Día T

"Nosotros no hacemos que el teatro exista. 
Es gracias al teatro que nosotros existimos."   

Isabelle Huppert, discurso del Día Mundial del Teatro, 2017.



Vivimos en un mundo desmemoriado que precisa días para todo. Inventamos días que favorecen el consumo y el intercambio de gestos y frases vacías. Se reivindica desde la superficie, desde la apariencia, el desempeño de un oficio, una conquista legal, una identidad de género e incluso la existencia de los vínculos familiares o la supervivencia del amor como concepto. Son tantos los días memoriosos que resulta imposible celebrarlos a conciencia. Tener ganas, cuerpo e ideología para. Los días D se multiplican y debemos elegir cuáles nos pertenecen y cómo participamos. 

El día Mundial del Teatro pertenece a una minoría de mortales. Se nos conceden unos minutos de reflexión y reivindicación. Celebramos la persistencia de la maravilla, el empeño cifrado en eso que sigue atentando contra un sistema cada vez más obtuso: el teatro como encuentro. Encuentro físico, en cualquier espacio. Encuentro de los unos con los otros. Quienes se reúnen para hacerlo posible y quienes acuden a su luz. Nos debemos los unos a los otros. No importa que nunca sepamos quién está en platea o que no tengamos ocasión de agradecerle por tanto al creador que esa noche, con suerte, con muchísima suerte, apaciguó nuestro dolor convirtiéndolo en otra cosa. 

Elijo esa frase de Huppert en su discurso: "Nosotros no hacemos que el teatro exista. Es gracias al teatro que nosotros existimos. " Reconozco en ella una profundidad alejada de parafernalias y reconocimientos. El teatro es un encuentro que nos precisa disponibles y generosos pero, sobre todo, el teatro es lo que nos hace a cada uno. Sobre esa operación poco y nada puede traducirse a ciencia cierta. Hablarán los expertos de (re)conocimiento, catarsis, emoción y epifanía. Tendrán razón, pero se quedarán cortísimos. 

El día Mundial del Teatro quizá sirva para que cada uno, en medio de su campo de batalla, renueve sus votos con la causa y vuelva a elegirla. Recordar que mucho más de lo que podamos darle al escenario, nos será entregado. Recordar que somos piezas ínfimas de una tradición comunitaria que seguiremos amando y desconociendo. Recordar que toda vez es única y entender que, así como nosotros no podemos concebir una vida sin teatro, también hay muchísimos que no lo precisan e incluso tantos otros que harán cuanto esté en su mano para que nuestras condiciones, nuestro ser, estar y hacer, sean cada vez peores. Harán cuanto esté en su mano para que abandonemos, para que nos dediquemos a cualquier otra cosa. No entendieron que después de nosotros vendrán otros. Con más valor y nuevas historias. La absurda historia de la civilización así lo prueba. 



m.trigo






Notas a pie de ensayo: el mundo es más fuerte que yo



ph. gentiliza de juan coulasso


De nuevo en obra ajena tratando de profundizar en la poética del ensayo. Invitada. Observando. Queriendo entender qué hay de distinto en esas horas, ese espacio, otra sala tan única y singular como cada una: Roseti. Lo conocí cuando aún era "La playita". Desde entonces esos metros cuadrados se reformaron, enriquecieron y expandieron en múltiples microuniversos. Casi siempre ficcionales. Un espacio de formación y ensayo que lleva varios años arremolinado creadores - docentes, directores, músicos y estudiantes de teatro - y apostando, siempre, por el valor de la búsqueda. Sabemos que sucede en muchos lugares pero no somos testigos de todo ni de tanto, por eso cuando la vida privilegia el recuento y la constatación es positiva, conviene señalarla. Poner el índice justo ahí, en lo que crece. Esa semilla sigue latiendo por algo. La realidad se contrapesa, se contrarresta y capitaliza. Las actividades en Roseti no niegan el afuera, todo lo contrario: lo cuestionan. Barajan dudas e incertidumbres. Las reparten y abren juego. Y fuego. 

En diciembre asistí a uno de los "entrenamientos públicos y ordinarios" que Juan Coulasso organizó con sus alumnos. Al llegar se nos entregaba una suerte de manifiesto que hoy no puedo evitar citar: "estas prácticas públicas no están pensadas para entretener a nadie, no quieren ser eficaces, tampoco presentan un límite inmaculado entre espectadores e intérpretes. son las síntesis de una serie de tareas que fuimos ejecutando adentro de nuestro espacio, adentro de nuestro cuerpo y adentro de nuestra realidad. el espectador como testigo de nuestra supervivencia. (...) no más ficción. no más espectáculo. la forma del mundo cambia, la forma del teatro caduca y es responsabilidad nuestra reinventarla."

Esos cimientos son mucho más que un deseo, diríamos que ya son una necesidad a juzgar por lo que acabamos de compartir en este ensayo de el mundo es más fuerte que yo. -primer boceto de la obra que nunca existió-. Ensayo abierto a colaboradores e interesados entre los que tengo la fortuna de encontrarme. 

Las actrices se preparan gestionando una disponibilidad que desea ser absoluta. La ardua tarea de posicionarse en el acá y el ahora. Cuerpo y voz. Escucha y sincronía. El espacio es un personaje más que tienen incorporadísimo tras dos años de ensayo. Sí, dos años. "Llevábamos demasiado tiempo ensayando esta obra", afirma el texto. Un texto que materializa algunas de las paradojas de la representación. Abre, sin pretensión de dilucidar, múltiples interrogantes sobre la naturaleza escénica. 

¿Podemos evadir "la realidad y la ficción" para "entregarnos a lo desconocido"? ¿Podemos? ¿Podrán? Esa es la invitación y esa es su búsqueda, su intento. 

"Los quiero deslumbrar", afirma categórica la actriz." Y al rato interroga: "¿Los estoy deslumbrado?". La ironía acaricia la columna vertebral de esta propuesta. "No estás loca. Sos actriz. Esta es tu vida", repite como un mantra el personaje que no termina de ser, que aparece y desaparece representado en dos actrices que despliegan energías enfrentadas: la verborrágica, compulsa y volátil y la terrenal, contundente y monosílabica. Dos caras de una misma moneda. En un momento dado ofrecen un hermoso desglose, enumeración caótica de las posibilidades que ambas simbolizan. 

Coulasso desfigura la expectativa dramática o narrativa. Quienes vieron Cinthia interminable, recordarán que se le da bien. Su dirección desafía al espectador, lo incluye, respeta e incomoda. Nos invita y obliga a ser parte. el mundo es más fuerte que yo... reflexiona sobre los determinantes del quehacer creativo, "directores pretenciosos del off", saluda y sonríe el texto. "La actuación es lo único real en mí", sentencia la actriz. 

Aún no están definidos ni presentes el vestuario ni la iluminación. La obra se estrenará en mayo y es difícil no preguntarse cuánto cambiará y crecerá. Su naturaleza performática combina el relato fragmentado, la expresividad física y vocal y la potencialidad de un plano acústico constante: música clásica, y batería y percusión en vivo a cargo de Matías Coulasso. 

La obra integra al público como personaje y también suma al director. Un director que observa, señala y comenta. Un director que en este ensayo ejerce sin parar: toma notas, manda un audio, controla el sonido, cambia una y otra vez de lugar y... Decide, mide, tantea, edita y todas esas sutilezas indescifrables que definen el oficio.

el mundo es más fuerte que yo. 

El título se resignifica tras el ensayo. Una investigación de dos años lo contradice. Aunque todo atente contra la fragilidad del escenario, éste no deja de ser un campo minado desde el que volar el mundo por los aires. En alguna parte de ese mundo se encuentran los cimientos del teatro conocido. Coulasso no duda en hacer presentes a los griegos como padres, acaso irresponsables, de todo este despelote. 

¿Queda algo en pie que sirva? ¿Cómo se hace? ¿Cómo se hace para seguir haciendo? 

Todo lo que no está escrito, lo que el texto no precisa decir, es un inmenso subtexto que se nos regala o, quizá, se nos exige elaborar. Algo de eso palpita ya en su futura gacetilla:

(...) "es el día del estreno y el teatro está repleto de espectadores. 
un instante antes de que la actriz diga la primera palabra, se larga a llover. tan fuerte que el teatro se inunda y hay que pedirle a la gente que se vaya. 
¡corran corran corran corran corran corran! 
cuando la lluvia para, la actriz, el baterista, el director y yo nos hundimos en un abrazo soñado.
eso era la obra: un accidente."

Por último, mencionar que si de algo trata esta lucha, la búsqueda incendiaria de una poética de construcción y supervivencia, es sin duda de la importancia y el valor de los grupos de trabajo, de los intercambios y de lo mucho que nos necesitamos cuando buscamos algo que sólo reconocemos al tenerlo delante. La ficha técnica de este proyecto habla por sí sola y muy bien de todo esto. 

Pueden empezar a desear este estreno de mayo. 

**


el mundo es más fuerte que yo
-primer boceto de la obra que nunca existió-.

de juan coulasso, victoria roland, matías coulasso, flor sanchez elía y roseti.

con la dirección coreográfica de carmen pereiro numer, el asesoramiento musical y sonoro de barbara togander, la dirección de arte de endi ruiz, el diseño de iluminación de mariano arrigoni y la asistencia técnica y artística de marina ollari y nadia lozano.

y la inestimable contribución - en diferentes etapas del proceso – de: maria florencia rua (asistencia de dirección del primer año y medio de ensayos y colaboración dramatúrgica), anabella sarrias (fotografía y registro audiovisual de los ensayos), javier swedzky (entrenamiento en manipulación de objetos durante el primer año de ensayos), mariela solari (asesoramiento escenográfico durante el primer año de ensayos), y eugenia perez tomas (asesoramiento en dramaturgia durante el primer semestre de ensayos).


A partir de mayo en Roseti
Roseti 722

FRIDA




Entre los actuales proyectos del incansable Patricio Abadi se encuentra el de abordar teatralmente una serie de biografías de mujeres-personaje. Mujeres-símbolo a las que el tiempo ha convertido en referentes culturales y sobre las que, aunque se haya escrito, dicho y hecho mucho, quizá nunca sea suficiente. La primera figura elegida para su teatralización es nada menos  que Frida Kahlo, la indómita y rebelde poeta del lienzo. La revolucionaria del amor y sus endebles estructuras. Frida. Un nombre que no precisa apellido y una historia vital asociada a infinitos contextos. Una mujer caleidoscopio cuya existencia resulta casi inverosímil. Un cuerpo hecho memoria. Un cuerpo dinamitado y expuesto al servicio de este mundo infame. Cualquiera que haya visitado la Casa Azul en México D.F. y contemplado de cerca aquellos corsés ortopédicos, tortuosos y torturantes, no puede evitar el pasmo ante la capacidad de persistencia y el coraje que palpita en ellos. En esos corsés férreos que Frida decoraba convirtiéndolos en una extensión de su intimidad y su esencia, se encuentra uno de los testimonios más aleccionadores sobre cómo la fragilidad puede convertirse en fortaleza. 

Abadi se adueña de esa certeza. La obra recorre la vida de Frida desde su cuerpo, traza una cronología de su existencia deteniéndose en cada herida determinante. Incluidas, por supuesto, las vergonzosas y lacerantes llagas del amor. Abadi crea una mujer que viaja, inmóvil, con las pocas fuerzas que le quedan, a sus recuerdos. Jimena Anganuzzi compone una Frida exhausta que, en la antesala de una muerte que no teme, recrea sus mejores y peores momentos buscando quién sabe qué sentido a la suma de los acontecimientos. 

La dirección desarrolla una puesta expresionista donde la actriz termina por ser una con su espacio: una cama donde el tiempo se detiene y rebobina. Ese espacio mínimo se convierte, a medida que el relato avanza, en la cartografía de su vida. Espacio, objetos y gestos son tan eficaces como contundentes. La poética de la muerte y el recuerdo se desarrolla con acierto en la suma de esos elementos, a los que hay que integrar el diseño sonoro de Malena Graciosi y la iluminación de Ricardo Sica que redondean la puesta. 

Resulta interesante la idea de abordar teatralmente las vidas de mujeres a las que el paso del tiempo no ha borrado de la historia. Quienes conozcan de antemano la vida y obra del personaje, encontrarán un nuevo orden expresivo de esa trayectoria y, sin duda, quienes menos sepan saldrán de la función con ganas de aproximarse más a ese ser insólito. Enormes objetivos para una pieza teatral. 



Frida Kahlo

Dramaturgia: Patricio Abadi.
Actúa: Jimena Anganuzzi.
Vestuario y escenografía: Paola Delgado.
Iluminación: Ricardo Sica.
Maquillaje: Merlina Molina Castaño.
Diseño sonoro: Malena Graciosi.
Fotografía: Nora Lezano.
Asistencia de dirección: Paula Marrón.
Dirección: Patricio Abadi.

Centro Cultural de la Cooperación
Sábados 20h. 

Pequeño acto de fe

A todos los actores con los que estoy trabajando justo ahora. 
Gracias. 


"En principio fue el verbo." "Hágase la luz." 

Dos frases perfectas, sencillas y contundentes. Dos frases que resulta imposible no amar porque de ahí venimos y ahí vamos con nuestro (in)consciente cultural. El colectivo y el otro, el más íntimo, el que educamos y malcriamos inevitablemente. El año creativo y creador recién comienza y, sin embargo, muchos ya andamos con el ánimo rengo porque las cosas, las infinitas cosas que amordazan el tan pardo contexto, se amontonan en contra de nuestras expectativas. Mirá que somos civilizados y pacientes, mirá que aprendimos a acomodar nuestros sueños para sintonizarlos con la realidad inverosímil, mirá que estamos avisados de que "con un poco de tiempo, todo puede ir a peor". 

No obstante. 

La vida es un producto de diseño destinado a consumirnos. Lo mucho o poco que hacemos debe adecuarse a unas coordenadas que rara vez tienen que ver con lo que necesitamos para sentirnos... ¿Cuál sería la palabra? Ni bien, ni felices, ni realizados. No. Ninguna de esas palabritas de autoayuda alcanza. ¿Sentirnos vivos, sería? Seguramente tampoco. La vida parece demasiado un accidente. Estamos vivos por quién sabe que azares, sobrevivimos de casualidad y el destino, esa cruz griega que brilla en las tragedias, cada vez parece más y más indómito, impredecible, truculento. No hay donde esconderse. ¿Pero no hay nada que hacer? 

Hemos estado ya en este mirador desolado tantas veces, nos animan a saltar al vacío tan a menudo, que resulta imposible no cuestionarse nuestro puñado de certezas. Esas malas hierbas que crecen como la loca esperanza, sí. 

Certezas humildemente compartidas bajo lluvia en este día:

* Creo en la ficción. En todo lo humano que redime. 
* Creo en el consuelo de todas las formas del arte y en el valor de quienes logran practicarlo porque saben que no pueden hacer otra cosa.
* Creo en la necesidad vital de una poética que traduzca este infierno. 
* Creo en los deberes y la responsabilidad que implica asumirse como artífice, pieza, parte, de cualquier ingenio que amortigüe la caída. 
* Creo en la búsqueda. Y en la necesidad. En el hambre infinito que nada entiende de límites, plazos, números o prisas. 
* Creo en la voluntad de quienes se reúnen para levantar un castillo de imposibles en medio de todos los desiertos. 
* Creo en el teatro. En su infinita capacidad para darnos sentido. 

Elijo este puñado de certezas, pero quiero irme, sí. Varias veces al día quiero irme y dedicarme a cualquier otra cosa que duela menos. Cualquier otra cosa donde no deba trabajar revolviendo lo que  amo y lo que odio como si fuera fácil o bonito. El problema es que no hay de donde ir, no hay donde esconderse de una misma. 

Si el destino es un tópico tan vulgar como el amor, la vocación, por supuesto, apenas es subtema, tontería mayúscula que desmerece todo miramiento. Las acotaciones del sistema así lo explican. 

Sin embargo. 

Siempre fue mal tiempo para la lírica. 
Siempre estuvimos fuera del afuera. 
La realidad es una madrastra que nunca nos quiso. Nos persigue  para mostrarnos la fortuna de los otros. Esos extranjeros que nunca seremos, esos que saben cómo decidir, cómo ser útiles, hermosos y valientes sin enloquecer ni despeinarse. 

El año recién comienza. No vendrán tiempos mejores y nuestro coraje quizá no alcance, pero no nos prendamos fuego todavía. Lloremos si es preciso. Volvamos a llorar para olvidar. Pero no nos odiemos como si fuéramos nosotros los culpables de cuanto no sucede. 

Nada sirve para todo, pero lo que  elegimos hacer, lo que sabemos hacer, lo que logramos pese a todo y tanto, tiene un valor. Uno que el mercado desconoce. Esto tiene todo que ver con sobrevivir y nada, pero nada, con entretener la miseria ajena. Eso creo. 




m.trigo

Pablo Bellocchio



Dramaturgo y director de teatro



¿Cómo te definís profesionalmente?
Supongo que como un laburante del teatro. Creo que con el tiempo me fui permitiendo cada vez más arriesgarme en lo que hago sin estar tan pendiente de un resultado determinado. Estoy enamorado del ensayo. Me gusta cada detalle de ese espacio; los mates, los intentos, las búsquedas, las devoluciones… Vivo para estar ahí, embarrado en ese estado de prueba permanente. El teatro quieto y solemne me aburre un poco.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Por un montón de cosas, pero sobre todo porque no puedo no hacerlo. No me sale no estar ensayando algo.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
A persistir.  A seguir probando.
¿Y lo más hermoso?
A compartir. A destronar al ego o al menos acomodarlo en un lugar más sano.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Saco muchas cosas de todo lo que me queda atragantado. Lo no dicho. Lo que me hubiera gustado decir… De ahí nacen un montón de cosas que después mutan hacia otro lado.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
Me duele la falta de compromiso. El egocentrismo. Aquellos que no toman en cuenta el trabajo colectivo y ponen la mirada exclusivamente en la propia necesidad. Me duele y me enoja todo eso.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No. Marqué mis prioridades y en eso hay cosas que quedan postergadas, pero no lo vivo como un sacrificio.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Cinco.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
Sí.
¿Cuántos te esperan ahora?
Cuatro.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Esto es tan solo la mitad de todo aquello que me contaste tuvo más de un año de ensayo en total y estuvimos cuatro años en cartel.
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Fue el comienzo del Colectivo Lascia y fue la primera vez que encontré desde la dramaturgia una voz propia. Una manera particular de contar una historia. Pude montarla en Timbre 4 durante dos temporadas y eso para mí fue un sueño cumplido. Se me hace difícil encontrarle algo negativo.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Mitad y mitad. Llego a la mitad de mis ingresos dirigiendo y dando clases que son dos cosas que amo. Hoy por hoy llegar a la mitad de mis ingresos me parece un montón. La otra mitad la cubro administrando una página web de noticias, Desde Boedo
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Literatura y cine.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Ensayar en el sótano de un bar, con mozos que se metían en la mitad de las escenas para acomodar cajones de Coca Cola.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Publicidad.
¿Qué estás leyendo?
Charlas con mi hemisferio derecho de Hernán Casciari y Zen en el arte de tiro con arco de Eugen Herrigel.
¿Qué autores recomendás siempre?
Kundera. Cortázar. Fontanarrosa. Italo Calvino. Hesse.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Todo aquello que incluya a Batman. Amo El Padrino. Casi todas las de Tarantino o Scorsese.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Los simples y honestos.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Compromiso. Entrega. Juego. Disciplina. Ganas. Ego en su lugar.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A todos los que puedo.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Charlo mucho con la gente del Colectivo que integro. Discutimos un montón; tenemos charlas jugosas de las que siempre salgo estallado de teatro. Somos un grupo de calentones de las tablas y es hermoso lo que aprendemos mutuamente el uno del otro.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? 
No solía hacerlo, pero con el tiempo comprendí que sí.  
¿Por qué?
Ese subsidio está ahí porque lo que hacemos es importante. Tiene valor. Entonces siento fundamental que ese apoyo económico perdure. Debemos marcar esa presencia. Que se comprenda la importancia de sostener nuestra actividad; que muchas veces se hace económicamente inviable, más allá de que uno deba lograr que su proyecto se haga independientemente de si uno cobra esa plata o no.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Por los olores, por los barrios, por la noche… Porque amo cada baldosa. Cada rincón mugriento. Cada cafetín.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando una imagen se me hace recurrente, empiezo a escribir. Si no puedo parar de pensar en eso durante algunos días, no hay más remedio… Me tengo que hacer cargo.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Sí. Va mutando, pero con el tiempo lo voy encontrando.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Un montón de arreglos caseros. Canillas que gotean. Humedad en las paredes. Desorden acumulado.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Supongo que sí, pero cuando me ocupa demasiado tiempo en la cabeza, trato de ponerme a pensar en cosas más importantes.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Macri.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Leo, escribo, juego con la computadora, y últimamente disfruto mucho de comer. Lamentablemente lo último se me va notando.


Me molesta

M. Z. 















Me molesta
la agenda
de los medios
de uno,
el manoseo
idiota
de lo mismo,
la estupidez
ingrata
y el cinismo
tan patrio
for export.

Me molesta
la cáustica 
costumbre,
los tan buenos 
modales,
el orden 
pornográfico
de todo 
lo divino.

Me molesta
la puta
burrocracia,
la inercia
por las venas,
la exaltación
con nombre
y apellido
de quién sabe
qué espanto
transitorio.

Me molestan
los premios,
las limosnas,
la corrupción
al día,
la falsa
democracia
y sus secuaces,
los hábitos 
conversos,
la fórmula 
oriental
de respirar
presente. 

Me molesta
lo sano,
lo bonito
y callado,
lo planchado,
secreto
y discretito.

La vida
cuando jode
a cada paso
y todos 
los que dicen
"es así."


m.trigo

Patricio Abadi


Actor, director, dramaturgo y docente. 

¿Cómo te definís profesionalmente?
Como un poeta orientado al escenario.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Es la primera vez que voy a responder la verdad: No.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
Ser bueno para nada es algo que me acercó al teatro.  
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Que nadie tiene la verdad sobre lo que vos podés o no podés.  Ni vos lo sabés. Menos lo va a saber otro. Nadie te sube a baja el pulgar. Ni un profesor, ni un pariente ni un director. Nadie. Se vos, sigue andando como un buey, frase fusión de Iorio con el Bocha Sokol aplicable a esto.
¿Y lo más hermoso?
Tres cosas: 1) Entrar en algunos trances que sin la actuación no hubiera experimentado. 2) Escribir: La libertad para volcar melódicamente todas las locuras 3) La gente que fui conociendo. El teatro es mi lugar en el mundo. No para de darme amigos, maestros, risas, dificultades, nuevas familias. Fue mi reformatorio, es mi campo de desarrollo y posiblemente sea mi tumba.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
La realidad. Si afino la lupa todo lo que imagino lo encuentro allá. No hay cosa más desopilante que los mecanismos de la realidad.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
La ansiedad.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
Algunos casamientos. Ah ¿Importante? No.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Doce. Antihéroe off, Frida Kahlo, Isla Flotante, Montajes Oníricos, Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío, Teatro por la Identidad, el libro Teatro Reunido, Variettucci, los ciclos Superclásicos y Pecados Capitales y dando clases. Doce proyectos, si es que no me estoy olvidando de alguno.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
Afortunadamente, sí.
¿Cuántos te esperan ahora?
La presentación de mi libro Teatro Reunido en el Festival de Novísima Dramaturgia, El festival Grecia Colmenares I que creamos con mis compañeros de Onírico, Frida Kahlo con la bestia de Jimena Anganuzzi,  Antihéroe otra vez  y la reposición de una obra que narra el amor entre dos artistas, actuada brillantemente por Umbra Colombo y Laura Lopez Moyano. Me refiero a La poeta y su novia actriz. Solo se harán 4 funciones en El Extranjero. Esa obra es una de mis debilidades. Además vuelve Onírico Varieté y un estreno  en el C.C.C. en septiembre. Actuaré un nuevo texto que estoy terminando bajo dirección de Paula Marrón.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío. El año que viene cumple diez años. Es como un tatuaje en nuestras vida. Y lo celebraremos como tal.
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Como mi bautismo. De malo, la inexperiencia y de bueno, la frescura de esa inexperiencia.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Hago de todo. Ahora me dieron una cátedra de actuación 3 en la U.P. Es una linda oportunidad para seguir generando recursos en lo que a uno le gusta y también para dejar el celular por un rato para transmitir algo de lo que uno va sintetizando. Enseñar, enseña.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Soy fanático de la música aunque pésimo bailando y negado para el canto o los instrumentos. La única música que más o menos me abrió la puerta es la de la escritura.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Dedicarme a él.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
No.
¿Qué estás leyendo?
Sobre el Rock Nacional, de Martín Zarriello que me pasó mi hermano, Las puertas del viento, que me regaló mi amigo Carlos Belloso del maestro Alberto Laiseca y algunas cosas que le leo a mi hijo antes de dormir.
¿Qué autores recomendás siempre?
Borges, Arlt, Fontanarrosa, Laiseca, Sam Shepard, Fabián Casas, Osvaldo Soriano y los poetas del Rock Nacional que no son menos de veinte.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Héroes, Rocky, Blow, Carne Trémula.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
El Indio, Charly, Sokol y Kartun.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Que tengan ganas, disciplina y se relacionan de manera cordial.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A Belloso, Caro Babich y a Laura López Moyano.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Tengo sociedades creativas por proyecto. Últimamente trabajo mucho con Paula Marrón, una directora notable. Me divierto creando cosas con Caro Babich, Ariel Gigena, Hector Gilligan. Con Debora Sashita Torre, Maurito Gianera, Juan Codazzi hicimos emerger Onírico. Con Sasha hicimos bocha de obras, actuando, generando, todo terreno . Y en Matambre tocamos de primera con Umbra Colombo. Hace tiempo mantengo una dialéctica muy querida con Antonella Sturla, una dinamita perfecta entre intelectual de Puan y teatrista de cepa.  Mariano Mizrahi, Nati Farano, Junior Lareo, Sofi Vilaro, Ceci Layus, Luli Buchi, Alfre Stuart, Pablo Scavino, Ananieves Ventura, Ricardo Dubbatti, Ana Clara Schauffele, Sergio Barattucci, Guillermina Porthé, Marigela Ginard, Ricardo Sica, Mucio Manchini, Rominga Juejati, Julio Molina, Marcelo Frasca, Laura Mourenza, Roberto Abadi,  La Loba Lorena. Más otros que no nombre, más otros que injustamente estaré omitiendo. Ellos fueron centrales por algo, por MATAMBRE, por ONÍRICO, o por diversos proyectos en diferentes momentos. Todos ellos más muchos otros, son gente que  admiro y además quiero y sospecho que ellos me quieren también, o al menos también les gusta jugar conmigo como a mí con ellos. Y eso es más concreto, es una forma dinámica del afecto.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Sí, a Proteatro INT y FNA. Son fundamentales esos apoyos porque te permiten fortalecer la estética.  No por volver ostentoso el teatro sino como medio para materializar imágenes poéticas. Contratar un buen iluminador, una escenógrafa, etc. Hoy en día, es algo que sin apoyo es inaccesible. Y la ausencia de expertos en cada área de la obra, va en detrimento del espectáculo.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
No sé. Pero me gusta. Mucho.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Brasil.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando el zumbido de la mosca no para.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
No. Va variando.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Me gustaría cuando sea grande poder actuar alguna vez con mi hijo. O jugar picado. Compartir con él algunos de mis dos juegos favoritos. El teatro y el fútbol. Pero si no se da me acoplaré a otros juegos. Jugar con él.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Sí. Sería mentira si dijera que no pienso " mi obra" aunque suene pomposo, como un rompecabezas donde me gusta ser diverso, huidizo y no atrapable en una estética capturada.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Nada. Es decir, todo.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Imagino. Paseo con mi novia. Disfruto de mirar a través de sus ojos. Descansar de los míos y reírme con ella. Bebo con amigos. Paso tiempo con mi hijo, comparto momentos con él y con su madre. Juego al fútbol, hago cuentas, terapia y me vuelvo loco más de quince veces por día.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
No lo sé. Imagino que psicológicamente hubiera estado mucho peor si no se me hubiera cruzado el teatro. El teatro amortiguó la caída.

Esas cosas que se dicen y son tan extrañas




Afirma Kartun, con la sabiduría que lo caracteriza, que el estreno de una obra es coyuntural, una anécdota, para nada menor pero anécdota al fin, dentro del trabajo del dramaturgo. No todos los textos que escribimos llegan a estrenarse. En ocasiones, sin embargo, llegan a escena los más inesperados. Este texto nació con vocación viajera pero también tímido. Muy vergonzoso. Quizá porque habla de amor. Demasiado. Y el amor se hace, se da, se comparte... Ocupa. Pero en el momento en el que se convierte en tema sabemos cuán fácilmente se convierte en tópico. El desafío entonces era que este amor fuera tópico literario pero no típico. Sobre eso trabajamos. 

Amparados por la teoría del amado y el amante que Carson McCullers le regaló al mundo en La balada del café triste, estos dos personajes - ella y él, así nomás, dos que pueden ser cualquiera - se esfuerzan por convivir en una relación creativa y creadora de la que no saben cómo salir. Quizá tampoco desean hacerlo.

Esas cosas que se dicen y son tan extrañas es una obra donde todo lo que sucede alimenta el deseo de algo más. Algo que aterra tanto que ni siquiera puede nombrarse. Decir que eso es amor, sin duda, es decir mucho. Pero quién puede demostrar lo contrario. 

m.trigo



Esas cosas que se dicen y son tan extrañas

Dramaturgia: Macarena Trigo
Actúan: Jimena Lopez y Fernando del Gener
Asistencia de dirección: Delfina Oyuela
Diseño de luces: Lucas García
Música original: Fernando del Gener
Colaboración artística: Soledad Peralta
Diseño gráfico: Francisco Castro Pizzo
Dirección: Macarena Trigo

Jueves 20.30 en Espacio 33

La fiesta del viejo



Frente al (melo)drama cotidiano de la existencia, según coordenadas de humor y valor anecdotario, se impone, cada tanto, la certeza posible de una tragedia. La tragedia opera brutal e inesperadamente sobre el destino de los implicados y no distingue entre protagonistas y testigos de paso. La tragedia se ceba, o nutre, en aquellas familias donde el pasado no termina nunca de (re)escribirse, donde lo que sucede hoy, lo que hemos logrado ser, pende de un hilo a la vista de todos. Estas son algunas de las ideas que sobrevuelan la propuesta dramatúrgica con la que Fernando Ferrer aborda esta singular visita a Rey Lear que es La fiesta del viejo. El clásico de Shakespeare es el telón de fondo sobre el que se estructura el relato, pero las coordenadas del acá y el ahora que se nos ofrecen son muy otras: el reinado es un decadente club de barrio en Almagro, el rey un padre exhausto dispuesto a repartir su herencia en vida, y las hijas, tres hermanas que nunca se dijeron lo que piensan. 

Como bien sabía el gran Manolito de Quino, "una herencia no se reparte, se descuartiza." Haciendo honor a esa máxima y fiel a la obra a la que rinde homenaje, lo que se inicia como una celebración de cumpleaños termina convirtiéndose en una prueba de amor donde las palabras traicionan lo evidente. Los acontecimientos se precipitan en cada discusión encarnizada de la prole y, mientras el delirio paterno aumenta, son los personajes ajenos a todo vínculo de sucesión, los que nos permiten juzgar el desmedido absurdo que se teje. El bufón del rey, asimilado en un pibe de barrio, ilumina la oscuridad de los acontecimientos, cumpliendo así el rol clásico del loco que proclama la verdad. 

La dirección apuesta por una dramaturgia que combina la actualización del clásico con la presencia de fragmentos originales y despliega una puesta en escena que se adueña de la arquitectura de la sala explorando la incorporación del espacio acústico. El diseño de luces de Sebastián Francia acompaña ese uso del espacio y facilita el extrañamiento que reaparece una y otra vez cuando el padre, Lear exiliado en Almagro, identifica en la platea las nieblas de su pasado y su futuro. 

El elenco, nada menos que diez actores en escena, defiende la coralidad de una propuesta que evoluciona progresivamente hacia el clímax irreversible que define la tragedia. 

Todo esto sucede en uno de esos horarios que vienen a despejar la saturada grilla de funciones de las noches del fin de semana: los domingos a las doce del mediodía. La puesta se hace cargo de ese horario y recibe al público incorporándolo desde su llegada a la celebración con un exquisito aperitivo de entrada. En suma, muchos ingredientes que permiten reconsiderar con interés uno de los clásicos del bardo inmortal. 


La fiesta del viejo

Dramaturgia: Fernando Ferrer
Actúan: Moyra Agrelo, Agustina Benedettelli, Julieta Cayetina, Helkjær Engen, Demián Gallitelli, Ezequiel Gelbaum, Clarisa Hernández, Gonzalo Ruiz, Julian Smud, Ezequiel Tronconi, Abian Vainstein. 
Vestuario: Marina Claypole, Peta Moreno.
Diseño de luces: Sebastián Francia
Efectos especiales: Guillermo Toledo.
Fotografía, arte y espacio escénico: Romina Giorno.
Diseño gráfico: Juan Francisco Reato.
Asistencia De Producción Ejecutiva: Male Devoto.
Asistencia de dirección: Marisol Scagni.
Producción: Fernando Ferrer, Ezequiel Gelbaum, Clarisa Hernández, Julian Smud.
Dirección: Fernando Ferrer.


Domingos, 12h. 
ESPACIO CALLEJÓN
Humahuaca 3759

#ColectivoLascia



Sábado de marzo en Buenos Aires. Quiere llover hace días pero no. Son las diez de la mañana y en el CELCIT "los Lascia", se preparan para un nuevo ensayo general. Reestrenan Si no te veo, felices fiestas. Pero no solo. Es una de las tres orgullosas hijas de Pablo Bellocchio que vuelven este mes. Las otras son Dos, una desconexión y Otra vez lunes. Cada una en un teatro diferente y con elencos distintos. Elencos que, sin embargo, comparten un núcleo de trabajo, el Colectivo. 

En Buenos Aires, donde las producciones independientes se forjan en torno a cooperativas fugaces que nacen  y mueren con cada obra, ellos resultan un fenómeno digno de atención. Por varios motivos: su pervivencia en el tiempo, su compromiso grupal con cada proyecto, su búsqueda de nuevos modos de gestión y producción y la apuesta por mantener en cartelera cada trabajo el mayor tiempo posible. Para que tales hazañas se logren se intuye un mecanismo aceitado por el tiempo y la experiencia, donde el reparto de tareas y roles resulta imprescindible. 

Alcanza con verlos prepararse durante una hora para confirmar esas intuiciones. Los actores van y vienen tratando de encontrar un cuerpo y una voz que ponerse. Mariví Yanno, impecable asistente de dirección, se afana en los detalles finales de la puesta mientras repite un práctico mantra para todos: "capacidad de aire, calentar cuerdas, proyección". Bellocchio cambia de asiento una y otra vez, en ese afán de todo director de querer asegurar sus decisiones sobre el espacio. La sala es nueva y entraña un desafío, la puesta debe adaptarse a un doble frente. Las marcas que deben pasar inadvertidas no pueden ser más precisas. 

La puesta en escena mantiene su sobriedad. La obra despliega su dispositivo dramático (des)ordenando el relato vital de una pareja condenada al desencuentro y sus repercusiones en el tiempo y en los otros. Repercusiones de las que nunca serán conscientes. Los personajes entran y salen del espacio escénico  como si de un ring de combate se tratara y, en los mientras, los actores están ahí, como espectadores de los hechos. La dirección subraya el artificio elegido, nos convierte en cómplices de la artimaña. El público pacta y asume cada decisión: los saltos en el tiempo, las voces del pasado, la simultaneidad de escenas, el cuerpo paralizado de una enferma... 

El espacio queda limitado por un círculo de luces y papeles que, de a poco, se resginifica. El único elemento que los acompaña es un cubo de madera. Suerte de caja china literal donde se ensamblan las piezas del relato fragmentado y que ejerce también como referencia polivalente para el accionar de los actores. 

Si no te veo, felices fiestas es un texto que elige la suma de anécdotas para ayudarnos a reflexionar sobre la existencia y sus azares sistemáticos. Sus personajes habitan lugares donde todos hemos estado alguna vez. Su franqueza se torna desmedida y necesaria. "Me cansa sentir que estás todo el tiempo a punto de dejarme". "No es mi culpa ser lo único bueno de tu vida". "Me da mucho miedo mirarte ahora", son algunas de las frases que revolotean a nuestro alrededor horas después. 




ph. Francisco Castro Pizzo


El punto de vista privilegiado de quien asiste a un ensayo siempre resulta de difícil traducción. La instancia del ensayo, general o no, implica que cualquier cosa puede cambiar. Un accidente puede mejorar una escena, una frase desaparecer, un gesto o una mirada, sumarse. Y con cada uno de esos detalles, algo nuevo, mínimo y necesario, sucede. Cómo no amar esta instancia de la creación donde la alquimia es constante y donde la generosidad del oficio es siempre fascinante. Junto a esa certeza, otra: a dirigir, solo se aprende dirigiendo. No hay un único modo de hacerlo. Ni siquiera un modo bueno. La naturaleza de cada obra exige aspectos insospechados de uno mismo y el modo en el que nos enfrentamos a ese monstruo creado a nuestra imagen y semejanza, dista mucho de una vez a otra, de un proyecto al siguiente. Si para escribir, hay que escribir, para dirigir nunca sabremos exactamente qué necesitaremos hacer. Por eso, no está de más repetirlo, no hay ensayo ajeno donde no se adquieran herramientas de interés. 

Gracias a Pablo Bellocchio y al Colectivo Lascia por dejarme acompañarlos en este nuevo viaje de regreso. 

No se pierdan las funciones. Ya están todos en cartel. 



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