Acerca del fin

"Hasta el fin suena a promesa romántica. Los amantes se besan, se ofrecen. Prometen. Y después, de pronto, uno de ellos dice hasta acá. Es el final, sí. Pero de quién. El que dijo la palabra se libera. La tuvo en la lengua y ahora la dibuja en los labios. El que la escucha se la queda. Y mira sin saber cómo hizo esa palabra para meterse en la boca sin haber sido vista. Hasta que ella lo espanta y se ve obligado a caminar en dirección opuesta. (...)
A fin de cuentas, siempre anda con una calculadora. Es materialista, fría no. Tiene una lista de reproches bajo la manga. También pone cara de superada, pero es pura actuación. Sabe lo que está haciendo y no se calla. Te larga el resumen del momento como un evangelista guionado. Saca conclusiones, pero le va mal: nadie se acerca. Debería aflojar, distenderse. Al fin de cuentas, a quién le importa su opinión.
Hay otro fin que justifica los medios. Suele olvidar sus escrúpulos con facilidad en el cajón de las medias. Es tan áspero que se jacta frente a un micrófono. Sonríe de costado, usa anteojos italianos, no tiene erecciones. Suele terminar mal.
Si lo pensamos como imagen, el fin es un movimiento: las películas concluyen y los créditos se lo llevan para arriba, hasta dejar oscura la pantalla. Después, la luz, irse, ¿nos vamos? Se terminó. Salir a la calle con las pupilas cansadas del juego de abrir la realidad y cerrar la fábula. Pero ya no se usa. The end suena ingenuo, es cosa del pasado. Ahora los finales son abiertos, piden que uno se los lleve sin terminar a la casa".

Fernanda García Lao

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