Letra para coro



Desaprender ahora, putear, 
pelearse de nuevo con lo mismo,
saber que caducamos de antemano.
Nace la idea vieja 
y es un sueño prestado y harapiento
quien nos atiende el faro. 

El infierno es un otro parecido
a este saco de huesos amansados. 
Nada puedo enseñar, pero te abrazo,
hasta el dolor te abrazo,
y en el miedo del día, 
en el terror blanquísimo 
del zigzag alevoso que preside
nuestra rara amalgama de colores al sol
como textura, hallazgo o desmemoria
de quién sabe qué dioses. 

Dedicarnos al tráfico de armas 
de creación masiva. 
Si me salvó también puede salvarte.  
Amar eso, sufrirlo. 
Hacerse cargo. 
Si me salvó también puede salvarte,
repetirlo en la noche como un mantra,
confiar en la inmensa minoría
de la trinchera abierta
donde ayer y mañana, mismo frente.  

Saber que esto es amor y contamina.
No es práctico ni útil pero siembra
y crece en las junturas, 
desespera y expande 
como ejército fiel 
de hormigas pensamiento
conquistando el imperio de otro nombre.

El mapa no es excusa ni nos mide,
no es culpable ni cierto,
contiene conveniencias infrahumanas
donde echarse a perder,
es decir, a morir.
Poco más es la tierra que una tumba. 

No debiera importarnos, presuponen,
porque estamos comprando cuanto somos,
sin darse cuenta, claro, 
que ser, estar, tener, 
no es suficiente. 

Vivir es otro verbo. Amurallado. 
Se conjuga poquísimo, pervierte 
en cualquier cosa,
todo es vida si late, tranquilizan.
Bien sabemos que no. 

No es la miel el zumbido de una abeja. 

Las costuras del sueño abandonado, 
no tiemblan en la espera. 

El tiempo, como el mapa, es un invento, 
distracción y tortura,
cuestión geopolítica,
infamia de alto rango,
estructura marcial, polivalente,
donde todo comienza a deshacerse
al ritmo que nos marcan
desde lejos. 

Si me salvó también puede salvarte, 
murmura nuestro coro en el desierto
mientras la lluvia (efecto)
resuena como aplauso clandestino
y lloramos a tiempo
como toda otra vez. 


m.trigo