La invención del ex

Dar sepultura definitiva a los restos de la relación, dejar de exhumar el cadáver en busca de pruebas y culpables. Digerir la soledad sin discurso, asumirla como un modo de vida posible, no como una consecuencia indeseada o un accidente. Y por último, revocar las apariencias de esa soledad de cara a la galería. Volver a aparecer en público con alguien, con cualquiera, para demostrar que se seguía vivo y se volvía a confiar en la humanidad y en el orden de los acontecimientos. 

Demasiadas tareas arduas. 

¿Por qué enfrentarse de nuevo a otro comienzo cuando se conocía de antemano el fatídico e inevitable final? ¿Para que desgastarse en un nuevo enamoramiento que se diluiría a los pocos meses apenas las hormonas se aclimatarán a los nuevos olores del proceso químico? A esas alturas sabían que nada compensaba el descuartizamiento emocional y psíquico de una ruptura. También sabían que el enamoramiento podía obviarse o no ser parte fundante en una relación pero la separación, el abandono, el cierre, era insalvable. Incluso aquellas que nunca evolucionaban más allá del estado larvario de lo virtual tarde o temprano terminaban con la paciencia de todos y había que armarse de valor para vaciar los chats y bloquear contactos tan impertinentes como estériles. 

La solución, el camino más corto a tan largo trayecto, llegó sola. Había alcanzado con un solo casting y varios cientos de voluntarios para ejercer el rol de nuevo ex en sus vidas. Las pautas eran claras. Se trabajaba desde la primera cita en el desencuentro, se le proporcionaban al otro argumentos de peso para la separación, insultos verdaderamente ofensivos y bien asentados, criterios de autoridad sobre el modo en el que nos manejamos en la vida. También se elaboraban listas de acciones molestas que cada quien puntuaba según sus valores: falta o exceso de puntualidad, higiene, concentración, solvencia económica, independencia emocional, deseo sexual, aspiraciones, realismo, ideales, proyectos... y así. Por supuesto, se proporcionaban también antecedentes familiares y de salud, cosa de saber con quién se estaba discutiendo y tener puntería a la hora de insultarle a los padres, por ejemplo. Para sorpresa de todos los involucrados el sexo de separación había funcionado tanto como el sexo en pareja, llegando incluso a ser necesario fingir la ausencia de orgasmos o coordinar tríos e infidelidades que enturbiaran ese área. Al parecer, según los expertos, la verbalización frontal de los conflictos desde el primer día favorecía unas prácticas sexuales despreocupadas y un tanto feroces que distaban mucho de la abúlica y consensuada rutina sexual tradicional. 

Las empresas de búsqueda del ex ideal se convirtieron en un éxito de la noche a la mañana. 

m.trigo