Ser y no ser

Decía ayer Sergio Blanco, en su charla sobre dramaturgia en Tecnópolis, que Shakespeare quiso escribir "ser y no ser", pero no le dejaron. Nos robó carcajadas. Disfrutamos. Nos dejó pensando en muchas cosas. El teatro como algo omnipresente y siempre vivo, insólito y rebelde. Antisistema. Una naturaleza ingobernable que la cultura mal practicada, la cultura de living, burguesa y aburrida, pretende amaestar como un perrito. Y casi lo consigue, ciertamente. Pero como dice Ure, el teatro es pese a todos a nosotros. No nos necesita para (re)nacer. Sabe adaptarse y esperar. Tiempos mejores. Creadores sin miedo. Políticas combativas. Presupuesto cero.

Puede.

Después habló Mauricio Kartun, ese rock star de la dramaturgia argentina que nos obliga a inventar nuevas formas de agradecimiento después de cada charla. Un auditorio repleto pese al sábado santo, el feriado largo o la hora de viaje en colectivo. Y una vez más se hizo presente la filosofía vital y necesaria para enfrentarse al mito. El mito como síntesis constructora y, paradójicamente, también demoledora. Nos recordó aquello de que la paciencia y la resistencia al fracaso son las herramientas más útiles para la creación. Y volvimos a reconciliarnos con la idea de ser el poeta que se puede, no el que se quiere.

Fueron tantas las frases que merecen remera o tatuaje... Muchos tomaban nota y sonreían.

Quizá otro mundo es verdaderamente posible.
Dentro y fuera de escena.

Demos gracias.