Juan Pablo Gómez

Juan Pablo Gómez. 
Director teatral, productor, Dj.


Obras en cartel: 
Recordar 30 años para vivir 65 minutos.
Villa Argüello.





¿Cómo te definís profesionalmente?
Hacerle esta pregunta tan simple a alguien que se dedica al teatro en Buenos Aires puede ponerlo en un aprieto. Me dedico a todo lo que haya que hacer para una obra: sea escribir, dirigir, hacer producción, asistencia, organizar giras y he actuado en varias cosas hace muchos años.
De todos modos, el lugar con el que me identifico es con la dirección. A pesar que es la especialidad que menos plata me ha hecho ganar y eso también es parte del manoseado concepto de “profesional”.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
No sé bien por qué comencé a meterme en el teatro. Un poco de carambola supongo. Tengo claro sin embargo por qué me dedico a esto ahora: es mi manera de entender el mundo, la gente que quiero está aquí y en Buenos Aires me parece una actividad particularmente relevante. Algo que puede hacerse sin ningún tipo de apoyo, puro encuentro entre personas. Encuentro entre personas, siempre difícil, complejo y enriquecedor, durante la producción de la obra y luego con el público. Soy una persona gregaria, no me gustan las actividades solitarias. Necesito gente a mi alrededor para pensar.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
Los primeros años de actuación, sin duda. Actuación entendida como la entendían mis principales maestros, Audivert, Bartís. Un actor que se come un director y lo lleva consigo como consciencia de la totalidad de la obra.
El circo, al cual me dediqué muchos años y de lo cual, en parte, sigo viviendo, me transmitió una relación cotidiana de disponibilidad con el cuerpo y el entrenamiento que me sirve para pensar diariamente el teatro como forma de trabajar con “unos cuerpos ahí”.
Mi tránsito universitario también me abrió la cabezota para pensar el arte no como “proyecto creador individual” sino como proceso histórico, social. Cosa de no inventar el agua tibia cada vez que uno se pone a dirigir, digo.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
A no ser un negado con lo manual.
¿Y lo más hermoso?
Espero que esté por venir, pero cuando un ensayo y luego una escena “funciona” siempre me parece muy hermoso eso de crear ficción con personas vivas.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Del mundo del arte cientos: el cine de Cassavettes, de Hitchcock, la literatura de Lamborghini, de Castillo, de Ramos, la teoría. Del teatro todos, de todos se puede afanar algo. Bartís es una influencia ideológica permanente, de gente de mi generación Mati Feldman, Fede León siempre abren campo para pensar. Y después de todas las situaciones, de las personas en general, de sus mezquindades y grandezas. La gente y su ínfimo tránsito por la vida me emocionan y estimulan a la vez.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
La imposibilidad de hacer un crecimiento relativamente organizado, la falta de apoyo real del Estado, la ansiedad colectiva que genera ese desorden y que se plasma en un solo síntoma: la agenda de un actor porteño.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
La estabilidad económica.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Tres. Voy en baja.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
¡Uno todavía no, pero en eso estamos!
¿Cuántos te esperan ahora?
Dos. Ya dije, voy en baja.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
La obra que ensayo actualmente con la compañía Un Hueco y que se estrena este año. Todo mi tiempo es para ellos.
¿Qué hubo de bueno y de malo?
De malo es que el tiempo desgasta los vínculos, marchita los hallazgos, oxida el impulso. Lo bueno es que seca lo superfluo y que nunca termina de acabar con nosotros.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

Tengo varias, varias otras profesiones. Pero a todas las amo un poco.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Con la música, el cine y la literatura permanentemente. Con la plástica menos de lo que debería. Es una gran escuela.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Darle la mano a un par de tipejos.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Meterme adentro de un muñeco en una publicidad. Bueno, ahí va una promesa que no sé si cumpliré…
¿Qué estás leyendo?
Ahora mismito Estados fallidos de Noam Chomsky.

¿Qué autores recomendás siempre?
Pablo Ramos, Abelardo Castillo, Aristóteles, Perlongher, Arlt. En realidad ellos no necesitan que los recomiende yo. Inés Acevedo tiene una novelita que para mí es genial, en la que hablan como me gustaría que hablen los personajes de mis obras.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Cualquier barbaridad yanqui que pasen en la tele. Las que repito son porro visual, para no pensar. Las otras, me las acuerdo.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Digamos que si no leíste Chéjov, ni Ibsen ni sabés quién es Pina Bausch es difícil empezar a hablar.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Amplitud de criterio, ganas de pensar artísticamente. Se dice fácil pero no es tan sencillo.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Feldman, León, Spregelburd. Siempre se encuentra algo ahí.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Con todos. Con los actores con los que trabajo en primer lugar, ellos son los interlocutores permanentes. Después molesto a todo el mundo: para que lean la obra, para que vengan a un ensayo, para que opinen. Escucho mucho, ¡tal vez demasiado! A veces me mareo. Esta obra que estoy por estrenar la leyó Kartún, la leyó Walter Jakob. Ellos tienen mucho “olfato para la estructura” como se dice. Y Feldman vino a ver algún ensayo, vendrá a ver otros. Con Horacio Banega discutimos todo lo demás, solo para sacarle filo a las ideas. Son como primos a los que uno les consulta todo.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Pido, claro. Siempre es una ayuda. Proteatro, INT, FNA.
¿Por qué?
Más allá del dinero, la instancia de la presentación de subsidios o apoyos suele ser un momento para organizar todas esas ideas sueltas sobre un proyecto. Básicamente para qué lo quiero hacer, además de porque se me canta.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Mi trabajo está acá. La gente que me gusta como actúa, es dónde se como moverme. Cada vez me tiene más podrido como ciudad pero es una dicotomía insoluble por ahora.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Varios. Mis primeros viajes como asistente de R. Spregelburd me conectaron como el ancho mundo del teatro allende Buenos Aires. Laburamos en forma y tuve mi primera responsabilidad en serio en el teatro. Junto con el equipo movíamos un espectáculo bastante grande. Y después laburando con Mariano Pensotti también. Grandes festivales y grandes ligas. Me enseñaron varias cosas (que igual no aplico): el concepto de “show” (en el sentido de lo complejo y organizado que hay que estar para trabajar el vivo del teatro fuera de la salita independiente) y también cierta des-localización del teatro como espectáculo. No estar creando siempre para el espectador porteño, relativizar cierto chauvinismo teatral donde se supone que es más “sincero” lo que refiere a un “nosotros”. Eso muchas veces termina reduciéndose a una idea remanida sobre ciertos tópicos y ciertos modismos a la hora de actuar, de crear.  Y el “nosotros” puede ser un enunciado muy productivo y poético a la vez: “Nosotros los que estamos acá viendo esto”.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Tengo una lista de ideas y cosas que quiero probar pendientes. Así que cuando sale una, ya hay otra en la línea de largada. Igual, no soy muy productivo así que es un proceso que lleva años.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Ni a palos.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Algunas obras punteadas en varios cuadernos dispersos. Trabajar otro tipo de formato escénico, algo menos “obra”. Laburar en un teatro bien grande. Aprender a escribir más, darle más bola a eso. No como finalidad pero si como base estable para un proyecto.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Caótico pero sí. Un claro corrimiento hacia la dirección desde que empecé a trabajar. Igual, como ahora estoy por estrenar todo es duda y replanteo. Clásico.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
No poder congeniar una actividad que, por lo menos en Buenos Aires que es lo que más conozco, te obliga a convertirte en una Pyme full time de uno mismo, con otros intereses no artísticos que tengo. Vivir en un lugar más lindo, por ejemplo, con más naturaleza a mano. Me falta.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?
Vida bohemia.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
A lo anterior me parece.

Roger Wolfe

La verdad, por fin

Todo el día
queriendo redactar este poema
y ahora no recuerdo
qué se supone 
que tenía que decir. 

Los buenos escritores - no hace falta
repetirlo - son aquellos
que saben siempre, exactamente, 
cuándo no deben escribir. 

Pero ése
evidentemente
no es mi caso. 

**

Metafísico estáis

El tipo dijo
con palabras elogiosas
que en el fondo
le agradezco:
"... he aquí el milagro
de una lírica
que se construye
en el vacío...";
y miré los muros
de esta casa
que no es mía
y no hallé cosa
en que poner los ojos
que me ayudara
a pagar el alquiler.

Y tuve que darle
la razón. 

**

Una bandera blanca no tiene por qué ser necesariamente una toalla

A veces
hay que descender
de las alturas
Caminar una vez más
entre mortales
Reconciliarse un poco
con la mediocre
comodidad
del que se permite
ir existiendo sin hacer
tantas preguntas
Sentarse por ejemplo
ante la tele
Poner películas
de vídeo
Llamar por teléfono
para lanzar un esoese
o confesarle a alguien
que le quieres
Enviar felicitaciones navideñas
a conocidos, hermanos
y demás familia
Hablar de política
con la mujer
de la limpieza
Comprar pipas con sal
o un cupón 
de lotería
Hacer de cicerone
Sonreírle a una solterona
Decir gracias en el banco
Dejar pasar a una viejita
que te clava la punta
del paraguas
en la cola
de la tienda
Leer el Hola
en la taza del váter
o en la consulta
de un dentista
Inclinarte y hacer muecas
gilipollas
delante del bebé de la vecina
Decir: "Qué día más espléndido"
o "Cielo, pásame la sal"
o "Tus ojos me recuerdan
al lucero de la aurora" 
Comprarte una corbata
Guiñarle el ojo
a un parapléjico
Solidarizarte con un guardia
en un atasco
Interesarte por el hijo enfermo
de la estanquera
Escuchar declaraciones
de un político
y no sentir asco
ni odio
sino pena
(quiere decirse
compasión)
Aceptar que hay gente
para todo: 
aficionados al fútbol
comedores de caracoles
lectores del último Planeta
taxistas
policías
acomodadores
porteros
conductores de autobús
traumatólogos
psiquiatras
funcionarios de Correos
(y que si uno ha tenido
un poco más de suerte
no es por su cara bonita
sino por algún prodigioso
y bendito accidente
de la biología)

A veces
-sólo a veces - 
hay que bajar de las alturas
- o subir
de las profundidades -
y atreverse a ser estúpido
y feliz
sin necesidad siquiera
de estar enamorado
y recordarse
que la guerra todo el tiempo
puede acabar
con el más grande estratega

Salir por un momento
de la Obra
y si esa bala
que -desde algún lugar
más o menos alejado
en el tiempo y en el espacio -
ahora mismo
viene a por ti
te alcanza
entretenido
en alguno de estos
mezquinos menesteres
que no se diga
que no estuviste aquí
que no te pringaste
como el mejor cantamañanas
que no fuiste del todo
un ser humano.

**

Días sin pan, ed. Renacimiento, 2007. 

Leticia Martín

Escritora. 
Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Docente. 

www.cadadiafaltamenos.blogspot.com 
www.revistatonica.com






¿Cómo te definís profesionalmente?
Redactora.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
Soy de las personas que van uniendo puntos en la vida y creen que todo es por algo y para algo. Defecto profesional de los que trabajamos con el sentido. Me recibí de Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Redactora publicitaria, pero mi vocación es la escritura. Muchas veces desprecié mi trabajo de redactora por considerarlo superficial y extremadamente pragmático, sin embargo esa experiencia colaboró en que desarrollara cierta síntesis a la hora de escribir a la vez que desplegó mi pensamiento en imágenes. También estudié teatro, dramaturgia, periodismo, hice talleres de escritura, fotografía y filosofía. Soy una especie de piedra inacabada que le encontró el gusto a la autoformación y que goza en ese estado.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Que hay que hablar menos y escribir más.
¿Y lo más hermoso?
Que con las mismas palabras se pueden decir cosas distintas.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias?
“La influencia es simplemente, una transferencia de personalidad”, escribió alguna vez Harold Bloom, intentando explicar esa angustia que los escritores sentimos al descubrirnos replicados, siempre, en los escritores precedentes. Todo está inventado. Todo ya fue visto, dicho y oído. Sólo podemos recrear, intentando despegarnos de ese fondo del que venimos, en la búsqueda de la novedad. Esa tarea es angustiante y demoledora. Más adelante, en el mismo texto al que hacía referencia, Bloom cita a Kierkegaard. “Cuando dos seres se enamoran y empiezan a sentir que están hechos uno para el otro, ya es tiempo de que se separen, puesto que si siguen juntos tienen todo que perder y nada que ganar”. La imagen de esa “transferencia amorosa total” resulta contundente para pensar las influencias. En otro momento yo hubiera respondido nombrando autores, tecnologías, lecturas que hago a diario, prácticas que ejerzo y contactos que mantengo. Sin embargo últimamente estoy centrada en ese cierre sobre uno mismo y en la búsqueda de lo propio que necesita del impulso de corte y la sepultura de lo precedente. No quiero nombrar a nadie. Mis autores insignia se nombran a sí mismos en lo que escribo y brotan por mis poros aunque quiera esconderlos para apropiármelos sin que se note.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu escritura?
En cierta entrevista, Jean Cocteau respondió que: “sin resistencia no se puede hacer nada”. Yo diría que lo que más me duele son mis propias incapacidades. Sin embargo en ese mismo lugar del límite habita mi deseo de superación. Los límites marcaron para bien y para mal mi existencia.
¿Creés haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
La idea de sacrificio me lleva a pensar directamente en la cuaresma, al ayuno y la abstinencia. En suspender un placer en pos de algo “superior”. No creo en el sacrificio como motor de nada. Pero a la vez esa idea vive en algún mosaico irremovible de mi inconsciente. Pese a todo, prefiero hablar de disciplina. La disciplina me permite ordenar el trabajo y relegar la pereza, la comodidad y la modorra; estados que pudren cualquier objeto de deseo.
¿Qué proyectos te esperan en 2015?
Terminar de escribir una novela.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Intento disciplinarme en el ejercicio de reunir toda mi energía en pocas cosas, pero mi espíritu libre y curioso se disgrega en sus miles de formas y posibilidades cada vez que puede. En 2014 le dediqué mucho tiempo al trabajo de lectura y escritura que desarrollamos con un grupo de narradoras y poetas y que nos llevó a juntaros asiduamente y trabajar muchas horas en la puesta en escena de ese trabajo.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Digamos que podría vivir de lo que amo.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Suelo estar cerca de las artes dramáticas. Me atrae más el teatro de la palabra que el despliegue físico de los cuerpos y las danzas. Disfruto mucho visitar museos y escuchar voces femeninas, bandas de chicas, guitarristas, bateras, bajistas. La mujer es lo mejor que le pasó al rock.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Trabajar gratis.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Verle la cara al hijo de re mil putas de Enrique Federman.
¿Qué estás leyendo?
La amargura metódica, de Christian Ferrer, Las redes invisibles, de Sebastián Robles, Desplazamientos, de Mario Levrero. Sí, todos a la vez, yendo y viniendo.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
No soy nada cinéfila. Sin embargo hace poco me compré Blade Runner. Me gusta Los puentes de Madison y todo objeto simbólico en el que participe Clint Eastwood. También banco a Hitchcock, su capacidad de tejer tramas sin soltar la intriga. FAV a La sogaLa ventana indiscreta e Intriga internacional. Soy fun de aquella serie televisiva que él mismo presentaba. “Alfred Hitchcock Presents”.  Siempre me gustó esa capacidad de adaptación al medio del viejo.
¿Qué artistas te resultan imprescindibles?
El arte es prescindible. Necesario y vital, pero prescindible. Me copa lo que hizo Claudio Tolcachir en Timbre4. Un polo creativo. Un lugar donde mucha gente disfruta y trabaja, mientras hace lo que elige. Creo que Claudio es un gran ejemplo para nuestra generación.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Que se tomen muy en serio lo que hacen. Con humor, pero muy en serio.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Leo y respeto a Nicolás Mavrakis y Juan Terranova con quienes, además, comparto el espacio de un proyecto educativo: elcec.com.ar 
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo a alguien?
Paula Puebla es un lindo espejo y una gran confidente.
¿Pedís subsidios para tus proyectos?
No.
¿Por qué?
Cuando lo hice me fue mal. Sin padrinos ese camino no tiene salida.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Porque desde que caí en Puán para cursar el CBC de mi carrera, allá por los años 90, le tomé el gusto a las grandes diferencias de que gozan los demócratas que viven de este lado de la General Paz, además de dejarme encandilar por las luces y marquesinas de la avenida Corrientes. 
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
En 2009 la Universidad de San Salvador de Cali me invitó a unas jornadas que fueron la excusa para que conociera buena parte de esa Ciudad y otras muy cercanas. A la vuelta de ese viaje comencé a escribir mi primera novela.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando me enamoro de lo que estoy haciendo y nada logra anteponerse entre ese deseo y yo.
¿Tenés un sistema personal de trabajo?
No sé si un sistema. Sí tengo un ritmo. Unos horarios de trabajo que respeto como si fuera el turno del analista. Ese ritmo, además de repetirse, logra ser continuo y estable. En esa disciplina, a veces, aún a cuesta de mí misma y avanzando en ese esquema que parece rutinario y mecánico, conecto con algo que es como un salto, un grito, una vibración de otro orden (como diría Levrero).
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?

Me preocupa muy poco lo que viene. No es por robarle a Marguerite Duras, o a Clarice Lispector -que por otro lado no sería novedoso- pero mi deseo es ahora, ya. Mi pendiente es dentro de un minuto.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?

Me la chupa esa palabra. La pondría junto a “sacrificio” bien adentro del culo de un mandril.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?

El deseo. Perderlo. Olvidarlo. Confundirlo. Que se opaque.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  

Pienso. La máquina de pensar se detiene muy pocas veces.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?

No me imagino muy lejos de acá.

Jacksonismo

Tenía tres años cuando Thriller llegó al mundo. Era una cría miedosa que quedó aterrorizada durante meses por haber escuchado en el cuarto de al lado el audio de una película de vampiros donde un niño convertido lloriqueaba un agónico: "mamá, te quiero mucho, ven que tengo frío" haciendo que su madre gritara, claro. Nunca vi la peli ni sé cuál era, pero sigo recordando la voz aguda del nene y el espantoso grito posterior. Esa misma mente tierna e impresionable en algún momento de una tarde cualquiera de 1983, se enfrentó al videoclip de Thriller. Pese a que allí había tumbas que se abrían,  muertos vivientes y una música rara e inquietante que anunciaba que todo estaba mal, me quedé pegada a la pantalla sin pestañear. Así comenzó una de las muchas relaciones de amor fanático de este absurdo mundo nuestro.

Leo en estos días, Jacksonismo. Michael Jackson como síntoma. Mark Fisher (ed.) editado por Caja Negra. Una serie de artículos que reflexionan sobre Jackson como símbolo, valor, fenómeno... Y encuentro páginas que me reconcilian con mi pasado de fan y con lo mucho que este hombre tan extraño representó.

**

"Michael era un alma herida disfrazada de superfreak. Siempre con elegancia y con una voz tan tranquila como la de un ratón de dibujos animados, enloqueció delante de todo el planeta y, al hacerlo, nos mostró la insensible mirada que los ricos pueden tener de los pobres. Al mismo tiempo, nos enseñó sobre la compasión - por lo caprichoso y raro, por lo repulsivo y extraño - y deberíamos estarle agradecidos por eso.
Nos enseñó que la sexualidad era líquida y que la gente interviene quirúrgicamente su cuerpo para sentirse en paz. Michael era de otro mundo, esta exóticamente desfigurado y era más grande - más loco - que la vida. Si la locura fue el combustible que lo lanzó al estrellato o si, al revés, el estrellato lo volvió loco, no importaba al final, porque murió habiendo logrado más cosas de las que ningún otro músico jamás haya alcanzado o podrá conseguir. Sí, tenía problemas graves y defectos trágicos, pero todo eso, ¿qué le impidió hacer? ¿Le impidió sostener una carrera mediocre?, ¿hacer un disco que vendiera más copias?
Encarnó el drama de la incertidumbre con nosotros en el rol de su padre repitiendo el coro perenne de la desaprobación. A veces lo alentamos, pero solo hicimos que las cosas empeoraran. El suyo podría haber sido el sueño de una vida pero terminó con una pesadilla americana. De todas maneras, la banda de sonido fue sublime.
Parecía moverse en cámara lenta y cámara rápida.
Lloraba como una nena.
Para decirlo con suavidad, Michael Jackson era un desastre. Bailaba con una gracia líquida, pero era una desgracia en muchos sentidos.
Para decirlo con salvajismo, personalmente me sentiría incómodo dejando a mis hijos al cuidado de muchas de las personas que han creado discos que amo. (...)
Para decirlo de forma contenciosa: si él era culpable, entonces todos somos culpables, porque seguimos escuchando su música después de los casos de la corte y de las espantosas exposiciones. Y si era inocente, entonces nuestro acoso fue mortal y vamos a tener que vérnoslas con eso. (...) Michael Jackson nos importó más porque mejoró nuestra calidad de vida durante su vida y lo seguirá haciendo ahora que está muerto y el desconcierto continúa.
Nos hizo aceptar la dura verdad - y por favor, ¿podemos ponernos de acuerdo sobre este punto de una vez por todas? - de que no se puede (NO SE PUEDE) permitir que la vida privada de un artista infecte la forma en que percibimos su arte. No se puede. Si no es así, entonces deberíamos tirar a la hoguera cualquier cosa que tengamos de los Beatles, los Rolling Stones, los Who, los Beach Boys, Chuck Berry, James Brown, Lou Reed...
Para decirlo de forma conclusiva: necesitamos diferentes palabras, diferentes maneras de evaluar a Michael Jackson porque él fue grande de formas muy distintas a los grandes de todos los tiempos. En un sentido su contribución fue escasa (un disco pop aquí, un movimiento de baile allá) y, sin embargo, en otros sentidos, dominó la escena, opacó el sol con un giro, un pavoneo, un zigzageo a lo largo del escenario. (...)
Nunca fue fácil admirar a Michael Jackson porque, aparte de todo lo demás, es casi imposible explicar su encanto, mucho más ahora que no está más".

Paul Lester, "Los veinte grandes hits de Michael Jackson", pp. 25 -54.
Caja Negra Ed., Buenos Aires, 2014.


Demasiado cortas las piernas

Katja Brunner escribió Demasiado cortas las piernas en un taller de dramaturgia con tan sólo dieciocho años. En el pasado Festival Internacional de Dramaturgia Europa + América, el docente que impartió aquel taller estaba presente en el debate posterior y comentó que la autora tenía la idea muy clara desde el principio y que sí, el texto suscitó cierta polémica e incluso cierta confusión en torno a si era autobiográfico o no. No lo es. Se entiende la suspicacia o inquietud del público, sin embargo, porque las certezas expresadas, tanto en fondo como en forma, gozan de una rotundidad un tanto insólita. Para cualquiera, pero si pensamos en semejante texto como primera obra a tan temprana edad... ¿Qué clase de chocolate merendaba esta niña?, nos preguntamos.

Demasiado cortas las piernas no es para cualquiera. No lo es la temática ni tampoco lo es el texto concebido para abordarla. Tuve la suerte de leer el texto antes de su estreno en el festival y la lectura resultó un interesante ejercicio. Brunner escribió uno de esos textos sin principio ni fin donde se acumulan imágenes pasmosas, voces distintas, narración de lo ya sucedido con fragmentos de... ¿sueños? ¿testimonios? El lector solitario avanza por la obra con un machete y va armando su particular interpretación de algo que cada vez se torna más literario y oscuro.

La propuesta de Brunner se aleja de la dramaturgia tradicional. Lanzó el texto al mundo para que cada director haga con él lo que buenamente pueda. Ciertamente, no es un desafío para cualquiera.
Diego Faturos, director de la versión que en estos días reestrena en Timbre 4, hizo un excelente trabajo en su adaptación para la puesta en escena. Creó un coro de personajes orgánico entre los que repartió gran parte del relato y las opiniones sobre lo acontecido. Como si fueran guionistas o narradores omniscientes, nos guían a través de unos hechos que no terminan de quedar claros. Las cosas pudieron suceder así, pero quizá no. Quizá fueron de otro modo. Sea como fuere, no parece haber un modo correcto, cuesta encontrar las palabras adecuadas para expresar las infinitas posibilidades y también es difícil ponerse de acuerdo. Ese coro, somos un poco nosotros.
Espectadores sumidos en un silencio cada vez más compacto. Uno de esos silencios que el teatro tanto extraña en las plateas infectadas de zumbidos, pitidos e insolentes papelitos de caramelos. El público de Demasiado cortas las piernas - en las dos funciones vistas hasta el momento - casi no se mueve. Le sobran los motivos.

Faturos contrapuso a su coro dos personajes femeninos: madre e hija. Dos universos paralelos que nunca volverán a estar juntos. Lala Mendía y Julieta Vallina logran interpretaciones necesariamente opuestas y artísticamente complementarias dotando no sólo de sentido al argumento, sino de vida y contradicción a sus personajes. Insistimos en subrayar la importancia del hallazgo de Faturos: la creación de todas esas voces a partir de un texto engañosamente uniforme donde lo literario se impone sobre la dramático. Es decir, la acción, brilla por su ausencia.

Cabe destacar también que la dirección logra mediante las elecciones de puesta en escena, el ritmo y la dirección de actores, que el humor se haga presente acá y allá, lo que permite que el público respire aliviado en medio de su angustia. Se agradece.

Demasiado cortas las piernas aborda el tema de la pedofilia incestuosa desde un punto de vista inesperado. Es todo lo que diremos sobre el argumento porque, realmente, esperamos que vayan a verla y saquen sus propias conclusiones.


Demasiado cortas las piernas

Dramaturgia: Katja Brunner.
Traducción: Carla Imbrogno.
Actúan: Cinthia Guerra, Julián Krakov, Matias Labadens, Francisco Lumerman, Lala Mendía, Javier Rodríguez Cano, Julieta Vallina.
Escenografía: Eliana Itovich.
Video: Felipe Garrido.
Animación: Javier Timossi.
Ilustrador: Augusto Consthanzo.
Diseño gráfico: Julieta García Zacarías.
Asistencia de dirección: Marcelo De León.
Prensa: Marisol Cambre.
Producción: Rocio Perez Silva.
Dirección: Diego Faturos.

Timbre 4
México 3554
Viernes de marzo, 20.30h.
Desde ABRIL, jueves a las 21h. 

María Kusmuk

Fotógrafa. Docente.
Acordeonista del grupo Dovoie Sestri.

www.dovoiesestri.blogspot.com
www.mariakusmuk.com.ar 








Foto: Sandra Cartasso



¿Cómo te definís profesionalmente?
 Buscadora de gozo y disfrute.
¿Sabés por qué te dedicás a la música?
Es más económica que otros quehaceres expresivos y una gran excusa que fluye incansable para la reunión social disfrazada de producción creativa.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
La carrera en Derecho.  Me fue sumamente gráfica con respecto a lo que no quería dedicarme.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?

Como fotógrafa la eficacia de un parchazo bien dado a la forma estipulada, a lo formal. Todo tan correctito e hipócrita. Parecen tan pavotes…Y adecuarse, sometiéndose, sume en la infelicidad a tantos.   La vieja rebelión -anque cursi- es tan saludable, como tomar sol en una playa nudista  felicitándote por el tiempo ganado a las patéticas tiritas de la bikini.
¿Y lo más hermoso?
Lo mismo que lo más útil.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Las oscuridades durante la niñez y las incapacidades resultantes para la madurez, lo que da como resultado un adulto con linda búsqueda atolondrada y poco miedo al ridículo.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
El hombro cuando el acordeón es un poco pesado, y los pies por los tacos altos que uso en el vestuario de Dovoie Sestri acarreando el acordeón pesado.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
Mi hombro izquierdo y los dedos gordos de mis pies.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
 En varios.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
La  crianza de mis hijos se ve todos los días. La edición de un material fotográfico a través de internet. El disco ya está listo pero todavía  no tenemos lugar, día ni horario de presentación.
¿Cuántos te esperan ahora?
 Náaaaa. Si tuviera esa respuesta no me divertiría, che.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
 Hasta la fecha la investigación de conceptos a  través de la fotografía.
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Muy comprometido y visceral. De malo: el constante miedo a la  desaprobación de mis formas utilizadas y que la gente no me apreciara y adivinara que quería llamar la atención nomás. De bueno: haberlo hecho. Haber trabajado tanto. Y que no logré llamar la atención.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

Amo la música, la representación metafórica, la gente que se dedica a eso. Y amo charlar mucho. En todas mis actividades están presentes personas y cosas relacionadas a esto. O sea, de vez en cuando mi estado amoroso me da para pagar alguna cuenta.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Con la costura.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Dejar de hacer fotografía o música para difundir a autores, intérpretes o músicas que me gustan o me gustaron mucho. Igual lo hice en pocas oportunidades.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
 Tomarme dos años para decidirme a invitar a bailar a alguien.
¿Qué estás leyendo?
Qué significa pensar de Heidegger.
¿Qué autores recomendás siempre?
Proust.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
 Secretos y mentiras , Wall- e.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Los que habiendo llegado al lugar emblemático logran conservar  bastante  cerebro para no créersela. Y los prodigiosos que no llegando, no son resentidos, disfrutan y contagian deseo. Los que se autoutilizan para reflexionar socialmente, los que no desprecian el humor para opinar sobre temas álgidos. Orson Welles en un reportaje que ví hace poquito en la tlevisión pública comentando que  sus amigos eran más importantes que su arte.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
 Pasión, alegría y juego.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A mis compañeros de grupo musical. A mi hermana cantante.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Sí, absolutamente. Siempre. Verónica Iglesia en fotografía y en música no  lo puedo decir porque le a vergüenza.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Un par de veces. A poderosas instituciones internacionales y nacionales. No les interesé y se me acabó la paciencia. Peor para ellos.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Porque mi papá me mandó a trabajar con un escribano que él conocía.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Al Chaco, mi primer reportaje fotográfico.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
 Cuando tooooodo lo que veo, hablo y siento, lo voy relacionando con un mismo tema.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
 ¿Soy Björk y no me dí cuenta?
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Que se me cure el dedito fisurado del pie para poder seguir con aerobic, jué pucha…
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Fue todo lo que quise y pude. Y no me arrepiento de nada.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Enterarme de lo que viene. Me gusta tener todo controlado a ciegas.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando? 
Me da ansiedad y como muchas galletitas.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
No podría. (Ser ni estar).

Cuestiones bohemias

Hace tiempo que venimos pensando en cómo hacer para reunir a los creadores que admiramos. Gente que se dedica a que sus pequeñas y grandes locuras se hagan realidad. Artistas de todo ámbito.

Son muchos los que ayudan a que la vida sea soportable, los que inspiran, los que nos permiten seguir adelante. Estamos convencidos de que existen importantes conexiones entre unos y otros pero también sabemos que hay muchas particularidades que nos diferencian. Eso nos fascina y eso es lo que queremos conocer de primera mano.

Elaboramos un cuestionario con algunos de los interrogantes que nos persiguen desde siempre y de acá en más, de a poquito, estaremos compartiendo las respuestas de los que se animen a someterse a ese zapping de preguntas.


Los/nos esperamos. 



Macarena Trigo