Brook

En cuanto algo entra en una categoría, está mal: encasillar las cosas mata la vida, igual que sucede con una mariposa. En cuanto un alfiler atraviesa la mariposa, ya no es una mariposa. Es una mariposa muerta. Para llevar a escena una obra de Shekaspeare, uno sabe que es difícil evitar la trampa: impone un esquema mental, una idea. Por ejemplo, un actor que va a interpretar a Hamlet con una idea - "creo que Hamlet era la clase de hombre que..."- puedes estar segura de que eso ya a destruído a Hamlet, porque siempre hay que acercarse a las cosas al revés, llegando a una definición desde dentro mediante la exploración y el descubrimiento. Y, en cuanto llegas a la definición, sabes que la obra está muerta, así que tienes que romper la definción y volver a empezar.

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No, no puedo hablar de las cosas reales y centrales que sólo se pueden expresar a través de la producción. Porque el motivo de hacer una producción es porque uno no puede decir lo que uno tiene que decir con palabras. Con palabras sólo se puede decir hasta cierto punto, y luego montas una producción. Por eso hay un abismo completo que los académicos y la persona teatral práctica no pueden llenar en relación a Shekaspeare, el idioma legítimo, no es la discusión, la descripción, el análisis. Es haciendo las obras como se descubren sus secretos, en la interpretación. Una vez que eso ha sucedido, puedes, como los demás, hablar de lo que crees que hay ahí. (p. 177)

Conversaciones con Peter Brook.
Margaret Croyden, Alba ed. Barcelona, 2005.

La mitad. por Fito Páez.*

Acá la contratapa de Página12 hoy.

Nunca Buenos Aires estuvo menos misteriosa que hoy. Nunca estuvo más lejos de ser esa ciudad deseada por todos. Hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de globos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los porteños le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A la mitad de los porteños le encanta aparentar más que ser. No porque no puedan. Es que no quieren ser. Y lo que esa mitad está siendo o en lo que se está transformando, cada vez con más vehemencia desde hace unas décadas, repugna. Hablo por la aplastante mayoría macrista que se impuso con el límpido voto republicano, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que “no votaron a Menem la segunda vez”, por la vergüenza que implica saberse mezquinos.

Aquí la mitad de los porteños prefiere seguir intentando resolver el mundo desde las mesas de los bares, los taxis, atontándose cada vez más con profetas del vacío disfrazados de entretenedores familiares televisivos porque “a la gente le gusta divertirse”, asistir a cualquier evento público a cambio de aparecer en una fotografía en revistas de ¿moda?, sentirse molesto ante cualquier idea ligada a los derechos humanos, casi como si se hablara de “lo que no se puede nombrar” o pasar el día tuiteando estupideces que no le interesan a nadie. Mirar para otro lado si es necesario y afecta los intereses morales y económicos del jefe de la tribu y siempre, siempre hacer caso a lo que mandan Dios y las buenas costumbres.


Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo. Es difícil de diagnosticarse algo tan pesado. Pero por el momento no cabe otra. Dícese así: “Repulsión por la mitad de una ciudad que supo ser maravillosa con gente maravillosa”, “efecto de decepción profunda ante la necedad general de una ciudad que supo ser modelo de casa y vanguardia en el mundo entero”, “acceso de risa histérica que aniquila el humor y conduce a la sicosis”, “efecto manicomio”. Siento que el cuerpo celeste de la ciudad se retuerce en arcadas al ver a toda esta jauría de ineptos e incapaces llevar por sus calles una corona de oro, que hoy les corresponde por el voto popular pero que no está hecha a su medida.

No quiero eufemismos.


Buenos Aires quiere un gobierno de derechas. Pero de derechas con paperas. Simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina, que no van a entregar tan fácilmente lo que siempre tuvieron: las riendas del dolor, la ignorancia y la hipocresía de este país. Gente con ideas para pocos. Gente egoísta. Gente sin swing. Eso es lo que la mitad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quiere para sí misma.

* Vecino de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-172084-2011-07-12.html

Los talentos.

Cuando leíamos notas sobre el argumento de esta obra no dejábamos de preguntarnos cuál sería el secreto. Apostábamos por el humor como una de sus claves. No nos equivocamos. Se ríe mucho con esos jóvenes actores que logran exprimir el texto bajo una meticulosa dirección atenta a los tempos, silencios, miradas, emociones encontradas, bloqueos y ridículos.


Estamos en una noche de sábado en Buenos Aires. Una noche de sábado igual a tantas otras, sometida a los rituales de la amistad, a la inseguridad disimulada bajo grandes certezas, al torpe azar sobre el que creemos decidir rotundamente. La falta de plata, de belleza, de confianza en uno mismo, se disimula con el humor, el intelecto, la ironía, la complicidad que nos une desde un pasado remoto asentado en interminables horas donde inventaron mundos. La realidad y las mujeres están afuera, al otro lado de la puerta, en ese mundo-boliche en el que no se encaja, donde todo es absurdo y desmedido, donde el ritual es otro, distinto, impracticable.

Son amigos y compiten. Son amigos y se conocen. Creen conocerse. Las alianzas se montan y desmontan fácilmente con cada nueva frase que confirma o refuta sus creencias. No reconocen su soledad porque se sienten amparados por otros como ellos, artistas mayúsculos de siglos pasados a los que vislumbran desde lejos, desde una pedantería ridícula que los fortalece porque los distingue. Creen conocer la importancia del no mostrar, de no tomarse en serio. Ninguno habla de "obra", de "creación". No. Apenas son cosas que hacen, que han hecho desde siempre, algo que quizá podría interesar a otros, insiste el tercero en discordia. Y los otros se ríen. Se ríen de sí mismos, del tiempo dedicado a sus juegos, del nulo valor que tienen las cosas que los ayudaron a crecer, que eligieron sin darse cuenta, que los trajeron hasta esta noche de sábado que es una más pero que les obligará a enfrentar la realidad con la llegada de, no podría ser de otra manera, una chica, la hermana de uno, la conocida a la que se miraba desde lejos por ser "hermana de", que ahora regresa tras dos años en París convertida en una rareza, en alguien que los mirará pero no lo reconocerá, no podrá ver a los futuros hombres que quieren ser escondidos tras sus camisas gastadas, sus gestos torpes y sus juegos de palabras.

Aquellos que vieron la película El hombre de al lado, quizá experimentaron por momentos ese grueso e incómodo reconocimiento de uno mismo en con lo peor de estos personajes. Hay algo de esos chicos que todos fuimos o seguimos siendo. Algo de esa incapacidad para enfrentar al mundo, de ese tremendismo negador que se burla cruelmente de los otros pero también de uno y sus secretas aspiraciones. No somos el centro de nada, pero noches como esa nos ayudaron a seguir, a creer que quizá algún día la vida nos daría la razón, que nuestra estrategia de supervivencia sería por fin entendendida y recompensada.

Esas noches de sábado aún nos llegan y nos hacen reír y nos duelen lo mismo.

Excelente trabajo de síntesis, una gran dirección y unas muy buenas actuaciones a la altura de un texto impecable, como todos los que cuentan con Agustín Mendilaharzu en sus alrededores.




Los Talentos.
Idea: Agustín Mendilaharzu.
Dramaturgia y dirección: Walter Jakob, Agustín Mendilaharzu
Con: Julián Larquier Tellarini, Carolina Martín Ferro, Pablo Sigal, Julián Tello.
Escenografía e iluminación: Magali Acha.
Fotografía: Soledad Rodríguez.
Diseño gráfico: Paula Erre, Andrés Mendilaharzu.
Asistencia de dirección: Agustín Godoy.
Producción ejecutiva: Carolina Martin Ferro.


ELKAFKA ESPACIO TEATRAL
Lambaré 866. Te. 4862-5439
Miércoles - 20.30hs. y sábados 22hs.

Automandamientos de Juan Coulasso.

Las notas de Coulasso en Montaje Decadente ayudan a sentirse menos solo.
En el n°4, "Automandamientos", por ejemplo:

(...) Revalorizar el espacio y el tiempo destinados a una reflexión profunda y transformadora es también para mí refundar el lugar y el sentido de la utopía.

1) No hacer por hacer. (...)
2) No entregarle tan fácilmente al público una buena razón para que salga de ver mi obra sintiéndose feliz. (...)

4) Sacarme de la cabeza la idea de que si no estreno en El Camarín de las Musas no existo. (...)

6) No quiero ser moderno ni original. Apenas pretendo ser universal y eterno. (...)

12) Trabajar con alegría. Entregarme al trabajo desde el amor, del amor más puro, ese que da sin pedir.

Busquen el n°4 de la revista para conocer los 12 mandamientos completos.

Montaje Decadente se reparte gratuitamente en:
Andamio 90 / Anfitrión / Artefacto / Beckett / Calibán / Celcit / Defensores de Bravard / Del Abasto / Del Perro/ El Brío / Elefante / El Excéntrico de la 18ª / El Extranjero / El Fino / Elkafka / El Laberinto del Cíclope/ El Muererío / El Piccolino / Espacio Ecléctico / Garrick / Korinthio / La Carbonera / La Carpintería / La Tertulia/ Patio de Actores / Payró / Polonia / Portón de Sánchez / Silencio de Negras / Tadrón / Timbre 4 / Vera Vera.

Más de Coulasso en: http://www.unaderiva.blogspot.com/






Familia Tipo


Este documental se estrenó el año pasado y ahora está en algunas salas de cine de Buenos Aires. Si tienen oportunidad de verlo, no se lo pierdan. Se trata de uno de esos raros exquisitos trabajos en los que el artista es la persona que se enfrenta a los hechos que construyen la historia que se nos presenta y esta no es otra que la de su vida, una parte de ella. La identidad entendida como una suma de azares y silencios que debemos administrar como mejor podamos.

Los que vieron Los rubios, de Albertina Carri, enlazarán las búsquedas de sus creadoras inevitablemente, no obstante, tan interesantes son las intensas semejanzas como sus particularidades. Mucho material para reflexionar.

Acá quedan las palabras de Cecilia Priego, su directora, como carta de presentación.

“Familia Tipo aborda el tema de la falta de memoria histórica a través de la reconstrucción de una historia familiar. Mi nombre es Cecilia Priego. Llevo años atorada en el pasado, desenterrando aquello que otras generaciones quisieron ocultar, tratando de recuperar aquello que mis padres intentaron silenciar. Durante 15 años me dediqué a desentrañar la intriga familiar y decidí registrar todas las etapas de esta investigación, que comenzó con una historia aparentemente simple y terminó enfrentando a una familia con los secretos que la sostienen. Familia Tipo es un documental que trabaja sobre la certeza de que uno se descubre a sí mismo a través del diálogo con su pasado y de que la identidad no es otra cosa que un conjunto de narraciones”.

DIRECCIÓN Cecilia Priego.
GUIÓN Cecilia Priego, Blas Eloy Martínez.

PRODUCCIÓN: Blas Eloy Martínez.
IMAGEN Ivan Gierasinchuck, German Drexler.
MONTAJE Miguel Colombo, Carolina Cappa, Cecilia Priego.
SONIDO Pablo Irrazabal, Fernando Ribero.
MÚSICA Daniel Drexler, Juan Orozco.

http://www.cineojo.com.ar/

Dos exquisiteces

Hay obras de teatro que nos hacen cómplices de la dedicación y el descarado y loco amor que se puso en el proyecto. Obras a las que llegamos con muchas recomendaciones o por accidente y que se convierten en un regalo porque, entre otras cosas, nos obligaron a detenernos y a olvidarnos por un tiempo de nuestras miserias y preocupaciones para arrastrarnos a otros tiempos y lugares, para recordarnos que hay mucho mundo ahí fuera que nos pertenece. Un pasado y un futuro del que somos parte.

Cuando esas obras tienen la gracia de ser unipersonales - fórmula que implica mucha gente dedicada tras ese actor que pone cuerpo y voz a las inquietudes de todos - se abandona la sala con la rara sensación de haber presenciado algo verdaderamente único. No hay función que se repita, pero el paso de una hora en compañía de ese único actor o actriz, inevitablemente nos subraya el desafío del oficio. No hay manera de esconderse, ni lugar para la mentira. Tenemos ficción, sí, pero no mentira.

La cartelera ofrece en estos días dos exquisiteces que reúnen estas y otras gratas condiciones. Por un lado, el regreso de Nada del amor me produce envidia, fenómeno recomendado incansablemente desde su estreno en 2008. Haciendo honor a su personaje, diremos que no se ha dado puntada sin hilo en esta pieza. Texto, dirección, música, escenografía y vestuario acompañan la excelente interpretación de María Merlino. Una composición de personaje donde brilla la técnica, sí, pero también, si se nos permite el esencialismo, un alma. Un personaje inolvidable que nos remite a la historia argentina, a la idiosincrasia de un modo de ser y entender este país que nunca ha dejado de estar presente. El humor inteligente y profundo del texto de Santiago Loza nos brinda una oportunidad única de reconciliarnos con los aspectos más oscuros de nosotros mismos.

Por otro lado, hace meses que zarpó Lamerica, el barco de Giampaolo Samá. Unipersonal escrito y actuado por él mismo, donde se nos recuerda el pasado y el presente de los inmigrantes del mundo, partiendo, eso sí, de algunas de las muchas historias posibles de todos aquellos italianos que soñaron "Lamerica" como el lugar donde sus sueños se harían realidad.

Son muchos los personajes convocados por Samá y, sin duda, ese es uno de los atractivos más interesantes de la propuesta, la agilidad y el humor con que se nos presenta a trabajadores, burócratas, capitanes de barco, mercachifles de poca monta, funcionarios corruptos... Un cocinero de barco es el encargado de hacer memoria y de guiarnos entre los sinsabores de esa cruda realidad donde las mentiras de unos y los azares tortuosos de otros escriben la historia.

Dos propuestas que nos hablan de un pasado no tan remoto para reflexionar sobre esas dudas eternas: de dónde venimos y quiénes somos.

Nada del amor me produce envidia
Dirección: Diego Lerman
Texto: Santiago Loza
Con: María Merlino

Escenografía: Silvana Lacarra
Iluminación: Fernanda Balcells
Vestidores: Guido Lapadula
Diseño gráfico: Florencia Bauza
Asistencia de escenario: Ezequiel Baquero
Prensa y producción: María Sureda
Colaboración musical: Jape Ntaca
Director musical: Sandra Baylac


La Carpintería. Jean Jaures, 858. Domingos, 18hs.
 
 
Lamerica
Texto: : Giampaolo Samá
Dirección: Lorena Barutta
Con: Giampaolo Samá
Diseño de luces: Dana Barber
Fotografía: Joan Tous
Asistencia de dirección: Elisenda Ibars
Prensa: Marisol Cambre
Producción ejecutiva: Eugènia Pascual Puig


TIMBRE 4. Boedo, 640. Domingos, 21.30hs.

SENCILLA

Cada tanto sucede. Cada tanto decidimos volver a confiar e ir a ver algo de lo que apenas sabemos nada. Alguien nos comenta que está bueno, que es la última función, que dicen que... Y cruzamos los dedos, nos encomendamos a San Judas y ahí vamos. Y, cada tanto, somos recompensados por ese acto de fe.

Agradecemos a todos los que azarosamente nos permitieron llegar y ser parte del público que disfrutó la última función (esperamos que regresen, que el boca a boca los reclame) de SENCILLA en Elefante Club Teatro el jueves pasado.

El programa quiere resumirnos algo que se intuye: "SENCILLA es parte de la intensa y breve historia de nuestra sala. Es parte de nuestra historia. SENCILLA es eso. Una obra pequeña y con humor. Un banco de plaza. Un farol. Dos actores. El humor necesario para continuar".

SENCILLA, de Lisandro Rodríguez y Santiago Loza, con dirección del primero, es uno de esos trabajos sustentados en el "menos es más". Un texto lúcido, íntimo y, sí, lleno de humor inteligente. Una puesta en escena contundente pero sintética que logra ser tan funcional como poética. Una dirección impecable y unas actuaciones vivísimas, cuidadas, precisas. Mariano Villamarín y José Escobar son Tilde y Prieto, esas dos mujeres a las que conocemos en su rato de descanso, su tiempo de cigarrillo, su media hora de soledad. La sala es pequeña, las distancias mínimas, y se nos permite ser espectadores privilegiados de una excelente composición de personajes donde somos testigos de ese prodigio que son los tiempos de pensamiento del personaje. Los gestos sutiles, las transiciones limpias, la respiración agitada, la mirada, los ritmos de la palabra. Nada es gratuito o borroso. Y todo, en conjunto, es un gran acierto.

Se intuyen muchas cosas sobre un montaje de estas características, valores que nutren el interés creativo de un grupo, la necesidad de encontrar un espacio propio al que invitar al mundo, la esperanza de que así sea pero, sobre todo, la importancia dada al trabajo, a las elecciones más personales que en tantos momentos del proceso se tornan absurdas, injustificadas. Poder reflexionar sobre algo más que el argumento o las actuaciones al salir de una sala es impagable.

Santiago Loza concluye en el programa: "SENCILLA es una obra muy querida por nosotros. Imperfecta y simple. Bonita como la muchacha que se arregla con cuidado para una esperada salida de franco turno. SENCILLA es un inicio, pero también una dirección, una puerta que se abre y que no sabemos a dónde nos lleva".

No dudamos de que esa puerta se abrirá de nuevo. No dejen de cruzarla.


Texto: Santiago Loza, Lisandro Rodriguez.
Dirección: Lisandro Rodríguez.

Actuan: José Escobar, Mariano Villamarin.
Vestuario: Mariana Tirantte.
Escenografía: Mariana Tirantte.
Diseño de luces: Magali Acha.
Fotografía: Nora Lezano.
Asistencia de dirección: Bettina Rodríguez Agesilao.
Prensa: María Sureda.
http://www.elefanteclubdeteatro.blogspot.com/