Bibliotecaria, amor, bibliotecaria

I.

Ordenando los libros
pasan cosas. Suceden.
Se abren puertas y tumbas.
Se declaran tormentas
y precipitan juicios.
O pasiones.
Se lastiman los dedos
con una floritura
o un papel
con tu nombre,
caballo desbocado
perdido en este incendio
de palabra dormida.


II.

Detienen el orgullo
los relojes
en este extraño rato
donde la vida es esto:
una piedra francesa,
una tortuga china
entrometida ahora
entre rendijas,
queriendo ser el viento
que nos salve,
que desbarate el orden
alfabético
donde guardo tu nombre
junto a postal Degas.

Sin para qué.

m.trigo