Escribir y callar

"Al leer, como doble del autor del libro que tenemos entre manos, hay veces en las que conseguimos algo mucho más extraordinario desde el punto de vista del buen lector. Entramos de lleno en el corazón de la novela. En verdad, lo único que se persigue al leer es impregnarse del mundo narrativo o poético que el escritor ha tenido la generosidad de presentarnos. Entrar en una obra creativa requiere ciertas exigencias lectoras. La primera: concentrarse en el texto al punto de formar parte del texto que estamos leyendo. La segunda: ser hábil para leer más allá de lo que el autor pensaba que seríamos capaces de leer en su libro. Y tercera: leer para descubrir el silencio del libro. Pretensiones que no se dan cuando la novela que se lee resulta tan acomodaticia, previsible y simple que se lee de corrido. Y se olvida al momento. A la espera de la llegada de una segunda novela del mismo autor que el mercado publicará de inmediato dado el éxito de la anterior.

Vivimos en un sistema dedicado a producir libros como máquinas tragaperras de lectura. La máquina-libro ha devorado el lenguaje literario. (...)

Escribir es difícil. (...) Escribir para contar lo que no se escribe. Escribir las cosas como nadie las ha escrito antes. Menudo objetivo insensato el nuestro. Porque finalmente el autor es el gran inválido del lenguaje, un paciente malcriado que ha olvidado los motivos de su enfermedad y los deja a disposición del investigador clínico y crítico que operará en el cuerpo de su texto".

Nuria Amat.

Escribir y callar, Siruela, Madrid, 2010.