hombrecitos hermosos

a todos ellos


a los que desconozco,
serios y muy callados,
por motivos del todo
secretísimos
consienten mi excesiva
verborragia,
emails de medianoche,
poemas clandestinos,
mensajes imprudentes.

tienen nombres extraños
que no uso.
y los llamo a mi modo.
los invento.

los invoco en cafés
donde observo la vida
como si fuera un cuadro.
les cuento mis hazañas
viajando en colectivo
y rondan mis esquinas
cuando llueve.


todos tienen su novia.
mujercitas a tono con sus días
que los hacen felices
y los dejan tranquilos.

eso empapa mi amor de combustible
y lo torna incendiario
porque lo sé imprudente,
absurdo, contramano.
pero desde hace un tiempo
el amor desmerece la estructura,
los puentes levadizos,
la acción en consecuencia.
está siendo una excusa,
una forma de ver.
y de escribir.
por eso es que mis hombres,
ausentes y perfectos,
inventados de afuera para adentro,
son como catedrales
donde sólo yo rezo.

con fe en los precipicios.
sin miedo ni esperanza,
asumo mi conquista
de improbables,
sin exigir milagros
ni buenas intenciones.

evitando las ruinas
de todo happy end.