Cosecha surfista






a F. Mercado




Anatomía de las olas
 Pared / Shoulder Hueco / Labio / Tubo
 LA FELICIDAD de los surfistas es proporcional al efecto de la suma de sus partes.

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LLEGARON UNA NOCHE. Nadie sabe de dónde. Ocuparon la playa como ángeles cualquiera. Sentados en la arena contemplaban el mar. Se dice que escuchaban el latido del agua esperando el momento. Sin dudar avanzaron en silencio hasta casi perderse de la orilla. Entonces, de repente, el horizonte se quebró, desperezó su espalda. Fue la primera ola que todos conocimos. Ellos nos la trajeron. Después llegaron otras, muy distintas. Hubo que ir a mirarlas. Primero desde lejos. Poco a poco aprendimos a nombrarlas, a ver todas sus partes, a entenderlas. Se hizo escuela en el pueblo. Los niños las pintaban de todos los colores, los escritores imitaban su ritmo para el verso y algunas mujeres, es cierto, se quedaban quietísimas, como estatuas de sal que temieran mojarse las esquinas.

Ellos nunca volvieron a la orilla. Si no hay olas, esperan. Duermen sobre las tablas. Dicen que es una raza que nació para eso, que cumplen con lo suyo.

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Si tuvieran caballos 
serían grandes hombres, 
confirmó el más anciano 
de la orilla.

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Nuestro nombre solo el mar lo conoce.
Nuestra firma solo en él permanece.


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Buenas olas
Se saludan así cuando amanece
y antes de ir a dormir
sobre sus tablas.

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m.trigo