Christian Gadea

Iluminador














¿Cómo te definís profesionalmente?

Iluminador. Aunque me gustaría tenerlo un poco más claro, y escribirlo con mayor seguridad.

¿Sabés por qué te dedicás a esto?

Después de una larga búsqueda (o no tan larga), en donde luego de períodos de estudio en diferentes carreras, comenzaba a dudar, encontré algo que no me hizo dudar más: la luz. Ahora sigo dudando y buscando, pero siempre en lo relativo a la iluminación. Me atrae todo lo que sea observar, las imágenes, los colores, las composiciones, las texturas y todo lo que esto genera en mí, la influencia de todo esto en mi estado anímico. La transformación y modificación que pueden generar estos estímulos, es otro motivo por el que me dedico a esto.

¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?

El cine y la fotografía.

¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?

El vínculo entre personas. Es un gran desafío esa parte del trabajo para mí. La relación entre las partes, la comunicación, la interacción, el mecanismo complejo que es un grupo de personas llevando un proyecto común adelante. Eso me gusta y me parece muy interesante, y pienso que es lo más difícil.

¿Y lo más hermoso?

Ese instante cuando estas viendo una función y sentís que todo se alinea y se logra un momento hermoso, único e irrepetible. Sobre todo eso último, me parece increíblemente mágico. En el cine no pasa, ponés pausa, rebobinásy lo ves cuantas veces quieras, en el escenario sucede solo una vez. Eso me encanta. Cuando eso pasa, me encanta hacer lo que hago.

¿Cuáles consideras que son tus principales fuentes e influencias creativas?

Mmm. Me cuesta saberlo, sobre todo porque me cuesta mucho recordarlas. Pero sí hay ciertas cosas que vi, que me han marcado. La eternidad y un día de Angelopoulos. La vi en el Cosmos y cuando salí pensé: voy a estudiar cine. Increíble momento que recuerdo y que me acompañará siempre. De esa peli, y de todo lo que veo, que por un ritmo particular, un clima difícil de generar o por bellas imágenes, hace que me queden sensaciones grabadas que me gusta tener de referencia. Con las fotos de Tood Hido también me pasa.Y por otro lado las obras e instalaciones de James Turrell, Dan Flavin son una gran referencia. Actualmente el Estudio Olafur Eliasson me gusta mucho.

¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?

A veces ciertas situaciones con gente arrogante, pedante me hacen sentir mal. Son muy difíciles de sobrellevar para mí. El resto es puro disfrute.

¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?

Mmm sacrificado, en mi caso, sería una palabra muy grande. Siento que me esforcé mucho, sobre todo al principio, para poder meterme en el medio, para aprender y ganar experiencia.

¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?

Uf, no sabría contarlos. Por suerte muchos. En distintas áreas, pero muchos realmente. Me da vértigo y alegría pensar que fueron muchos.

¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?

Del año pasado, todos, menos uno, que queda pendiente este año.

¿Cuántos te esperan ahora?

Míos: 3 o 4 a lo largo del año. En proyectos donde trabajo para otros, un montón.

¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?

Se me viene a la cabeza un proyecto actual, que realizo con Jonathan Kluk, que siento muy personal y que está llevando tiempo, no de ensayos, si no tiempo. A ambos nos motiva mucho, el problema es que somos muy inconstantes, ja, pero, sin apuro, tengo todas las ganas de llegar a mostrar.

¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

Sí, vivo de lo que hago. que me encanta y disfruto en cantidad. Pero amar amo otras cosas. El tiempo libre, el contacto con la naturaleza, con el agua, estar con la gente que quiero, ver una buena peli, escuchar música, comer rico, ciertos festejos, las vacaciones, el ocio…

¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?

Me gusta ir a museos, ver muestras, pintura, instalaciones. El cine, la foto.

¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?

Mmm. Creo que absurdo, nada.

¿Hay algo que no volverías a hacer?

No se me viene nada a la cabeza, pero seguro que hay.

¿Qué estás leyendo?

Estoy muy disperso para la lectura, no logro terminar los libros que empiezo. Ahora tengo uno al lado, una charla entre Daisaku Ikeda y Perez Esquivel. La lectura de algunos libros de budismo hace unos cuantos años me trasformaron y me sirvieron mucho. Ahora tal vez ando buscando algo de esa sensación.

¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?

Hace iempo largo que no repito películas.

¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?

Soy malísimo para esto. No tengo memoria para nombres, no los retengo. Es más intuitivo mi vínculo con las obras y sus autores. Recuerdo sensaciones que me produjeron, o ciertos detalles de la obra, no su nombre y su autor. Ahora recordé a Botanski. En general los que realizan instalaciones vinculadas a la luz me interesan.

¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?

Que coincidamos estéticamente, llevarme bien. Divertirme trabajando, me gusta. Que
confíen en mí, que haya un intercambio interesante (no me gusta cuando dicen que sí a todo).

¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?

Creo que a nadie. Me gusta como trabaja Omar Possemato, y es un referente de cómo me gusta que sea la gente con la que trabajo. Estoy atento, aunque no siempre logro ver cosas, a Leandra Rodríguez.

¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de
confianza?

Con amigos colegas, con mi novia, que también es colega. Y no pido explícitamente consejos pero cuando me cruzo con alguien más grande, con más experiencia, me gusta charlar del trabajo para aprender.

¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?

Indirectamente, como iluminador, me piden presupuestos y plantas para posible subsidios. Proteatro, Prodanza, INT

¿Por qué vivís en Buenos Aires?

Acá nací, aunque es cada vez son más fuertes mis ganas de vivir en un lugar más tranquilo.

¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?

Mi primer gira fuera del país, a Río de Janeiro, fue muy importante. Y después todos los viajes me marcan.

¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?

Sí, obviamente influenciado y aprendido de la observación de los profesionales con los que trabajé. Soy muy sistemático, me gusta el orden trabajando. Aunque el caos lo acepto y a veces es bien recibido en algún proceso.

¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?

Un montón de cosas, tengo 33 años.

¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?

En los últimos años siento que va apareciendo una mirada más clara de lo que quiero hacer, lo que me gusta, lo que no quiero y lo ya no me gusta.

¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?

La verdad, si pienso, no me preocupa mi futuro, me siento tranquilo. Sí pienso en el futuro, obviamente, pero no me preocupa. Para mí es clave seguir encarando proyectos, seguir pensando imágenes, luces.

¿Qué hacés cuando no estás trabajando?

En esos días libres en general me gusta salir de casa. Pasear, hacer cosas para mi casa. Estar con Lu, con mi familia, con mis amigos, ir a remar con Juan, salir a comer, salir de noche... Salir.

¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?

Mmm. ¡Sería carpintero en algún pueblito de montaña! 

El creador

En el principio no hay nada, después hay después, algo, una marca en el tiempo, un es. Lo que el vacío, la nada, lo imposible o la ausencia, dispersaron, dieron al ser. 

Marcaron en la página en blanco o en la intemperie: en el paisaje de la posibilidad. 

En la desnudez, la espera. 

Creador es quien vive de esas marcas, esas huellas, no de sus cicatrices: las certezas. 

Una grieta en un muro, para un creador, no es una grieta en un muro, es un tajo que le abre a la posibilidad de la creación, a la acogida de lo que en ese tajo se abre. 
De lo que pueda susurrar. 
Del destello de sentido que pueda donar. 

Ser creador es saber, creer, que eso que abrió desde lo oculto está presente y oculto en esa apertura. (...) El creador sabe que todo fue nada antes de ser lo que es, lo sabe, porque también sabe que todo lo volverá a ser. 

Porque lo sabe traza huellas, a veces sendas, pero las traza, no las aferra. 

La creación es esa fe en nada, en un vacío o una ausencia, una fe que crea lo que cree, que cree para crear, que creando se trasciende más allá de lo que cree. 
Ausencia de lo que nunca fue o haya sido, pero no mera ausencia, presencia y revés de esa ausencia. 

El creador es un ser de la espera, espera lo que advenga, espera desnudo de sí. Espera sin poder, sin saber. 

Espera lo aún por nacer. 

Hugo Mújica

Poéticas del vacío
ed. Trotta, Madrid, 2002. 

Xavier Dolan

¿Y quién es ese chico entonces, cuál es la identidad que Campion ayudó a terminar de forjar? Xavier Dolan nació en Montreal (Québec) el 20 de marzo de 1989, hijo de una maestra canadiense y de un actor y cantante egipcio de nacimiento, Manuel Tadros, con quien siempre se mantuvo en contacto pero que se fue de la casa cuando el muchacho era aún muy chico. Razón por la cual Xavier se crió en un mundo de mujeres como los que predominan en sus películas. “Me criaron mi abuela, mi tía abuela, mis niñeras, todas damas, todas damas solteras. Ese soy yo, esa es la gente de la que quiero hablar, a la que quiero poner en mis películas para verla fracasar o triunfar. Me conecto con ellas más que con los hombres, que nacen privilegiados en cierta escala, mientras que las mujeres deben definirse ante los ojos de los hombres, deben luchar por sus derechos, especialmente en una sociedad que hace como que no hay tal lucha, que dice que las feministas son reaccionarias.” (...)
A los 19 empezó a dirigir, dice, porque lo que quería era actuar, pero “nadie me estaba contratando, así que me convertí en mi propio empleador”. A los 14, la gente había dejado de llamarlo y no había castings de ningún tipo. “Extrañaba la actuación. Y cuando escribí Yo maté a mi madre fue obvio para mí que nadie más podía hacer este personaje, no por una cuestión de talento interpretativo, sino porque ésta era mi vida. Y si le daba este guión a otro director, iba a querer contratar a algún chico irritantemente encantador, y me iban a evacuar para siempre del personaje.” Mientras grababa el doblaje de algún programa, un día se presentó con su primer guión en la mano, ante la actriz Anne Dorval, una suerte de pilar del teatro y la televisión de Québec y se lo ofreció en un tembloroso susurro para que lo considerara. Dorval lo leyó un poco conmovida por la timidez del adolescente, pero quedó impresionada y lo llamó varias semanas después para hacerle algunas sugerencias; para entonces él ya había descartado ese libreto inicial y tenía otro para proponerle, que es el que se terminaría transformando en Yo maté a mi madre, cuya producción financió con unos 150 mil dólares que había ahorrado de sus años como actor infantil, con Dorval como la progenitora titular y él mismo en plan semiautobiográfico. Poco después de que la película recibiera una ovación de pie de ocho minutos según las crónicas de Cannes, Dorval declaró que el chico que la había dirigido “tenía una cualidad especial, que no es exactamente seguridad en sí mismo, sino convicción y esperanza. Una inocencia que a menudo se ve aplastada en la mayoría de la gente, pero no en él”. (...)
A pesar de los premios y del consistente interés de los festivales en su obra, Dolan sigue filmando relativamente barato, haciendo cine independiente, ocupándose él mismo del vestuario y la edición y muchas otras tareas que la industria suele delegar en infinidad de profesionales. “No tengo un asistente personal, ni un publicista; no tengo dinero para eso. Yo mismo diseño el afiche, edito el trailer y hago el material de prensa; y no veo razón para que todas esas cosas no las haga la misma persona que tuvo la idea y la visión original. Veo las cosas de determinada manera y me encanta cuando salen tal cual las imaginés. Y por otro lado, hacer el vestuario yo mismo me da una enorme satisfacción: el vestuario es la primera línea del actor, así que tiene que ser precisa.



Hernán Lucas

Hernán Lucas
Librero. Escritor

Títulos publicados: Aquilea, crónicas de una librería, Un tapado arena, 
Prosa del cedido por el oro. 








¿Cómo te definís profesionalmente?
Librero y escritor.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Por qué soy librero creo que queda claro en mi libro Aquilea. Crónica de una librería. En cuanto a por qué escribo, no lo sé. Lo que sí sé es que no puedo dejar de hacerlo.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
El cine.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Usar la cabeza.
¿Y lo más hermoso?
Diversificarme en un otro. Sería algo así como mandarme cartas.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
El cine, algunas zonas de mi ciudad (CABA), y “las palabras oídas de niño”, como dice Palo Pandolfo en una canción.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
Que no  siempre me puedo concentrar: soy muy neurótico.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
No.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
En dos: la continuación de Aquilea, y un libro sobre el edificio en donde vivo, “Las torres”.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
No.
¿Cuántos te esperan ahora?
Los mismos. No terminé ninguno.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
A ambos.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

Vivo de la librería.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Todas, pero sobre todo música.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
No se me ocurre. Creo que nada.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Muchas cosas.
¿Qué estás leyendo?
Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig.
¿Qué autores recomendás siempre?
Borges, Juana Bignozzi, Juan L. Ortiz, Bioy, Puig.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
El sol del membrillo de Erice. No es que la vea seguido, pero la paso muy seguido en mi cabeza.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Borges.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Compromiso, inteligencia.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A varios.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Con Tamara Kamenszain, Lucas Soares y Bettina Berlín.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
He pedido al FNA y al Fondo Metropolitano.
¿Por qué?
Apoyo económico para publicar o escribir.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Porque nací acá.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
No.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Se me impone.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Anoto en papelitos  o en el libro que  esté leyendo, y después paso a la computadora.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Lo que estoy escribiendo;  y dar la película Últimos días de la víctima en el patio de mi edificio. (Allí se filmó).
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
 No.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Todo.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando? 
Pienso, pienso, no siempre constructivamente.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
No sé.

Sontag

"La cuestión misma de si la fotografía es o no arte es en esencia equívoca. Aunque la fotografía genera obras que pueden considerarse arte – precisa de subjetividad, puede mentir, ofrece placer estético - , la fotografía no es en absoluto una disciplina artística. Como el lenguaje, es un medio con el cual se hacen obras de arte (entre otras cosas). Con el lenguaje se pueden elaborar textos científicos, memorandos burocráticos, cartas de amor, listas de supermercado y el París de Balzac. Con la fotografía se pueden hacer retratos para pasaportes, fotografías del tiempo, imágenes pornográficas, rayos X, fotografías de boda, y el París de Atget. La fotografía no es un arte como, por ejemplo, la pintura o la poesía.
La fotografía tiene la capacidad peculiar de transformar todos sus temas en obras de arte. Más importante que la cuestión de si la fotografía es o no es un arte es el hecho de que pregona (y crea) nuevas ambiciones para las artes. Es el prototipo de la tendencia característica de las artes refinadas de la modernidad y las artes comerciales de nuestro tiempo: la transformación de las artes en metaartes o medios. (Desarrollos tales como el cine, la televisión, el vídeo, la música basada en grabaciones que han compuesto Cage, Stockhausen y Steve Reich son extensiones lógicas del modelo impuesto por la fotografía). Las artes plásticas tradicionales son elitistas: su formación característica es la de una obra singular producida por un individuo; implica una jerarquía temática según la cual algunos asuntos son importantes, profundos, nobles, y otros irrelevantes, triviales, vulgares. Los medios son democráticos: debilitan el papel del productor especializado o auteur (mediante la utilización de procedimientos basados en el azar o técnicas mecánicas que cualquiera puede aprender; y mediante los esfuerzos colectivos o cooperativos); tiene al mundo entero por material de trabajo.
Las bellas artes tradicionales se basan en la distinción entre genuino y falso, original y copia, buen y mal gusto; los medios desdibujan estas distinciones, cuando no las anulan directamente. Las bellas artes suponen que algunas experiencias o temas tienen un significado. Los medios carecen esencialmente de contenido; su tono característico es irónico, o inexpresivo, o paródico". (...)
"Una sociedad capitalista requiere una cultura basada en imágenes. Necesita procurar muchísimo entretenimiento con el objeto de estimular la compra y anestesiar las heridas de clase, raza y sexo. Y necesita acopiar cantidades ilimitadas de información para poder explotar mejor los recursos naturales, incrementar la productividad, mantener el orden, librar la guerra, dar trabajo a los burócratas. Las capacidades duales de la cámara, para subjetivizar la realidad y para objetivarla, sirven inmejorablemente a estas necesidades y las fortalecen. Las cámaras definen la realidad de dos maneras esenciales para el funcionamiento de una sociedad industrial avanzada: como espectáculo (para las masas) y como objeto de vigilancia (para los gobernantes). La producción de imágenes también suministra una ideología dominante. El cambio social es reemplazado por cambios en las imágenes. La libertad para consumir  una pluralidad de imágenes y mercancías se equipara con la libertad misma. La reducción de las opciones políticas libres al consumo económico libre requiere de la ilimitada producción y consumo de imágenes".
 Susan Sontag, Sobre la fotografía


Juan Pablo Gómez

Juan Pablo Gómez. 
Director teatral, productor, Dj.


Obras en cartel: 
Recordar 30 años para vivir 65 minutos.
Villa Argüello.





¿Cómo te definís profesionalmente?
Hacerle esta pregunta tan simple a alguien que se dedica al teatro en Buenos Aires puede ponerlo en un aprieto. Me dedico a todo lo que haya que hacer para una obra: sea escribir, dirigir, hacer producción, asistencia, organizar giras y he actuado en varias cosas hace muchos años.
De todos modos, el lugar con el que me identifico es con la dirección. A pesar que es la especialidad que menos plata me ha hecho ganar y eso también es parte del manoseado concepto de “profesional”.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
No sé bien por qué comencé a meterme en el teatro. Un poco de carambola supongo. Tengo claro sin embargo por qué me dedico a esto ahora: es mi manera de entender el mundo, la gente que quiero está aquí y en Buenos Aires me parece una actividad particularmente relevante. Algo que puede hacerse sin ningún tipo de apoyo, puro encuentro entre personas. Encuentro entre personas, siempre difícil, complejo y enriquecedor, durante la producción de la obra y luego con el público. Soy una persona gregaria, no me gustan las actividades solitarias. Necesito gente a mi alrededor para pensar.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
Los primeros años de actuación, sin duda. Actuación entendida como la entendían mis principales maestros, Audivert, Bartís. Un actor que se come un director y lo lleva consigo como consciencia de la totalidad de la obra.
El circo, al cual me dediqué muchos años y de lo cual, en parte, sigo viviendo, me transmitió una relación cotidiana de disponibilidad con el cuerpo y el entrenamiento que me sirve para pensar diariamente el teatro como forma de trabajar con “unos cuerpos ahí”.
Mi tránsito universitario también me abrió la cabezota para pensar el arte no como “proyecto creador individual” sino como proceso histórico, social. Cosa de no inventar el agua tibia cada vez que uno se pone a dirigir, digo.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
A no ser un negado con lo manual.
¿Y lo más hermoso?
Espero que esté por venir, pero cuando un ensayo y luego una escena “funciona” siempre me parece muy hermoso eso de crear ficción con personas vivas.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Del mundo del arte cientos: el cine de Cassavettes, de Hitchcock, la literatura de Lamborghini, de Castillo, de Ramos, la teoría. Del teatro todos, de todos se puede afanar algo. Bartís es una influencia ideológica permanente, de gente de mi generación Mati Feldman, Fede León siempre abren campo para pensar. Y después de todas las situaciones, de las personas en general, de sus mezquindades y grandezas. La gente y su ínfimo tránsito por la vida me emocionan y estimulan a la vez.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
La imposibilidad de hacer un crecimiento relativamente organizado, la falta de apoyo real del Estado, la ansiedad colectiva que genera ese desorden y que se plasma en un solo síntoma: la agenda de un actor porteño.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
La estabilidad económica.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Tres. Voy en baja.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
¡Uno todavía no, pero en eso estamos!
¿Cuántos te esperan ahora?
Dos. Ya dije, voy en baja.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
La obra que ensayo actualmente con la compañía Un Hueco y que se estrena este año. Todo mi tiempo es para ellos.
¿Qué hubo de bueno y de malo?
De malo es que el tiempo desgasta los vínculos, marchita los hallazgos, oxida el impulso. Lo bueno es que seca lo superfluo y que nunca termina de acabar con nosotros.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?

Tengo varias, varias otras profesiones. Pero a todas las amo un poco.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Con la música, el cine y la literatura permanentemente. Con la plástica menos de lo que debería. Es una gran escuela.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Darle la mano a un par de tipejos.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Meterme adentro de un muñeco en una publicidad. Bueno, ahí va una promesa que no sé si cumpliré…
¿Qué estás leyendo?
Ahora mismito Estados fallidos de Noam Chomsky.

¿Qué autores recomendás siempre?
Pablo Ramos, Abelardo Castillo, Aristóteles, Perlongher, Arlt. En realidad ellos no necesitan que los recomiende yo. Inés Acevedo tiene una novelita que para mí es genial, en la que hablan como me gustaría que hablen los personajes de mis obras.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Cualquier barbaridad yanqui que pasen en la tele. Las que repito son porro visual, para no pensar. Las otras, me las acuerdo.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Digamos que si no leíste Chéjov, ni Ibsen ni sabés quién es Pina Bausch es difícil empezar a hablar.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Amplitud de criterio, ganas de pensar artísticamente. Se dice fácil pero no es tan sencillo.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Feldman, León, Spregelburd. Siempre se encuentra algo ahí.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Con todos. Con los actores con los que trabajo en primer lugar, ellos son los interlocutores permanentes. Después molesto a todo el mundo: para que lean la obra, para que vengan a un ensayo, para que opinen. Escucho mucho, ¡tal vez demasiado! A veces me mareo. Esta obra que estoy por estrenar la leyó Kartún, la leyó Walter Jakob. Ellos tienen mucho “olfato para la estructura” como se dice. Y Feldman vino a ver algún ensayo, vendrá a ver otros. Con Horacio Banega discutimos todo lo demás, solo para sacarle filo a las ideas. Son como primos a los que uno les consulta todo.
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones?
Pido, claro. Siempre es una ayuda. Proteatro, INT, FNA.
¿Por qué?
Más allá del dinero, la instancia de la presentación de subsidios o apoyos suele ser un momento para organizar todas esas ideas sueltas sobre un proyecto. Básicamente para qué lo quiero hacer, además de porque se me canta.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Mi trabajo está acá. La gente que me gusta como actúa, es dónde se como moverme. Cada vez me tiene más podrido como ciudad pero es una dicotomía insoluble por ahora.
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Varios. Mis primeros viajes como asistente de R. Spregelburd me conectaron como el ancho mundo del teatro allende Buenos Aires. Laburamos en forma y tuve mi primera responsabilidad en serio en el teatro. Junto con el equipo movíamos un espectáculo bastante grande. Y después laburando con Mariano Pensotti también. Grandes festivales y grandes ligas. Me enseñaron varias cosas (que igual no aplico): el concepto de “show” (en el sentido de lo complejo y organizado que hay que estar para trabajar el vivo del teatro fuera de la salita independiente) y también cierta des-localización del teatro como espectáculo. No estar creando siempre para el espectador porteño, relativizar cierto chauvinismo teatral donde se supone que es más “sincero” lo que refiere a un “nosotros”. Eso muchas veces termina reduciéndose a una idea remanida sobre ciertos tópicos y ciertos modismos a la hora de actuar, de crear.  Y el “nosotros” puede ser un enunciado muy productivo y poético a la vez: “Nosotros los que estamos acá viendo esto”.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Tengo una lista de ideas y cosas que quiero probar pendientes. Así que cuando sale una, ya hay otra en la línea de largada. Igual, no soy muy productivo así que es un proceso que lleva años.
¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Ni a palos.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Algunas obras punteadas en varios cuadernos dispersos. Trabajar otro tipo de formato escénico, algo menos “obra”. Laburar en un teatro bien grande. Aprender a escribir más, darle más bola a eso. No como finalidad pero si como base estable para un proyecto.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Caótico pero sí. Un claro corrimiento hacia la dirección desde que empecé a trabajar. Igual, como ahora estoy por estrenar todo es duda y replanteo. Clásico.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
No poder congeniar una actividad que, por lo menos en Buenos Aires que es lo que más conozco, te obliga a convertirte en una Pyme full time de uno mismo, con otros intereses no artísticos que tengo. Vivir en un lugar más lindo, por ejemplo, con más naturaleza a mano. Me falta.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?
Vida bohemia.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
A lo anterior me parece.

Roger Wolfe

La verdad, por fin

Todo el día
queriendo redactar este poema
y ahora no recuerdo
qué se supone 
que tenía que decir. 

Los buenos escritores - no hace falta
repetirlo - son aquellos
que saben siempre, exactamente, 
cuándo no deben escribir. 

Pero ése
evidentemente
no es mi caso. 

**

Metafísico estáis

El tipo dijo
con palabras elogiosas
que en el fondo
le agradezco:
"... he aquí el milagro
de una lírica
que se construye
en el vacío...";
y miré los muros
de esta casa
que no es mía
y no hallé cosa
en que poner los ojos
que me ayudara
a pagar el alquiler.

Y tuve que darle
la razón. 

**

Una bandera blanca no tiene por qué ser necesariamente una toalla

A veces
hay que descender
de las alturas
Caminar una vez más
entre mortales
Reconciliarse un poco
con la mediocre
comodidad
del que se permite
ir existiendo sin hacer
tantas preguntas
Sentarse por ejemplo
ante la tele
Poner películas
de vídeo
Llamar por teléfono
para lanzar un esoese
o confesarle a alguien
que le quieres
Enviar felicitaciones navideñas
a conocidos, hermanos
y demás familia
Hablar de política
con la mujer
de la limpieza
Comprar pipas con sal
o un cupón 
de lotería
Hacer de cicerone
Sonreírle a una solterona
Decir gracias en el banco
Dejar pasar a una viejita
que te clava la punta
del paraguas
en la cola
de la tienda
Leer el Hola
en la taza del váter
o en la consulta
de un dentista
Inclinarte y hacer muecas
gilipollas
delante del bebé de la vecina
Decir: "Qué día más espléndido"
o "Cielo, pásame la sal"
o "Tus ojos me recuerdan
al lucero de la aurora" 
Comprarte una corbata
Guiñarle el ojo
a un parapléjico
Solidarizarte con un guardia
en un atasco
Interesarte por el hijo enfermo
de la estanquera
Escuchar declaraciones
de un político
y no sentir asco
ni odio
sino pena
(quiere decirse
compasión)
Aceptar que hay gente
para todo: 
aficionados al fútbol
comedores de caracoles
lectores del último Planeta
taxistas
policías
acomodadores
porteros
conductores de autobús
traumatólogos
psiquiatras
funcionarios de Correos
(y que si uno ha tenido
un poco más de suerte
no es por su cara bonita
sino por algún prodigioso
y bendito accidente
de la biología)

A veces
-sólo a veces - 
hay que bajar de las alturas
- o subir
de las profundidades -
y atreverse a ser estúpido
y feliz
sin necesidad siquiera
de estar enamorado
y recordarse
que la guerra todo el tiempo
puede acabar
con el más grande estratega

Salir por un momento
de la Obra
y si esa bala
que -desde algún lugar
más o menos alejado
en el tiempo y en el espacio -
ahora mismo
viene a por ti
te alcanza
entretenido
en alguno de estos
mezquinos menesteres
que no se diga
que no estuviste aquí
que no te pringaste
como el mejor cantamañanas
que no fuiste del todo
un ser humano.

**

Días sin pan, ed. Renacimiento, 2007. 

Leticia Martín

Escritora. 
Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Docente. 

www.cadadiafaltamenos.blogspot.com 
www.revistatonica.com






¿Cómo te definís profesionalmente?
Redactora.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
Soy de las personas que van uniendo puntos en la vida y creen que todo es por algo y para algo. Defecto profesional de los que trabajamos con el sentido. Me recibí de Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Redactora publicitaria, pero mi vocación es la escritura. Muchas veces desprecié mi trabajo de redactora por considerarlo superficial y extremadamente pragmático, sin embargo esa experiencia colaboró en que desarrollara cierta síntesis a la hora de escribir a la vez que desplegó mi pensamiento en imágenes. También estudié teatro, dramaturgia, periodismo, hice talleres de escritura, fotografía y filosofía. Soy una especie de piedra inacabada que le encontró el gusto a la autoformación y que goza en ese estado.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Que hay que hablar menos y escribir más.
¿Y lo más hermoso?
Que con las mismas palabras se pueden decir cosas distintas.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias?
“La influencia es simplemente, una transferencia de personalidad”, escribió alguna vez Harold Bloom, intentando explicar esa angustia que los escritores sentimos al descubrirnos replicados, siempre, en los escritores precedentes. Todo está inventado. Todo ya fue visto, dicho y oído. Sólo podemos recrear, intentando despegarnos de ese fondo del que venimos, en la búsqueda de la novedad. Esa tarea es angustiante y demoledora. Más adelante, en el mismo texto al que hacía referencia, Bloom cita a Kierkegaard. “Cuando dos seres se enamoran y empiezan a sentir que están hechos uno para el otro, ya es tiempo de que se separen, puesto que si siguen juntos tienen todo que perder y nada que ganar”. La imagen de esa “transferencia amorosa total” resulta contundente para pensar las influencias. En otro momento yo hubiera respondido nombrando autores, tecnologías, lecturas que hago a diario, prácticas que ejerzo y contactos que mantengo. Sin embargo últimamente estoy centrada en ese cierre sobre uno mismo y en la búsqueda de lo propio que necesita del impulso de corte y la sepultura de lo precedente. No quiero nombrar a nadie. Mis autores insignia se nombran a sí mismos en lo que escribo y brotan por mis poros aunque quiera esconderlos para apropiármelos sin que se note.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu escritura?
En cierta entrevista, Jean Cocteau respondió que: “sin resistencia no se puede hacer nada”. Yo diría que lo que más me duele son mis propias incapacidades. Sin embargo en ese mismo lugar del límite habita mi deseo de superación. Los límites marcaron para bien y para mal mi existencia.
¿Creés haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
La idea de sacrificio me lleva a pensar directamente en la cuaresma, al ayuno y la abstinencia. En suspender un placer en pos de algo “superior”. No creo en el sacrificio como motor de nada. Pero a la vez esa idea vive en algún mosaico irremovible de mi inconsciente. Pese a todo, prefiero hablar de disciplina. La disciplina me permite ordenar el trabajo y relegar la pereza, la comodidad y la modorra; estados que pudren cualquier objeto de deseo.
¿Qué proyectos te esperan en 2015?
Terminar de escribir una novela.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Intento disciplinarme en el ejercicio de reunir toda mi energía en pocas cosas, pero mi espíritu libre y curioso se disgrega en sus miles de formas y posibilidades cada vez que puede. En 2014 le dediqué mucho tiempo al trabajo de lectura y escritura que desarrollamos con un grupo de narradoras y poetas y que nos llevó a juntaros asiduamente y trabajar muchas horas en la puesta en escena de ese trabajo.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Digamos que podría vivir de lo que amo.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Suelo estar cerca de las artes dramáticas. Me atrae más el teatro de la palabra que el despliegue físico de los cuerpos y las danzas. Disfruto mucho visitar museos y escuchar voces femeninas, bandas de chicas, guitarristas, bateras, bajistas. La mujer es lo mejor que le pasó al rock.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Trabajar gratis.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Verle la cara al hijo de re mil putas de Enrique Federman.
¿Qué estás leyendo?
La amargura metódica, de Christian Ferrer, Las redes invisibles, de Sebastián Robles, Desplazamientos, de Mario Levrero. Sí, todos a la vez, yendo y viniendo.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
No soy nada cinéfila. Sin embargo hace poco me compré Blade Runner. Me gusta Los puentes de Madison y todo objeto simbólico en el que participe Clint Eastwood. También banco a Hitchcock, su capacidad de tejer tramas sin soltar la intriga. FAV a La sogaLa ventana indiscreta e Intriga internacional. Soy fun de aquella serie televisiva que él mismo presentaba. “Alfred Hitchcock Presents”.  Siempre me gustó esa capacidad de adaptación al medio del viejo.
¿Qué artistas te resultan imprescindibles?
El arte es prescindible. Necesario y vital, pero prescindible. Me copa lo que hizo Claudio Tolcachir en Timbre4. Un polo creativo. Un lugar donde mucha gente disfruta y trabaja, mientras hace lo que elige. Creo que Claudio es un gran ejemplo para nuestra generación.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Que se tomen muy en serio lo que hacen. Con humor, pero muy en serio.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Leo y respeto a Nicolás Mavrakis y Juan Terranova con quienes, además, comparto el espacio de un proyecto educativo: elcec.com.ar 
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo a alguien?
Paula Puebla es un lindo espejo y una gran confidente.
¿Pedís subsidios para tus proyectos?
No.
¿Por qué?
Cuando lo hice me fue mal. Sin padrinos ese camino no tiene salida.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Porque desde que caí en Puán para cursar el CBC de mi carrera, allá por los años 90, le tomé el gusto a las grandes diferencias de que gozan los demócratas que viven de este lado de la General Paz, además de dejarme encandilar por las luces y marquesinas de la avenida Corrientes. 
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
En 2009 la Universidad de San Salvador de Cali me invitó a unas jornadas que fueron la excusa para que conociera buena parte de esa Ciudad y otras muy cercanas. A la vuelta de ese viaje comencé a escribir mi primera novela.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando me enamoro de lo que estoy haciendo y nada logra anteponerse entre ese deseo y yo.
¿Tenés un sistema personal de trabajo?
No sé si un sistema. Sí tengo un ritmo. Unos horarios de trabajo que respeto como si fuera el turno del analista. Ese ritmo, además de repetirse, logra ser continuo y estable. En esa disciplina, a veces, aún a cuesta de mí misma y avanzando en ese esquema que parece rutinario y mecánico, conecto con algo que es como un salto, un grito, una vibración de otro orden (como diría Levrero).
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?

Me preocupa muy poco lo que viene. No es por robarle a Marguerite Duras, o a Clarice Lispector -que por otro lado no sería novedoso- pero mi deseo es ahora, ya. Mi pendiente es dentro de un minuto.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?

Me la chupa esa palabra. La pondría junto a “sacrificio” bien adentro del culo de un mandril.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?

El deseo. Perderlo. Olvidarlo. Confundirlo. Que se opaque.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  

Pienso. La máquina de pensar se detiene muy pocas veces.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?

No me imagino muy lejos de acá.