estructurar mis planes a futuro.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
No tener un pasar económico que me permita un poco más de libertad y algunos viajes que sigo postergando año a año.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
En dos. Uno fue terminar de escribir una novela que me llevó como cinco años. El otro, la editorial. Que es un proyecto que requiere de mucha energía y del que espero que al menos se autosustente.
¿Todos llegaron a mostrarse?
Sí. Pero la novela se convirtió en un nuevo proyecto: corregirla.
¿Cuántos te esperan ahora?
Bueno, si pienso la editorial como un gran proyecto con subproyectos (cada libro, cada evento, cada nueva estrategia) este año esperan unos 10 libros más, un evento importante por los 5 años de la editorial  y alguna que otra cosita más.
Aparte, me queda pendiente corregir la novela, que no sé si podré aunque sea arrancar este año.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Ediciones Outsider, sin dudas.
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Ayer hablaba con Francisco Cascallares, uno de los socios, sobre esto: los proyectos de largo aliento son como una relación. Al principio es todo bueno, como el enamoramiento. No ves la hora de estar trabajando en ese proyecto y odiás todas las otras ocupaciones que te roban tiempo. Pero a medida que la novedad se pasa, el trabajo cuesta más. Y ya no todo es tan romántico. Igualmente, hay que seguir, porque todo lo que se construyó requiere de más esfuerzo para que, en algún momento, veas los frutos.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Todo lo que hago, me gusta. Y me ayuda a pagar las cuentas también. Esto es posible porque con muy poco me las arreglo y porque nunca doy por sentado el trabajo. Cada día me levanto y pienso cómo voy a hacer hoy para dar lo mejor de mí en el trabajo. Cuando una piensa que el trabajo es un valor para los otros antes que un modo de ganar dinero, o algo que tiene que hacerme feliz a mí, el trabajo te da lo que necesitás para subsistir, y te da felicidad también.
Para dar un ejemplo, hace dos años volví a la docencia con niños. Doy literatura en inglés en una escuela primaria. Tengo muchos grados (de 4to a 7mo) y cada año siempre hay un grupo que es un poco más problemático o difícil que el resto. En vez de pensarlo como el grupo que no quisiera tener, lo pienso como el grupo que más me va a hacer crecer. El desafío es lograr que el grupo "guste de mí", como le digo a la directora cuando nos reunimos. Si el grupo se siente cómodo conmigo, todo es posible. A eso me refiero cuando digo "dar lo mejor de mí en el trabajo". Lo mismo sucede en otras áreas: los talleres, las clases de yoga, los proyectos que todavía no dan rédito económico. Lo que pasa es que no es tan visible el desafío, pero en todo lo que uno emprende tiene el desafío de realmente dar lo mejor de una misma.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Con la música, con el teatro, pero por sobre todas las cosas, me gusta el arte de hacer de la carrera de una un arte. Dar clases de literatura en inglés, por ejemplo, también como un arte. No te digo que me sale siempre, pero lo intento.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Poner plata pensando en que iba a volver con creces.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
No sé. ¿Volvería, por ejemplo, a poner plata en proyectos delirantes? Sí, volvería. Lo que no haría es esperar retorno o ganancia.
¿Qué estás leyendo?
Estoy leyendo Lagunas, de Milton Läufer. Una novela digital que cada mes tiene una versión nueva. Voy por mi primera versión. También estoy leyendo a Kazuo Ishiguro, The Buried Giant.
¿Qué autores recomendás siempre?
Lorrie Moore, Neil Gaiman, Mavis Gallant, Kazuo Ishiguro, Antonio Di Benedetto, Fernanda García Lao, Gabriela Cabezón Cámara, Jhumpa Lahiri. No sé, seguro después me voy a acordar de mil más.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
La fiesta inolvidable, Pulp Fiction y en mi época de madre de un niño: Toy Story.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Amanda Palmer, Charly García, Andrea Álvarez.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Entusiasmo. Liviandad. Respeto.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
En el ámbito de la escritura, a muchos, amigos y no tanto. Estamos bastante conectados en Facebook. No los voy a nombrar porque somos tantos y seguro me olvido de alguno.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Depende qué área. Del área de inglés, con Mariana Goldman y Maru Dorrego. Dos amigas y artistas, además, con las que nos nutrimos de ideas para explorar y hacer explorar a los estudiantes.
Del área de la literatura, con mis socios Francisco Cascallares y Jorge Churio, con Leticia Martín, Ana Ojeda, a veces le he dado de leer mis textos a Valeria Tentoni también. Hice un taller con José María Brindisi para terminar mi novela.
Del área del yoga, con mi hermana Natacha Iglesias, que sabe mucho de trabajo corporal
Del área de la maternidad, a amigas con hijos de la misma edad del mío.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Con Enzo Maqueira pedimos y conseguimos el Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires en 2010.
¿Por qué?
Era necesario para arrancar con la editorial y fue un muy buen empujón.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Por los afectos. Porque solo en una ciudad grande y heterogénea como esta puedo ganarme la vida picando un poquito de acá y otro poquito de allá. Porque soy bastante sedentaria. Porque extrañaría horrores. Porque nunca me hice la pregunta de por qué vivo acá.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Hay un viaje que marca un antes y un después de mi vida: Londres.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando ya estoy casi embarcada o por embarcarme en él.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Seguramente, pero no podría describirlo o identificarlo.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Viajar.
Actuar y cantar.
Aprender a tocar el piano.
Volver a enamorarme.
Poner un centro cultural.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
No.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Terminar medio vieja chota  y que mi hijo se tenga que hacer cargo de mí, como una responsabilidad pesada. Esto implica llegar bien con el cuerpo y tener un plan de supervivencia económica. Lo primero me estaría saliendo más fácil.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Redes sociales, mate con familia o amigos, tele, lectura. Pero excepto por el mate, todo se me termina mezclando con el trabajo.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
A algún otro tipo de mezcolanza inclasificable.


Diego Braude




Documentalista. Periodista.
Dir. del documental Fabricantes de mundos.

Foto: María Valeria Chinnici.

¿Cómo te definís profesionalmente?
Me gusta definirme como un híbrido de habilidades, conocimientos, intereses, pasiones e influencias. Supongo que es lo mismo que decir que no me gusta definirme. Si hoy me preguntan de qué trabajo, “qué hago”, respondo que soy periodista y documentalista. Pero esa respuesta es un poco un ejercicio de síntesis (poder del que adolezco), porque en realidad siempre estoy en varias cosas al mismo tiempo.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Puedo decir que soy curioso, que me gusta contar historias y que me las cuenten, compartir con otros. Me parece que compartir historias nos hace encontrarnos a nosotros mismos y con otros. Es una necesidad. No es lo único que soy, pero es parte de quien soy.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
Todas. Estudié Ciencias Políticas, me gradué en Artes Combinadas (ambas en la UBA), también estudié fotografía. Trabajé de socialero muchos años, incursioné en el periodismo de manera autodidacta (como suelo hacer la mayoría de las cosas), hice changas varias (como laburar bailando de “cabezón” en carnavales cariocas donde pibes o amigos-del-novio borrachos te fajaban por divertimento, de payaso algo siniestro en algún evento). He dado clases. Fui jurado de concursos. Doy tours culturales desde hace años. Estuve en la primera comisión directiva de la Asociación de Investigadores y Críticos de la Argentina (Aincrit). Realicé instalaciones fotográficas. Tuve un solo trabajo en relación de dependencia y duré apenas un mes (atención al cliente en una financiera). Breves experiencias en producción en cine y publicidad me enseñaron mucho.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Que sin acción no hay nada. La teoría y las ideas solas pueden muy fácilmente convertirse en una paja mental si no se pasa a la práctica. La práctica es barro y tenés que caminar por el barro para llegar a cualquier lado. Las ideas limpitas quedan para el marquito en la pared, pueden ser inspiradoras, pero no pasan por el cuerpo. Yo quiero cuerpo.
¿Y lo más hermoso?
Es un lugar común, pero el encuentro. Es muy difícil para mí quizás ponerlo en palabras claras o definitivas, pero lo que me significa ese encuentro ha cambiado con los años. Probablemente, junto con ese encuentro, lo hermoso ha sido el aprendizaje. A veces, mirás para atrás y ves un camino recorrido. No todo lo que ves está bueno, pero algunas cosas son maravillosas y otras les das un valor que en su momento no les diste. Mmmm… creo que lo que me ha enseñado mi trabajo básicamente es a vivir… y que no toda la vida pasa por el trabajo.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
En esta nunca sé que responder. Un nombre que siempre me viene a la mente es Fabián Polosecki. Creo que lo que él produjo en los ‘90s representa mucho de a lo que aspiro. Pero después estoy atravesado por todos lados, todo aporta y alimenta y, al mismo tiempo, cada vez que empiezo un proyecto necesito olvidarme de toda influencia para ver qué es lo que quiero hacer yo. Por ejemplo, dos de mis actuales influencias creativas son mis dos maestros de tango y todo lo que me pasa bailando. Hoy, ponele, mi lugar feliz está en la pista de baile y de ahí derrama a todo lo demás – incluido el trabajo - cuando la mayor parte de mi vida fue al revés.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
En otro momento podría haber hecho una lista. Hoy no. Todo ambiente está lleno de mierda y de obstáculos que muchos días te generan ganas de mandar todo al carajo. Nada, puteas y seguís adelante. Si no querés bardo, mejor quedate en tu casa. Me tomó años entender eso
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No sé si sacrificado. Más bien, creo que erré mucho tiempo al pensar que todo pasaba por el trabajo. En ese sentido, creo que me perdí de disfrutar momentos y sé que perdí gente por el camino. Hablo por mí, pero tomó tiempo y chichones comprender que, precisamente, para poder dedicarme a todo aquello que me apasiona necesito una vida que no pase sólo por ahí.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Algunos continúan este año, rara vez trabajo en proyectos que empiecen y terminen en el año. Alrededor de cinco o seis
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
Algunos sí, otros todavía están en proceso
¿Cuántos te esperan ahora?
Ja, no sé… por una cuestión de procesos no es que suceden todos al mismo tiempo, se van intercalando en los momentos de trabajo (si no, terminaría descuartizado). Pero ponele que se sumaron a los del año pasado unos tres o cuatro.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Fueron dos. Uno, el sitio web cultural que dirigí siete años (Imaginación Atrapada). Fue un espacio de aprendizaje, de vínculo con otros, que me llevó al proyecto más especial para mí a la fecha que fue el documental Fabricantes de mundos. Me tomó tres años terminarlo. Lo filmé, lo produje, lo edité, pulí imagen y sonido, hice el subtitulado. Lo realicé con fondos propios (apliqué al Incaa, que después de darme varias vueltas que sí, que no, lo rechazó… cosas que pueden pasar) y con todo amor. Si pienso en ese documental y en el camino que me hizo recorrer me queda una sola palabra: felicidad.
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
No sé si decir “malo”. Me hubiera gustado poder contar con el apoyo del Incaa, que en un momento parecía que salía. También había un fondo extranjero para documentales que justo en esa época dejó de incluir a la Argentina (cuestiones burocráticas: ya no figurábamos más como “país en vías de desarrollo”). Tendría que haber aplicado también a otros lugares, pero ahí me faltó experiencia. En la etapa de exhibición me comí varios garrones y aprendí finalmente en carne propia (quizás, de todo el proceso, lo más duro por toda la expectativa que tenía de compartir lo que tanto esfuerzo me había llevado) lo que cuesta la difusión, convocar público, etc, para una película chica. Tuve funciones de sala llena y otras donde fueron sólo dos personas (y una era amiga mía). Tuve, en general, devoluciones maravillosas. Me quedaron amigos, conocí gente preciosa que me abrió sus puertas. En el viaje que fue todo el proceso, me perdí y me encontré más de una vez. Todo, lo bueno y lo malo, fueron parte de ese viaje.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Digamos que, para poder vivir de lo que amo de la manera que considero me hace feliz y me permite ser fiel a mí mismo, necesito por ahora otras actividades que colaboren a parar la olla. Mucho tiempo puteé por eso, pero creo que esa diversidad en cierta manera me ha ayudado, me ha dado más amplitud de visión. Eso no significa que no esté laburando para poder vivir enteramente de la larga lista de cosas que amo.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Ja… Mmm… No sé… Si te ponés a pensarlo, creo que el 99% de las cosas que he hecho para llevar proyectos adelante son absurdas, a veces más chiquitas, a veces más grandes. Si no, sería aburrido
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Varias cosas. Quizás, lo principal es no pensar que toda idea es un proyecto, ni que en todo proyecto se me va la vida si no sale.
¿Qué estás leyendo?
Alicia en el país de las maravillas y Cartas de Perón a Cooke.
¿Qué autores recomendás siempre?
Siempre, no sé, son muchos. Últimamente, Liliana Bodoc y Álvaro Mutis.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
La Historia sin fin, Esperando la carroza, El Padrino, Apocalypse Now, La película del rey, prácticamente cualquier cosa de Werner Herzog, Río Arriba – de Ulises de la Orden -, La Guerra de las Galaxias, la saga de El Señor de los Anillos, la trilogía de Antes de… de Richard Linklater, casi cualquiera de Alex de la Iglesia (sobre todo El día de la Bestia, Muertos de risa y Crimen Ferpecto). No sé, son varias y variadas… como me suele ocurrir, cero síntesis.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Como decía… El temita de la síntesis… Por diferentes razones: Gaudí, Picasso, Caravaggio, Siqueiros, Capa, Dorothea Lange, Adriana Lestido, Piazzolla, Pugliese, Di Sarli, Biaggi, Borges, Cortazar, Arlt, Bodoc, Hitchcock, los dos Discépolo, Girondo, Herzog, Fellini, Kartun, Luciano Garramuño y Pepi Garachico (del Galpón Piedrabuenarte), etc.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Buena gente, creatividad, perseverancia, algo de tozudez, que no esperen a que yo termine de hablar para interrumpirme.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Principalmente, a Ernesto Ardito y Virna Molina. No solo porque me gusta lo que hacen, sino porque intento tomar su modo de producción como modelo. Después, presto atención al laburo de colegas varios, buscando inspiración o aprender de sus modos de trabajo.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Ahora mucho menos (y no sabés lo sano que es), pero de trabajo hablo en todos lados. Consejo pido, a veces, a colegas amigos sobre todo en cuestiones operativas.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Sip, me presento a subsidios. Aunque para Emprende Cultura, donde soy editor de una revista online producida por Recursos Culturales, para financiarnos hicimos crowdfunding y publicidad. Para cine, me presento sobre todo al Incaa, pero estoy queriendo aprender sobre los diferentes fondos locales e internacionales disponibles
¿Por qué?
Es una buena pregunta. Creo que los contenidos que suelo producir, al margen de que eventualmente puedan alcanzar un grado de masividad, suelen no ser un “negocio seguro”. Ergo, se hace complicado conseguir apoyo económico inicial y los llevás adelante con tu propio capital o recurrís a los diferentes fondos disponibles. Que el Estado decida apoyar la producción cultural me parece algo positivo. Permite pensar en el contenido sin depender de los autoritarismos del mercado. Dicho esto, lo que desde hace un tiempo me obsesiona es entender los canales de difusión y distribución, porque tener un subsidio para poder producir y que después lo que hago no lo vea nadie (no porque elige no hacerlo, sino porque no le llega y ni sabe que existe) no me interesa. Lo que hago como obra, del tipo que sea, lo hago para comunicarme y compartir con otros, no para guardarme las cosas en el cajón y decirme a mí mismo lo lindo que soy.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Es la ciudad en la que nací y en la que me crié. Es donde encuentro todo lo que me gusta hacer. Es donde están mis raíces, mis historias, mis amores y mis resquemores. No obstante, desde hace un tiempillo vengo sintiendo que en algún momento me gustaría vivir en un lugar más tranqui – no sé si por una temporada o permanentemente -, porque Buenos Aires me pone en un acelere que simultáneamente disfruto y por momentos padezco.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Quizás sea el que hice a Azul en 2010, cuando fui a cubrir el lanzamiento de la Red de Teatros Españoles de América. La bisagra se dio en que fue lo que disparó el documental que terminó siendo Fabricantes de mundos, y hacerlo fue un punto de inflexión de manera directa e indirecta en mi vida profesional.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Mmmm… Es pura intuición, y a veces le pifio. La sensación es como mirar una brújula que dice “es por acá”. No hay certezas, después es comenzar a caminar para ver si efectivamente era por ahí.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Probablemente. Tiene bastante de intuitivo, mechado con cosas metódicas aprendidas con los años. Una cosa sin la otra no me funciona.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Muchas cosas. El día que no tenga pendientes me voy a morir de aburrimiento.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Antes le prestaba más atención a eso. Ahora ya no, o trato de no. Mi camino es un camino sinuoso de prueba y error que, finalmente, aprendí a disfrutar. Fui lo que fui. Soy lo que soy. Seré lo que seré.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Antes me preocupaban dos cosas: llegar a tener un cierto lugar de relevancia en las diversas profesiones elegidas y tener algo de tranquilidad económica. Eso se resumía en “poder vivir de lo que me gusta”. Me preocupaba la incertidumbre, mucho. Quería la vida que tengo, que está llena de altibajos, de incertidumbre, pero con la certeza de una vida más lineal y previsible (principalmente, en lo económico). Bruto cortocircuito. Me tomó tiempo y mucho, mucho, mucho (no sé si queda claro) estrés al pedo hacerme cargo de lo que había elegido. Ahora, no te digo que soy un relajado, lejos estoy de Buda en la montaña (cita de Ben Stiller en Generación X), pero no tengo más ganas de preocuparme demasiado por el futuro. Todos los días construyo un poquito, planto semillitas por aquí y por allá, después veremos qué germina.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?
Antes pensaba en ideas de trabajo. Hoy, juego con mi gato, miro series, leo, pienso en ideas de trabajo, bailo tango (mucho, todo lo que puedo), pruebo recetas (me gusta cocinar, chicas), pienso en muebles que me gustaría hacerme (y que a veces hago y otras no), me encuentro con amigos aquí o acullá. Antes iba mucho al cine, ahora realmente poco. Antes, por trabajo, iba muchísimo al teatro, ahora sólo si realmente tengo ganas de ver una obra.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
Ni idea, es una pregunta que cada tanto me hago. Creo que he ido siguiendo mi vocación. Pero siempre me repiquetea en la cabeza una respuesta de Peter Brook en un documental que hizo sobré el su propio hijo (Brook by Brook). El hijo le pregunta exactamente eso, y Brook responde algo así como “No sé. Es una energía creativa que yo necesitaba expresar. Fue el teatro, pero podría haber sido jardinero.”

* Fabricantes de mundos puede verse acá: https://www.youtube.com/watch?v=--MvseK7O0g

Analía Medina



Escritora
Forma parte del colectivo literario 
Las Claudias


¿Cómo te definís profesionalmente?
En estado de imaginación permanente. Enquilombada e inestable.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Inventar historias es lo que más me gusta desde que tengo memoria. Soy un queso en todo lo demás (sobre todo en matemática).
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
La literatura, el cine, el dibujo, la música y la filosofía.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Que serán pocas las veces en que me iré a dormir tranquila con la satisfacción del trabajo terminado. No se puede hacer todo
¿Y lo más hermoso?
Que el proceso creativo debe ser algo parecido a la felicidad.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Me nutro mucho de todo lo que me rodea: desde un viaje en colectivo hasta una telenovela ochentosa. Tomo mucho del fútbol. El cine es un gran inspirador: la idea del que  creo es mi mejor cuento a la fecha surgió luego de ver 2046, de Won Kar Wai. (Yo le digo “Wonkar”, a modo cariñoso).
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
No tener tiempo suficiente para leer, escribir, dibujar todo lo que quiero. Me resultan frustrantes los días en que me voy a dormir sin haber leído nada, por ejemplo.
 ¿Cuántos proyectos te esperan ahora?
Muchos, siempre. Con Las Claudias presentamos un libro y ya estamos trabajando en uno nuevo. De a poco estoy retomando la ilustración y ojalá venga de la mano de mi primer libro “solista”, una cuenta pendiente.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
A la puesta de PELOS, una lectura performática que hicimos con Las Claudias en 2014.
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Lo recuerdo como una enseñanza enorme. El resto de Las Claudias no sólo son amigas y compañeras de proyecto; admiro a cada una de ellas, aprendo con ellas constantemente. La preparación de Pelos, fue agotadora por momentos, sí; pero cuando salimos a la cancha nos sentimos el Barça.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
No vivo de lo que amo. Trabajo en una oficina en microcentro liquidando impuestos a escribanos. Con eso pago cuentas y libros, muchos libros.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Con el dibujo. Cuando sea grande quiero ser historietista.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Mandar un poema recontra cursi y recontra dedicado a “esa persona” que todo el mundo sabía menos él, a un concurso de la escuela en 4to. año, ganarlo y tener que leer esa cosa en un acto. La pregunta dice lo más absurdo, no lo más vergonzoso, pero bueno, me acordé de esto.
¿Qué estás leyendo?
Santoral de Acheli Panza y Los Manifiestos Surrealistas de André Breton. Un bardo.
¿Qué autores recomendás siempre?
Cortázar, Silvina Ocampo, Manuel Puig, Felisberto Hernández desde el Olimpo. Dentro de los terrenales: Juan Diego Incardona (mi maestro), Leonardo Oyola, Mariana Enriquez, Pedro Mairal y como dicen en las entregas de premios “seguro me estoy olvidando de alguno”.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
El Padrino I y II (la III me entristece); Alta fidelidad, El diario de Bridget Jones, Orgullo y PrejuicioSensatez y SentimientosPerdidos en Tokio,  Casi Famosos,  Esperando la Carroza.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Quino, Julio Cortázar, Frida Khalo, Francis Ford Coppola, Meryl Streep, Nietzsche, Piazzola, Julio Bocca, Maradona, Messi, entre otros muchos.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Que se apasionen igual que yo con cada proyecto y que hagan del proceso algo placentero; que podamos trabajar y divertirnos.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Me gusta seguir los proyectos individuales de Las Claudias. Estoy esperando ansiosa un libro de Maca Trigo. Cuando me cruzo a Leo Oyola le pregunto cuándo sale su próxima novela. Leí dos novelas de Sebastián Robles y estaré pendiente de la que siga.
Con los ciclos de lectura y las redes sociales pude conocer a mucha gente del ámbito literario y me gustaría seguir a muchos más pero a veces el tiempo no me da.
 ¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Hablo bastante con mis compañeras de Las Claudias y con Héctor Di Gloria , un amigo escritor con el que siempre nos consultamos.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Aún no lo hice.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Porque nací acá y la amo.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Soy caótica. No tengo nada muy organizado. Mis tiempos de escritura propiamente dichos son cortos, porque cuando me siento frente a la computadora es que tengo algo bastante cerrado. Puede haber música de fondo o una la tele prendida pero no me perturba.
No soy de anotar ideas. En mi cabeza sí escribo todo el tiempo; veo historias permanentemente y las redacto. Tengo pensamientos redactados. 
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Muchas cosas. Escribir dos proyectos: uno sobre fútbol y otro sobre canciones. Conocer París y Londres. Bajar de peso.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
No cumplir ninguna de las cosas pendientes de la lista anterior y la muerte.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Miro tele, generalmente series, leo y me gusta mucho dormir.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
Supongo que teatro y/o canto. No me imagino haciendo nada fuera de lo artístico.

Corazón moscovita

Hace unas semanas leí varias veces una nota de Eduardo Velasco que hablaba sobre la precariedad de las salas alternativas madrileñas. Resumía el panorama así:

"Hagan las cuentas: ¿Es posible producir un espectáculo con 10 personas en el escenario y 1 técnico en una sala con un aforo de público de 60 como máximo al 50% de taquilla después de restarle el 21% de IVA y el 10% de autores a la recaudación? La mayoría de las veces incluso los actores tienen que autofinanciar la producción poniendo dinero de su bolsillo. Empiezan a darse casos en los que estamos pasando de trabajar gratis a pagar por trabajar. Porque os garantizo que llenar una sala que tenga 60 butacas de aforo no es nada fácil con la gran oferta que hay hoy en día. A mi personalmente, me supone un estrés tener un fin de semana libre e intentar ver el trabajo de otros compañeros, es imposible verlo todo por tiempo y por dinero. Otro día hablaremos también de esta moda de hacer cosas para que nos veamos entre nosotros mismos, a veces tengo la sensación de que estamos convirtiendo el teatro en una boda de pueblo, donde si no vas a la de tu vecino, éste no irá a la de tu hijo".


Insisto en que la leí varias veces. Me costaba disociar las contradicciones. Por un lado, saber que hay más de cien salas independientes en la capital de España, me sorprendía y alegraba. Por otro, leer que allá y acá, los políticos presumen de una oferta cultural que no favorecen, me invitaba a aceptar que la cosa está mal hecha y peor entendida en todos lados. Y sin pretender consolarme con "mal de muchos..." quería, me esforzaba, en ver dónde comienza a pudrirse todo. Obviamente, no lo conseguía. El párrafo de Velasco bien podría describir el panorama porteño. La única diferencia que se aprecia sobrevolando el Atlántico es que en España la precariedad es reciente y acá viene de hace tanto que pareciera endémica. Para el caso español parece que hay unas cuantas iniciativas que ayudarían a mejorar el panorama. Medidas que implican modificaciones legales y económicas. Suenan bien y hasta posibles (recomiendo que lean la nota, es breve y muy clara), y si acá se aplicaran medidas similares todos estaríamos mejor, por supuesto. 

Hasta ahí me daba el esfuerzo aplicado a la razón. Después, como siempre, venía el corazón a revolverlo todo y la experiencia de diez años en Buenos Aires a despeinarme la sensatez. Porque no. Porque por más parecido que suene panorama, su consistencia no puede ser más distinta. Porque sabemos que cualquier precariedad europea acá nos da risa. Porque "pagar para trabajar" en el teatro independiente acá es el pan común. Y siempre fue así, dicen. En diez años acá no he hecho más que producir mis propias obras y rodearme de equipos talentosos que aceptaron trabajar conmigo sin cobrar, ni de lejos, algo parecido a lo que su trabajo merecía. Lo hacemos todos. Y no por amor al arte. Con suerte es por amor a esa gente con la que elegís laburar. Eso ya es mucho y compensa esta subsistencia de "economía bizarra", como dice Kartun. También lo hacemos porque estamos convencidos de que el movimiento se demuestra andando, de que para hacer hay que hacer. Solo así te equivocás lo suficiente como para aprender algo. Lo hacemos porque somos muchos y en el medio de tantos la locura de nuestra causa individual se torna colectiva y se llena de sentido. 

(Che, Kodama, permiso, parafraseo a tu chico ahora). Me siento más orgullosa de las obras que he visto, que de las que he hecho. Siempre fue la obra de algún otro la que me recordó qué es el teatro, cuánto puede hacer por mí y qué valor tiene para el mundo. También fueron obras ajenas las que me dieron ganas de actuar o dirigir. Ojalá mi humilde aporte haya logrado algún instante así para alguien. Sea como fuere, nunca olvido lo que escribió Ure, el teatro es pese a nosotros. No nos necesita. 

Todo esto viene a lo que sigue. Moscú Teatro. 

Moscú es un espacio que hicieron posible Francisco Lumerman y Lisandro Penelas hace ya varios años. Primero fue escuela itinerante, luego ubicó sede en Villa Crespo y este año el espacio dio el paso de sumarse a la larga lista de salas independientes de esta ciudad desmedida. Una más. Una más que funciona a pulmón y que se mantiene por el trabajo intensivo, obsesivo y amoroso de sus creadores. Una más que se nutre de sueños y subsiste le pese cuánto le pese al sistema. Una más a la que muchos tardarán años en llegar porque hay tantas, tanto, por todos lados... 

Conociendo Moscú escuela, recomendándola por la calidad de sus docentes, escuchando la satisfacción con la que los alumnos se forman, habiendo observado su crecimiento progresivo y dedicado en los últimos años, estas últimas semanas fue un placer asistir como público a los últimos estrenos de sus directores. El amor es un bien, de Lumerman y El amante de los caballos, de Penelas. Entre las infinitas posibilidades de su creatividad, se dio esta hermosa conjunción. Dos piezas exquisitas que habitan y transforman lo que hasta hace nada era un aula demostrando una vez más que el hecho teatral, cuando sucede, es un prodigio que solo precisa de hacedores. Entiéndase, todos los ingredientes están presentes: hay texto, escenografía, luces, música... pero en realidad todas esas cosas parecieran estar ahí solo para recordarnos que podrían no estar y el milagro acontecería de igual modo. Las dos propuestas son lo que en música sería piezas de cámara, obras para un grupo reducido de instrumentos. En este caso, actores. Afinadísimos todos. 

El amor es un bien, versiona Tío Vania contextualizando en la inmediatez el conflicto y la fragilidad de sus personajes. El elenco - Manuela Amosa, José Escobar, Diego Faturos, José María Marcos y Rosario Varela - mantiene organicidad coral asumiendo las fracturas impuestas desde la dirección al verosímil para explorar una teatralidad próxima y despojada que se permite dialogar con el público, generando una poética intimista donde somos, por momentos, una suerte de confesor de sus desvelos. 




En El amante de los caballos, Penelas adapta un relato de Tess Gallagher y lo convierte en un unipersonal donde Ana Scannapieco vuelve a fascinarnos con la creación de una criatura que encarna la síntesis de un árbol genealógico dominado por las pasiones. Una mujer que asume y trasciende el pasado de su padre y su abuelo. Sirviéndose de una gestualidad codificada y sutil la actriz consigue mimar y mimetizar la esencia de un caballo. No hay traducción que haga justicia a lo que logra, así que los invito a verla. 

Por esas interferencias que se producen entre la poesía y el sistema, las funciones de El amante de los caballos se están presentando hasta el momento como ensayos. Las idas y venidas en el trámite de la cesión de los derechos del cuento de Gallagher llevan casi un año de confusión y peregrinaje al que, afortunadamente, Penelas, contactando en persona con la agencia de la autora en Londres, está por poner fin. Dada la complejidad geográfica, bancaria y existencial que caracteriza este punto del planeta, parece que finalmente un pariente del director que vive en Alemania podrá hacer que la autora reciba la plata que le corresponde en su cuenta. Menciono el periplo porque no resulta para nada menor que el profundo deseo de crear una obra propia a partir de un cuento de otro implique el esfuerzo de ahorrar en dólares para pagar los derechos pertinentes y, además, enfrentarse a un estreno oficial postergado durante meses por fallos de la matrix. Nos consolamos del desvarío kafkiano pensando que estas cosas, seguro, también pasan en España. 

Me consta que el proceso creativo de estas dos obras ha sido largo y que su realización tiene más que ver con la suma de múltiples deseos e intenciones que con cualquier posible recompensa económica. El pago de horas de ensayo para los actores se llevaría, sin duda, gran parte de cualquier presupuesto de producción. Estoy segura de que Lumerman y Penelas se encuentran más que felices al poder presentar en sala propia el fruto de tantísimo trabajo. Son infinitos y, en ocasiones, muy frágiles, los factores que determinan que obras como estas vean o no la luz. 

Sintámonos afortunados. Por poder verlas en esta ciudad, en este país, en este mundo. Demos gracias porque hay mucho creador irreductible dando vueltas, luchando por sobrevivir, para que todos podamos recordar, cada tanto, una vez más, qué era lo que merecía la pena de todo este quilombo. Eso sí,  mientras agradecemos, sigamos pensando cómo logramos que nuestro trabajo sea tan digno como cualquier otro. Todos los trabajos en todo el ancho mundo. 


El amor es un bien

Actúan: Manuela Amosa, Jose Escobar, Diego Faturos, José María Marcos, Rosario Varela
Diseño de escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez
Diseño de luces: Ricardo Sica
Diseño gráfico: Martín Speroni
Asistencia de dirección: Ignacio Gracia
Prensa: Luciana Zylberberg
Producción ejecutiva: Zoilo Garcés
Texto y dirección: Francisco Lumerman

Sábados 23h y domingos 17.30h


El amante de los caballos

Sobre textos de: Tess Gallagher
Actúan: Ana Scannapieco
Vestuario y escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez
Diseño de luces: Soledad Ianni
Fotografía:
Ariel González Amer
Diseño gráfico: Martín Speroni
Asesoramiento coreográfico: Sabrina Camino
Asistencia de dirección: Julieta Timossi, Ricardo Vallarino
Prensa: Luciana Zylberberg
Adaptación y dirección: Lisandro Penelas

Sábados 20.30h

MOSCÚ TEATRO
Camargo 506

"El arte como ansia de lo ideal". Tarkovsky.

"El arte surge y se desarrolla allí donde hay ese ansia eterna, incansable, de lo espiritual, de un ideal que hace que las personas se congreguen en torno al arte. El arte moderno ha entrado por un camino errado, porque en nombre de la mera autoafirmación ha abjurado de la búsqueda del sentido de la vida. Así, la llamada tarea creadora se convierte en una rara actividad de excéntricos, que buscan tan sólo la justificación del valor singular de su egocéntrica actividad. Pero en el arte no se confirma la individualidad, sino que ésta sirve a otra idea, a una idea más general y más elevada. El artista es un vasallo que tiene que pagar los diezmos por el don que le ha sido concedido casi como un milagro. Pero el hombre moderno no quiere sacrificarse, a pesar de que la verdadera individualidad sólo se alcanza por medio del sacrificio. Nos estamos olvidando de ello y así perdemos también la sensibilidad para nuestra determinación como hombres.
Si hablamos de inclinarse hacia la belleza, de que la meta del arte, surgido por el ansia de lo ideal, es precisamente ese ideal, no quiero decir con ello que el arte debe evitar el «polvo» de lo terreno… Todo lo contrario: la imagen artística es siempre un símbolo, que sustituye una cosa por otra, lo mayor por lo menor. Para poder informar de lo vivo, el artista presenta lo muerto, para poder hablar de lo infinito, el artista presenta lo finito. Un sustitutivo. Lo infinito no es materializable, tan sólo se puede crear una ilusión, una imagen". (...)
"El arte es un metalenguaje, con cuya ayuda las personas intentan avanzar la una en dirección a la otra, estableciendo comunicaciones sobre sí mismas y adoptando las experiencias ajenas. Pero tampoco esto se hace por una ventaja práctica, sino por la idea del amor, cuyo sentido se da en una capacidad de sacrificio enteramente contrapuesta al pragmatismo. Sencillamente, no puedo creer que un artista esté en condiciones de crear sólo por motivos de «autorrealización ». La autorrealización sin la mutua comprensión carece de sentido. La autorrealización en nombre de una unión espiritual con los demás es algo atormentador, que no aporta ningún provecho y que en definitiva exige grandes sacrificios de uno mismo. ¿Pero es que no compensa escuchar el propio eco?"