Carolina González





Periodista

Escribe para Revista Vanidades y Revista Club del Diario La Nación. 
Asesora editorial y de contenidos del Festival BAIFFF.







¿Cómo te definís profesionalmente?
Periodista. Ahí comienza mi profesión, pero no es donde termina.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Por curiosidad, ganas de contar y conocer otras vidas.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
El poder que tiene la palabra usada para fines estimulantes. También aprendí a ser perseverante, que no es lo mismo que ser insistente.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
Es doloroso cuando lo que te pagan no es el fiel reflejo del esfuerzo y la dedicación que ponés en tu trabajo.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No creo haber usado nunca la palabra sacrificio en mi vocabulario.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Empecé trabajando para tres revistas. Una cerró, la otra quebró y la última sigue en pié.
¿Cuántos te esperan ahora?
Sigo escribiendo para Revista Vanidades, donde hago reportajes y notas a personajes vinculados al teatro, la televisión y el cine. También empecé a escribir en un nuevo suplemento que lanza el diario La Nación, vinculado a las tendencias en espectáculos, viajes y gastronomía. Y, por último, soy parte del equipo creativo y comunicacional del BAIFFF, el primero Festival Internacional de Fashion Films de Buenos Aires que se realizará el 13 y 14 de abril en el Museo de Bellas Artes.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Mi trabajo en la productora Rosstoc fue bastante intenso. Viajaba varias veces al año, entrevistaba a mucha gente con historias muy fuertes y, además de tiempo, gastaba suficiente energía como para quedar exhausta al final de la jornada. 
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Lo recuerdo con mucho cariño y aprendí un montón. Además de tener compañeros bárbaros. Los programas sociales que hicimos para Canal Encuentro me acercaron a otros universos que no son los que frecuento día a día. Eso me nutrió y ayudó a poder armarme como profesional. La práctica cotidiana de hablar con personas de otros entornos y edades, desarrolló mi empatía. También aprendí a escuchar y entendí que se puede hablar de temas profundos si uno conecta de verdad con lo que le está pasando al que habla. Igual, no todo fue tan intenso, hubo programas que me acercaron a conocer personajes públicos muy interesantes. Fue en el contexto de una serie que hicimos para NATGEO sobre el Bicentenario nacional. La parte mala de todo esto fue que la productora quebró muy rápido y dejó muchas deudas. Entre ellas, tres sueldos míos.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
El cine, el teatro y la pintura.
¿Qué estás leyendo?
Free Play, La improvisación en la vida y en el arte. El autor es Stephen Nachmanovich. También estoy leyendo bastantes cuentos. El último fue Wakefield de Nathaniel Hawthorne.
¿Qué autores recomendás siempre?
Julio Cortázar y Bioy Casares. Tan hermosos como singulares. Además de tener un manejo del lenguaje exquisito, fueron grandes creadores de universos.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
No tengo ese fetiche de volver a ver las películas que me encantaron. Sólo si aparecen de modo espontáneo la vuelvo a mirar. Me volví a enganchar varias veces con Eternal Sunshine of the Spotless Mind y The Bridges of Madison County.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Me encantan los artistas surrealistas del siglo XX. Sobre todo los pintores. Esa ruptura que hicieron en el modo de mirar y expresar las cosas. La imaginación infinita que tenían para interpretar lo real y para crear lo inexistente.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Buen trato, buena síntesis, confianza y responsabilidad. Si tienen buen humor, generosidad y encima saben escuchar, son casi perfectos.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A ninguno.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Hablo mucho con mi marido Fernado Sala. Es actor y Comunicador Social, entonces nuestras actividades se mezclan. A veces nos enriquecemos y otras basta con comprendernos. También nos estimulamos mutuamente para crecer y superarnos en lo que hacemos. Cuando necesito una opinión femenina hablo con mis amigas. Algunas son buenas para aconsejar en el plano vincular, otras en el enfoque económico y con otras solo me río de las cosas propias de mi laburo.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Nací acá y, aunque he fantaseado con vivir en otro lado, Buenos Aires me atrapa. Es muy loco, pero a medida que voy conociendo más lugares el mundo, siento mayor adoración por mi país. Hay días que voy caminando por una calle y, aunque pasé mil veces por ahí, la vuelvo a descubrir y me encanta. Tiene un atractivo oculto, y también inexplicable, que hace que me vuelva enamorar de mi ciudad.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Conocer a las comunidades Wichis y Pilagá de La Rioja y Catamarca. Fue impactante ver como ellos viven en un ritmo detenido en otro tiempo distinto al mío, pero que a pesar de esa distancia, nos pudimos acercar desde otro plano. Recuerdo haberle hecho una nota a un anciano wichi que me hablaba en su lengua y yo en español. Parece ridículo pero logramos un diálogo.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Sí. Evitar creer que tengo un sistema personal de trabajo.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando? 
Juego, crío, alimento y amo a mi hija. Además voy a yoga, hago un taller de escritura con Natalia Moret, salgo con mis amigas y comparto muchas cosas con mi marido. Hablo a diario con mi mamá y mi papá, además de verlos una o dos veces por semana. Cocino, miro series y películas, voy al teatro, escucho mucha música y leo menos de lo que debería.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?

Algo vinculado a lo creativo o a lo artístico. No podría soportar un trabajo rígido, rutinario y predecible. Para mi la profesión es anecdótica porque la vida es movimiento. El verdadero motor de todo es por qué hacemos lo que hacemos.  

Vuelo Buenos Aires















Foto. Hábitat. Ignacio Masllorens.


Qué tendrás me pregunto desde siempre,
desde el primer invierno
en el que tu humedad
abrigó mi esperanza de ser otra
y me diste licencia para hacerlo posible.
Desde el primer avión
que me trajo de vuelta
por cosa de unos meses
que luego fueron años
y ahora es vida.

Me sigo interrogando sin respuesta
sobre el tiempo acodado en tus esquinas
esperando el regreso del pasado soñado
que nunca llegó a ser.
A veces me tropiezo conmigo en tus cafés
jugando a ser turista,
observando de lejos sutiles diferencias
donde yace el misterio indescifrable
que ninguna nostalgia
acierta a interpretar
o traducir.
Ni siquiera tus tangos se parecen a vos
en estos días.
Cuando camino historia por ese centro roto
de tus calles añico saturadas de tanto,
me dueles como propia y no entiendo razones
que acierten a explicarme cicatrices.
Y no todo es canción
y nada es verso.
Bien sabes cuánto duele
y dónde
y cómo.

Hacía rato largo que no te murmuraba.
Me acostumbré a tenerte,
a protestar por todo más seguido,
a silenciar tus ruidos y esquivar mi cansancio.
A veces el amor se nos pervierte,
se tatúa en rutinas y distancia.
Qué te voy a cantar,
si sos Gardel, mujer.

Hoy me desperté en vos. Silenciosa y distinta.
Con ecos de otras veces removiendo el café,
sin la menor idea de qué estarás fraguando
en tu cueva amantes de ida y vuelta
que atesoras ajena a todo empeño.

Sólo quiero que sepas
que ya no me imagino en otros brazos,
que todas mis costuras te contienen.

"Nada puede dejar de irse",*
respondes mientras ríes
de mi amor.

Qué te voy a contar,
si sos mujer.


m.trigo

* Alejandra Szir. 

Christian Gadea

Iluminador














¿Cómo te definís profesionalmente?

Iluminador. Aunque me gustaría tenerlo un poco más claro, y escribirlo con mayor seguridad.

¿Sabés por qué te dedicás a esto?

Después de una larga búsqueda (o no tan larga), en donde luego de períodos de estudio en diferentes carreras, comenzaba a dudar, encontré algo que no me hizo dudar más: la luz. Ahora sigo dudando y buscando, pero siempre en lo relativo a la iluminación. Me atrae todo lo que sea observar, las imágenes, los colores, las composiciones, las texturas y todo lo que esto genera en mí, la influencia de todo esto en mi estado anímico. La transformación y modificación que pueden generar estos estímulos, es otro motivo por el que me dedico a esto.

¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?

El cine y la fotografía.

¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?

El vínculo entre personas. Es un gran desafío esa parte del trabajo para mí. La relación entre las partes, la comunicación, la interacción, el mecanismo complejo que es un grupo de personas llevando un proyecto común adelante. Eso me gusta y me parece muy interesante, y pienso que es lo más difícil.

¿Y lo más hermoso?

Ese instante cuando estas viendo una función y sentís que todo se alinea y se logra un momento hermoso, único e irrepetible. Sobre todo eso último, me parece increíblemente mágico. En el cine no pasa, ponés pausa, rebobinásy lo ves cuantas veces quieras, en el escenario sucede solo una vez. Eso me encanta. Cuando eso pasa, me encanta hacer lo que hago.

¿Cuáles consideras que son tus principales fuentes e influencias creativas?

Mmm. Me cuesta saberlo, sobre todo porque me cuesta mucho recordarlas. Pero sí hay ciertas cosas que vi, que me han marcado. La eternidad y un día de Angelopoulos. La vi en el Cosmos y cuando salí pensé: voy a estudiar cine. Increíble momento que recuerdo y que me acompañará siempre. De esa peli, y de todo lo que veo, que por un ritmo particular, un clima difícil de generar o por bellas imágenes, hace que me queden sensaciones grabadas que me gusta tener de referencia. Con las fotos de Tood Hido también me pasa.Y por otro lado las obras e instalaciones de James Turrell, Dan Flavin son una gran referencia. Actualmente el Estudio Olafur Eliasson me gusta mucho.

¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?

A veces ciertas situaciones con gente arrogante, pedante me hacen sentir mal. Son muy difíciles de sobrellevar para mí. El resto es puro disfrute.

¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?

Mmm sacrificado, en mi caso, sería una palabra muy grande. Siento que me esforcé mucho, sobre todo al principio, para poder meterme en el medio, para aprender y ganar experiencia.

¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?

Uf, no sabría contarlos. Por suerte muchos. En distintas áreas, pero muchos realmente. Me da vértigo y alegría pensar que fueron muchos.

¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?

Del año pasado, todos, menos uno, que queda pendiente este año.

¿Cuántos te esperan ahora?

Míos: 3 o 4 a lo largo del año. En proyectos donde trabajo para otros, un montón.

¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?

Se me viene a la cabeza un proyecto actual, que realizo con Jonathan Kluk, que siento muy personal y que está llevando tiempo, no de ensayos, si no tiempo. A ambos nos motiva mucho, el problema es que somos muy inconstantes, ja, pero, sin apuro, tengo todas las ganas de llegar a mostrar.

¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

Sí, vivo de lo que hago. que me encanta y disfruto en cantidad. Pero amar amo otras cosas. El tiempo libre, el contacto con la naturaleza, con el agua, estar con la gente que quiero, ver una buena peli, escuchar música, comer rico, ciertos festejos, las vacaciones, el ocio…

¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?

Me gusta ir a museos, ver muestras, pintura, instalaciones. El cine, la foto.

¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?

Mmm. Creo que absurdo, nada.

¿Hay algo que no volverías a hacer?

No se me viene nada a la cabeza, pero seguro que hay.

¿Qué estás leyendo?

Estoy muy disperso para la lectura, no logro terminar los libros que empiezo. Ahora tengo uno al lado, una charla entre Daisaku Ikeda y Perez Esquivel. La lectura de algunos libros de budismo hace unos cuantos años me trasformaron y me sirvieron mucho. Ahora tal vez ando buscando algo de esa sensación.

¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?

Hace iempo largo que no repito películas.

¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?

Soy malísimo para esto. No tengo memoria para nombres, no los retengo. Es más intuitivo mi vínculo con las obras y sus autores. Recuerdo sensaciones que me produjeron, o ciertos detalles de la obra, no su nombre y su autor. Ahora recordé a Botanski. En general los que realizan instalaciones vinculadas a la luz me interesan.

¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?

Que coincidamos estéticamente, llevarme bien. Divertirme trabajando, me gusta. Que
confíen en mí, que haya un intercambio interesante (no me gusta cuando dicen que sí a todo).

¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?

Creo que a nadie. Me gusta como trabaja Omar Possemato, y es un referente de cómo me gusta que sea la gente con la que trabajo. Estoy atento, aunque no siempre logro ver cosas, a Leandra Rodríguez.

¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de
confianza?

Con amigos colegas, con mi novia, que también es colega. Y no pido explícitamente consejos pero cuando me cruzo con alguien más grande, con más experiencia, me gusta charlar del trabajo para aprender.

¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?

Indirectamente, como iluminador, me piden presupuestos y plantas para posible subsidios. Proteatro, Prodanza, INT

¿Por qué vivís en Buenos Aires?

Acá nací, aunque es cada vez son más fuertes mis ganas de vivir en un lugar más tranquilo.

¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?

Mi primer gira fuera del país, a Río de Janeiro, fue muy importante. Y después todos los viajes me marcan.

¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?

Sí, obviamente influenciado y aprendido de la observación de los profesionales con los que trabajé. Soy muy sistemático, me gusta el orden trabajando. Aunque el caos lo acepto y a veces es bien recibido en algún proceso.

¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?

Un montón de cosas, tengo 33 años.

¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?

En los últimos años siento que va apareciendo una mirada más clara de lo que quiero hacer, lo que me gusta, lo que no quiero y lo ya no me gusta.

¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?

La verdad, si pienso, no me preocupa mi futuro, me siento tranquilo. Sí pienso en el futuro, obviamente, pero no me preocupa. Para mí es clave seguir encarando proyectos, seguir pensando imágenes, luces.

¿Qué hacés cuando no estás trabajando?

En esos días libres en general me gusta salir de casa. Pasear, hacer cosas para mi casa. Estar con Lu, con mi familia, con mis amigos, ir a remar con Juan, salir a comer, salir de noche... Salir.

¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?

Mmm. ¡Sería carpintero en algún pueblito de montaña! 

El creador

En el principio no hay nada, después hay después, algo, una marca en el tiempo, un es. Lo que el vacío, la nada, lo imposible o la ausencia, dispersaron, dieron al ser. 

Marcaron en la página en blanco o en la intemperie: en el paisaje de la posibilidad. 

En la desnudez, la espera. 

Creador es quien vive de esas marcas, esas huellas, no de sus cicatrices: las certezas. 

Una grieta en un muro, para un creador, no es una grieta en un muro, es un tajo que le abre a la posibilidad de la creación, a la acogida de lo que en ese tajo se abre. 
De lo que pueda susurrar. 
Del destello de sentido que pueda donar. 

Ser creador es saber, creer, que eso que abrió desde lo oculto está presente y oculto en esa apertura. (...) El creador sabe que todo fue nada antes de ser lo que es, lo sabe, porque también sabe que todo lo volverá a ser. 

Porque lo sabe traza huellas, a veces sendas, pero las traza, no las aferra. 

La creación es esa fe en nada, en un vacío o una ausencia, una fe que crea lo que cree, que cree para crear, que creando se trasciende más allá de lo que cree. 
Ausencia de lo que nunca fue o haya sido, pero no mera ausencia, presencia y revés de esa ausencia. 

El creador es un ser de la espera, espera lo que advenga, espera desnudo de sí. Espera sin poder, sin saber. 

Espera lo aún por nacer. 

Hugo Mújica

Poéticas del vacío
ed. Trotta, Madrid, 2002. 

Hernán Lucas

Hernán Lucas
Librero. Escritor

Títulos publicados: Aquilea, crónicas de una librería, Un tapado arena, 
Prosa del cedido por el oro. 








¿Cómo te definís profesionalmente?
Librero y escritor.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Por qué soy librero creo que queda claro en mi libro Aquilea. Crónica de una librería. En cuanto a por qué escribo, no lo sé. Lo que sí sé es que no puedo dejar de hacerlo.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
El cine.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Usar la cabeza.
¿Y lo más hermoso?
Diversificarme en un otro. Sería algo así como mandarme cartas.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
El cine, algunas zonas de mi ciudad (CABA), y “las palabras oídas de niño”, como dice Palo Pandolfo en una canción.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
Que no  siempre me puedo concentrar: soy muy neurótico.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
En dos: la continuación de Aquilea, y un libro sobre el edificio en donde vivo, “Las torres”.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
No.
¿Cuántos te esperan ahora?
Los mismos. No terminé ninguno.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
A ambos.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

Vivo de la librería.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Todas, pero sobre todo música.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
No se me ocurre. Creo que nada.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Muchas cosas.
¿Qué estás leyendo?
Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig.
¿Qué autores recomendás siempre?
Borges, Juana Bignozzi, Juan L. Ortiz, Bioy, Puig.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
El sol del membrillo de Erice. No es que la vea seguido, pero la paso muy seguido en mi cabeza.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Borges.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Compromiso, inteligencia.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A varios.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Con Tamara Kamenszain, Lucas Soares y Bettina Berlín.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
He pedido al FNA y al Fondo Metropolitano.
¿Por qué?
Apoyo económico para publicar o escribir.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Porque nací acá.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
No.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Se me impone.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Anoto en papelitos  o en el libro que  esté leyendo, y después paso a la computadora.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Lo que estoy escribiendo;  y dar la película Últimos días de la víctima en el patio de mi edificio. (Allí se filmó).
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
 No.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Todo.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando? 
Pienso, pienso, no siempre constructivamente.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
No sé.

Juan Pablo Gómez

Juan Pablo Gómez. 
Director teatral, productor, Dj.


Obras en cartel: 
Recordar 30 años para vivir 65 minutos.
Villa Argüello.





¿Cómo te definís profesionalmente?
Hacerle esta pregunta tan simple a alguien que se dedica al teatro en Buenos Aires puede ponerlo en un aprieto. Me dedico a todo lo que haya que hacer para una obra: sea escribir, dirigir, hacer producción, asistencia, organizar giras y he actuado en varias cosas hace muchos años.
De todos modos, el lugar con el que me identifico es con la dirección. A pesar que es la especialidad que menos plata me ha hecho ganar y eso también es parte del manoseado concepto de “profesional”.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
No sé bien por qué comencé a meterme en el teatro. Un poco de carambola supongo. Tengo claro sin embargo por qué me dedico a esto ahora: es mi manera de entender el mundo, la gente que quiero está aquí y en Buenos Aires me parece una actividad particularmente relevante. Algo que puede hacerse sin ningún tipo de apoyo, puro encuentro entre personas. Encuentro entre personas, siempre difícil, complejo y enriquecedor, durante la producción de la obra y luego con el público. Soy una persona gregaria, no me gustan las actividades solitarias. Necesito gente a mi alrededor para pensar.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
Los primeros años de actuación, sin duda. Actuación entendida como la entendían mis principales maestros, Audivert, Bartís. Un actor que se come un director y lo lleva consigo como consciencia de la totalidad de la obra.
El circo, al cual me dediqué muchos años y de lo cual, en parte, sigo viviendo, me transmitió una relación cotidiana de disponibilidad con el cuerpo y el entrenamiento que me sirve para pensar diariamente el teatro como forma de trabajar con “unos cuerpos ahí”.
Mi tránsito universitario también me abrió la cabezota para pensar el arte no como “proyecto creador individual” sino como proceso histórico, social. Cosa de no inventar el agua tibia cada vez que uno se pone a dirigir, digo.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
A no ser un negado con lo manual.
¿Y lo más hermoso?
Espero que esté por venir, pero cuando un ensayo y luego una escena “funciona” siempre me parece muy hermoso eso de crear ficción con personas vivas.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Del mundo del arte cientos: el cine de Cassavettes, de Hitchcock, la literatura de Lamborghini, de Castillo, de Ramos, la teoría. Del teatro todos, de todos se puede afanar algo. Bartís es una influencia ideológica permanente, de gente de mi generación Mati Feldman, Fede León siempre abren campo para pensar. Y después de todas las situaciones, de las personas en general, de sus mezquindades y grandezas. La gente y su ínfimo tránsito por la vida me emocionan y estimulan a la vez.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
La imposibilidad de hacer un crecimiento relativamente organizado, la falta de apoyo real del Estado, la ansiedad colectiva que genera ese desorden y que se plasma en un solo síntoma: la agenda de un actor porteño.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
La estabilidad económica.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Tres. Voy en baja.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
¡Uno todavía no, pero en eso estamos!
¿Cuántos te esperan ahora?
Dos. Ya dije, voy en baja.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
La obra que ensayo actualmente con la compañía Un Hueco y que se estrena este año. Todo mi tiempo es para ellos.
¿Qué hubo de bueno y de malo?
De malo es que el tiempo desgasta los vínculos, marchita los hallazgos, oxida el impulso. Lo bueno es que seca lo superfluo y que nunca termina de acabar con nosotros.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

Tengo varias, varias otras profesiones. Pero a todas las amo un poco.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Con la música, el cine y la literatura permanentemente. Con la plástica menos de lo que debería. Es una gran escuela.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Darle la mano a un par de tipejos.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Meterme adentro de un muñeco en una publicidad. Bueno, ahí va una promesa que no sé si cumpliré…
¿Qué estás leyendo?
Ahora mismito Estados fallidos de Noam Chomsky.

¿Qué autores recomendás siempre?
Pablo Ramos, Abelardo Castillo, Aristóteles, Perlongher, Arlt. En realidad ellos no necesitan que los recomiende yo. Inés Acevedo tiene una novelita que para mí es genial, en la que hablan como me gustaría que hablen los personajes de mis obras.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Cualquier barbaridad yanqui que pasen en la tele. Las que repito son porro visual, para no pensar. Las otras, me las acuerdo.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Digamos que si no leíste Chéjov, ni Ibsen ni sabés quién es Pina Bausch es difícil empezar a hablar.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Amplitud de criterio, ganas de pensar artísticamente. Se dice fácil pero no es tan sencillo.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Feldman, León, Spregelburd. Siempre se encuentra algo ahí.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Con todos. Con los actores con los que trabajo en primer lugar, ellos son los interlocutores permanentes. Después molesto a todo el mundo: para que lean la obra, para que vengan a un ensayo, para que opinen. Escucho mucho, ¡tal vez demasiado! A veces me mareo. Esta obra que estoy por estrenar la leyó Kartún, la leyó Walter Jakob. Ellos tienen mucho “olfato para la estructura” como se dice. Y Feldman vino a ver algún ensayo, vendrá a ver otros. Con Horacio Banega discutimos todo lo demás, solo para sacarle filo a las ideas. Son como primos a los que uno les consulta todo.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Pido, claro. Siempre es una ayuda. Proteatro, INT, FNA.
¿Por qué?
Más allá del dinero, la instancia de la presentación de subsidios o apoyos suele ser un momento para organizar todas esas ideas sueltas sobre un proyecto. Básicamente para qué lo quiero hacer, además de porque se me canta.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Mi trabajo está acá. La gente que me gusta como actúa, es dónde se como moverme. Cada vez me tiene más podrido como ciudad pero es una dicotomía insoluble por ahora.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Varios. Mis primeros viajes como asistente de R. Spregelburd me conectaron como el ancho mundo del teatro allende Buenos Aires. Laburamos en forma y tuve mi primera responsabilidad en serio en el teatro. Junto con el equipo movíamos un espectáculo bastante grande. Y después laburando con Mariano Pensotti también. Grandes festivales y grandes ligas. Me enseñaron varias cosas (que igual no aplico): el concepto de “show” (en el sentido de lo complejo y organizado que hay que estar para trabajar el vivo del teatro fuera de la salita independiente) y también cierta des-localización del teatro como espectáculo. No estar creando siempre para el espectador porteño, relativizar cierto chauvinismo teatral donde se supone que es más “sincero” lo que refiere a un “nosotros”. Eso muchas veces termina reduciéndose a una idea remanida sobre ciertos tópicos y ciertos modismos a la hora de actuar, de crear.  Y el “nosotros” puede ser un enunciado muy productivo y poético a la vez: “Nosotros los que estamos acá viendo esto”.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Tengo una lista de ideas y cosas que quiero probar pendientes. Así que cuando sale una, ya hay otra en la línea de largada. Igual, no soy muy productivo así que es un proceso que lleva años.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Ni a palos.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Algunas obras punteadas en varios cuadernos dispersos. Trabajar otro tipo de formato escénico, algo menos “obra”. Laburar en un teatro bien grande. Aprender a escribir más, darle más bola a eso. No como finalidad pero si como base estable para un proyecto.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Caótico pero sí. Un claro corrimiento hacia la dirección desde que empecé a trabajar. Igual, como ahora estoy por estrenar todo es duda y replanteo. Clásico.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
No poder congeniar una actividad que, por lo menos en Buenos Aires que es lo que más conozco, te obliga a convertirte en una Pyme full time de uno mismo, con otros intereses no artísticos que tengo. Vivir en un lugar más lindo, por ejemplo, con más naturaleza a mano. Me falta.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?
Vida bohemia.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
A lo anterior me parece.