Se elige cada vez

La geografía de las ciudades como algo (re)construido en cada esquina, en la suma de todos sus grafittis, socavones, en los itinerarios invisibles que trazamos para volver a pasar una y mil veces por los lugares donde siempre desfila un carnaval de recuerdos de quien alguna vez fuimos. Las ciudad como una historia interminable escrita por todos, donde millones de voces guionizan un sentido posible para justificar nuestros pasos camino de un trabajo detestable o en esa vuelta al perro a medianoche que siempre es tan distinta. La ciudad como infierno elegido para enterrar nuestras vidas,* para dejarlas pasar, ocupadísimas y preocupadas con tantísimos miedos.

En todas las ciudades el aire nos abraza o nos escupe de modo bien distinto. Sabemos que París no es nuestra fiesta, en Londres somos nadie, en Madrid somos todos, en Florencia podríamos morirnos cada tarde y enamorarnos, quizá,  ya solo en Roma. Sabemos que en Oviedo la lluvia es literal y literaria, que en Sevilla la infancia nos persigue y en Valladolid nada cambiará y está bien que así sea.

Algunas ciudades recortan el aire y el espacio a nuestro alrededor, dejándonos clarito que apenas somos extra de sus días, estamos ahí de paso y no nos pertenece. Tampoco va a extrañarnos. Suele ser algo mutuo. En otras, sin que sepamos bien cómo funciona, pareciera que el fondo se nos pega a la piel, que su mugre en nuestras uñas nos hermana y que la luz, esa luz tan distinta en todos lados, nos descifra un mensaje clandestino que el tiempo nos tenía reservado.

Cualquier ciudad de Italia, cualquier pueblo, todas sus carreteras, me llenan los bolsillos de postales que llegan sin remite desde mi adolescencia remotísima. Italia me silencia, resucita mis ojos, me obliga a detenerme a cada paso, a pensar en las piedras y en sus dioses, en la belleza insólita que yace contra todo entre sus piernas.

Cualquier ciudad francesa o alemana genera lo contrario. Soy un paraguas feo que alguien dejó olvidado, un papelito sobre el que se escribió un número de teléfono al que no se llamó. Mi alma extranjeriza sus maneras y hasta el agua es distinta y el hambre diferente.

Madrid es ese bar donde brindar con cañas por mi vida o mi muerte. Lo elegí como puerta para llegar al mundo y todos mis embarques terminan en sus brazos. Pero sé que es jodida como amante y no me cuida bien ni quiere mucho.

Buenos Aires encierra ya en su nombre una trampa mortal, un chiste argento. Anuncia sobredosis de mentira, es decir, de ficción. Funciona como centro de todos los orígenes, metaforiza el mundo completito. Encarna su dolor y sus miserias, pero también conquista el horizonte infame dejando que lo firmen pintores de alta escuela cada tarde. Sobre todo en verano, como ahora. Vos pensás en morirte, o en matarlos, porque termina el día y todo ha sido en vano, cuando el cielo inaugura su servicio de espectáculo gratis y te alivia la arruga de la frente. Te obliga a suspirar, a mirar lejos y a entrar en duda nueva.

Otra vez esta vez. 

La misma vez de siempre. La que vuelve a engacharte al vicio de la herida como si fueran tuyas todas sus cicatrices. Como si sus tormentas solo hablaran de vos. Te hace sentir cualquiera Buenos Aires. No solamente vos, circunstancia torpísima, sino otros tantos muchos de los que nada sabes. Te convencen las plazas de que hay una legión de enamorados dispuestos a latir sus corazones, prender fuego al imperio de la norma, vivir a contramano cuando toque. Te convencen su turbio desconcierto, su espanto repetido, su dilema tanguero…

Otra vez esta vez.

Se elige el nacimiento y la rara certeza de tropezarse vivo cada día aunque nunca sepamos para qué. Se elige, cómo no, dónde seguir en pie como si nada.

Se elige. Cada vez.



m.trigo






“Madrid es una ciudad con más de un millón de cadáveres”, calculó Dámaso Alonso en un insomnio. 

Primer manifiesto infrarrealista. (Fragmentos)

Prueben a dejarlo todo diariamente.
Que los arquitectos dejen de construir escenarios hacia dentro y que abran las manos (o que las empuñen, depende del lugar) hacia ese espacio de afuera. Un muro y un techo adquieren utilidad cuando no sólo sirven para dormir o evitar lluvias sino cuando establecen, a partir, por ejemplo, del acto cotidiano del sueño, puentes conscientes entre el hombre y sus creaciones, o la imposibilidad momentánea de éstas.
Para la arquitectura y la escultura los infrarrealistas partimos de dos puntos: la barricada y el lecho.

*

La verdadera imaginación es aquella que dinamita, elucida, inyecta microbios esmeraldas en otras imaginaciones. En poesía y en lo que sea, la entrada en materia tiene que ser ya la entrada en aventura. Crear las herramientas para la subversión cotidiana. Las estaciones subjetivas del ser humano, con sus bellos árboles gigantescos y obscenos, como laboratorios de experimentación. Fijar, entrever situaciones paralelas y tan desgarradoras como un gran arañazo en el pecho, en el rostro. Analogía sin fin de los gestos. Son tantos que cuando aparecen los nuevos ni nos damos cuenta, aunque los estamos haciendo / mirando frente a un espejo. Noches de tormenta. La percepción se abre mediante una ética-estética llevada hasta lo último.

*

Las galaxias del amor están apareciendo en la palma de nuestras manos.
-Poetas, suéltense las trenzas (si tienen).
-Quemen sus porquerías y empiecen a amar hasta que lleguen a los poemas incalculables.
-No queremos pinturas cinéticas, sino enormes atardeceres cinéticos.
-Caballos corriendo a 500 kilómetros por hora.
-Ardillas de fuego saltando por árboles de fuego.
-Una apuesta para ver quién pestañea primero, entre el nervio y la pastilla somnífera.

*

El riesgo siempre está en otra parte. El verdadero poeta es el que siempre está abandonándose. Nunca demasiado tiempo en un mismo lugar, como los guerrilleros, como los ovnis, como los ojos blancos de los prisioneros a cadena perpetua.


*

Fusión y explosión de dos orillas: la creación como un graffiti resuelto y abierto por un niño loco.
Nada mecánico. Las escalas del asombro. Alguien, tal vez el Bosco, rompe el acuario del amor. Dinero gratis. Dulce hermana. Visiones livianas como cadáveres. Little boys tasajeando de besos a diciembre.



Roberto Bolaño

México, 1976






Completo acá: 

Contra la soledad de la escritura

“No nos engañemos: escribimos siempre después de otros”. 

Enrique Vila-Matas


No escribimos solos. Aunque lo hagamos, quizá, para sentirnos menos solos, para domesticar a los demonios que andan siempre de joda sin entender de fechas, distracciones, paciencia, madurez o distancia. Qué mierda les importan los modales o las cuentas. No los convencerás de que guarden silencio cuando es final de mes, o lunes nuevamente, o se cumplen diez años de la muerte del padre o tus hijos precisan que los salves. Para algo son demonios, los demonios.

Escribimos en el marco de jurisprudencia de nuestros antecesores. Competimos con cadáveres amados y admirados que atinan a burlarse, con razón, de nuestras paredes acolchadas, nuestra locura transitoria que paga el alquiler, se toma vacaciones quince días y rebaña el caramelo de los postres como premio cuando ya no tiene hambre. Ahí están ellos con sus valijas exiliadas, underwoods, olivettis  y otros lirios calibrados para el tiro al blanco en piezas de hotel donde el miedo mordía los talones y se vivía a contramano del recuerdo, sembrando memoria para un futuro extraño que nunca imaginaron tan gris y desprolijo como este. Ahí están ellos, los amantes célebres con sus enfermedades (in)dignas, sus traducciones, conferencias, diarios y cartas con copia que el correo internacional disimulaba entre millones de noticias infrahumanas. Escribimos para los que nos demostraron que el terror es una excusa y el amor un búnker antimisiles.

Cómo sentirse solo cuando están todos ahí, la copa en alto, deseando brindar con cualquiera que se atreva a vivir.

No escribimos solos porque hemos llegado a esta absurda mañana de verano de un siglo cualquiera gracias al esfuerzo de muchísimos. La causalidad pesa sobre la frente tanto como el revólver que nunca compraremos. Amamos pese al miedo, o gracias a eso mismo, y el amor, disfrazado de cualquier cosa, nos saca a patadas de la cama y la agenda, detiene el tiempo y nos pone a cumplir con la tarea infame de lo inútil, la acción innecesaria que descorcha poética en el rostro de una realidad herida de muerte. Un mundo al que es posible odiar mientras se aman todas y cada una de sus puestas de sol, sus pueblos sin memoria, sus especies extintas, daños colaterales, largo etcétera.

Se escribe en compañía de esas sombras, al amparo de la luz que proyectan nuestras dudas. Cómo llevarle el apunte a este pobre corazón encadenado a su experiencia y coyuntura. Y qué estúpida hazaña esta conquista nuestra, esta constatación de que existimos en el registro de nuestras necedades, cuando sabemos que en breve miraremos hacia atrás desconociendo, negando, avergonzados de este dios que hoy escupe palabras que mañana deseará no haber pensado.

Se escribe con la infancia sentada en las rodillas, dejando sus huellas pegajosas en el teclado, dibujando arbolitos en cada cuaderno, llorando luego a gritos en medio de algún parque donde el juego termina sin una fuente cerca para lavar la herida de otro susto.


Escribimos sin atrevernos a llamar a las cosas por su nombre, deseando encontrarles otros muchos, mejores y distintos. Un modo renovado y solo nuestro de traducir la inercia en belleza (im)posible y necesaria. Esa idea avergüenza a los fantasmas, a la familia, a los amigos y le da sueño al niño ya cansado. 

Qué belleza es posible a estas alturas, qué debemos mirar tan ciegamente para herirnos así. 


m.trigo






Yago Ferreiro












Escritor







Foto: Jr Vega



¿Cómo te definís profesionalmente? 

Estupendo camarero a tiempo completo y escritor mediocre a tiempo parcial.

¿Sabés por qué te dedicás a esto?

Entiendo que algo duele y que algo habrá que curar.  

¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?

El cine, principalmente. Si me diera el talento me dedicaría a escribir guiones y producir películas diminutas que harían felices a mis amigos. Como no, me quedé con la literatura, que es una novia bastante fea pero muy simpática.  

¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?

No importa el resultado, no importa el camino, no importa la trayectoria, todos los días son el día primero. 

¿Y lo más hermoso?

No hay nada bonito en escribir, si fuera hermoso escribir se vendería en las tiendas. 

¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?

Soy una esponja, me seduce cualquier literatura que me resulte sincera al tacto.  

¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación? 

La cantidad de escritores que no sienten mayor vocación que la de trepar y trepar, los escritores funcionarios, los que buscan un estatus a través de la literatura. Como en cualquier trabajo, lo que más me molesta es soportar a mis compañeros de oficina. 

¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?

Más bien he sacrificado la poca literatura que llevo dentro para intentar sobrevivir regentando un bar* que, paradójicamente, da deudas.  

¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?

El año pasado no produje ni una sola página de literatura, pero participé en diversos fanzines perpetrando diversos textos bajo pseudónimo que no llegaron a nada. 

¿Cuántos te esperan ahora?

Entiendo que en año par algún editor me escribirá para publicarme un libro y que yo aceptaré sin problema. 

¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?

No tengo mucha voluntad y si veo que la cosa no tira desisto rápido así que podría decirse que dediqué más tiempo a Antología de la poesía espectacular ** aunque sólo sea porque Poética para cosmonautas lo escribí en apenas 3 noches.

¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

A pesar de llevar desde los 18 años trabajando en diversos oficios me sustento gracias a ir saltando de beca en beca, la que más me viene durando es la Dolores Molina, que es una beca que me da mi abuela. 

¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?

Durante años me dediqué solo a la literatura y sus contornos, desencantado de esto y desde que tengo el bar, 2012, he ido aparcando el conocimiento de poetas y novelistas y me relaciono fundamentalmente con músicos. Sus egos se camuflan bastante mejor, en general y suelen cobrar por su trabajo lo que despeja de sus frentes la palabra frustración.   

¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte? 

Firmar a mi nombre pagarés para que a otro le subvencionaran con dinero público. 

¿Hay algo que no volverías a hacer? 

Firmar a mi nombre pagarés para que a otro… eso nunca más, gracias. 

¿Qué estás leyendo? 

Ahora tengo un montón de libros empezados. Lo último que leí y que recuerdo con gratitud infinita fue 10:04 de Ben Lerner. 

¿Qué autores recomendás siempre?

Francisco Casavella, Luis Rosales, Nacho Abad. Basta. 

¿Qué películas volvés a ver una y otra vez? 

El apartamento de Billy Wilder. Vértigo de Hitchcock. 

¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles? 

No soy una persona mitómana así que me cuesta usar el término imprescindible. No podría concebir el mundo sin música, sin embargo. Cualquier músico me parece imprescindible.  

¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?

Que sean honestos, que aparten el ego, que no jodan con el dinero, que sean profesionales, que no engañen a su público.  Sigo buscando.

¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca? 

No tengo particular entusiasmo por ninguno de mis colegas. No creo en las camarillas.   

¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza? 

El corazón es un cazador solitario y el del escritor lo es aún más. No confío en la adulación excesiva ni en el crítica despiadada. Es imposible no recibir una u otra así que mejor no preguntar a nadie y tirar hacia adelante. 

¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones? 

No. Los pedí y lloré y supliqué cuando era adolescente y pensaba que el estado era mi padre. Ahora me lo tomo todo con más seriedad. 

¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo? 

No soy proclive a la creación en un viaje, me agota y me perturba. Sin embargo mi último poemario Antología de la poesía espectacular se fraguó en Vietnam, donde viví durante 9 meses y 3 días. Más que un viaje, por otra parte, fue como estar en la cárcel así que bien. 

¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?

Por suerte o por desgracia mis proyectos suelen surgir como encargos, no tengo especial necesidad de publicar y todos mis libros han sido encargados por diversas personas, editores, amigos y etc. 

¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?

No, en absoluto. Escribo de pie.  

¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?

Me gustaría mucho poner en marcha un cine en un pueblo de la costa catalana. Más sueños no tengo.  
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?

Un horror, sin duda. Tropiezos que se encadenan y de pronto una fama desmedida. Después un largo silencio y ahora un desierto. Espero la próxima parada, esto es: la nada.

¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?

Que se muera la gente a la que quiero.  

¿Qué hacés cuando no estás trabajando? 

Aburrirme, pensar en trabajar, trabajar a escondidas. 

¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?

Ser feliz, particular y extrañamente feliz. 




* Bar Belmondo 


"Soñé con una estrofa"


La poesía sabe ser el juguete de los niños sin sueño que nos empeñamos en seguir siendo. Nos deja sobre la alfombra todas sus piezas para que armemos un mundo nuevo a nuestro antojo. Al abrir un libro de poemas sabemos que no habrá allí una historia, sino muchas, no habrá un personaje, sino infinitas voces afinadas en una que nos cante contando quién sabe qué dilemas que solo a ella inquietaron algún día. Para cuando los poemas nos llegan su autor/a ya está lejos y, quizá, a salvo de los puentes que voló a su paso.

Desde las bisagras, de Luciana Ravazzani, es un álbum de fotos rescatado del fondo del océano. Todo está ahí: mañanas de sol, silencios, la certeza fugaz y necesaria que alimenta el deseo y descorcha un poquito de esperanza sobre la existencia. En todas las fotos de ese álbum, en cada poema, el tiempo está ya listo para convertirse en estatua de sal, flor de instantánea.

“Él parece no ser / de este mundo / hasta que también / abre cartones de leche, / mira el horario, / habla por teléfono. / Qué tranquilidad / me invade / en esos momentos”.

“Quisiera ser parte de la luz / que entra en tu casa a las nueve / para poder iluminarte cuando sean las diez”.

El poema nace de lo mínimo y lo máximo: la cercanía del amado – ese invento a la medida de nuestras circunstancias que acertamos a iluminar con el mejor de los efectos especiales –;  pero también de la rutina de una vida que acierta a reclamar los cuidados de una planta exótica, única y caduca.

“Hay momentos en la vida / que les pasan a todos / pero a mí me gustaba / que me pasaran con vos”.

"Todos los días nace algo / y se muere algo / en mi jardín".

En esa suma de fugacidades, el sueño, su constancia, su enrarecimiento como extensión en el día, también acierta a convertirse en mariposa diseccionada por su autora con el humor y la lucidez de quien elije el imposible cotidiano como materia prima.

“Lo mejor de la vida pasa por Piero” / dice la etiqueta de un colchón / donde soñé con las lágrimas de dos hombres”.

"... me desperté confundida con el tibio desorden / de no saber cómo encarar el día, / si mi cara iba a estar a la altura de las circunstancias, / si iba a tener ganas de ponerme el abrigo / o de salir corriendo desnuda como en un cuento / de Anderson que nunca me pareció bueno". 

“Soñé que escribía un poema de los que ya no escribo”, afirma desde el recuerdo la voz afinada que deshoja y desnuda su memoria para acompañarnos.


Si el libro le hace al lector lo que el autor al mundo, Desde las bisagras, bien merece un lugar en nuestra experiencia. 

m.trigo


Desde las bisagras, Luciana Ravazzani, ed. En Danza, Buenos Aires, 2015. 

Trigo by Trigo

Cuando este año comenzamos a desarrollar la idea de estas entrevistas mediante un cuestionario, nos comentaron que estaba bueno. Demasiadas preguntas quizá, algunas incómodas si las respuestas se pensaban con calma y sinceridad... pero casi todos los que participaron encontraron que tomarse el tiempo de interrogarse sobre tantas cosas que damos por sentado fue un ejercicio interesante. No aspirábamos a otra cosa. Decidí someterme al juego, aprovechando la inflexión del fin de año para echar la vista atrás. Reconozco que no fue tan fácil como creía, pero pude. 

La idea es seguir subiendo entrevistas. Leer a otros para darnos cuenta de que sí, estamos locos, pero no solos. Y sí, nada es lo que esperábamos, pero seguimos adelante porque a estas alturas aprendimos que el camino más largo sigue siendo el mejor, el más accidentado. 

Gracias a todos los que colaboraron. Y los que conservan el cuestionario entre sus tareas pendientes, serán bienvenidos en cualquier momento. Es bueno saber que están ahí. 








Actriz, poeta, directora de teatro


Foto: María Kusmuk

¿Cómo te definís profesionalmente?
Trato de no hacerlo, lo evito. Tengo tres licenciaturas que nunca ejercí. Entro en crisis existencial cada vez que tengo que rellenar el casillero de profesión en un formulario. Cuando estoy de humor digo que soy actriz, poeta y directora de teatro mientras no se demuestre lo contrario. En cualquier momento pueden desenmascararme. 
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Crecí con y gracias a los libros y el teatro. Dan sentido a todo lo demás.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
La lectura. Y más que disciplinas, maestros. En cada rama que estudié tuve la suerte de encontrar alguno inspirador que compensaba a muchos ineptos. Fueron determinantes las clases de teatro que empecé a tomar a los nueve años con Cruz García en Valladolid, varios docentes responsables de mi amor por la palabra y el cine – Dionisio García, Javier Pascual, Sacramento Portero, Jorge Praga -; Javier Castán, que modificó mi forma de estudiar en el primer año de Historia del Arte, y mis dos años de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada – Pilar Rubio, Javier García Rodríguez y José Luis de la Fuente -. Después, por supuesto, mi formación teatral en Buenos Aires junto a Claudio Tolcachir, Tamara Kiper, Verónica Oddó y, desde que comencé a leerlo, escucharlo y tomé sus clases, Mauricio Kartun, faro inspirador en medio de todas las tormentas. 
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Soy mi peor enemigo.
¿Y lo más hermoso?
Dos cosas: los grandes maestros siempre están disponibles y el trabajo en equipo es un privilegio.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
La tele que me crío y una larga lista de artistas a los que convertí en amigos. Están muertos, así que no les jode que abuse de ellos cuando la vida se pone puta. A eso, sumemos el teatro independiente porteño de los últimos diez años.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
Su incompatibilidad con lo que llamamos vida.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
Sí, dos fantasías que antes iluminaban mi horizonte: una mínima seguridad económica que llegaría con la vida adulta y una pareja estable que bancara mi temperamento. (Artístico, sí, pero de mierda). Hace años que esos espejismos desaparecieron del paisaje.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Demasiados.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
Por suerte, no.
¿Cuántos te esperan ahora?
Espero que los más antiguos sigan funcionando pese a la nefasta conyuntura en la que estamos. Hay unas cuantas novedades que espero que me ayuden a capear la angustia y la impotencia que el futuro nos promete. 
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
En 2014 estrené Por eso las curitas, un unipersonal sobre mi infancia para el que llevaba toda la vida preparándome sin saberlo. Hace cuatro años que sostengo un proyecto poético que podo a diario. Fruto de ese trabajo el mes pasado presenté Polaroids de aeropuerto bajo lluvia y otras breves escenas sin Bruce Willis, poemario ilustrado por Dalmiro Zantleifer que nos tiene felices. 
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Amo mucho de lo que hago para pagar cuentas que odio. La vida es una fiesta.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Fotografía, pintura y cine. 
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Vivir en un teatro.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Casarme.
¿Qué estás leyendo?
Como sólo la muerte es pasajera, de Alberto Szpunberg y los diarios de Cheever.
¿Qué autores recomendás siempre?
McCullers, Berger, Uhart, Saer, Fresán, Cozarinsky, Xuan Bello.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Cantando bajo la lluvia, Con faldas y a lo loco, Regreso al futuro, Las horas, Las canciones de amor, Los amores imaginarios, Con ánimo de amar, Amanece que no es poco, la trilogía de los colores de Kieslowski, Persépolis, Pretty woman, cualquiera de Bruce Willis... Cuando una peli me gusta la repito una y otra vez, soy como los nenes, me tranquiliza conocer los desenlaces y me enamoro de los personajes. 
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Considero imprescindibles a los que no puedo asumir, los que me rompen la cabeza sin teoría que me los traduzca, los que tienen obras donde podría mudarme a vivir. Miguel Ángel, Rodin, Gaudí, Rothko, Buñuel. 
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Compromiso. El laburo creativo genera vínculos similares a los de cualquier pareja, incluso peores. Aspiro a que el encuentro merezca la pena.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Espero como agua de mayo los libros de Rodrigo Fresán. Sigo los textos y obras de Tolcachir, Loza y la dulpla Jakob - Mendilaharzu. Admiro mucho el trabajo de Juan Pablo Gómez con la compañía Un Hueco. Trato de seguirle la pista a Ignacio Masllorens. Agradezco la existencia de Mauricio Kartun.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Creo que hablamos muy poco (o muy mal) sobre qué implican los procesos creativos. Las necesidades, los miedos, el deseo... Todos atravesamos instancias parecidas y nos sentimos perdidos, vacíos, repetidos y solos. Considero vital contar con gente en cuyo criterio confío, capaces de señalar lo que no funciona o simplemente que se presten a leer o escuchar. A veces solo necesito eso. Soy muy privilegiada. Estoy bien acompañada. Mi gran problema es aprender a pedir ayuda sin sentirme un incordio.  
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones? ¿Por qué?
En cuatro ocasiones pedí subsidio a Proteatro. Me concedieron dos. En todos los casos mis colaboradores consideraron que merecía la pena intentarlo. Personalmente lo evito. No me gusta tener que justificar cómo gasto el dinero y, por otro lado, no me convence que el Estado subsidie mi arte. Preferiría que subsidiara mi alquiler. El arte subsidiado aniquiló gran parte de la creatividad española. Me genera muchas contradicciones.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
No fue premeditado. La ciudad me atrapó. En más de una ocasión, viajando, al llegar a mi destino y prender la tele lo primero que apareció fue un documental sobre Buenos Aires. Me sigue a donde vaya. Decidí quedarme por el teatro. Siempre digo que parecemos estar sobre un epicentro sobrenatural que hace que lo escénico prolifere desmedidamente. Si no fuera por eso, podría estar en cualquier otro lugar. Renuevo mis votos cada año. 
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Agosto del 2002, la primera vez que vine a Buenos Aires. Entendí cuánto más podía ser el teatro. También me recibí como poeta tras ese viaje. Esta ciudad me otorgó licencia para crear.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando lo comparto con quienes quiero que formen parte.
 ¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Cada proyecto demanda algo diferente y cuando estoy hasta las manos con uno juro no volver a complicarme la vida con nada parecido, pero antes de darme cuenta ya estoy en otra. Con el tiempo adquirí herramientas y algo de paciencia pero el modo en que logro hacer uso de eso no responde a un sistema. 
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Andar en moto. Mucho que leer, obras que ver. Retomar Por eso las curitas y llevarlo a España para compartirlo con quienes me vieron crecer. Trabajar en un espacio que gestionen otros. 
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Sí, un estribillo de Ricky Martín. “Un pasito pá’lante, María, un pasito pá’tras”.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
El futuro llegó y Michael J. Fox tiene parkinson. Esto no se parece a nada que hubiera imaginado, nunca me imaginé con esta edad. Me preocupa absolutamente todo.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Leo, voy al teatro, veo películas y/o vuelvo a ver una y otra vez Northern Exposure, Six feet under y Los Soprano. Envío emails whatsapps que no debería.       
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
Eso quisiera saber. 

**
Por eso las curitas: www.poresolascuritas.blogspot.com 
Polaroids de aeropuerto bajo lluvia y otras breves escenas sin Bruce Willis. 

Natalia Romero







Escritora, docente, librera. 



¿Cómo te definís profesionalmente?
Wow, esta pregunta ocupó gran parte de mis años post carrera universitaria. Estudié Comunicación en la UBA, pero nunca la carrera me marcó el camino profesional. Si me ayudó pero en mi caso fue una búsqueda que aun hoy continúa. La docencia es lo que más me gusta hacer y en lo que quiero crecer, junto con la escritura. Escribir puede ser también una profesión, aceptar eso fue un quiebre con muchas cosas, personales y familiares. Ese fue el comienzo. Me defino como alguien que escribe y como constante aprendiz.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Porque me animé.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
Lo que fue fundamental fueron mis maestros y mis lecturas (donde encontré y encuentro grandes maestros y maestras). También hacer talleres, muchos, de teatro, de dramaturgia, de poesía, de narrativa. Comprender las dinámicas de trabajo grupal. Trabajar en la universidad  y en escuelas también.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
No sé si puedo pensar en términos de utilidad mi aprendizaje. He aprendido a respetar al otro, a escuchar, a afinar la atención, a confiar.
¿Y lo más hermoso?
Lo más hermoso es todos los días. Es la emoción que hay en lo que hacemos. Dar talleres es trabajar con las emociones como una constante, si no no hay escritura.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Muchas. Lo que pasa afuera (el mundo) y lo que pasa adentro (mi mundo). Trato de reunir ese arriba y ese abajo, ese afuera y ese adentro. La poesía es mi fuente.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
No sé si es dolor, es otra cosa. Puede ser una leve tristeza, y es que que haya quienes no pueden conectarse con su escritura, es como perderse algo de uno mismo.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
El sacrificio fue animarme, lo que solté me liberó. Estoy inmensamente agradecida de poder trabajar de lo que elijo.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
En varios, pero uno se concretó con más fuerza. Mi libro de poesía. Y también mi librería, que creció bastante. * 
¿Cuántos te esperan ahora?
Siempre tengo cosas por hacer. Es como un modo de no negar algo que nos pertenece, el movimiento.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Trabajar dando talleres y escribir es un proyecto que nunca me propuse con anticipación o plena conciencia, pero para el que trabajo hace muchos años.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Vivo de lo que amo. Por eso agradezco siempre.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Me encanta el teatro.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Por amor al arte nada es absurdo, todo vale.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Todo lo que hice, incluso mis peores equivocaciones, me trajeron hasta acá. Aprendí mucho de lo bueno y de lo malo. No cambiaría nada.
¿Qué estás leyendo?
Ahora estoy haciendo una maestría de escritura que me condiciona un poco las lecturas pero las disfruto a pleno. Estoy leyendo El instante de mi muerte de BlanchotCrónicas de Clarice Lispector. También tengo un libro de poemas de Louis Gluck que leo siempre. Junto con la poeta Diana Bellesi, ya que estoy trabajando sobre su obra.
¿Qué autores recomendás siempre?
Héctor Viel Temperley, Diana Bellesi, Francisco Madariaga, Arnaldo Calveyra, Marosa Di Giorgio, María Negroni, Clarice Lispector, Claudia Masin, Paula Jiménez España, Luis Sagasti y Mario Ortiz.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Pocas. No soy de ver una peli dos veces, sino que la veo en dos veces.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Los que leo una y otra vez. Clarice Lispector, Hélene Cixous, Diana Bellesi.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Cuando trabajo con alguien, sinceridad y humildad, pero sobretodo entrega.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A muchos de los escritores y escritoras que mencioné.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? 
Con amigas, con colegas, con mis maestros, con mi pareja.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Porque acá estaba algo que me llamaba y además en Bahía Blanca (donde nací) no estaba la carrera que en ese entonces había elegido.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Entregar mi tesina de licenciatura y aprender a manejar. En las dos ya estoy trabajando.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
No, me cuesta pensar en la palabra trayectoria.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Mi aprendizaje es tratar de quedarme lo más que puedo en el presente.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Riego y cuido las plantas.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
No puedo imaginarlo.

* A cien metros de la orilla.