Las buenas intenciones

sé que siempre pecamos
del mismo pie que pica,
pero persiste el chiste
del nuevo calendario
y hay que hacer los honores
y el intento.

digamos por ejemplo:

no more drama.

(antigua ley o dogma pervertido)

traduzcamos mejor,
afinemos oído.

también vendría bien
andar queriendo menos
a quien nunca nos quiso
de modo conveniente,
no como dios sugiere,
sino como se espera
cuando se desespera
y se desea mal.

(costumbre aburridísima, por cierto)

practicar nuevos mantras,
no hacer olas,
no escudarse en excusas
lamentables,
afrontar las afrentas
y evitar el alterne
de mejillas católicas.

(la mala educación también se cura)

vendría bien ahorrarse
nostalgia anticipada,
quejarse un poco menos,
matar la prisa ingrata,
el ego destemplado,
la culpa pasajera,
y el miedo a ser feliz
o estar equivocado.

(cucarachas infames que a todo sobreviven)

con los años decrece
la lista de imposibles
y aumenta la exigencia
de irrefutables pruebas
de vida inteligente
junto a uno,
amores desmedidos
o algún talento oculto.

todo depende siempre
de no se sabe qué.
el azar sistemático no ayuda
y el intruso inconsciente
nos refleja y acusa
pero muy poco aclara
a la hora verdadera.

nada que no se sepa,
ya dijimos:
el mismo pie que pica.

las buenas intenciones
ahora no sólo asfaltan.
decoran, iluminan y mantienen
infiernos mal vestidos,
de esos de andar por casa.

(quererse es un poder que sale caro)