Nota al pie





Desestimo cada página por uso. Aburro hasta a las piedras. Pero mato callando. Mejor escribo entonces. Salvoconductos y licencias. Recetas para el salto. Cómo caer sin mérito, con gracia. Levantarse después si viene al caso. Ninguna prisa. El día es infinito. La paciencia se agota. La moral es aquel árbol de mafia mexicana a cuya sombra tantos duermen siesta. La vida se parece a una leyenda en braille que ya nadie traduce. Tengo un amor a rastras y otro encima. Hay tanta iniciativa deslumbrante, tanto sol de mediodía espantando a la sombra, que ya ni sé pedir. Puedo rezar o hacer llover con maestría milenaria. Va en sangre ese recurso. No se duda ni teme. El misterio se ejerce sin dar explicaciones. La nota al pie del día le sirve a los forenses. Pero con ellos vienen tantos otros. Somos punto de fuga donde el cuadro sintetiza siglos de buena fe y mejores manos. Podemos aspirar a ser un gran final. No se le niega a nadie un largo adiós ni una última llamada. Si no tiene amor propio se le asigna alguna vocación de eternidad. Con eso irá tirando. El fin de mes existe. Todo arde cuando llega. Vuele bajo. Por las dudas, el frío y vaya usted a saber cuánta vergüenza amaestrada. Cría usted lo que mama. Con suerte, lo vomita por reflejo y contradice el hecho o la verdad. Si tal blasfemia existe. Los guardianes del imperio no descansan. Destruyen mientras duermen porque sueñan lo mismo que amanecen. Esa es otra lección que usted y yo jamás aprenderemos. Quizá sea una suerte y salga cara. Querer a toda costa tiene un precio. También es un valor presupuestado en grandes ilusiones. Cuando diga mi vida, cuando insista en llamarlo criatura, cuando quiera y no sepa, cuando ni bajo el agua usted logre que calle, cuando al fin me deteste lo justo y necesario para arrancar del fondo las raíces, sabremos que el perdón es otro cuento que a nadie le conceden. Un paripé de extrañas circunstancias. Algo que otros obtienen. Curioso beneficio si termina en abrazo o en nombre tatuado en la cadera. A veces sucedemos de modo accidental. Somos la putapiedra en el camino malo. Aun así, alguien nos quiere. Porque a pisapapeles nos gana poca cosa. Quisiera ser capaz de convertir los hechos en una habitación donde volver. Un cuarto de pensión donde ser alguien que no tenga ni idea ni le importe. Alguien que sólo quiera que usted llame a la puerta a cualquier hora. Debe haber gente así. Podría describirla si me esfuerzo. Serían parecidos a los dobles de riesgo que salen en mis sueños. Reclaman atenciones y saludos como si una tuviera algo que ver. Usted debió quedarse de aquel lado del mundo donde el amor es cosa de los brindis y no encarna ni enquista. Pero llegó hasta acá y no se hizo costumbre. La inercia es un espanto que evitamos. Como la realidad y el buen sentido. No estamos para escasas tonterías. No tenemos razón ni la queremos. No hay herencia en el cuento. Si pudiera explicar cada prodigio no estaría dando cuerda a esta imbécil que transcribe.



m.trigo