Alcanza con un hombre

para sembrar el campo,
caminar las orillas,
levar anclas,
volar.

Un hombre solo alcanza
para que todo cambie.
Tus modales, tu nombre,
tu sonrisa.
Hasta un mapa distinto,
tras su paso, aparece.

Alcanza con un hombre,
uno solo y callado,
para llenar de excusas
la mañana,
de imprudencias
la noche,
de certeza el futuro.

Por suerte nunca el hombre
alcanza a darse cuenta
y es también muchas veces
él solito
quien todo lo desmiga,
lo pervierte
y deshace
como si fuera fácil
ser tan hombre.

m.trigo