Jaime Gil de Biedma


Resolución
Resolución de ser feliz
por encima de todo, contra todos
y contra mí, de nuevo
-por encima de todo, ser feliz-
vuelvo a tomar esa resolución.

Pero más que el propósito de enmienda
dura el dolor del corazón.


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No volveré a ser joven


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-cómo todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.


J. Gil de Biedma. Las personas del verbo, Lumen, Barcelona, 1998.

La mirada de la infancia


No le es dado al hombre conocer a sus semejantes. Tampoco el conocimiento del niño que fue: fue niño pero lo olvidó, ha olvidado por completo la atmósfera interior de su infancia. Se trata, pues, de una pérdida de la memoria del tiempo de la infancia. Michaux habla de la mirada del niño:

Miradas de la infancia, tan particulares, ricas en no saber, ricas de extensión, de desierto, grandes por ignorancia, como un río que fluye (el adulto ha vendido la extensión por los hitos en el camino), miradas todavía no atadas, densas de todo aquello que se les escapa, plenas de lo todavía indescifrable. Miradas del extranjero... (...)

... el hombre ha sido niño. Lo ha sido mucho tiempo y, según parece, lo ha sido en vano. Algo de esencial, la atmósfera interior, un yo no sé qué que iba ligando todo, ha desaparecido y con ello todo el mundo de la infancia (...) el olor de la infancia está encerrado en nosotros (...) y es irrecuperable. (...)

Michaux ilustra esta pérdida definitiva con un magnífico ejemplo:

A los ocho años, Luis XIII hace un dibujo parecido al que hace el hijo de un caníval de Nueva Caledonia. A los ocho años, tiene la edad de la humanidad, tiene por lo menos doscientos cincuenta mil años. Algunos años más tarde los ha perdido, no tiene más que treinta y uno, se ha vuelto un individuo, nos es más que un rey de Francia, atolladero del que no saldrá nunca.

Alejandra Pizarnik, "Pasajes de Michaux", en Prosa completa, 3ªed., Barcelona, 2006.


Razonamientos de un testarudo. Satie (II)

Me llamo Eric Satie, como todo el mundo.

Lo que me gustaría es que todos los franceses, nacidos en territorio francés, de padres franceses o que lo parezcan, tuvieran derecho a un puesto de cartero en París.

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Denme un poeta y haré dos músicos, uno cancionista y otro acompañante de piano. En seguida, el cancionista montará un cabaret de los de Montmartre. Unos años más tarde, el pianista morirá alcohólico y el cancionista será príncipe, duque u otra cosa mejor todavía.

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Algunos artistas quieren ser enterrados vivos.

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El pasado sirve para armarse con fuerza.
El futuro es la lucha en lo desconocido vislumbrado.
Aprended a ver a lo lejos, a lo lejísimos.

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Revista La danza del ratón, nº 19, julio 2001. p. 25.

Hay que proseguir el ensayo.

No importa que debamos improvisar,
que no haya director
y que la pieza que ensayamos no se estrene nunca.
También la flor es un ensayo,
la palabra es un ensayo,
el silencio es un ensayo,
el amor es un ensayo,
los dioses fueron un ensayo.
Aunque el anfiteatro esté vacío
y nos desnuden las ausencias,
como a la flor la desnuda
el hecho elemental de que todo no sea flor,
que el aire no sea flor,
que la luz no sea flor,
que el tiempo,el pensamiento no sean flor.
Aunque la voz del hombre
esté llena de huecos
o tal vez sea un hueco,
hay que proseguir el ensayo.
Es el único modo
de que al menos los otros ensayos
quizá se estrenen algún día.
Y entonces tal vez ellos nos arrastren.

Roberto Juarroz.
www.robertojuarroz.com

Miyó Vestrini

Toda la vida no vas a tener ganas de saltar cuando veas el mar o cuando haya luna llena, toda la vida no se tienen ganas de hacer lo mismo, ¿entiendes?, sí eso eso, respira hondo, cálmate y pide un trago y mira hacia otro lado, hacia donde quieras pero que no sea espejo, porque vas a empezar otra vez, que si la memoria y la guerra y los fantasmas de mierda y el tiempo que no pasa rápido, ¿no te fastidias?, siempre lo mismo, el perro que ladra y la luz que agoniza, eres la única que lo ve así, a ver, pide un trago y óyeme lo que te voy a decir,
por la mañana
los ojos se llenan de lágrimas
porque no hay locos en la casa
y tarda mucho en hacerse de noche
y las multitudes
y esa luz de la tarde que revienta
tiempo,
cautela,
no lo digas otra vez, todo eso me da en la madre, si ya sé lo de la fatiga, lo del desafecto y el estupor, y no me importa el marido frustrado de Creeley, empezando que no sé quién es el bolsa ese, confórmate, ¿ves?, todos los días la gente regresa a su casa, ¿no?, y no vas a componer las cosas arrechándote por una cama o una cortina floreada o una mesa cuadrada, métete un viaje de toña la negra o de leo marini o de la bola de nieve y cálate tus cuentos y los míos y hablando de infortunios, no me metas, ¿Ok?

Miyó Vestrini. De El invierno próximo. 1975.
Revista La danza del ratón, nº 19, julio 2001. p. 25.

Anaïs Nin

"Mi imagen de los demás ha sufrido mil transformaciones desde la idealización al rechazo total, a la reconstrucción y salvación de un ser totalmente nuevo. A medida que yo iba cambiando, cambiaba mi perspectiva. (…) Somos como escultores, tallando constantemente en los demás la imagen que anhelamos, necesitamos o deseamos. A menudo en contra de la realidad y en menoscabo de los demás, y, siempre, al final, una desilusión, porque no corresponde a ellos".

Consejos de Leonard Cohen para llevar la poesía a escena

Cómo hablar poesía.

(…) Jamás actúes las palabras. Nunca intentes despegarte del suelo cuando hables acerca de volar. Jamás cierres los ojos volviendo violentamente la cabeza al hablar de la muerte. No claves en mí tus ojos ardientes cuando hables de amor. (…) Si la ambición y el hambre de aplausos te han llevado a hablar acerca del amor deberías aprender cómo hacerlo sin ponerte en ridículo o destrozar el tema. (…)
No puedes decirle al público todo lo que sabes del amor en cada línea de amor que hables. Hazte a un lado y ellos sabrán lo que sabes porque ellos lo saben ya. No tienes nada que enseñarles. Ya no hay escenario. Ya no hay candilejas. Estarás entre la gente. Entonces se modesto. Di las palabras, transmite los datos, hazte a un lado. Quédate solo. (…) Respeta la intimidad del material. Estas piezas fueron escritas en silencio. El valor de la representación es el de decirlas. La disciplina del juego es no violarlas. Que el público sienta tu amor a la intimidad a pesar de que no exista intimidad. Se buena puta. El poema no es un eslogan. No puede anunciarte. No puede promocionar tu reputación de persona sensible. No eres un semental. No eres una mujer fatal. Eres un estudiante de la disciplina. No actúes las palabras. Las palabras mueren cuando las actúas, se consumen y nos quedamos sin nada más que tu ambición. (…)
No trabajes a la audiencia en busca de exclamaciones y suspiros. Si eres merecedor de exclamaciones y suspiros no será a causa de tu apreciación del suceso, sino a causa de la suya. Estará en las estadísticas y no en el temblor de la voz o en los cortes que hagas en el aire con tus manos. Estará en los datos y la queda organización de tu presencia.
Evitas las florituras. No temas ser débil. No tengas vergüenza de estar cansado. Tienes un aspecto magnífico cuando estás cansado.

Leonard Cohen. Memorias de un mujeriego, Visor, 1982.