Las razones



Déjame que improvise las razones, que esto sirva de algo y se pueda empeñar, dentro de un tiempo, como una herencia más. Diría que te quiero porque no te pareces al mundo conocido. Me gusta exagerar. Llamar a cada cosa por tu nombre. Sos el poeta de tus latifundios. Aras a tu manera. Pintoresca, escribamos. De sol a sol murmuras lloverá y eso deja la tierra preparada. Tarde o temprano llueve y así acierta tu magia. Funcional al deseo de quien de lejos ritma. 

Me exijo precisión. No creo que los jueces admitan mi coartada. Nombremos lo importante y consentido: tus manos y tus ojos. Las primeras, caricias. Las he visto tocar. Eso que logran, hacen, sobre el mundo, es una brujería. El modo en el que citan lo pasado o abren raros paréntesis donde el tiempo bifurca y nos consiente. Somos otros ahí, mientras tus manos. Somos casi posibles. La unidad de la sombra, si tal cosa. 

En tus ojos, según la tradición, hay luz de faro. Los he visto leer. Pudiera ahora escribir: no quiero más, pero los imagino avanzando despacio por mi espalda y en esa incertidumbre geográfica, late una novedad.

No alcanzará con eso, por supuesto. No es fácil contentar a un tribunal. Me van a incomodar hasta que explique que este quererte ahora, es una consecuencia de tu voz. Me expuse demasiado a tu sonido. Habrá bibliografía, referencias. Las sirenas de Ulises, por ejemplo. Qué culpa tendré yo si esto es un clásico. Diré que es mal común. La voz es un misterio ingobernable. Sucede cuando pasa, cuando habita y se adueña. Llega mucho más lejos que otras armas, conquista sin espuelas. El tarareo a veces funciona como un himno. Cantan en romerías por la lluvia, y en el bosque, las cuevas, cementerios, para espantar quién sabe. Se canta de feliz y con tristeza. Una acción necesaria, consecuente. Nunca me importó menos, señor juez. Es una lucidez esto que pienso hoy. 

No me van a creer. 

Te mirarán a vos. Sonreirás de nuevo porque ni idea, claro. Quizá tengas piedad, me dejes ser, seguir. Escribir cuando suenes. No es su culpa, es mi turno, acotaré precisa. Ya llegará el silencio con su manto. 

Eso lo entenderán, qué duda cabe. 

m.trigo