Quererte a toda hora

no está bien.


Un rato cada día alcanzaría.

Desmedida en costumbres,
extranjera a deshora,
sombra de tu apellido
a ton de qué.
Pero pasa la lluvia y pasa todo.

Y vuelvo, me revuelvo,
efecto cucharita,
y enredo el imposible cotidiano
y empeño mi autoestima
por un trozo de vos,
la esquina de tu boca,
dos latidos.

El son que ahora me rige
sin que sepas,
el tictac de un origen
ya olvidado.