Así es la vida / dicen



y suspiran / cada vez más seguido / quienes miran / sin ver / quienes corren / cansados / sin destino o prudencia / quienes no buscan / nada / pero quieren / de todo / por las dudas. 

Así es la vida / dicen / los callados / los que igualan las sombras / y gastan los espejos / desterrando al vacío / pasados y misterios / porque nada florece / ni espanta demasiado / mientras lavan sus manos / en fuentes del olvido. 

Así es la vida / dicen / los que dicen / cuando no dicen nada / y construyen palacios / con diamantes / y tiempo detenido / donde impera la inercia / del deshielo / y suceden los hechos / pese a todo. 

Mientras tanto / nosotros / sin desdecir / vivimos. 


m.trigo

Foto: Víctor Pacini

Quignard

"En lo que respecta a los hombres, son más perversas las virtudes que los vicios consumados.  Ni la razón, ni la bondad, ni la justicia, ni el amor, ni la piedad, ni la generosidad son fuentes de pensamiento tan dignas como podrían parecer. Nadie es bueno voluntariamente. El espíritu es siempre más grosero que el cuerpo en sus funciones más humildes. Se cierne sobre nosotros una somnolencia infernal. (...) A causa de este fondo podrido y de la noche original que nos envuelve, nuestra naturaleza es siempre doble. Cubierto por el velo de los sentidos, el hombre no percibe más que la sombra de su verdadero deseo, y se lanza hacia esa parte oscura e inconsciente que el sol o las llamas dejan detrás de las cosas y los cuerpos". 

"Todo es único y todo es dos. (...) Pero quien muere es cada uno. Nunca se desmorona la misma felicidad cuando un hombre y una mujer se separan, aunque sea siempre un abrazo eternamente parecido el que una a un hombre y a una mujer cuando se aman. Nunca cae la misma lágrima, aunque sea siempre el mismo abandono el que cause el mismo sufrimiento. Nunca un hombre cualquiera muere, aunque sea desde siempre una única muerte la que nos hace dejar de respirar y nos priva de la visión de la luz". 

"La belleza es la llama de una vela en medio de la tristeza, del dinero, del desprecio, de la soledad, de la noche. 
El aliento de un niño la curva; un soplo la amenaza; el viento la extingue definitivamente". 

Pascal Quignard.

Georges de la Tour, ed. Pre -Textos, Valencia, 2005. 

Trigo by Trigo

Cuando este año comenzamos a desarrollar la idea de estas entrevistas mediante un cuestionario, nos comentaron que estaba bueno. Demasiadas preguntas quizá, algunas incómodas si las respuestas se pensaban con calma y sinceridad... pero casi todos los que participaron encontraron que tomarse el tiempo de interrogarse sobre tantas cosas que damos por sentado fue un ejercicio interesante. No aspirábamos a otra cosa. Decidí someterme al juego, aprovechando la inflexión del fin de año para echar la vista atrás. Reconozco que no fue tan fácil como creía, pero pude. 

La idea es seguir subiendo entrevistas. Leer a otros para darnos cuenta de que sí, estamos locos, pero no solos. Y sí, nada es lo que esperábamos, pero seguimos adelante porque a estas alturas aprendimos que el camino más largo sigue siendo el mejor, el más accidentado. 

Gracias a todos los que colaboraron. Y los que conservan el cuestionario entre sus tareas pendientes, serán bienvenidos en cualquier momento. Es bueno saber que están ahí. 








Actriz, poeta, directora de teatro


Foto: María Kusmuk

¿Cómo te definís profesionalmente?
Trato de no hacerlo, lo evito. Tengo tres licenciaturas que nunca ejercí. Entro en crisis existencial cada vez que tengo que rellenar el casillero de profesión en un formulario. Cuando estoy de humor digo que soy actriz, poeta y directora de teatro mientras no se demuestre lo contrario. En cualquier momento pueden desenmascararme. 
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Crecí con y gracias a los libros y el teatro. Dan sentido a todo lo demás.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
La lectura. Y más que disciplinas, maestros. En cada rama que estudié tuve la suerte de encontrar alguno inspirador que compensaba a muchos ineptos. Fueron determinantes las clases de teatro que empecé a tomar a los nueve años con Cruz García en Valladolid, varios docentes responsables de mi amor por la palabra y el cine – Dionisio García, Javier Pascual, Sacramento Portero, Jorge Praga -; Javier Castán, que modificó mi forma de estudiar en el primer año de Historia del Arte, y mis dos años de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada – Pilar Rubio, Javier García Rodríguez y José Luis de la Fuente -. Después, por supuesto, mi formación teatral en Buenos Aires junto a Claudio Tolcachir, Tamara Kiper, Verónica Oddó y, desde que comencé a leerlo, escucharlo y tomé sus clases, Mauricio Kartun, faro inspirador en medio de todas las tormentas. 
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
Soy mi peor enemigo.
¿Y lo más hermoso?
Dos cosas: los grandes maestros siempre están disponibles y el trabajo en equipo es un privilegio.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
La tele que me crío y una larga lista de artistas a los que convertí en amigos. Están muertos, así que no les jode que abuse de ellos cuando la vida se pone puta. A eso, sumemos el teatro independiente porteño de los últimos diez años.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
Su incompatibilidad con lo que llamamos vida.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
Sí, dos fantasías que antes iluminaban mi horizonte: una mínima seguridad económica que llegaría con la vida adulta y una pareja estable que bancara mi temperamento. (Artístico, sí, pero de mierda). Hace años que esos espejismos desaparecieron del paisaje.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
Demasiados.
¿Todos llegaron a mostrarse o estrenarse?
Por suerte, no.
¿Cuántos te esperan ahora?
Espero que los más antiguos sigan funcionando pese a la nefasta conyuntura en la que estamos. Hay unas cuantas novedades que espero que me ayuden a capear la angustia y la impotencia que el futuro nos promete. 
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
En 2014 estrené Por eso las curitas, un unipersonal sobre mi infancia para el que llevaba toda la vida preparándome sin saberlo. Hace cuatro años que sostengo un proyecto poético que podo a diario. Fruto de ese trabajo el mes pasado presenté Polaroids de aeropuerto bajo lluvia y otras breves escenas sin Bruce Willis, poemario ilustrado por Dalmiro Zantleifer que nos tiene felices. 
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Amo mucho de lo que hago para pagar cuentas que odio. La vida es una fiesta.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Fotografía, pintura y cine. 
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Vivir en un teatro.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Casarme.
¿Qué estás leyendo?
Como sólo la muerte es pasajera, de Alberto Szpunberg y los diarios de Cheever.
¿Qué autores recomendás siempre?
McCullers, Berger, Uhart, Saer, Fresán, Cozarinsky, Xuan Bello.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Cantando bajo la lluvia, Con faldas y a lo loco, Regreso al futuro, Las horas, Las canciones de amor, Los amores imaginarios, Con ánimo de amar, Amanece que no es poco, la trilogía de los colores de Kieslowski, Persépolis, Pretty woman, cualquiera de Bruce Willis... Cuando una peli me gusta la repito una y otra vez, soy como los nenes, me tranquiliza conocer los desenlaces y me enamoro de los personajes. 
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Considero imprescindibles a los que no puedo asumir, los que me rompen la cabeza sin teoría que me los traduzca, los que tienen obras donde podría mudarme a vivir. Miguel Ángel, Rodin, Gaudí, Rothko, Buñuel. 
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Compromiso. El laburo creativo genera vínculos similares a los de cualquier pareja, incluso peores. Aspiro a que el encuentro merezca la pena.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
Espero como agua de mayo los libros de Rodrigo Fresán. Sigo los textos y obras de Tolcachir, Loza y la dulpla Jakob - Mendilaharzu. Admiro mucho el trabajo de Juan Pablo Gómez con la compañía Un Hueco. Trato de seguirle la pista a Ignacio Masllorens. Agradezco la existencia de Mauricio Kartun.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? ¿Pedís consejo o asesoramiento a alguien de confianza?
Creo que hablamos muy poco (o muy mal) sobre qué implican los procesos creativos. Las necesidades, los miedos, el deseo... Todos atravesamos instancias parecidas y nos sentimos perdidos, vacíos, repetidos y solos. Considero vital contar con gente en cuyo criterio confío, capaces de señalar lo que no funciona o simplemente que se presten a leer o escuchar. A veces solo necesito eso. Soy muy privilegiada. Estoy bien acompañada. Mi gran problema es aprender a pedir ayuda sin sentirme un incordio.  
¿Pedís subsidios para tus proyectos? ¿A qué instituciones? ¿Por qué?
En cuatro ocasiones pedí subsidio a Proteatro. Me concedieron dos. En todos los casos mis colaboradores consideraron que merecía la pena intentarlo. Personalmente lo evito. No me gusta tener que justificar cómo gasto el dinero y, por otro lado, no me convence que el Estado subsidie mi arte. Preferiría que subsidiara mi alquiler. El arte subsidiado aniquiló gran parte de la creatividad española. Me genera muchas contradicciones.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
No fue premeditado. La ciudad me atrapó. En más de una ocasión, viajando, al llegar a mi destino y prender la tele lo primero que apareció fue un documental sobre Buenos Aires. Me sigue a donde vaya. Decidí quedarme por el teatro. Siempre digo que parecemos estar sobre un epicentro sobrenatural que hace que lo escénico prolifere desmedidamente. Si no fuera por eso, podría estar en cualquier otro lugar. Renuevo mis votos cada año. 
¿Hay algún viaje que marcara un antes y un después en tu trabajo?
Agosto del 2002, la primera vez que vine a Buenos Aires. Entendí cuánto más podía ser el teatro. También me recibí como poeta tras ese viaje. Esta ciudad me otorgó licencia para crear.
¿Cuándo te das cuenta de que tenés un nuevo proyecto entre manos?
Cuando lo comparto con quienes quiero que formen parte.
 ¿Sentís que tenés un sistema personal de trabajo?
Cada proyecto demanda algo diferente y cuando estoy hasta las manos con uno juro no volver a complicarme la vida con nada parecido, pero antes de darme cuenta ya estoy en otra. Con el tiempo adquirí herramientas y algo de paciencia pero el modo en que logro hacer uso de eso no responde a un sistema. 
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Andar en moto. Mucho que leer, obras que ver. Retomar Por eso las curitas y llevarlo a España para compartirlo con quienes me vieron crecer. Trabajar en un espacio que gestionen otros. 
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
Sí, un estribillo de Ricky Martín. “Un pasito pá’lante, María, un pasito pá’tras”.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
El futuro llegó y Michael J. Fox tiene parkinson. Esto no se parece a nada que hubiera imaginado, nunca me imaginé con esta edad. Me preocupa absolutamente todo.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Leo, voy al teatro, veo películas y/o vuelvo a ver una y otra vez Northern Exposure, Six feet under y Los Soprano. Envío emails whatsapps que no debería.       
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
Eso quisiera saber. 

**
Por eso las curitas: www.poresolascuritas.blogspot.com 
Polaroids de aeropuerto bajo lluvia y otras breves escenas sin Bruce Willis. 

Las estrellas que se encienden

El mio saludu dominical

CAMINOS SECRETOS
LAS ESTRELLAS QUE SE ENCIENDEN

Hoy a mí, que como tantas veces no me puedo soportar a solas conmigo, me hace falta un poema, unos versos sueltos que sean necesarios como el pan de cada día, como el vaso de agua que nos descubre la alegría de estar vivos. Me hacen falta unas palabras que consuelen y nos despierten, que digan lo esencial y nos propongan, sin lugar a ninguna duda por un momento, que la vida es la llave que abre no las puertas de la muerte sino las de la vida.

Hoy, día de las elecciones más decisivas de la reciente e imperfecta democracia española, espero por unos versos. Es poco, no pido mucho. Los busco en mi memoria y acudo a los míos: a Blas de Otero, que nunca me defrauda; a Joan Vinyoli, que ha traducido tan bien Antón García al asturiano claro; busco unos versos, un poema: ¿estará en una canción que escucho por la radio, en un libro que se oculta en la estantería, en la conversación descuidada del bar que atiendo mientras cumplo con el rito del domingo? ¿Podría ser acaso ese poema que busco aquel de Maiakovski, que leí con desasosiego a mis quince años?: «Si las estrellas se encienden, ¿es por que alguien las necesita?».

Necesitamos las estrellas que iluminan la noche aunque sabemos que se encenderían con igual belleza aunque no estuviésemos. El azar reparte cartas malas en esta mano de la Historia: crisis, reacción, incertidumbre; Francia estuvo al borde del abismo y sólo un pacto desesperado permitió que la vergüenza se aplazase, unos años, en Europa; sobre el tapete verde del mundo descubrimos signos que dicen a medias. Por eso hoy yo necesito un poema. Sólo un poema. Unas palabras bien dichas que permitan ir y venir de la memoria al presentimiento sin miedo: al presente, esa incesante patria fugitiva que la que estamos de paso, sólo se llega cuando las palabras y los hechos concilian pasado y futuro. El presente es la tierra que conquistamos para perderla de nuevo: somos sombra que se apaga irremediablemente y luz futura que se extinguirá. ¿A quién le extraña que temblemos en la duda?

Necesito unos versos que sepan a pan, a agua clara de la fuente de la infancia. Un paso firme pueden ser unas palabras humildes. Un paso firme que se da con la seguridad de ser temor y temblor, es cierto, pero también fortaleza de quien peregrina sin descanso con todos los suyos hacia la Ciudad Justa.

Me temo que mañana, tras el cómputo de la voluntad popular, todo será como siempre decepción y esperanza. A nadie le habrán salido las cuentas tal y como las ha echado y sin embargo a todos y a cada uno de los políticos, vencedores y perdedores, sabrán aprovechar la coyuntura: es su oficio y para él se han preparado arduamente leyendo, noche tras noche, las ásperas páginas de la estadística. Pero la coyuntura no es el presente sino la oportunidad de avenirse a las exigencias propias del día a día. El presente es la patria de los individuos, que uno a uno suman a todos, y la coyuntura sólo el endeble chiringuito de quienes se organizan para decir, día a día, qué se tiene que hacer en casa de cada uno. Es lo propio, por desgracia, de la política de nuestro tiempo.

El presente es el poema. Ese poema que no encontramos ni en nuestra memoria ni en nuestro presentimiento. Ese poema que dice y que cada uno interpreta a su manera dándole distintos significados, incluso contradictorios. Ese poema que maravilla y produce el milagro del diálogo. Ese poema que no engancha sino que cautiva. Ese poema que ahonda en el alma descubriendo la piel y la herida. Ese poema que ya ha sido escrito, que se está escribiendo ahora mismo, que se escribirá mientras alguien esté vivo para mirar en la noche sin certezas las insomnes estrellas. Ese poema que salva un amor, que justifica una vida, que es himno, elegía y destello.

Ese poema: un puñado de palabras justas.


Xuan Bello

https://www.facebook.com/xuan.bello/posts/10153773917910902

Lo (poquísimo) que sé del amor

Lo aprendí de las tele, los libros, el cine y unas seiscientas novelas rosas consumidas en la calentura adolescente. El mejunje resultante alteró mi tracto digestivo de la realidad y difuminó mi horizonte de expectativas convirtiendo cada desierto en el espejismo de un oasis con tesoro oculto y todo. Cualquier parecido entre lo que alguna vez pensé que era el amor y sus alrededores, y lo que la vida puso en mi camino como prueba, es mero efecto de alguna resaca. Siempre me enamoro mal y de la persona menos conveniente. Está encuestado y constatado. Escribo "me enamoro", asumiendo que sigue siendo un verbo de múltiples acepciones y traducción desconocida. 

Descubrí que el amor funciona joya como arquitrabe ficcional por eso de que todo relato ordena el mundo para hacerlo comprensible o imitable. Pero la vida desconoce la perfecta estructura de los guiones made in Hollywood, ritma poco y secuencia cuando se le canta sin colgarte nunca el bendito cartel de sanseacabó. Las historias de amor funcionan bien porque cuentan con títulos de crédito redentores. 

El amor entretiene pero no resuelve. Lo perseguí durante años convencida de que me haría feliz. Cuando lo alcancé me hizo tres millones y medio de cosas por segundo en cada ocasión, pero feliz no es precisamente un adjetivo asociado a ninguna de las experiencias. En todo caso, quizá después, al rebobinar, acá y allá aparecen escenas donde sí era feliz, pero sin darme cuenta, que es como pasa la felicidad por la puerta, sin banda sonora a tono, camuflada de vida, y vos ni puta idea en el momento.

Uno de los grandes síntomas de mi estado amoroso es el aumento del volumen y tamaño de mi estupidez. A otros les sienta bien, se vuelven eficaces, complementan, comparten... Dicen. A mí me pega la ceguera y no doy pie con bola. Abandono mi vida y exilio mi cerebro. Y, como en el caso de la felicidad, tampoco lo registro en el momento, así que los efectos secundarios y colaterales a corto y largo plazo son devastadores. 

Asomada al barranco del amor la única ventaja que veo es que su fondo ya no me resulta tan atractivo. Sé que puedo arrojarme y hacerme mierda en la caída pero conseguiré poco más que un lindo enchastre. La vida, quién lo iba a decir, es más larga que todos los culebrones juntos. El amor es una casilla más del tablero pero no el premio o el final del recorrido. 

El amor se expresa de infinitas maneras y se proyecta en casi cualquier cosa que nos propongamos. Es triste que en tantos siglos de especie sigamos considerando la dupla como el formato conveniente. Se trata de un pensamiento primo hermano tonto del que nos lleva a considerar que la democracia es un gran invento y el capitalismo el único sistema compatible con nuestra existencia de hormigas explotadas. Nos gusta ser esclavos de la inercia. 

"El amor es un deporte mu raro y como vicio bastante caro", cantaba la Cabra Mecánica en un alarde de soberanía popular, y al tararear con ellos sabíamos perfectamente cuántas flexiones y calambres tenía nuestro torpe corazón encima y cuantísimo tiempo, sueño y sangre habíamos perdido en esa ruleta rusa donde nadie gana nunca. Son cuentas muy precisas, se hacen solas. 

Hace décadas que estoy profundamente enamorada de la idea de estar enamorada de alguien con quien, por suerte, toda vida práctica es inviable. Hace años que otro amor acompaña en silencio mis delirios y banca mis desplantes de nenita de cinco que quiere el cuento antiguo completito. En el medio, la vida sigue igual. Duele y cansa lo mismo. Soy un poco más vieja, más rubia y menos Vivian Ward esperando a Edward Lewis, por eso de que Putanieves y el príncipe no va más. 

"Solidaridad y memoria". J. Boccanera

"Alguna vez el término humanidad designó una comunidad planetaria, una sociedad plural. Era una palabra abarcadora de la complejidad del ser, su sentir, su lucha diaria, si inventiva y su devenir histórico. Nombrarla era sentir el latido de la especie y vislumbrar las entrañas de aquello que percibimos como futuro; una palabra ubicada más allá de la abstracción que supone la mención del cosmos y lejos también de denominaciones interesadas como civilización y progreso, sospechosamente de la mano del colonizador.

Ahora, que el objeto ha reemplazado al sujeto, decimos globalización, como si ese término ocupara el espacio de la palabra humanidad, que parece haber extraviado sus rasgos esenciales, su naturaleza. A una humanidad sin lo humano, entonces, le correspondería una mundialización sin mundo; miseria y alineación en el modelo de desarrollo impuesto por el capital financiero que, además, resulta ecológicamente insostenible.

La globalización devastadora que en todas partes se siente en su casa, rebaja esa impronta de humanidad en sucesivos ajustes estructurales que empobrecen mucho más allá del salario; porque afectan la historia, la creatividad, la autoestima, la memoria, la dignidad, la alegría, la conciencia, la posibilidad del mañana. La alternativa a ese modelo involutivo es reconfigurar la democracia a la medida del hombre. Para ello es imprescindible restaurar el sentido común, ver con los ojos de la conciencia; discernir entre el "abarcar" de la globalización y el "conectar" de la solidaridad. Podría decirse que un rediseño de la sociedad en tanto seres que procuran un bien común, es posible desde el acto mínimo de distinguir aquello que vale la pena, encontrar un sentido allá donde sólo se percibe utilidad. Valer la pena, también remite a merecer. Para merecer una sociedad diferente, es necesario mantener la mirada crítica hacia lo establecido, avivar el debate, habilitar lazos sociales, construir redes alternativas resistiendo el pensamiento único y las formas de discriminación, disputar espacios y llenarlos de contenido. En palabras de Scavino, el compromiso ético pasa, además, por sostener el propio deseo. Todo ello resulta sumamente arduo cuando desde los centros de Poder se procura un ciudadano descartable, confundido entre el deseo y la tentación, impedido de reconocer sus necesidades y de desplegar sus potencialidades". 


Jorge Boccanera

"Solidaridad y memoria: una idea de reciprocidad en siete miradas breves", Dulce Equis Negra, n°2, octubre 2005, pp. 74-79. 

Lennon

"Dios era de Liverpool y tenía cuatro cabezas". 
Benjamín Prado



Dear John, 

only you y yo sabemos lo mucho que te quise allá lejos y entonces. Lo que lloré por vos con dieciseis añitos, nacida con retraso para todo lo bello y lo importante. Parecía que toda la verdad ya había acontecido en este mundo y que mis días eran sesión continuada de alguna peli mala. Encontraros fue una suerte de patria clandestina. El mundo se hizo beatle. El walkman, aquel ladrillo a pilas que viajaba conmigo a todas partes, me inundaba los oídos de raras nostalgias que no catalogaba todavía. Tuve una remera con la portada del Sgt. Pepper's... que me convertía en mujer anuncio de la banda. Compensaba así mi ausencia en los conciertos agitando melena como loca. 




Sigue acá: 








#Fresán

Una vez te preguntaron acerca de la inspiración y dijiste que tus mejores ideas te venían cuando lavabas los platos.

Es verdad, a mí todas las mejores ideas se me ocurrieron lavando los platos. Siempre. Debe tener que ver con algo de la temperatura de las manos, alguna cosa primal del agua, del líquido venimos y al líquido vamos. Se me ocurren escenas, frases, soluciones, desato nudos. Siempre tengo una libretita a mano y apunto.

¿Te parece que se puede enseñar a escribir?

No. Se puede enseñar a leer, pero no a escribir, porque se trata de un acto solitario. Te pueden dar una lista de libros y decir “tenés que leer esto”, pero…

Pero en ese aprendizaje de leer, ¿se puede aprender a escribir?

Yo creo que la escritura es un reflejo de la lectura. Cuando uno lee algo que le gusta, dice “cómo me gustaría provocarle esto mismo a alguien”. Hay un poco una cosa soberbia, narcisista, evangélica.

¿Y qué opinás de todas estas escuelas de escritura creativa que existen en el mundo?

Creo que sirven para que toda esa gente que quiere escribir se encuentre. Yo siempre supe que quería ser escritor y estuve rodeado de escritores pero, de repente, hay una persona que es hija de abogados que quiere ser escritor y sus padres están completamente en contra porque debería heredar el bufete y no tiene ningún lugar donde relacionarse, bueno, para eso sí puede servir, siempre y cuando no genere una relación adictiva y dependiente con el maestro, cuasi psicoanalítica, de que están años ahí. En algún momento, como de todo lugar, tenés que irte. Y está bueno conocer a gente que está más o menos en la tuya. También puede ser una buena manera de conocer escritores que te interesen, y también de desilusionarte.
Además hay gente que necesita que le den las cosas de manera metodológica. Yo nunca tuve ningún método de lectura: iba saltando de un libro a otro.

¿Pero creés en esto de la profesionalización del oficio? Eso es lo que te “venden” los masters.

Ojo, en EEUU es muy diferente porque los talleres de escritura están muy conectados con las universidades, lo cual te permite ser profesor de literatura. A determinados campus acuden agentes literarios, etc.

Vos estuviste en Iowa, ¿cuál fue tu experiencia?

Iowa a mí me parece genial si tenés 22 años y tenés un libro publicado en una pequeña editorial y decís “voy a escribir mi primera obra maestra”, pero si ya tenés cinco ó seis libros publicados, como era mi caso, con traducciones, la verdad es que no me aportó gran cosa. Además es un lugar al que llegás con 40 grados de temperatura en agosto y cuando te vas hay 40 grados bajo cero y sos un poco como Jack Nicholson en El resplandorestás en un edificio vacío y te vas a tomar un bourbon a un bar y cuando entrás están todos los tipos con rifles, con camisas a cuadros y te miran fijo a ver quién entró. Yo siempre decía que si yo seguía en Iowa me iba a suicidar y después me iba a volver loco.


Entrevista completa:
http://continuidaddeloslibros.com/entrevistas/178-fresan-escribo-como-grababan-los-beatles

Paco Zaranda

"La creación te lleva a interrogantes: yo me pregunto cuando estoy montando. Cuando terminas de hacerlo, es el que va al teatro el que se lleva esas preguntas. Hacemos un teatro donde no hay buenos ni malos, los personajes pertenecen a la conciencia del espectador. Cada trabajo tiene sus preguntas y las respuestas son nuevas preguntas, que nos llevan a hacer una nueva creación. Que el espectador se haga preguntas es lo que hace que el teatro siga vivo. Cuando no tenga nada más que preguntarme dejaré de hacer teatro. Mientras me pregunto estoy vivo".
**
"Uno ya tiene unos años en este oficio y hay nuevas necesidades. El que uno sea fiel a sus principios no quiere decir que tenga que tener la misma necesidad siempre. Al principio decíamos, al constituir Zaranda, que hacíamos un teatro que surgía de la necesidad de expresar lo que somos, y yo creo que ya no es el momento de expresar lo que somos. Es el momento de dejar que el teatro se exprese a través de nosotros. Uno aprende a ser obediente al oficio. No quiero transitar por el teatro sino que el teatro transite por mí. ¡Cuántas veces he querido dejar el teatro y no he podido!"
**
"Actuar es lo peor que puede hacer un actor. Cuando veo que un personaje me viene yo me quito de en medio. La poética viene, no hay que buscarla. Y viene cuando uno está en comunión con el silencio más comunicativo. Y es difícil expresar qué es, hay que sentirlo. Por sus obras lo conocerán. No le tengo por qué decir lo que hacemos, no educo a nadie con el teatro. No se hace nunca un trabajo para entregarlo en masa a la gente sino que se intenta llegar al corazón y a la conciencia de cada espectador. Y no puedes mentir. El teatro es verdad antes que nada. Es la mentira más verdadera que hay. Y es sacar tu verdad, y ahí está el miedo de los actores, de esos actores que saben hacer de todo menos mostrar la verdad".
**
"El actor es la persona que pierde más el tiempo del mundo. Pierde más tiempo que nadie. Porque es la única manera posible de estar encima de un escenario. En la medida en que pierdes el tiempo lo pierdes porque se los entregas al personaje. El personaje posee tu tiempo. Parece muy filosófico pero es muy simple: para que el personaje sea no tengo que ser, te tienes que anular y pierdes el tiempo que a mí me toca en la vida".
**
"¿Hay algo más importante que el público?
El teatro".

Natalia Romero







Escritora, docente, librera. 



¿Cómo te definís profesionalmente?
Wow, esta pregunta ocupó gran parte de mis años post carrera universitaria. Estudié Comunicación en la UBA, pero nunca la carrera me marcó el camino profesional. Si me ayudó pero en mi caso fue una búsqueda que aun hoy continúa. La docencia es lo que más me gusta hacer y en lo que quiero crecer, junto con la escritura. Escribir puede ser también una profesión, aceptar eso fue un quiebre con muchas cosas, personales y familiares. Ese fue el comienzo. Me defino como alguien que escribe y como constante aprendiz.
¿Sabés por qué te dedicás a esto?
Porque me animé.
¿Qué disciplinas resultaron fundamentales en tu formación?
Lo que fue fundamental fueron mis maestros y mis lecturas (donde encontré y encuentro grandes maestros y maestras). También hacer talleres, muchos, de teatro, de dramaturgia, de poesía, de narrativa. Comprender las dinámicas de trabajo grupal. Trabajar en la universidad  y en escuelas también.
¿Qué es lo más útil que te ha enseñado tu trabajo?
No sé si puedo pensar en términos de utilidad mi aprendizaje. He aprendido a respetar al otro, a escuchar, a afinar la atención, a confiar.
¿Y lo más hermoso?
Lo más hermoso es todos los días. Es la emoción que hay en lo que hacemos. Dar talleres es trabajar con las emociones como una constante, si no no hay escritura.
¿Cuáles considerás que son tus principales fuentes e influencias creativas?
Muchas. Lo que pasa afuera (el mundo) y lo que pasa adentro (mi mundo). Trato de reunir ese arriba y ese abajo, ese afuera y ese adentro. La poesía es mi fuente.
¿Qué es lo que más te duele a la hora de ejercer tu vocación?
No sé si es dolor, es otra cosa. Puede ser una leve tristeza, y es que que haya quienes no pueden conectarse con su escritura, es como perderse algo de uno mismo.
¿Crees haber sacrificado algo importante para dedicarte a esto?
El sacrificio fue animarme, lo que solté me liberó. Estoy inmensamente agradecida de poder trabajar de lo que elijo.
¿En cuántos proyectos laburaste el año pasado?
En varios, pero uno se concretó con más fuerza. Mi libro de poesía. Y también mi librería, que creció bastante. * 
¿Cuántos te esperan ahora?
Siempre tengo cosas por hacer. Es como un modo de no negar algo que nos pertenece, el movimiento.
¿Cuál es el proyecto al que dedicaste más tiempo hasta la fecha?
Trabajar dando talleres y escribir es un proyecto que nunca me propuse con anticipación o plena conciencia, pero para el que trabajo hace muchos años.
¿Vivís de lo que amás o tenés otra actividad que ayuda a pagar las cuentas?
Vivo de lo que amo. Por eso agradezco siempre.
¿Con qué otras artes te relacionas habitualmente?
Me encanta el teatro.
¿Qué es lo más absurdo que has hecho por amor al arte?
Por amor al arte nada es absurdo, todo vale.
¿Hay algo que no volverías a hacer?
Todo lo que hice, incluso mis peores equivocaciones, me trajeron hasta acá. Aprendí mucho de lo bueno y de lo malo. No cambiaría nada.
¿Qué estás leyendo?
Ahora estoy haciendo una maestría de escritura que me condiciona un poco las lecturas pero las disfruto a pleno. Estoy leyendo El instante de mi muerte de BlanchotCrónicas de Clarice Lispector. También tengo un libro de poemas de Louis Gluck que leo siempre. Junto con la poeta Diana Bellesi, ya que estoy trabajando sobre su obra.
¿Qué autores recomendás siempre?
Héctor Viel Temperley, Diana Bellesi, Francisco Madariaga, Arnaldo Calveyra, Marosa Di Giorgio, María Negroni, Clarice Lispector, Claudia Masin, Paula Jiménez España, Luis Sagasti y Mario Ortiz.
¿Qué películas volvés a ver una y otra vez?
Pocas. No soy de ver una peli dos veces, sino que la veo en dos veces.
¿Qué artistas – de cualquier ámbito - te resultan imprescindibles?
Los que leo una y otra vez. Clarice Lispector, Hélene Cixous, Diana Bellesi.
¿Qué buscás en la gente con la que elegís laburar?
Cuando trabajo con alguien, sinceridad y humildad, pero sobretodo entrega.
¿A qué profesionales de tu ámbito seguís de cerca?
A muchos de los escritores y escritoras que mencioné.
¿Con quién hablás sobre tu trabajo? 
Con amigas, con colegas, con mis maestros, con mi pareja.
¿Por qué vivís en Buenos Aires?
Porque acá estaba algo que me llamaba y además en Bahía Blanca (donde nací) no estaba la carrera que en ese entonces había elegido.
¿Qué hay en tu lista de cosas pendientes?
Entregar mi tesina de licenciatura y aprender a manejar. En las dos ya estoy trabajando.
¿Tenés un panorama claro de lo que vendría siendo tu trayectoria?
No, me cuesta pensar en la palabra trayectoria.
¿Qué es lo que más te preocupa en tu futuro?
Mi aprendizaje es tratar de quedarme lo más que puedo en el presente.
¿Qué hacés cuando no estás trabajando?  
Riego y cuido las plantas.
¿Si no te dedicaras a esto qué estarías haciendo?
No puedo imaginarlo.

* A cien metros de la orilla.

Notas al pie de Polaroids de aeropuerto bajo lluvia...

Conozco a Dalmiro Zantleifer desde hace diez años. Crecimos juntos en el quehacer de distintos rubros y ha sido siempre una grata sorpresa descubrir cuánto y en qué manera su expresividad adquiría cada vez más precisión sin por ello perder impronta lúdica ni perspectiva. 

Todos mis proyectos hasta la fecha contaron con su gráfica. Nos entendemos sin un solo atentado egocéntrico y nunca deja de fascinarme el modo en que logra habitar y sintetizar mis ideas con sus dibujos. Nuestro anterior proyecto fue Por eso las curitas, unipersonal autobiográfico donde se enfrentó al desafío, junto a Sol Soto, de crear una proyección animada que intervenía fotos de mi vida resignificando mi interpretación de los hechos. La forma en que su propuesta afianzó mi imaginario y potenció mi humor fue uno de los mejores hallazgos del montaje.




Un libro, como toda obra, es la suma de infinitas razones y azares. Un poemario es una de las materializaciones más extrañas que acierto a concebir como obra propia. Cada poema, con suerte, atrapa un destello de lucidez que nunca se repite. De ahí la evocación de las polaroids elegida para el título. 

Todo libro esconde dentro una caja de juguetes, un viaje, un álbum de fotos, un laberinto de puertas y vaya uno a saber cuántas personas. Un libro es una bomba que macgyvear.




La escritura me proporciona personajes desde los que escribir. Me doy cuenta de que son como los bailarines de Jackson, una extensión despeinada de mí misma. A menudo, un clown que se toma muchas licencias sin permiso. Mientras escribo soy cursi, me enamoro y opero a corazón abierto mis recuerdos. Estoy en cada palabra pero no soy lo que escribo. La escritura es para mí otra forma de actuación.

Decidir ilustrar un poemario resulta espinoso. ¿Acaso el texto no alcanza? ¿Cómo lograr que el dibujo no redunde o simplifique? ¿Cuánto suma?

Con Zantleifer somos muy conscientes de ese desafío y siempre coincidimos en lo que "no es". Pero resulta casi imposible darle forma a esas intuiciones. El dibujo acompaña como una certeza o no va, no es. Esa fue una consigna tácita y Polaroids de aeropuerto bajo lluvia y otras breves escenas sin Bruce Willis es el resultado final de esa búsqueda.





Las ilustraciones son una ventana abierta sobre los poemas. Exploran una palabra o una expresión y la convierten en algo que nunca hubiera imaginado. Acá y allá aparece una imagen donde se cruzan dos realidades íntimas y me sonrojo como si el dibujo fuera un desnudo mío. Esas sensaciones alimentan la certeza de que hicimos algo bien. 

El libro es.

Pongan play nomás.