Memoria de un cuerpo escénico

El programa de Lejos aclara: "es una búsqueda artística en la que el pasado, como conjunto de legados personales y generacionales, se presenta como ruido. Se desarrolla de acuerdo a una relación temporal no lineal entre pasado/presente que pone en tensión el vínculo cuerpo, memoria y representación". Una apuesta compleja donde se intuye un largo proceso amparado en un solvente equipo de trabajo.

Lejos funciona como un ensayo sobre la interpretación donde toda la teoría se depositó en el cuerpo de la actriz Florencia Bergallo. Se nos presenta una hipótesis poética sobre los motivos para elegir el camino de la actuación y se disecciona la diferencia entre "hacer de", "ser" y "tratar de ser". Sabemos que para un intérprete cada una de esas fórmulas alude a una génesis diferente donde todo cambia: los métodos, el contexto, el tiempo de creación y, por supuesto, la fe personal y la valoración final de cada experiencia. Algo para lo que no solemos estar preparados porque sólo el paso del tiempo logra traducirnos su importancia.

La propuesta, sin embargo, no toma la biografía de sus creadoras como hilo conductor. Aborda la memoria física y emotiva de la actriz desde la selección de unos cuantos roles significativos a lo largo de su carrera. La dirección de Marina Sarmiento crea una coreografía que disecciona algunas pautas de la construcción de personaje. La respiración como pilar fundamental de la expresividad emotiva, la sutileza con la que un gesto o sonido pueden resultar trágicos o cómicos y la necesidad de que todo eso suceda en un cuerpo neutro capaz de controlar los impulsos para generar un estado que se pone al servicio del texto. Todo ese caudal de experiencia se traduce como un torrente de acción que no cesa de transformase. Hay momentos crípticos que dentro de su naturaleza performática aluden a la inestabilidad de todo proceso creativo. Puede salir bien, sí, pero también puede salir mal o no llegar nunca a terminarse. Esa inquietud se hace presente en una puesta en escena atemporal. Bergallo trabaja en una suerte de limbo. La actriz como médium de sus personajes también es otra de las metáforas abordadas. Los personajes se muestran fragmentariamente pero en su máxima potencia, en esos instantes donde, si funcionan, si viven, si son, están habitados por la energía escénica, esa misma que Bergallo trata de revelarnos y contagiarnos con su respiración.

Lejos investiga sobre la naturaleza de la actuación y los recursos a su alcance. La puesta es funcional a ese propósito, resultando clave para ello el diseño sonoro y la música de Ezequiel Abregú, cuya partitura acompaña a la actriz en todo momento. Una invitación atípica que invita a la reflexión.


Lejos

Concepción: Marina Sarmiento.
Dramaturgia escénica: Florencia Bergallo, Marina Sarmiento
Actriz: Florencia Bergallo. 
Vestuario: Belén Parra.
Iluminación: Brenda Bianco.
Diseño de objetos: Ezequiel Colombo, Lucio Maselli.
Diseño sonoro y música: Ezequiel Abregú.
Fotografía: Mariana Roveda.
Diseño gráfico: Leandro Ibarra.
Asesoramiento dramatúrgico: Ezequiel Steinman.
Asistencia general: María Victoria Alcala, Micaela Moreno.
Prensa: Suyay Benedetti.
Producción: Cooperativa Lejos.
Colaboración artística: Julieta Potenze.
Coreografía y dirección: Marina Sarmiento.

Beckett Teatro
Guardia Vieja 3556
Jueves, 21.30h

Lucía Feijoó





Iluminadora teatral
Fotógrafa




¿Cómo te definís profesionalmente?
Como iluminadora teatral y fotógrafa sin cámara, hoy.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Porque me gusta mucho, lo disfruto, me divierte y le da sentido a todo. También me genera muchos nervios y tristezas. Todo lo que hago está vinculado a mi modo de ser y ver la vida.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
La fotografía, el teatro, el cine y la literatura.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
A trabajar en grupo.  Investigar y dar vueltas y vueltas a una idea o tema.  Ser paciente en los procesos y disfrutarlos. He observado, y lo sigo haciendo, a maestros y amigos en su trabajo, aprendo mucho en eso.
¿Y lo más hermoso?
Lo útil es también hermoso. El acto teatral  y el acto fotográfico me parecen hermosos, intrigantes y cautivadores. No sé qué es realmente pero cuando suceden, amo todo.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Otros artistas. Leer. Mis seres queridos, situaciones que veo y escucho, temas propios, miedos, preguntas. Internet.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
No lo definiría como dolor, pero a veces soy muy terca o enojona conmigo misma.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No me gusta la idea del sacrificio. Creo que fui haciendo un pequeño sendero que cada vez es más profundo y sincero conmigo misma. Lo fui llenado con mis propias necesidades, muy de a poco.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Un montón.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
La mayoría.
¿Cuántos te esperan ahora?
Espero que varios.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
A mi propia obra como fotógrafa. Vengo trabajando en ella hace años. Con continuidad en algunos momentos y un tanto de vagancia cada tanto.
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Lo recuerdo porque lo sigo haciendo. Lo bueno es poder mostrar. Trabajar y pensar en temas personales, que me inquietan e interesan. Trabajar sólo para mí. Aunque paradójicamente esa soledad no siempre ayuda.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Sí. Me animé.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Mucho con la literatura y el cine.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Estar en ensayos hasta muy tarde, salir un lunes por la calle a las cuatro de la mañana y pensar en el sin sentido de lo que hago. Dormir poco me hace pensar esas cosas, por suerte se me pasa rápido.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Trabajar con gente con la que no comparto valores.
¿Qué estás leyendo?
Terminé Los culpables de Juan Villoro. Y recomencé  Volverse público de Boris Groys.
¿Qué autores recomendás siempre?
A Rilke sobre todo Cartas a un joven poeta. Es interesante cuando no sabés hacia dónde vas o perdés la paciencia y dejás de disfrutar el acto creativo. Y a Wolfman Tillmans como artista porque trabaja hermosa y holísticamente sus proyectos.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Con mis hermanos tenemos el pequeño ritual de ver siempre que estén Volver al futuro y Toy Story. Últimamente se agregó Buscando a Nemo a la lista.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Amo a Sophie Calle. Miranda July.  Wolfman Tillmans. Clarise Lispector. Rilke. La poesía de Irene Gruss y Andi Nachon. Los escritos de John Berger y Georges Perec.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Pensamiento. Investigación. Escucha. Intercambio. Aprendizaje.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Me interesa mucho la obra de Lola Arias y Fernando Rubio. Matías Sendón. Denise Labraga y Francisco Medail, son amigos y grandes artistas. Miranda July. Me interesa mucho la obra de Florencia del Gesso. Sigo el trabajo curatorial de Romina Resuche.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Sí, hablo con mi amigo Fran Medail, con mi maestra Lucila Bodelon y con mi novio Chris Gadea. Todos importantes de diferentes formas. Son pocos, pero de absoluta confianza.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Sí. FNA. Fondo Metropolitano de las Artes. Bienal de Arte Joven.
¿Por qué?
Porque muchas veces me gustaría contar con más dinero para realizar proyectos y porque me parece que la cultura tiene que ser financiada, aunque sea parcialmente, por el Estado.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Es una gran pregunta. A veces pienso que tiene que ver con el laburo que elijo y otras que no es necesario vivir acá para laburar de esto. Un círculo vicioso.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Sí, los viajes me han marcado bastante. Sobre todo despertaron ganas de cosas nuevas al volver. El primero fue cuando fui de mochilera por primera vez con mis amigas, un viaje revelador en muchos sentidos. Cuando volví sabía que quería laburar en teatro haciendo cualquier cosa. Después las giras, la primera fue a Río de Janeiro, lloré cuando despegó el avión y cuando llegamos. Pura emoción y felicidad. Y luego el año pasado, cuando volví de gira a Holanda, con la convicción de que estar en un teatro un día entero me hacia feliz y que debía seguir por este camino.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Muchas veces los proyectos llegan a mí, es más fácil notarlo. Cuando son propios es más difícil porque los pienso constantemente.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Sí, pero no lo vivo felizmente. Soy muy desordenada a la hora de trabajar y pensar. Se me ocurren cosas en cualquier momento. Llevo libretitas con anotaciones a las que nunca vuelvo. Trato de imponerme tiempos de creación y de trabajo pero nunca los cumplo. Tendría que amigarme con ello. Lo momentos creativos y de inspiración nunca me encuentran sentada seriamente frente a un cuaderno o una computadora.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Lo pendiente lo vinculo con cosas engorrosas, del estilo de pagar el alquiler y demás. En lo personal no lo tengo muy definido.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
No sé si es trayectoria, pero siento que estoy más cerca de entender mi propia mirada y modo de creación. Lo que me interesa lo veo cada vez con más claridad. No sé si es trayectoria o paso del tiempo.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Por momentos, la salud de los que más quiero.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Aprovecho para cocinar. Me encanta. Veo cualquier cosa en internet, videos al azar en Vimeo, por ejemplo. Estoy con los que quiero. Ordeno mi casa.  Hago fiaca.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
Tengo una imagen recurrente hace mucho. Me veo teniendo un restaurante en medio de algún lugar perdido.

Felipe Giménez




Siempre es un placer encontrar una nueva entrevista a Giménez. Acá fragmentos una reciente de Agustín Marangoni publicada en Revista Ajo.


"Es incansable esa cuestión de aparición. Me gustaría que las cosas se quedaran en su lugar para no tener que andar buscándome todo el tiempo. Es como en el análisis, si no hay angustia ¿qué vas a hablar con el analista? ¿hablar del día? Cuando digo angustia hablo de exceso de sensibilidad, cuando algo ya no te entra en el cuerpo y lo tenés que volcar, en una imagen, en un papel, en algo. (...)

Una cosa es repetir y otra interpretar. Si eso que hiciste es tuyo, ya está. Hay un cuadro de un corazón que se llama Alcanza, que podría hacerlo hasta el infinito, sí. Y me lo siguen pidiendo. Y lo puedo hacer. Y soy tan desastre que no me puedo repetir. Esto es un oficio. Puedo respetar la estructura pero reinterpreto todo el tiempo. Ese cuadro es mío, por qué lo voy a negar. Hay veces que hasta repito el título. Sinceramente te lo digo: no me importa nada de las convenciones del arte. (...)

Bruzzone decía una frase genial: “Tanta caricia le hizo el diablo a su hijo que lo dejó sin un ojo”. Eso está relacionado con saber cuándo terminar un cuadro. En eso también veo a los chicos, que dejan un dibujo cuando quieren y listo. Yo no pienso en lo que quieren otros que haga con mi obra, porque arruino mi obra. Cuantas más cosas de hambre quedan abiertas, más posibilidades tiene el público de meter cosas suyas en el cuadro".

Entrevista completa: http://www.revistaajo.com.ar/notas/3099-la-maravillosa-liviandad-del-ser.html

Terranova en Alcalá

Leí por primera vez este diario de Juan Terranova en marzo, buscando refugio en sus recuerdos de invierno español frente al calor insalubre porteño. Me hizo reír en varios colectivos y cafés mientras me sentía extrañamente observada. Quien escribe es un producto made in Spain. Pocas cosas resultan tan fascinantes como contemplar la realidad conocida a través de otros ojos. Una mirada que renueva lo que creíamos digerido, obligándonos a prestar vista y oído a detalles para los que perdimos sensibilidad hace tiempo. Terranova atrapó con humor y lucidez muchas idiosincrasias del ser español. Nada tan castizo como un cantinero capaz de exclamar: "A ver si empieza la primavera de una vez ahora que ya entregaron el premio del puto manco ese". "El puto manco ese" es Cervantes. "Spain is different", que se dice hace décadas, con el peor de los acentos posibles, para vender toros y playas con paella.  

Terranova llegó invitado como joven autor argentino para participar de una residencia de escritores en la España del 2008, poco antes de que Juan Marsé recibiera el premio "del puto manco ese". No les copio acá su privilegiado punto de vista de la ceremonia. Sólo con esas páginas, donde sale hasta Sabina, ya regala una sesión de fotos inolvidable. 

Entre tapas y frío, ejerce su rol de invitado asistiendo a charlas y conferencias predecibles pero también logra ejerce de escritor.

"Me encierro y leo los libros que me regalan. No sufro el imperativo turístico. No siento la necesidad de "conocer lo más posible" o "aprovechar para visitar". (...)

 "¿Cómo se narra Alcalá? ¿Cómo se narra una ciudad donde todo está bien, donde te pagan por pasear y por leer, donde te invitan a almorzar y a cenar y te regalan libros? (...) Me saco una foto con la estatua de Valle- Inclán y después me toca coloquio de escritores en el viejo y canónico Café Gijón". 

Constantino Bértolo le aclara que "acá todos escriben un misterio. El detective que gusta, que no habla de nada importante, que cita a los clásicos, un detective culto y limpio y su misterio". (...)
"Pienso en el misterio de Alcalá. El asesinato de un profesor en el marco de la entrega del Premio Cervantes. Me da naúseas. No podría escribir eso". 

También Bértolo, hablando sobre España, afirma: "Venimos de veinte años de individualismo y bienestar. Y ahora no se sabe qué va a pasar. No digo, "cuanto peor, mejor". Pero los cinco millones de parados va a estar ahí. A ver si los escritores españoles se despiertan". 

Eso. A ver. 

Terranova no sufre el imperativo turístico pero acude a ineludibles citas madrileñas: el museo de cera, el Reina Sofía, el Prado y el domingo en la plaza Tirso de Molina con "puestos punks que venden remeras y libros de Kropotkin". Rescata un cotidiano que dan ganas de archivar en polaroids: un almuerzo en una fonda donde aún se puede fumar y bailar, el suelo de un bar lleno de restos de papeles y colillas, la certeza "contra Franco estábamos mejor"...  Detalles Marca España que creímos imperecederos y que hoy, ratito después, se esfumaron. Diario de Alcalá  habla de un país que sólo existe en el recuerdo. Leerlo fue como recibir la carta de un amigo con años de retraso. 

"Y ahí va España, montada en Zeus disfrazado de toro, ambicionando ser Europa con todas sus ventajas y ninguno de sus defectos. Ojalá lo consiga", escribe Terranova. 

Querido Juan, ya sabemos que no lo consiguió. Tampoco lo necesitaba. Algún día se dará cuenta. 


Diario de Alcalá

Juan Terranova
ed. Pánico el Pánico, Buenos Aires, 2010.

Hebe Uhart

Los amigos te dicen “qué lindo”, pero no sabes cuán lindo o qué nivel de lindo están hablando. (...)

Uno es escritor mientras escribe. No creo en la hipertrofia del rol. El escritor no tiene que pensarse como escritor. La hipertrofia del rol conspira contra la bondad del producto, es mejor que el escritor piense que es gente común, de la calle, no un ser excepcional, porque si no empezás a escribir desde otro lugar y eso no conviene. Ser escritor es uno de los tantos roles que tiene una persona, ni mejor ni peor que los otros. (...)

Yo creía que la gente tenía un nivel, como el agua. Un nivel de siete, de seis, de ocho. Pero no: hay gente que se destapa y hay gente que se obtura. No hay niveles previos.

Entrevista completa: 
http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Hebe-Uhart-escritor-domesticado_0_1337266282.html

¿De qué vive un artista?

(...) "Otros artistas viven de la dictadura de clase. Cada año los programas de arte de la universidades del país gradúan un promedio de 500 artistas, un público cautivo que necesita de un cuerpo de recreacionistas intelectuales que cumplan con la ilusión de enseñar arte. Enseñar arte puede ser el mejor trabajo para un artista, hay bastante tiempo libre para crear o “investigar” (como se refieren los artistas a lo que hacen cuando le quieren dar altura académica). A pesar de que cada vez hay más trabajo burocrático y hay que inventarse más justificaciones y comités para justificar la necesidad de los comités que justifican el arte en la universidad, ser profesor es una buena actividad. Hay que decir que un profesor de arte goza de un margen insólito de libertad, si los profesores de medicina dictaran sus clases como los profesores de arte dictan las suyas, graduarían asesinos en vez de médicos. Tarde o temprano muchos artistas, así no lo quieran, reencarnarán en profesores de arte; temprano si consiguen trabajo en un colegio, usualmente el mismo colegio donde han estudiado, o tarde cuando regresan endeudados con una maestría y descubren que para lo único práctico que sirve ese cartón de maestría de arte es para ser admitido en el proceso para calificar como profesor universitario de arte. Pero además de tener la maestría habrá que tener un doctorado y cuando todos tengan un doctorado algo más habrá que tener, el único consuelo es que mientras más grados haya que tener más necesidad de profesores de arte habrá y así tal vez haya más puestos de profesores universitarios de arte para darle clase a todos los que necesitan estudiar para tener más grados para obtener el puesto de profesor universitario de arte. También existen los profesores de talleres independientes, pero dependen del tiempo libre y la inconstancia de las señoras y pintores de fin de semana. (...)
Es importante que los artistas no revelen de qué viven, sobre todo si no viven del arte, esto mantiene el mito de su independencia, de que no sirven a nadie, de que son inocentes, de que nunca serán lo suficientemente maduros para liberarse de la idea de libertad".
Lucas Ospina

Enzo Maqueira






Escritor
Novelas: Eléctronica, El impostor, Ruda macho.



¿Cómo te definís profesionalmente?
No me defino. Creo que el trabajo del artista es buscar mucho y encontrar poco, para seguir buscando.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
No es una respuesta original, pero no podría hacer otra cosa. Escribir me proporciona placer y hasta felicidad desde que era chico, y lo sigue haciendo.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
El cine, el teatro, la música, el periodismo.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Que hay que trabajar mucho y ser muy crítico con uno mismo. Que hay que animarse a probar cosas nuevas. Que hay que permitir que los demás opinen.
¿Y lo más hermoso?
Una página en blanco puede ser todo lo que necesito para sentir que la vida tiene algún sentido.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Cortázar, Sara Gallardo, Andrés Caicedo, Dostoievsky, Vargas Llosa, Rulfo, García Márquez, Piazzolla, Bach, Radiohead, Queen, Truffaut, Godard, Herzog, Kim Ki Duk.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
La mala leche de algunos, la envidia mal disimulada, el ánimo de destrucción. A veces, lo difícil que resulta que la gente comprenda que escribir no es ni un hobbie ni una profesión, que es una necesidad básica, lo más importante, lo único que cuenta.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
Nada es más importante.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Miles. Algunos avanzan, otros mueren.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
No.
¿Cuántos te esperan ahora?
Una novela en proceso de escritura, otra en proceso de reescritura, algunos cuentos a medias. Una enorme crónica/novela de no ficción que me va a exigir demasiado valor, mucho viaje y un esfuerzo descomunal que todavía no estoy preparado para hacer.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Electrónica. Fueron cinco años de trabajo.
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Lo recuerdo con mucha alegría. Todas las mañanas me despertaba pensando en eso y me iba a dormir satisfecho porque había hecho mi trabajo. Tenía un motor inmenso que me permitía seguir adelante. Vivía obsesionado con cada palabra, con cada idea nueva, y en un momento parecía que todo lo que andaba rondando a mi alrededor encajaba de alguna forma con la novela.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Todo lo que hago para pagar las cuentas está relacionado con las palabras. Ya sea como escritor, como profesor en la universidad, en mis talleres de narrativa o como editor.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Toco el piano y durante varios años formé parte de una banda de rock como tecladista. También hice teatro. La música y el teatro estuvieron en mi vida desde chico, junto con la literatura. Y soy un gran amante del cine, con quien tengo una cuenta pendiente que espero saldar alguna vez.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Hacer llorar a una mujer.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
No.
¿Qué estás leyendo?
Vida y destino de Vasilly Grosman.
¿Qué autores recomendás siempre?
Sara Gallardo y Andrés Caicedo.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
De chico, ET. De adolescente, Cinema Paradiso. De grande, El desprecio.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Fernando Peña me pareció un artista imprescindible que todavía se extraña. Godard. Bach. Piazzolla. Los músicos de Radiohead, con Thom Yorke a la cabeza.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Compromiso, buena energía y buen sentido del humor. Que todo sea con amor.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Creo que a todos. Redes sociales mediante, todos estamos conectados y sabemos en qué anda el otro.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Hablo con cualquier persona que tenga ganas de hablar, pero sin dudas mi gran socio en el camino literario es Gonzalo Unamuno, con quien tenemos largas conversaciones de literatura, política y mujeres.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Una vez nos inscribimos en la ley de Mecenazgo del gobierno de la ciudad para encarar la editorial Outsider.
¿Por qué?
Porque necesitábamos un empujón económico que no teníamos por otros canales.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Porque nací en Buenos Aires y, aunque siempre tengo la idea de irme, es una usina de arte y cultura, y no puedo vivir sin ninguna de las dos.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
El viaje que hice a Cuba en 2013, invitado por la Casa de las Américas. Sentarme en la misma silla donde se sentó Cortázar, conocer a Fernández Retamar, ser convocado por mi trabajo como joven escritor… Me hicieron sentir importante y me llenaron de una confianza y de unos amores que resultaron el motor de todo lo que vino después. Cuba fue muy importante para la literatura latinoamericana en algún momento, y lo sigue siendo, reuniendo, convocando y promocionando nuevos autores.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando pienso todo el tiempo en eso, por lo general de noche, y no me puedo dormir.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Por momentos, sí. A veces me olvido y me lo tengo que recordar.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Palabras ininteligibles que escribí a las apuradas, en medio de la noche, y que ya no sé qué quieren decir.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Supongo que sí.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Perder las ganas de escribir.

"¿Puede el dolor convertirse en una puesta en escena?"

Las obras imperfectas e inconclusas construidas con más interrogantes que respuestas, despreocupadas por el bienestar del público, conscientes de sus defectos y capaces de reírse de ellos anticipando la siempre predecible mordacidad del espectador escéptico y aburrido de antemano, no abundan. Es normal. Cuestan. Mucho. No hay presupuesto artístico que pueda bancar la incertidumbre del largo proceso sin garantías que implica ese desafío. Marina Otero, la autora y performance de esta obra, lo sabe. Quizá no lo sabía en el 2007 cuando comenzó a considerarse a sí misma material de estudio sometiéndose con constancia kamikaze a las preguntas tan odiosas como vitales que a menudo nos visitan. Algunos las esquivan como balas, otros, como esta creadora, deciden exponerse a quemarropa y mostrar las cicatrices.

Recordar 30 años para vivir 65 minutos es uno de esos ejercicios de búsqueda personal cuya naturaleza orgánica tiende a enredarse, proliferar y mutar con el tiempo. La obra es performática en muchos sentidos pero quizá ese sea el más atractivo. El hecho de que lo que vemos hoy no podrá repetirse. Es del todo inexacto, aleatorio. Existe un mapa, sí, pero no cabe duda de que no es el territorio. El año próximo, Marina tendrá que recordar 31 años para seguir mostrándose, desnudándose y encontrándonos. Ella misma reflexiona sobre eso y muchas otras inquietudes mientras busca la mirada de un público intimidado que acierta a soltar cada tanto una breve carcajada. Un público que aplaudirá el esfuerzo de su creadora sintiéndose parte de la pieza. Una propuesta que juega con lo autorreferencial para señalarnos a nosotros con el dedo. Sin acusarnos de nada. Todo lo contrario. "¿Se arrepienten de haber pagado la entrada?", nos preguntan. Qué importa.

Recordar 30 años... es una de esas experiencias que ayudan a constatar que la fe que algunos depositamos en el arte no está desperdiciada. Cuando lo importante no es el fin y el medio sirve para algo más que sacar a pasear los egos, lo cierto es que, realmente, los infinitos peros que una propuesta como esta pueda contener, carecen de importancia. En última instancia, que cada quien se haga cargo de sus dudas, pero cuestionénselo ahí, en esa sala inundada de retazos de vida (im)posible.

La puesta es un collage escénico donde la suma de recursos hace zapping entre poesía y videoclip. Se intuye que la dirección de Juan Pablo Gómez respetó mucho el imaginario de su intérprete. Todo suma y desordena. Está bien que así sea, una vida en 65 minutos no puede ser más que un caos en expansión.

Recordar 30 años para vivir 65 minutos

Autora y performer: Marina Otero
Ambientador visual y montaje de vídeo: Gastón Exequiel Sánchez.
Diseño de luces: Matías Sendón.
Collage y diseño: María Laura Valentini.
Colaboración en selección de vestuario: Franco Kuma La Pietra.
Colaboración coreográfica: Marina Quesada,
Trailer y cámara en vivo: Lucio Bazzalo .
Producción: Laura Sol Zaslavsky.
Asistencia de dirección: María Belén Arena, Lucrecia Pierpaoli.
Dirección: Juan Pablo Gómez.

El Excéntrico de la 18
Lerma 420
Sábados 22.30h. 

www.recordarparavivir.wordpress.com

Querido Marty

Quién hubiera pensado que iba a esperarte acá
lejísimos del mundo conocido
donde te vi volar
en la sesión de tarde
repetida
innumerables veces,
quién hubiera podido imaginarnos
con todos estos años de más entre las manos
y un pasado imperfecto donde fuimos felices
sin saberlo.

El futuro ha llegado muchas veces
y en nada se parece a lo acordado.
Ni siquiera en mis sueños se mejora,
así que no es tu culpa si Zemeckis
pifió con el De Lorean
y sus muchas promesas incumplidas
por cosas del pétroleo, políticas, guiones
y tanto ladrón suelto que pobres terroristas.

El mundo es tan real que da terror
y la ficción ternura cada tanto,
sobre todo a esta hora, cuando atrasa,
y no hay condensador que nos redima
ni me teletransporto cuando quiero,
con lo bien que vendría en este instante
brindar con unos pocos
de los muchos que fuimos.

En cosa de unos meses será tu aniversario
y te están esperando los fans freaks del milenio,
los peterpanes buenos caducados
que olvidaron usar monopatín
y ya no tienen grupo donde tocar guitarra
después de medianoche.

Ahora cuento más años de los que vos tendrás
y hago flashback seguido para ver si tropiezo
conmigo en una esquina y logro convencerme
de que todo irá bien alguna vez.

Nos vemos por los bares, Marty Fox.

m.trigo

Un sueño es un sueño es un sueño

Tengo el sueño que vuela y me merezco, 
el sueño que anticipa soluciones
y el más obvio de todos
donde siempre aparece un tipo con sonrisa
y al fondo los salvajes se matan entre sí. 

Tengo el sueño que cito, explico y persevera
donde sólo es posible seguir como si nada
y el grito nunca llega y estoy sola y me salvo
como si desde siempre la muerte me rondara
y supiera de instintos y pistolas. 

Tengo el sueño aprendido donde busco 
y encuentro monedas en la arena 
del parque de mi infancia
y luego lloverá y habrá prisa en el barro
y en mis negros zapatos de charol. 

Tengo el sueño más fácil
donde todo es deseo y liviandad.
Sin palabra mediante sucede lo esperado
y sé que soy feliz porque logro besarte
sin que sirva de nada como tanta otra vez.

m.trigo



Carolina González





Periodista

Escribe para Revista Vanidades y Revista Club del Diario La Nación
Asesora editorial y de contenidos del Festival BAIFFF.







¿Cómo te definís profesionalmente?
Periodista. Ahí comienza mi profesión, pero no es donde termina.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Por curiosidad, ganas de contar y conocer otras vidas.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
El poder que tiene la palabra usada para fines estimulantes. También aprendí a ser perseverante, que no es lo mismo que ser insistente.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
Es doloroso cuando lo que te pagan no es el fiel reflejo del esfuerzo y la dedicación que ponés en tu trabajo.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No creo haber usado nunca la palabra sacrificio en mi vocabulario.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Empecé trabajando para tres revistas. Una cerró, la otra quebró y la última sigue en pié.
¿Cuántos te esperan ahora?
Sigo escribiendo para Revista Vanidades, donde hago reportajes y notas a personajes vinculados al teatro, la televisión y el cine. También empecé a escribir en un nuevo suplemento que lanza el diario La Nación, vinculado a las tendencias en espectáculos, viajes y gastronomía. Y, por último, soy parte del equipo creativo y comunicacional del BAIFFF, el primero Festival Internacional de Fashion Films de Buenos Aires que se realizará el 13 y 14 de abril en el Museo de Bellas Artes.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Mi trabajo en la productora Rosstoc fue bastante intenso. Viajaba varias veces al año, entrevistaba a mucha gente con historias muy fuertes y, además de tiempo, gastaba suficiente energía como para quedar exhausta al final de la jornada. 
¿Cómo lo recordás? ¿Qué hubo de bueno y de malo?
Lo recuerdo con mucho cariño y aprendí un montón. Además de tener compañeros bárbaros. Los programas sociales que hicimos para Canal Encuentro me acercaron a otros universos que no son los que frecuento día a día. Eso me nutrió y ayudó a poder armarme como profesional. La práctica cotidiana de hablar con personas de otros entornos y edades, desarrolló mi empatía. También aprendí a escuchar y entendí que se puede hablar de temas profundos si uno conecta de verdad con lo que le está pasando al que habla. Igual, no todo fue tan intenso, hubo programas que me acercaron a conocer personajes públicos muy interesantes. Fue en el contexto de una serie que hicimos para NATGEO sobre el Bicentenario nacional. La parte mala de todo esto fue que la productora quebró muy rápido y dejó muchas deudas. Entre ellas, tres sueldos míos.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
El cine, el teatro y la pintura.
¿Qué estás leyendo?
Free Play, La improvisación en la vida y en el arte. El autor es Stephen Nachmanovich. También estoy leyendo bastantes cuentos. El último fue Wakefield de Nathaniel Hawthorne.
¿Qué autores recomendás siempre?
Julio Cortázar y Bioy Casares. Tan hermosos como singulares. Además de tener un manejo del lenguaje exquisito, fueron grandes creadores de universos.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
No tengo ese fetiche de volver a ver las películas que me encantaron. Sólo si aparecen de modo espontáneo la vuelvo a mirar. Me volví a enganchar varias veces con Eternal Sunshine of the Spotless Mind y The Bridges of Madison County.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Me encantan los artistas surrealistas del siglo XX. Sobre todo los pintores. Esa ruptura que hicieron en el modo de mirar y expresar las cosas. La imaginación infinita que tenían para interpretar lo real y para crear lo inexistente.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Buen trato, buena síntesis, confianza y responsabilidad. Si tienen buen humor, generosidad y encima saben escuchar, son casi perfectos.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A ninguno.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Hablo mucho con mi marido Fernado Sala. Es actor y Comunicador Social, entonces nuestras actividades se mezclan. A veces nos enriquecemos y otras basta con comprendernos. También nos estimulamos mutuamente para crecer y superarnos en lo que hacemos. Cuando necesito una opinión femenina hablo con mis amigas. Algunas son buenas para aconsejar en el plano vincular, otras en el enfoque económico y con otras solo me río de las cosas propias de mi laburo.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Nací acá y, aunque he fantaseado con vivir en otro lado, Buenos Aires me atrapa. Es muy loco, pero a medida que voy conociendo más lugares el mundo, siento mayor adoración por mi país. Hay días que voy caminando por una calle y, aunque pasé mil veces por ahí, la vuelvo a descubrir y me encanta. Tiene un atractivo oculto, y también inexplicable, que hace que me vuelva enamorar de mi ciudad.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Conocer a las comunidades Wichis y Pilagá de La Rioja y Catamarca. Fue impactante ver como ellos viven en un ritmo detenido en otro tiempo distinto al mío, pero que a pesar de esa distancia, nos pudimos acercar desde otro plano. Recuerdo haberle hecho una nota a un anciano wichi que me hablaba en su lengua y yo en español. Parece ridículo pero logramos un diálogo.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Sí. Evitar creer que tengo un sistema personal de trabajo.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando? 
Juego, crío, alimento y amo a mi hija. Además voy a yoga, hago un taller de escritura con Natalia Moret, salgo con mis amigas y comparto muchas cosas con mi marido. Hablo a diario con mi mamá y mi papá, además de verlos una o dos veces por semana. Cocino, miro series y películas, voy al teatro, escucho mucha música y leo menos de lo que debería.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?

Algo vinculado a lo creativo o a lo artístico. No podría soportar un trabajo rígido, rutinario y predecible. Para mi la profesión es anecdótica porque la vida es movimiento. El verdadero motor de todo es por qué hacemos lo que hacemos.