Poesía y revelación

"La poesía, o aquello que llamamos arte poético –retomando este fragmento walseriano–, está conectada con eso otro que llamamos “inspiración”, algo que se encuentra más allá del lenguaje, y del mundo, más allá de la humanidad más humana, y que uno intenta aprehender con este lenguaje –humano, demasiado humano– que tenemos. Esta aprehensión del mundo es la tarea del poeta y la poesía. Ese mundo-naturaleza que no es humano, y que por ello es mundo; ese mundo que siempre ha estado allí, cuando ni siquiera teníamos palabra para llamarlo y nombrarlo. Más aún, la tarea del poeta es apropiarse de este mundo, anarquizándolo en la palabra. Hacer presente en el lenguaje el mundo para ordenarlo necesita antes del caos propio de la palabra que lo toma. Apropiarlo, humanizarlo, incluye en el mismo gesto de ensoñación una liberación del hombre, una anomia. Como el caos antes de la creación, como el sueño y la palabra: antes del hombre habita el caos y la anarquía. Ese sentido de apropiación liberadora –como el sueño– es el sentido de lo habitable y amigable al hombre. Hacer del mundo-naturaleza un “lugar” donde pastorear al lenguaje y aproximarlo al hombre, pero al mismo tiempo, obligarlo a alejarse del humanismo del hombre. La anarquía es la condición de existencia del alma, y su virtud. Se puede pastorear al hombre, pero no al alma".

Emmanuel Taub