enredadera


vendría a ser un poco lo de siempre, por más que usted precise, nunca es más de lo mismo, y me haga sonreír sólo con eso. estaría otra vez por empezarse el cuento si usted no echa a correr en dirección contraria. acá se afinan lápices, se compran los cuadernos, se le advierte.

el jardín es más verde, las intenciones otras, renovadas, el impulso es el mismo. las ganas de plantarle en medio de mi vida como un árbol en vías de extinción. por el placer secreto de mirarlo crecer tras cada lluvia, de sentarme a su sombra, de arañar su corteza con mi nombre como nena del todo insportable.


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no entendería nunca ese deseo
de comprarle camisas
como a otros chocolate,
helados, libros, mapas.
ni tampoco los versos de aeropuerto,
los besos suspendidos, cancelados.
o los nervios, la prisa, las razones
para negar la santa trinidad
que a ratos parecía siendo tantos,
doblando toda esquina inesperada,
omnipresente ahora. qué explicarle.

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no existe el no entenderse.
será entonces torpeza sólo mía.
me perdí muchas clases
de exacta puntería.

tiendo a desconocerme,
a explicar los detalles,
a probar tu paciencia
con recursos legales.

y así estamos. nos va.
sin comprender ni cómo.
raramente.

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nunca es abuso si no hace mal. pero hace rato ya que viene siendo un círculo vicioso. ida y vuelta a ese centro abandonado. una sala de espera de aeropuerto de donde no nos vamos. hay tormenta y café. y varios libros nuevos con un nombre entrelíneas. a vos no se te duerme la sonrisa. y yo no sé qué hacer. cómo sentarme.

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