Las cartas de Guadalupe

A fines de diciembre una suerte de azares nos llevaron a conocer los títulos de la editorial Pánico el Pánico, que ya recomendamos entonces. Nuestro primer hallazgo fue Escribir en Cánada. Una biografía de Guadalupe Muro, escrito por Luciano Lutereau.

Ese libro nos presentó a Guadalupe Muro como una escritora que vive en Bariloche y trata de dar forma a una novela. Su empeño y quizá cierta conspiración internacional de sequoias, a las que la Muro pide ayuda y fuerza en un abrazo cósmico, terminó por proporcionarle una beca para participar en el Writing Studio del Banff Centre.  "Banff es Narnia pensado para nerds: es Nerdnia, I love it". Banff queda ahí, arriba y a la izquierda, en Canadá, provincia de Alberta.

Allá, Guadalupe enfrenta grandes desafíos. Por ejemplo, conquistar un capítulo por día y no usar más el "como" durante unas cuantas páginas. También experimentará esas revelaciones sutiles que todo artista precisa cada tanto: "Voy a ser una escritora de las que corren muchos kilómetros. 40 páginas". "Es un precioso día de sol en Banff. Cosas maravillosas pasarán... I'm a certificates ARTIST!"

Para costear el pasaje aéreo de aquel primer viaje Guadalupe armó una rifa sorteando el cuadro "El jinete del caballo con tres ojos", de Tam Muro, cuya reproducción ilustra la portada del libro de Lutereau.

Ahora, Guadalupe Muro vuelve a ser invitada por el Banff Centre para terminar su novela. Y para cubrir los 2510$CAD que precisa su nueva expedición, ideó el proyecto Las cartas de Guadalupe. Una obra literaria colaborativa. Y lo presenta así:

“Las cartas de Guadalupe” busca, por un lado, reavivar la alegría postal, y por otro, jugando un poco con las redes sociales, tejer una red que se escape de la virtualidad y recupere el cuerpo. Intenta llamar la atención sobre las personas involucradas en la comunicación: aunque parezca obvio decirlo detrás de cada comentario o me gusta de Facebook hay una persona que tiene una caligrafía única, que vive en un lugar determinado, que posee una dirección exacta.


¿Hace cuánto que no recibís una carta por correo? ¿Hace cuánto que no abrís un sobre que no sea la cuenta de luz? ¿Te acordás que lindo que es recibir cartas? Esperar cartas, sentarse a escribir una carta, hacerse un tiempo para escribir. ¿Te acordás que lindos son los sobres y las estampillas, la textura del papel, el tiempo que transcurre al desdoblar el pliegue de la hoja y luego la sorpresa?"

http://lascartasdeguadalupe.com/acerca-de

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El título de nuestro blog es una expresión que cada tanto reaparece en nuestra mente con cierto tono que combina diversos porcentajes de pasmo, incredulidad y/o bronca. Depende del caso. Es una expresión que nace de la constatación diaria de que todos los que nos dedicamos, en mayor o menor medida pero con franco entusiasmo, a cualquiera de los rubros considerados artísticos, desempeñamos una ardua tarea que en ocasiones incompresible. Asumimos jornadas infernales de horarios infinitos, ejercemos como productores, publicistas, difusores, docentes, críticos, mecenas, fans... de nuestro trabajo.

Amar lo que se hace. Hacer lo que se ama. Implica todo eso. Implica un constante laburo de continuidad y conexión entre la vida y la obra. Exige que nuestra vida nos permita desarrollar nuestra obra, aunque la primera transcurra en una oficina de ocho a cinco y nuestra obra viva de una a seis de la madrugada. Cosas que pasan. El arte rara vez fue hijo de las mejores circunstancias.

Entonces, en relación a todo eso, nos queda una foto muy desenfocada de esa bohemia romántica que tanta escuela hizo allá en el XIX. Ya nadie quiere ser bohemio. Mucho menos romántico. Así que, mientras deambulamos con nuestros pinceles, nuestros instrumentos, nuestros sempiternos cuadernos de notas, o nuestras laptos, atravesando la ciudad en hora punta, corriendo entre laburos, pagando taxis para llegar a ensayos donde nadie cobra, cada tanto, cómo no pensar: ¡Me cago en la bohemia!

Ya. Sarna con gusto... Pero es otra cosa.

Guadalupe Muro es escritora. Y tiene una novela bajo el brazo que viajará a Canadá para terminarse. Aparecerán otros textos en esos meses en Banff. Textos que crecerán con ella e iluminarán su solitario camino de escritura. Ahora, como motor de propulsión de todas esas páginas por venir, armó este proyecto de correspondencia donde todos los participantes recibirán un rarísimo objeto en desuso: una carta. Una carta de verdad. Un sobre de papel, con estampilla y sello de correos que habrá viajado cientos o miles de kilómetros para llegar a nosotros...

Uhm. Quizá sí queden románticos por ahí después de todo.


Toda la información sobre el proyecto y cómo participar acá: http://lascartasdeguadalupe.com/como-participar