Recuerdos sobre aquello




Despierto con la rara certeza de estar viva. Si vivir se parece un poco a esto. No voy a describir. Sin embargo, eso somos. Un desfile marcial de horas al viento donde sembrar mentiras y diplomas. No esperaba vivir hasta este ahora. Siempre duermo pensando en ser la última. La última vez, la última noche, la mujer del final, del apagón. No se me concede. Quién sabe a qué aspira la maquinaria de mis huesos. Cuánto dolor desean para sí. Nunca es bastante, dicen. Aprenden de ese modo. Son avaros. 

Despierto y pienso en vos. Y en todos ellos. También siguen acá. Afirman ser felices con sus cosas. Sin mí. Eso es el bien común y eso comparten: el no haberme elegido. Los sueño en ocasiones. Hoy. Soñé la mano de él junto a la mía como si desde siempre. En mis sueños las cosas son eternas y sencillas como nunca en la vida. Se entiende que prefiera la dulzura nocturna del mapa con estrellas donde la luna sólo. 

Él habla con la luna. Trapichea. Entiende la importancia de un planeta lejano sobre mi nacimiento. Aunque no recuerde el día, por supuesto. 

Él y vos compartís la melodía, lo que es mucho escribir. Mejor cantar. 

Él canta. Como si fuera otro. Supongo que recuerdas el prodigio. Quiero pensar que cantas todavía. Inevitable toda vocación. No sirve abandonarla en puerta de convento. Regresa a casa igual que perro idiota. 

Esto es vivir. ¿Se entiende? Poca cosa. Un zapping de recuerdos sobre aquello que nunca. 


m.trigo