Echando luces


Arrancó este año con un viento de estudio y reconstrucción que sopla huracanado. Cuestión de revolver la teoría, cuestionar lo aprendido.Darse cuenta de que ya no sirve, no cierra, no alcanza, no es tan así ni tan cierto ni tan útil. Y llenarse de dudas nuevamente. Deporte aterrador y necesario.

Cuando no se tiene una profesión presentable en esta sociedad tan catedrática resulta imprescindible reinventarse. Desconocerse un poco. Sobre todo aburrirse. De uno mismo y de sus estúpidos pararrayos. Las tormentas vendrán y los truenos serán las carcajadas que reciban tus muchas precauciones cuando el tejado vuele por los aires.

Somos muchos los que no somos "alguien de provecho". Y todos tenemos esos días en los que venderíamos un riñón por ser médicos, abogados o astronautas con futuro incierto, pero futuro al fin.

Blablabla.

Cambiemos el disco. Rompamos el vinilo de una bendita vez, tirémoslo por la ventana. Fijo alguno lo tropieza y se lo queda.

Si algo nos está enseñando la pobre y mala prensa que nos llega del mundo es que no hay un futuro merecido. Y menos para todos. Quizá fue siempre así, pero ahora nos lo dicen más seguido. Pasó el apocalipsis y acá estamos. Nunca es tan para tanto, pero nos piensan tontos.

Aceptemos entonces esa frase que ronda los stencils: "el futuro llegó". Y nosotros así, con estos pelos. Y bue. Quién sabe si mañana harán falta astronautas a mansalva. No seremos nosotros. Ni seremos tampoco los que redacten cláusulas de contratos infames que habiliten vivir como se pueda. Con un poco de suerte, ni siquiera seremos los que firmen al pie de esa letra tan chica donde la trampa anuncia su presencia.

Nosotros, los don nadie, los que estamos de paso y somos una suma de azares y lecciones del todo inesperadas, a veces descubrimos que con estar alcanza y nos inquieta entonces el dónde y el con quién. Apenas eso. Y bueno, sí, a veces elegimos del peor de los modos por inercia, pero otras sale bien.

¿Dónde nos va llevando este barranco abajo de incertidumbre rara? No sabemos.

Y esa es la gracia, amigos, del asunto: ninguno tiene idea.

Así que no compremos consejos en rebajas, amores con descuento, futuro a plazo fijo y esas gangas. Apostemos apenas por los cinco minutos que tenemos enfrente. A ver qué nos deparan. Qué calle hay que cruzar sin que nos pise un auto, qué canción escuchar, quién cocina la cena y qué libros nos faltan por leer.

Que lo inmediato nos lleve de la mano a lo preciso, con suerte, a lo precioso (jamás a lo preciado).

Que cada menudencia signifique. Y quizá una mañana despertemos habiendo aprovechado la vida, que no el tiempo.