Origen de la intelectualidad

Nos hablan de mediados del s. XIX y resulta pasmosamente actual el panorama.

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"El estrato de los ilustrados cumplía en la de la sociedad burguesa una función de cuya importancia tenían más o menos conciencia las clases dominantes. Constituía la válvula de seguridad que prevenía una explosión y aflojaba en la burguesía tensiones internas al dar expresión a conflictos de conciencia que de otra manera estaban en peligro de quedar reprimidos.

Sólo después de su victoria sobre la revolución y de la derrota del cartismo se sintió la burguesía tan segura en su poder que ya no tuvo más conflictos de conciencia ni remordimientos, y creyó que ya no había de necesitar de crítica. Con ello, la minoría de los intelectuales, especialmente los que de ellos se dedicaban a la producción literaria, perdieron el sentimiento de que tuvieran que desempeñar en la sociedad una misión. Se vieron amputados de la clase social cuyo portavoz habían sido hasta entonces, y se sintieron completamente aislados entre las clases incultas y la burguesía, que ya no los necesitaba. Con este sentimiento se formó, a partir de la antigua minoría ilustrada arraigada en la burguesía, la criatura social que designamos con el nombre de "intelectualidad". (...)

Los intelectuales quieren creer en el valor absoluto de la verdad y de la belleza porque con ello aparecen como representantes de una realidad "más elevada" y compensan así su falta de influencia en la sociedad; la burguesía, a su vez, admite esta pretensión de la intelectualidad de tener un puesto entre las clases y por encima de ellas porque con ello cree ver demostrada la existencia de valores generales humanos y la posibilidad de superar la antítesis entre las clases. La ciencia por la ciencia o la verdad por la verdad es, lo mismo que "el arte por el arte", sólo un producto del alejamiento entrela intelectualidad y la práctica. El idealismo en ello contenido le cuesta a la burguesía la superaci´n de su odio contra el espíritu, y la intelectualidad, por su parte, expresa con ello ante todo sus celos contra la poderosa burguesía. (...)

La intelectualidad moderna se recluta, a diferencia del clero medieval, de entre clases distintas en cuanto a fortuna y profesión, y representa los intereses y puntos de vista de estratos diversos, muchas veces antagonistas. Esta heterogeneidad refuerza en ella el sentimiento de que está por encima de las antítesis clasistas y de que representa la conciencia viva de la sociedad. (...)

Su misión consistía desde el principio en hacer conscientes las premisas de los valores culturales; formulaba las ideas que estaban en el fondo de la mentalidad burguesa; realizaba la unidad de los principios que formaban el contenido del sentido burgués de la vida; en un mundo práctico, desempeñaba el papel del pensamiento contemplativo, de la introversión y la sublimación; era, en una palabra, el resonador de la ideología burguesa. Pero ahora, después de que los vínculos entre ella y la burguesía se han aflojado, la censura, antaño autorrefrenada, de la clase dominante, se transforma en crítica destructiva, y el principio de dinámica y de renovación, en principio de anarquía. El estrato cultural todavía unido a la burguesía fue el que preparó las reformas; la intelectualidad separada de la burguesía se convirtió en un elemento subversivo y de destrucción. (...)

La bohemia es, desde luego, sólo una parte del proletariado. En cierto aspecto representa la perfección, pero también la caricatura de la intelectualidad. Realiza la emancipación de la intelectualidad frente a la burguesía, pero al mismo tiempo transforma la lucha contra las convenciones burguesas en una idea fija y a menudo en una especie de manía persecutoria. Realiza, por una parte, el ideal de la plena concentración en objetivos espirituales, pero al mismo tiempo abandona los restantes valores de la vida y hace pensar al espíritu vencedor de la vida sobre el sentido de su victoria. Su independencia frente al mundo burgués demuestra ser una libertad aparente, pues siente su alejamiento de la sociedad como una culpa grave, aunque no reconocida; su arrogancia se descubre que es debilidad disfrazada; su orgullo exagerado, duda de la propia fuerza creadora".

Arnold Hauser.

Historia social de la literatura y el arte. (vol. II), ed. Debolsillo, Barcelona, 2009, pp. 384 - 387.

"La cosa del poeta

no es jamás la cosa conceptual del pensamiento, sino la cosa complejísima y real, la cosa fantasmagórica y soñada, la inventada, la que hubo y la que no habrá jamás. Quire la realidad, pero la realidad poética no es sólo la que hay, la que es; sino la que no es; abarca el ser y el no ser en admirable justicia caritativa, pues todo, todo tiene derecho a ser hasta lo que no ha podido ser jamás. El poeta saca de la humillación del no ser a lo que en él gime, saca de la nada a la nada misma y le da nombre y rostro. El poeta no se afana para que de las cosas que hay, unas sean, y otras no lleguen a este privilegio, sino que trabaja para que todo lo que hay y lo que no hay, llegue a ser. El poeta no teme a la nada".

María Zambrano.

El poema

El poema puede ser considerado como testigo de la vida externa e interna del poeta, lo que vio e hizo, su forma de vivir, cómo eran sus cualidades mentales y su sensibilidad, su personalidad o incluso los que pudieron ser sus sentimientos de culpabilidad que, de acuerdo a algunas escuelas del psicoanálisis están detrás tanto de los sueños como de la poesía. (...)

Dado que la poesía representa e interpreta imágenes dramáticas de la condición humana, a menudo los aspectos más duraderos y serios, o muestras ideas y doctrinas, apenas puede evitar su influencia sobre los pensamientos y la conducta del lector. Cuando este analiza un poema desde este punto de vista, comienza preguntándose por las implicaciones morales de la acción humana representada en el poema y las cualidades de los protagonistas. Se trata de comparar el aliento, la complejidad y la verdad de la visión que, acerca de la vida, retrata el poeta con las visiones de los otros poetas y calcular los posibles efectos morales sobre los lectores. (...)

Pero además de las relaciones del poema con la época en la que se escribe, con la personalidad del autor y con el ámbito de valores morales y filosóficos, el poema existe por derecho propio como objeto independiente que tiene su forma propia y sus propias relaciones internas. No es el producto de leyes naturales como las plantas y los animales, ni nace exclusvimente a causa del temperamento dominante de una época o porque el poeta esté dotado de especiales poderes de sentimiento, pensamiento o imaginación. Más bien, el poema existe porque el poeta lo hace, lo construye; pone sus capacidades especiales al servicio de alguna finalidad o diseño organizativo suficientemente distintivos como para dar a su poema una identidad en sí mismo. Esta es la opción personal de los autores, todo ello en función de la consecución del principio organizador que una las partes en un todo - el synolon aristotélico - que debe ser analizado sin teorías previas, sin premisas que puedan mediatizar la lectura que, desde la perspectiva pluralista, es única e insustituible para cada poema y cada autor; la lectura, como el análisis práctico, debe hacerse tomando el poema como objeto artístico de base lingüística, creado en un contexto determinado, con un propósito por parte del autor, mendiante una técnica concreta y un estilo particular, elementos que, como puede comprobarse, afectan a todos y cada uno de los componentes del hecho literario, renunciando metodológicamente a la distinción entre análisis intrínseco y extrínseco.

Javier García Rodríguez

"Adaptación de los planteamientos de Friedman y McLaughlin" en La escuela de Chicago: Historia y poética, ed. Arco Libros, Madrid, 1998, pp. 105-107.

Ure reeditado

POR FIN.

Lo agotamos, lo buscamos, lo pedimos, lo soñamos y finalmente salió la reedición tan necesaria de Sacate la careta de Alberto Ure... ¡Y no nos enteramos! Desgracias del océano de novedades editoriales en el que naufragamos.

Enmendamos nuestro despiste. Busquen Sacate la careta editado por la Biblioteca Nacional.

Disfrutarán perlas como ésta:

"Hay quienes cayeron en el oficio de la representación por astucias malvadas de la historia. Y suelen estar tan a disgusto como está en su consultorio el dentista que sueña con ser actor. No saben cómo escaparse en algunos casos y, en otros, cómo permanecer en lo único que saben hacer pero sin sufrir tanto. Tienen en contra toda la mitología de la vida del cómico, que los hace sentir gente especial, pero esos reflejos sólo los confunden y brillan sobre opacas tristezas y miserias. Éstos ya conocen dónde se produce lo "teatral", eso que más adelante aconsejaremos a los estudiantes de teatro que busquen, pero no lo reconocen como extraordinario. Suelen estar sumergidos en el movimiento que lo produce, y se les ha hecho irrelevante en la masa informe del trabajo. Son actores a pesar de ellos, en el sentido profesional, y en contra de ellos en el sentido personal".

Fragmento del capítulo "Manual de autodefensa para estudiantes de teatro".

Lectura indispensable.

La obra de arte

"La obra de arte ha sido comparada a una ventana a través de la que se puede contemplar la vida sin tener en cuenta la estructura, la transparencia y el color de los cristales de la ventana. Según esta analogía, la obra de arte aparece como un mero instrumento de observación y de conocimiento, esto es, como un cristal o una lente que es en sí indiferente y sólo sirve como medio para un fin. Pero lo mismo que se puede concentrar la mirada en la estructura del cristal de la ventana sin ocuparse del cuadro que se ofrece al otro lado de ella, la obra de arte puede ser considerada también como una estructura formal independiente, como una entidad coherente y significante, completa y perfecta en sí misma, y en la que todo trascender, todo "mirar por la ventana", perjudica a la comprensión de su coherencia espiritual. El sentido de la obra de arte oscila constantemente entre estos dos aspectos: entre un ser inmanente, separado de la vida y de toda realidad más allá de la obra, y una función determinada por la vida, la sociedad y las necesidades prácticas. Desde el punto de vista de la experiencia estética directa, la autonomía y la autosuficiencia parecen la esencia de la obra de arte, pues sólo en cuanto que se separa de la realidad y la sustituye completamente, sólo en cuanto que constituye un cosmos total y perfecto en sí es capaz de suscitar una ilusión perfecta. Pero esta ilusión no es en modo alguno el contenido total del arte, y con frecuencia no tiene siquiera participación en el efecto que produce. Las grandes obras de arte renuncian al ilusionismo engañoso de un mundo estético cerrado en sí mismo y van más allá de sí mismas. Están en relación directa con los grandes problemas vitales de su tiempo y buscan siempre una respuesta a estas preguntas: ¿cómo se puede hallar un sentido a la vida humana? ¿Cómo podemos nosotros participar de este sentido?

La paradoja más inexplicable de la obra de arte es que parece existir y al mismo tiempo no existir en sí misma; parece que se dirige a un público concreto, histórica y sociológicamente condicionado, pero al mismo tiempo parece como si no hubiera querido tener noción en absoluto de la existencia de un público. La "cuarta pared" de la escena parece tan printo la premisa más natural como la más arbitraria ficción de la estética. La destrucción de la ilusión por una tesis, por una tendencia moral o por una intención práctica, que, por una parte, estropean el disfrute perfecto y completo del arte, llevan, por otra, por primera vez a la auténtica participación del espectador o del lector en la obra de arte, de la que llega a disfrutar íntegramente. Pero esta alternativa, sin embargo, no tiene nada que ver con la intención del autor cuando crea una obra. Incluso la obra de más acusada tendencia política y moral puede ser considerada como mero arte, es decir como mera estructura formal, con tal de que sea ante todo una obra de arte; por otro lado, todo producto artístico, incluso cuando su creador no lo haya ligado a intenciones prácticas de ninguna clase, puede ser también considerado como una expresión e instrumento de la causalidad social.
El activismo de Dante excluye una interpretación meramente estética de La divina comedia tan escasamente como el formalismo de Flaubert una explicación sociológica de Madame Bovary y de La educación sentimental".

A. Hauser

Historia social de la literatura y el arte II. "Naturalismo e impresionismo", ed. Debolsillo, Barcelona, 2009. (1962) pp. 268 - 269.

Días como trenes

No aprenderemos nunca la lección. Volverán las oscuras golondrinas a llenarnos de mierda los balcones. Y volverá la lluvia y dejará tu rostro como santo sudario en todas mis ventanas. Habrá niños gritando en el parque de siempre. Y pensaré de nuevo es tan sencillo. Olvidaré el descuido y la feliz distancia que nos hizo posibles. Y otra vez esta vez.


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De la felicidad de los trapecios para verlas venir en movimiento, sólo nos advirtieron un aquella canción. Trepamos por la urgencia de los días como bombero a tiempo. Entrenamiento sobra. El miedo es el guisante aquel del cuento. Bajo cien mil colchones aún deja cicatrices.

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La insensata visión de tu cuerpo en mi puerta en tarde de domingo. ¿Metáfora u oxímoron?

Habrá que redactar la breve nota al pie que justifique tu existencia en mis días como un chiste privado. Vendrán historiadores, allá lejos y entonces, y observarán el tosco palimpsesto donde tu breve nombre fuera escrito y borrado como un mantra cualquiera durante mil y una noches.


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Amanece seguido. Cada vez más temprano. Y allá afuera despunta el raro privilegio de días capicúa. Constante déjà vu o sólo malos flashbacks. Quién sabe. Quizá el sueño se sume al estropicio. De niño te decían que aquel con quien soñabas te soñaba. Decían tantas cosas con forma de mentira sin dudarlo. Mentiras piadosas le llamaban al circo de inventar cobardías.

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Hay días como trenes marcha atrás.

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m.trigo

Instrucciones para blindar un corazón

Entre mis argumentos para la desesperanza
estás tú,
el disturbio sangriento, los debates
de Naciones Unidas
y los puntos de sutura en las muñecas.

A tu lado
la luna es ácida como un limón partido
y el sol el punto último
de una frase de desilusión.

Mira,
si quiera si las conversaciones se hubieran diluido
entre cafés o aburrimientos o besos
o la máquina exacta de los meses
te moliera las dudas...
pero las dudas son esa piedrecita o más bien un diamante,
porque la máquina acábo destrozada,
y en el suelo revueltos
el granizo, el cadáver, el sur.

Han pasado los años
y he aprendido a vivir con tu recuerdo
como un viejo sudor
que no puede limpiarme el dorso de la mano.

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Yo. Sagitario.
nieto de antiguos centauros
que creían la noche una pantera tuerta
y a su único ojo lo llamaron luna,
tan tiernos,
que morían de tristeza las tardes de niebla,
tan tiernos que sus úlceras,
se las causa un hilo
y sabían los secretos para tallar el agua,
tan tiernos,
que al salir del mar
sus huellas en la arena
tenían la forma de sus corazones.

Yo. tengo un glaciar de lágrimas heladas
desde hace muchos siglos.
porque quise amar más, de otra manera,
porque amar ha sido hacer sufrir a tantos
que el amor es un cáncer
con forma de paloma.
y en mis labios un beso como un barco
con la quilla en mis dientes
fue luego un esqueleto mordido por las olas.
ese amor nos dio el dios.

yo que borré las huellas dactilares de mi manos
para hacer más suaves las caricias
hoy las tengo desolladas de adioses.

eso nos dio:
la sed por otro cuerpo,
el estruendo de todas las ausencias,
para que nos amáramos.
hoy no quiero morirme
como tanta otra vez.

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Jose María Parreño.

Instrucciones para blindar un corazón, ed. Tansonville, Valladolid, 2009. (1981)