Un clásico durísimo

"Recuérdenlo: Bruce Willis venía de la comedia televisiva Moonlighting: luz de luna, era gracioso y carismático, y también macizo, aunque no particularmente musculoso como sus futuros socios de género y cadena gastronómica Stallone y Schwarzenegger. Triunfo del seso y el coraje sobre los bíceps, uno no sólo quería sino que también sentía que podía identificarse con McClane. Casi todo lo que hacía Willis en la película –saltar por el hueco de un ascensor, lanzarse desde un piso 40 amarrado a una manguera contra incendios, correr descalzo sobre vidrios rotos– era más bien improbable, pero en el fondo físicamente posible (o casi). La perfecta ejecución de la fórmula –el tipo común en circunstancias extraordinarias– convirtió a Duro de matar en un clásico de los ’80 y una de las mejores películas de acción de todos los tiempos".


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