Cuando el mundo era un tren

y no un mapa,
y había más arena y menos bancos
y todo eran las olas
y no el tiempo ni excusas,
razones ni ordenados,
el amor conocido era distinto.
Para empezar, sin nombre.
Para empezar, sin verbo.
No era suma de cuerpos
o restos de naufragio.
No era caja de plata con cenizas
o eternidad de un día.
Era el amor quizá cuestión del viento.
No parecía entonces cosa seria
y sin miedo se daba y recibía,
sin miedo se moría
y nadie lo enterraba.
Era la vida corta pero gratis
y era el dolor preciso. No se ahorraba.

Y nosotros jamás.

m.trigo

"¿Qué sería del aire de una sala de teatro sin preguntas?"

Eso se pregunta Alberto San Juan en Autorretrato de un joven capitalista español. Nos lo pregunta a todos. Eso y otras muchas cosas. San Juan ha creado un ¿espectáculo? raro. Uno de esos que nos obliga a reconsiderar qué elementos constituyen una obra o un personaje y cuáles son imprescindibles. Por suerte no existe fórmula que proporcione respuesta fácil. Digamos que el trabajo de San Juan es un unipersonal. Comparte su experiencia de vida. Como hombre y como artista. Pocas cosas más complicadas que enfrentarse a las propias verdades. Afirmar que "el miedo y la ignorancia" fueron sus guías, por ejemplo. Reírse de uno mismo. Pero también reconocer errores. Hacerlo ante una sala llena de desconocidos. Público curioso que está ahí para ver al "guaperas que antes hacía cine". O no, público avisado, que llega con recomendación e incertidumbre porque no sabe bien de qué va el asunto. Y es que Autorretrato de un joven capitalista español juega a ser un monólogo personalísimo pero no lo es. Mejor dicho, no es sólo eso. San Juan apuesta fuerte con un arduo desafío: vincularse con el público a  través del humor patético de sus anécdotas personales y, a la vez, convertirse en un yo colectivo elaborando el marco político y económico de lo que han sido los últimos cuarenta años de la historia de España. Una historia común de la que formamos parte. Sin querer quizá. Y sin saber gran cosa en realidad, pero parte.

San Juan escribió un texto duro, lleno de referencias concretísimas, fechas, nombres, citas. Parte de la bibliografía empleada lo acompaña en la escena. Y el texto de la obra también. A mano. Por si hace falta. Por si la memoria no alcanza o el hilo se pierde entre improvisaciones o comentarios del público. Porque aunque sea un monólogo, el público es interpelado una y otra vez. El actor se acerca, nos busca, nos observa. Espera. Y en ocasiones alguien habla. Comenta. Se atreve. Este montaje no quiere ser mero entretenimiento. Quiere hacernos reír, sí. Pero sobre todo pensar. Las preguntas sin respuesta se suceden sin descanso. La información es mucha. Los absurdos e incongruencias desmedidas sobre los que se cimentó el actual estado de las cosas demasiado inverosímiles. San Juan habla de España, pero lo que cuenta pasó en todas partes. Porque España no está sola. Ningún país lo ha estado nunca. No los dejan. Quizá por eso...

Cuando una sala de teatro se da el lujo de poner en cartel un montaje, del índole que sea, donde prima mucho más lo que se cuenta que la forma en que se hace, se nos recuerda, como público o como creadores, que no todo está hecho. No es verdad que todos los caminos conduzcan a Roma. Alberto San Juan cuenta, lee, comparte, opina, juzga y critica. En primera persona. Desde el escenario. Cabreado con él mismo a ratos. Con su ingenuidad y su ceguera. Habla de algo que nos ha pasado a casi todos por encima en los últimos años: el peso de la historia. Autorretrato de un joven capitalista español es una hazaña casi quijotesca. Algo inesperado que conquista por su valentía, su inteligencia, su humor y cierta desfachatez que, sin duda, habla mucho y bien del espíritu joven de su autor, intérprete y director. Alberto San Juan se permite reflexionar en voz alta sobre su vida y nuestra historia y aún conserva la esperanza de que entendiendo un poco mejor el pasado, apenas un poco, podamos comprendernos mejor a nosotros mismos hoy y volvamos a interesarnos por el futuro de todos.

Autorretrato de un joven capitalista español puede verse en el Teatro del Barrio, sala que funciona como una cooperativa de consumo cultural en Lavapiés. Recomendamos visitar su web donde queda claro que no sólo hay otra manera de hacer las cosas, sino que YA hay gente haciéndolas mucho mejor.

Autorretrato de un joven capitalista español, de Alberto San Juan. 
Teatro del Barrio
Zurita 20. Madrid

http://teatrodelbarrio.com/

Me dices tonterías

a tito martín









no hay dolor ni un amor. 
no hay parasiempre
rebañas tus recuerdos 
como otros la nocilla. 
tus ciudades de niebla 
son la misma. 
el frío certifica 
tus humores. 
no me mires así. 
me das miedo, malvada. 
soy chica de museo.
del s. XIX.
tengo muchas preguntas.
voy a echarte de menos.
de más. y de mentira. 
madrid ya no es un cuerpo. 
apenas un estado.
la vida es más sencilla 
que tus trece. 
es todo muy normal.  
no te tires al metro. 
todavía. 
me dices cosas lindas
que dices otros dicen 
sobre mí. 
algunos hombres buenos
lo parecen. 
otros son. 
todos los gatos pardos. 
estoy buscando un libro
donde vives. 
habla de flores 
la florista.
ser rubia es otra cosa. 
pide dos cañas, anda. 

y érase otra vez.

m.trigo

Amanece que no es poco. 25 años aún.

Breve ejercicio para sobrevivir

A veces nuestra vida como público goza de pequeños estados de gracia. Momentos privilegiados que se ven favorecidos por estar en el lugar adecuado. Estos días Madrid viene siendo la ciudad de los (re)encuentros y las sorpresas. Ayer tuvimos la suerte de asistir al reestreno de Breve ejercicio para sobrevivir, de Lautaro Perotti.

Cuando un título acierta a despertar ciertas preguntas clave sobre nosotros mismos, comienza a empatizarse con un sustrato interno de la obra que buscamos en la propuesta dramatúrgica. El título de Perotti nos enfrenta a una posible lista de elecciones donde las prioridades pueden ser tan azarosas como cruciales. ¿Acaso cada día no es un acto de supervivencia? ¿No buscamos constantemente un gesto, una acción que nos redima queriendo distinguir entre el tiempo vivido y el apenas ocupado? Y cuántas veces las insignificancias que nos salvan son inexplicables... Quizá sea una conversación en la barra de un bar con un desconocido lo que logre orientar nuestra semana. Un libro. O la mano de un niño distraído que nos confunde por un segundo con su padre. El azar. Y lo sistemático. El frágil equilibrio que ambas fuerzas ejercen en nuestra existencia.

Los personajes de Breve ejercicio para sobrevivir son un hallazgo poético donde estos ecos se traducen en urgencias vitales: el amor y la vocación. Cuchillos de doble filo que manejan torpemente. Con miedo. Se hieren y contemplan las heridas. Incapaces de casi todo. Salvo de entenderse.

Perotti, gran conocedor como actor y director de la importancia de la escucha en la escena, construye una exquisita pieza de encuentro en la que Bárbara Lennie y Santi Marín se entregan con generosidad y talento. Su aparente distancia, sus torpezas, sus hosquedades, resultan escudos demasiado pesados y poco a poco aparecen las verdades más difíciles de decir. Las que aterran, pero también las que conmueven, unen y los cambian para siempre.

Él y ella se dedican al teatro. El teatro los salvó en algún momento. Quizá consumió lo mejor de cada uno. "Es un juego de niños y lo llamamos trabajo", sentencia irónicamente ella. Ahora el teatro está ahí. Un lugar y una gente a la que volver. Si pudieran. Si tal cosa pudiera elegirse. Si no huyeran de sí mismos.

Breve ejercicio para sobrevivir abre la puerta a una de esas intimidades incómodas (estética, física y emocionalmente) a las que el off porteño está muy acostumbrado y por las que Madrid viene apostando como campo de investigación para la creatividad de un teatro que está reinventándose una vez más. Una excelente oportunidad de comprobar que lo mejor del teatro puede estar en el lugar más inesperado.

Breve ejercicio para sobrevivir
Versión y dirección: Lautaro Perotti. 
Actúan: Bárbara Lennie y Santi Marín. 

La pensión de las pulgas
Domingos y lunes. 20 y 21.30h. 
Reservas: 638 752 812