Mamet

¿Por qué es un buen ensayo más placentero que la gran mayoría de las representaciones ya montadas? Porque permite al público utilizar su imaginación, que es lo que en principio lo lleva al teatro.
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Lo único que sabemos del personaje es lo que dice la obra.

El problema aquí es ¿qué significa "te quiero"?

Puede significar "sé mío" o "sé mía"; también puede significar "déjame en paz". Lo que es peor: ocuparse tanto del propio sentimiento lo hace a uno tan aburrido en el escenario como fuera de él. Nadie se entusiasma ante el espectro de un individuo sintiendo algo.

Vamos al teatro a ver acción: queremos ver lo que los personajes hacen.

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¿Qué es lo mejor que podemos hacer los directores y los maestros?

Simplificar el proceso para permitir el desarrollo del talento en quienes lo tengan, huyendo como la peste de cualquier indicación que haga consciente de sí mismo al artista, y cerrar cada sesión de enseñanza y ensayo en una nota de objetivo felizmente cumplido.

¿Cómo puede alcanzarse este óptimo?

1. Nunca le pidas al actor o alumno que haga algo más complicado que abrir una ventana.

2. Nunca dejes pasar un momento falso o autoconsciente. Nunca digas "pasemos a otra cosa". No hay otra cosa. Hay que contribuir a que el actor y el alumno comprendan que todo momento puede y debe ocurrir naturalmente, con facilidad, sin gravar el intelecto ni el alma.   **   A nadie le importa lo que tú sientas. (...) Lo que se espera es que desempeñes tu cometido, que consiste en hacerte presente y decir tu texto, desempeñando tu papel de modo que el público pueda entender la obra.

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Los dos aspectos más difíciles de escribir teatro son: 1) Descartar todas las notas y croquis y escribir "a la que salga"; 2) Aceptar el borrador resultante y comprometerse con uno mismo a trabajar en él, en vez de deplorar o de ponerse a explorar (viene a ser lo mismo) la diferencia entre este borrador y la auténtica versión ideal (e inexistente) de la obra que teníamos prevista.

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Sea cual sea el modo en que el artista comprende el mapa, éste no es más que una guía hacia la meta, que sólo puede alcanzarse echando a andar bajo la lluvia y en el barro.

El mapa no es el territorio.
El análisis no es la escena.

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La tarea del dramaturgo consiste en llenar la sala donde se representa la obra, y la tarea del director y los actores consiste en que nadie levante el culo de la butaca.

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Aprender a actuar es, esencialmente, aprender a dirigirse uno mismo. Aprender a actuar es aprender a preguntar: "¿De qué va la escena?" y a contestar a esta pregunta de un modo técnico y de un modo que sirva de base para la interpretación. 1) ¿Qué está haciendo el personaje? 2) ¿Qué es lo que ello significa dentro de la escena? 3) ¿Cómo lo veo yo? (...) Adiestrarse en rechazar las deliciosas posibilidades de discusión del personaje y del tema (en estas preocupaciones se contienen las de un mal director).


David Mamet

Manifiesto, ed. Seix Barral, Barcelona, 2011.