Tan bárbaros los días

ahora que son distintos y fugaces 
y están llenos de dudas 
y otoño en la ventana,
ahora que cabe en ellos 
casi cualquier maraña 
de sueño enrarecido,
ahora que traen adentro 
mordiscos, azucenas 
y recetas antiguas 
para llorar de pie,
ahora que son del todo 
prescindibles, 
azules por afuera, 
blanco breve,
ahora que no hay aviones 
ni estaciones de tren 
donde encontrar motivos.

Ahora

que el mundo nos comienza 
en cualquier parte 
y no puedes leer mientras transcribo 
ausencia
como otros riegan plantas 
o entierran a sus peces,
entiendo un poco más 
la certeza brutal 
del rayo que nos mata. 

La barbarie final del calendario 
donde el tiempo con vos 
ya no se mide.