Todo lo que hice para no volverme loca

















Aprendí a comer de todo, a leer y escribir en cualquier parte, a viajar sola, a ahorrar para las vacas flacas y a apretarme el cinturón desde chiquita, a vivir contra, sobre y pese al miedo, a dejar de esperar, a no llorar en público, a decir que lo siento, a entender que mi infancia fue el principio. Aprendí que el amor no soluciona nada y es solo un ingrediente de la receta clásica. Aprendí que se crece lo mismo sin querer y sin ganas, que no hacen falta planes o ilusiones. El tiempo vuela exacto para todos. 

Estudié. A las hormigas, las abejas, la vida de Jesús de Galilea, de sus santos y mártires. Estudié la geografía transitoria del mundo en el siglo veinte, capitales, banderas, afluentes de ríos, los nombres de sierras y montañas, los planetas, el ritmo de la luna, las tablas de multiplicar, las definiciones del mínimo común múltiplo y el máximo común denominador, las conjugaciones verbales del español, los tiempos en inglés, la conquista musulmana de la península ibérica, la expulsión de los judíos por orden de Isabel la Católica, las características de la arquitectura, la pintura y la escultura de cada período, la evolución del cinematógrafo, la presunta llegada del hombre a la luna, la receta para escribir un soneto. Estudié la vida y la obra de los artistas elegidos, memoricé rasgos de estilo, títulos de cuadros, libros, composiciones musicales, nombres de movimientos que pasaban de moda, las declinaciones del latín, las letras de las canciones de los Beatles, la estructura del guión, la tragedia aristotélica, la tabla de elementos periódicos, el sistema reproductor, la invención de América, las características de los posmodernos, el formalismo ruso, el concepto del lector ideal.

Quise ser bibliotecaria, valiente, florista, alta, monja, trilingüe, guía de museo, paciente, femenina, lectora para ciegos, bisexual, escritora, optimista, actriz, maestra de no sé qué, flaca, mecenas, honesta, pelirroja, empresaria no sé cómo, morocha, productora de imposibles, rubia, voz en off de tu vida, sana, promiscua, directora de un internado donde los niños fueran felices, alcohólica, donante de óvulos, esposa de varios, hija de alguien, cínica, inteligente, responsable, criadora de perros lazarillo, amante de unos pocos.
Me enamoré. De un niño que nunca me hablaba, del nieto de una vecina que venía los veranos, del más alto de mi clase, de mi mejor amigo, de varios profesores, de un economista amante del cine, de alguien que se parecía demasiado a mí, de alguien que era demasiado distinto, de mi mejor amiga, de un escritor, de un actor que no sabe que existo, de mucho artista muerto. Y de vos.

Viajé como si el mundo fuera mío y la distancia excusa, como si vos estuvieras siempre ahí, en todos los hoteles y aeropuertos del mundo, alejando el terrorismo, trayéndome cafés, llevando mi valija sin esfuerzo, hablando por teléfono sobre cosas que nunca entenderé. Viajé a lugares que antes no existían, lugares donde todo era lo mismo y lugares donde todo era nuevo. Viajé para olvidar, para mandar postales y llenar de apuntes mis cuadernos y de emails tu casilla de correo. Viajé para pedirte que vinieras, para probar tu omnipresencia tropezándote en todas las esquinas. Viajé para perderme, para regresar. Para darme cuenta de que el tiempo pasa pero el pasado no termina.


(Fragmento)



m.trigo