Yayoi Kusama

En el mundo del arte se llama outsider art al arte hecho por los locos. Por eso se dice que Yayoi es el eslabón perdido entre el outsider y el insider art. Aunque ella sostiene que lo suyo es sólo producto de su enfermedad, la forma en que trabaja sus alucinaciones a través de un aparente descontrol es una estrategia muy calculada. Ningún outsider ha sido cooptado por el mundo del arte como Kusama; ninguno ha respondido con mayor eficacia a esa demanda. Dentro del predio de la clínica se construyó un taller que es como una fábrica. Desde ahí escribe novelas, crea sus enormes pinturas en acrílico y diseña hasta celulares. Es la única paciente que paga su internación con lo que produce ahí dentro.


Cuando caminen a través de sus obras, traten de escuchar cómo conversan esas visiones. Cuchichean entre ellas desde 1950. Una sintaxis las hilvana: repetición, disolución, acumulación. Es algo que recién a sus ochenta y cuatro años, con el arco de su obra casi completo, se puede ver. Cuando la reina lunática recibe visitas, se pone una peluca roja, lápiz labial rojo y un kimono con círculos blancos y negros. Sigue sin sonreír, pero también sigue siendo lo que en Japón llaman yokubo no katameri: una montaña de deseos. “El tiempo finalmente me está dando su visto bueno”, dice desde las escaleras de la clínica. “Pero eso apenas me importa. Yo estoy en otra cosa. Yo me precipito hacia el futuro.”

Yayoi Kusama - Obsesión infinita, curada por Philip Larratt-Smith y Frances Morris, se puede visitar del 30 de junio al 11 de septiembre en Malba—Fundación Constantini, Av. Figueroa Alcorta 3415.

Nota completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8914-2013-06-21.html

WEB: http://www.yayoi-kusama.jp/