amor: cualquier verdura

ahora que amar, mi amor, vendría siendo casi cualquier verdura que en abuso indigeste, los días son un tren en marcha atrás y no llueve lo justo y necesario. no llueve donde debe o como quiere nadie, pero es cosa del agua y sus lecciones. ser agua no es sencillo.

sucede en esta práctica de amar cualquier resfrío, que un poco se inmuniza, algo se fortalece la estructura y la forma. no el sentido. ese se pierde igual cuando sube la fiebre y se piensa que acaso es por tu culpa. y, por supuesto, no. son las corrientes. y andar medio desnudo. se sabe, lo dijeron: "la única manera de restablecer la salud, en este mundo, es calzándose algo encima del cuerpo". *

también el tiempo apremia o se detiene. y no hay constancia vaga o sistema específico dispuesto a columpiarse un poco menos. hace lo que le canta. y ni siquiera afina. así de irresponsable y vespertino. la ventaja de ser reloj arena es morirse tan lindo y tan seguido. se pierde el miedo a todo después de tres minutos cayendo en el vacío.

ni hablar de las distancias, mi amor, amando así. no hay mapa escandinavo con menos coordenadas. la distancia es afuera. cuestión de un infinito milimétrico. comienza a calcularse desde un lunar exacto. pongamos, por ejemplo, este chiquito mío. y luego van sumándose medidas adecuadas: medio metro, seis cuadras, tres horas de viaje, un libro de poemas, oceáno mediante, veintisiete películas, dos cambios de estación, un calendario, años luz, varias vidas. y al final de la suma fijo que no estás vos. cuando se llega allí la verdura es distinta. más o menos cualquiera.

complejo el mecanismo del amor. cuadro abstracto. le faltan llavecitas y botones. serían salvaciones necesarias. un click y el artilugio se detiene. un botoncito rojo en el costado y cesa ese runrun de mil demonios que a todos ensordece. doble click y volamos por los aires. y después somos piezas de un puzzle más sencillo. boticelli en la uffizi, por ejemplo.

m.trigo

(* robada a L. Lutereau, Los santos varones).