La química del amor

Una es chica de letras
y entiende poco y nada.

Pero dicen los sabios más precisos
que no te quiero, amor. Es otra cosa.

Un cocktail molotov de pura química.

Resulta que te pienso
tan mucho mucho y tan seguido,
no porque vos me importes
más de lo conveniente
y necesario,
sino porque estoy "obse",
baja en serotonina, me concretan.

Y no te extraño, amor, a cada rato,
porque tu ausencia duela,
es doña dopamina
quien impone sus mañas de artificio
y orienta mi deseo hacia tus brazos.

Y todos mis recuerdos
de precisión pictórica
volcada sobre vos,
tus ojos y tus manos,
y ese modo británico,
invencible,
de ignorar mis asedios,
no son más que resaca
de norepirefrina.

También dicen, amor,
que no es que yo te quiera
por sobre tantas cosas,
contra viento y marea,
y todas esas olas
que provoca tu paso
por mi vera.

Es sólo que persigo,
aplicada y serena,
como perra pavlov
bien educada,
la rara recompensa
de verte sonreír
cuando me ves perdida
de antemano,
del todo atolondrada
en tu presencia,
masticando una frase
como chicle,
respirando despacio
por las dudas,
sintiéndome una nena
de seis años
que va a echarse a llorar
si no la miras.

Aspiro a tu sonrisa
y a tus labios
como otras a un contrato
de laburo.

Y no me importa nada
sabernos imposibles
y lejanos.

Y muy menos que nada
me importan todas ellas,
las otras, y la tuya.

Son mera adversidad.
Del todo necesarias
para que yo persista
en amar tu estatura
a contramano.

Efectos especiales
del amor.
Concreto y conocido:
el "romeo y julieta".

Mirá vos, qué graciosos
los tan sabios científicos,
con cuánta puntería
la pedrada en la frente.

Ellos miran, traducen,
la intensa actividad
de mi cerebro
en gráficos y sumas,
colores, decimales,
y vienen a decirme,
para que esté tranquila,
que está todo muy bien,
es lo normal,
yo no te quiero a vos,
sólo busco al modelo
despistado
que enriquezca y perpetúe
mi ADN.

Mirá vos qué graciosos
los tan sabios científicos.
No saben los muchachos
lo muy poco que aspiro
a perpetuarme.

Nadie es perfecto, claro,
pero venían bien.

En todo lo demás
no se equivocan.

Mi cerebro mantiene
batallas con tu química
desde hace mucho tiempo.

No es amor, es verdad,
es un experimento.
Todo es prueba y error
y aprendizaje.

El proceso es tan largo
y fascinante
que a ver quién va y le dice
a mi cerebro
que deje de drogarse
con tu nombre.

Dirás que no entendés
de lo que hablo.

Para eso está el video.
Acá me explican.



Mamet

¿Por qué es un buen ensayo más placentero que la gran mayoría de las representaciones ya montadas? Porque permite al público utilizar su imaginación, que es lo que en principio lo lleva al teatro.
**

Lo único que sabemos del personaje es lo que dice la obra.

El problema aquí es ¿qué significa "te quiero"?

Puede significar "sé mío" o "sé mía"; también puede significar "déjame en paz". Lo que es peor: ocuparse tanto del propio sentimiento lo hace a uno tan aburrido en el escenario como fuera de él. Nadie se entusiasma ante el espectro de un individuo sintiendo algo.

Vamos al teatro a ver acción: queremos ver lo que los personajes hacen.

**

¿Qué es lo mejor que podemos hacer los directores y los maestros?

Simplificar el proceso para permitir el desarrollo del talento en quienes lo tengan, huyendo como la peste de cualquier indicación que haga consciente de sí mismo al artista, y cerrar cada sesión de enseñanza y ensayo en una nota de objetivo felizmente cumplido.

¿Cómo puede alcanzarse este óptimo?

1. Nunca le pidas al actor o alumno que haga algo más complicado que abrir una ventana.

2. Nunca dejes pasar un momento falso o autoconsciente. Nunca digas "pasemos a otra cosa". No hay otra cosa. Hay que contribuir a que el actor y el alumno comprendan que todo momento puede y debe ocurrir naturalmente, con facilidad, sin gravar el intelecto ni el alma.   **   A nadie le importa lo que tú sientas. (...) Lo que se espera es que desempeñes tu cometido, que consiste en hacerte presente y decir tu texto, desempeñando tu papel de modo que el público pueda entender la obra.

**  


Los dos aspectos más difíciles de escribir teatro son: 1) Descartar todas las notas y croquis y escribir "a la que salga"; 2) Aceptar el borrador resultante y comprometerse con uno mismo a trabajar en él, en vez de deplorar o de ponerse a explorar (viene a ser lo mismo) la diferencia entre este borrador y la auténtica versión ideal (e inexistente) de la obra que teníamos prevista.

**

Sea cual sea el modo en que el artista comprende el mapa, éste no es más que una guía hacia la meta, que sólo puede alcanzarse echando a andar bajo la lluvia y en el barro.

El mapa no es el territorio.
El análisis no es la escena.

**

La tarea del dramaturgo consiste en llenar la sala donde se representa la obra, y la tarea del director y los actores consiste en que nadie levante el culo de la butaca.

**

Aprender a actuar es, esencialmente, aprender a dirigirse uno mismo. Aprender a actuar es aprender a preguntar: "¿De qué va la escena?" y a contestar a esta pregunta de un modo técnico y de un modo que sirva de base para la interpretación. 1) ¿Qué está haciendo el personaje? 2) ¿Qué es lo que ello significa dentro de la escena? 3) ¿Cómo lo veo yo? (...) Adiestrarse en rechazar las deliciosas posibilidades de discusión del personaje y del tema (en estas preocupaciones se contienen las de un mal director).


David Mamet

Manifiesto, ed. Seix Barral, Barcelona, 2011.

El impulso de regalar

"Son los artistas los que crearán un fututo habitable a través de su capacidad para expresar frente a los continuos cambios.

Y sin embargo, para prosperar en este mundo que cambia tan deprisa se requiere acción, rápidez, decisión y trabajo duro. Para sobrevivir, para mantenerse, para dar de comer a una familia, para asegurarnos un techo, es necesario actuar desde un impulso muy particular y personal: el impulso de supervivencia. Y existe siempre el peligro de que este instinto domine el proceso creativo. La mayoría de las decisiones que tomamos por instinto de supervivencia derivan de una necesidad de seguridad y avance. Pero el instinto de seguridad solamente da acceso a una pequeña parte de nuestras capacidades creativas. Si limitamos nuestros impulsos al instinto de supervivencia, el ámbito de nuestro trabajo artístico y su alcance se verán mermados.

Lewis Hyde en su libro titulado The Gift: Imagination and the Erotic Life of Property sugiere que los humanos siempre entran en acción y toman decisiones partiendo de dos puntos posibles: el instinto de supervivencia y el impulso de regalar.

El impulso de regalar, como el instinto de supervivencia, también requiere acción y decisión, pero los resultados son diferentes porque la intención que provoca la acción no tiene nada que ver con la seguridad. La acción surge del impulso de regalar algo a alguien y de la necesidad de crear un viaje para los demás más allá de la experiencia cotidiana. Este instinto requiere generosidad, interés en los demás y empatía. (...)

La acción creativa y las elecciones nacen del impulso de regalar algo. Ese tipo de impulso también determina cómo componemos una canción, cómo desarrollamos una historia, cómo diseñamos una casa e, idealmente, cómo ensayamos una obra. Creamos viajes para que otros los reciban con el espíritu de un regalo. (...)

¿Cómo podemos generar, en un clima de carrera por la supervivencia, regalos con presencia y generosidad?"

Anne Bogart.

La preparación del director. Siete ensayos sobre teatro y arte, ed. Alba, Barcelona, 2008.

Pina & Pabst




"The theatrical spaces Peter Pabst has been creating for Pina Bausch for nearly thirty years conceive of the ground as uncertain terrain. They expose the dancers to landscapes which require constant, careful attention if they are to avoid a fall. At the same time they create autonomous poetic worlds providing the dancers and the audience with access to a cosmos of associations. (...)

Pabst's theatrical spaces evoke psycho-geographical landscapes oscillating between art and nature, between dream-like surreality and an almost literal naturalism.(...) His spatial installations achieve a high degree os sensuality, by recreating exterior landscapes in the interior space of theatre with disturbing precision.(...)

On Pabst and Bausch's stages, nature introduces a highly sensual quality and challenges the dancer's bodies with its physical presence. At the same time it opens up an autonomous poetic cosmos which continually confronts the dancers whit the basic conditions of human existence. (...)

In a text for Pina Bausch, Heiner Müller wrote: "Time in Pina Bausch's theatre is a time of fairy tales. Space is threatened with occupation by one grammatical system or another - that of ballet or of drama - but the axis of the dance protects it from either occupation. This is virgin territory: an island which suddenly appears, tueh product of an unknown catastrophe (forgotten or forthcoming): maybe it will happen right now, while the performance is running". Peter Pabst's theatrical spaces are these islands between catastrophe and fairy tale. (...) Pabst and Bausch's theatrical spaces could perhaps be seen as the utopian spaces of "another middle age" -islands of fairy-tale time, as Heiner Müller writes- which, given the historical and current catastrophes, allow us to as the question again, how can we live together?


Fabian Lettow.

Ground without fundament.
An exhibition of Peter Pabst's stage desingns al the Kunstmuseum Bochum.

Origen de la intelectualidad

Nos hablan de mediados del s. XIX y resulta pasmosamente actual el panorama.

**

"El estrato de los ilustrados cumplía en la de la sociedad burguesa una función de cuya importancia tenían más o menos conciencia las clases dominantes. Constituía la válvula de seguridad que prevenía una explosión y aflojaba en la burguesía tensiones internas al dar expresión a conflictos de conciencia que de otra manera estaban en peligro de quedar reprimidos.

Sólo después de su victoria sobre la revolución y de la derrota del cartismo se sintió la burguesía tan segura en su poder que ya no tuvo más conflictos de conciencia ni remordimientos, y creyó que ya no había de necesitar de crítica. Con ello, la minoría de los intelectuales, especialmente los que de ellos se dedicaban a la producción literaria, perdieron el sentimiento de que tuvieran que desempeñar en la sociedad una misión. Se vieron amputados de la clase social cuyo portavoz habían sido hasta entonces, y se sintieron completamente aislados entre las clases incultas y la burguesía, que ya no los necesitaba. Con este sentimiento se formó, a partir de la antigua minoría ilustrada arraigada en la burguesía, la criatura social que designamos con el nombre de "intelectualidad". (...)

Los intelectuales quieren creer en el valor absoluto de la verdad y de la belleza porque con ello aparecen como representantes de una realidad "más elevada" y compensan así su falta de influencia en la sociedad; la burguesía, a su vez, admite esta pretensión de la intelectualidad de tener un puesto entre las clases y por encima de ellas porque con ello cree ver demostrada la existencia de valores generales humanos y la posibilidad de superar la antítesis entre las clases. La ciencia por la ciencia o la verdad por la verdad es, lo mismo que "el arte por el arte", sólo un producto del alejamiento entrela intelectualidad y la práctica. El idealismo en ello contenido le cuesta a la burguesía la superaci´n de su odio contra el espíritu, y la intelectualidad, por su parte, expresa con ello ante todo sus celos contra la poderosa burguesía. (...)

La intelectualidad moderna se recluta, a diferencia del clero medieval, de entre clases distintas en cuanto a fortuna y profesión, y representa los intereses y puntos de vista de estratos diversos, muchas veces antagonistas. Esta heterogeneidad refuerza en ella el sentimiento de que está por encima de las antítesis clasistas y de que representa la conciencia viva de la sociedad. (...)

Su misión consistía desde el principio en hacer conscientes las premisas de los valores culturales; formulaba las ideas que estaban en el fondo de la mentalidad burguesa; realizaba la unidad de los principios que formaban el contenido del sentido burgués de la vida; en un mundo práctico, desempeñaba el papel del pensamiento contemplativo, de la introversión y la sublimación; era, en una palabra, el resonador de la ideología burguesa. Pero ahora, después de que los vínculos entre ella y la burguesía se han aflojado, la censura, antaño autorrefrenada, de la clase dominante, se transforma en crítica destructiva, y el principio de dinámica y de renovación, en principio de anarquía. El estrato cultural todavía unido a la burguesía fue el que preparó las reformas; la intelectualidad separada de la burguesía se convirtió en un elemento subversivo y de destrucción. (...)

La bohemia es, desde luego, sólo una parte del proletariado. En cierto aspecto representa la perfección, pero también la caricatura de la intelectualidad. Realiza la emancipación de la intelectualidad frente a la burguesía, pero al mismo tiempo transforma la lucha contra las convenciones burguesas en una idea fija y a menudo en una especie de manía persecutoria. Realiza, por una parte, el ideal de la plena concentración en objetivos espirituales, pero al mismo tiempo abandona los restantes valores de la vida y hace pensar al espíritu vencedor de la vida sobre el sentido de su victoria. Su independencia frente al mundo burgués demuestra ser una libertad aparente, pues siente su alejamiento de la sociedad como una culpa grave, aunque no reconocida; su arrogancia se descubre que es debilidad disfrazada; su orgullo exagerado, duda de la propia fuerza creadora".

Arnold Hauser.

Historia social de la literatura y el arte. (vol. II), ed. Debolsillo, Barcelona, 2009, pp. 384 - 387.

Si los tiempos son uno

y en algunos lugares
todo sucede ahora,

el ayer y el mañana
tienen el mismo rostro.

No hay prisa. Aún estamos.
Y sin duda estaremos.

Y en esa gran versión
de otro mundo posible
tenemos menos miedo
y entendemos la vida
de forma diferente.

No tenemos razón.
Ni la queremos.

No está el runrún mental
llenando todo
y no nos comparamos
con quienes nunca fuimos.

Si estamos y estaremos
de nuevo en este baile,
debieran regalarnos
una palabra-piedra
que nombre lo que une,
la suma interminable
de impresiones certeras
de ser uno en el otro
y viceversa.

De ser tan solo luz
y estar en todas en partes.

Pertenecer al mundo que nos tiene.
Y no querer comprarlo.

Y ser por dentro agua.
Saber que es imposible
estarse quieto.

Llovemos y nos duele.

Crecer es un silencio.
Y el silencio un lenguaje
necesario.

Y todo lo que fue
nos está siendo.
Y todo lo que es
seguirá en pie
cuando ya no seamos
ni siquiera recuerdo.

La vida no es misterio.

Sólo es.

m.trigo

"La cosa del poeta

no es jamás la cosa conceptual del pensamiento, sino la cosa complejísima y real, la cosa fantasmagórica y soñada, la inventada, la que hubo y la que no habrá jamás. Quire la realidad, pero la realidad poética no es sólo la que hay, la que es; sino la que no es; abarca el ser y el no ser en admirable justicia caritativa, pues todo, todo tiene derecho a ser hasta lo que no ha podido ser jamás. El poeta saca de la humillación del no ser a lo que en él gime, saca de la nada a la nada misma y le da nombre y rostro. El poeta no se afana para que de las cosas que hay, unas sean, y otras no lleguen a este privilegio, sino que trabaja para que todo lo que hay y lo que no hay, llegue a ser. El poeta no teme a la nada".

María Zambrano.

millón de margaritas

a todo vos posible


A vos se te quería
quizá porque callabas,
y en los recreos nunca
me pegaste
y tu nombre era tierno
como una espiga verde.


A vos supe quererte
en medio de la risa
de los otros.
Sin importarme nada
que vos me despreciaras,
sacaras mejor nota
o entendieras tantísimo
esos problemas crudos
en clave matemática
en los que yo moría.
Fue breve nuestro amor.
Duró un colegio.


A vos te amé seis años
en silencio.
Fuiste mi delincuente
favorito.
Repetidor de curso
y el mejor futbolista
de la clase.
Paseaste mi nombre
en esos pocos meses
que te duró el cariño.
El verano llegó
y otra niña más grande
robó tu corazón.
Y yo fui desde entonces
tu amante discretísima.
Aprendí a escribir cartas
aunque no respondieras
y a soñar con cambiarte
para que fueras bueno.
Dicen que ahora sos árbitro
y que estuviste preso.
Y yo suelo soñarte.
Todavía.


Vos fuiste el mejor hombre.
Nuestro humor creció fuerte
y alimentó un amor
incuestionable
que nos hizo felices
y mejores.
Y tuviste razón.
Y a vos regreso.

A vos te quise, amor.
Y a vos te quiero.
Porque sos el principio
de todos mis finales.
Y no terminas nunca.
Y fuiste mis razones
para incendiar el mundo
conocido.
Donde yo terminaba
estabas vos.
Y sigues.


Y vos, mi cínico divino,
hombrecito tan serio
que no supo qué hacer
con mis versos obscenos
cuando saliste huyendo
para luego decirme
qué valiente.

Me ayudaste a llorar,
me cuidaste de lejos
y fuiste en una noche
todo lo inesperado
de la vida.
A veces te recuerdo
y me pregunto.


Con usted fue distinto.
Fue empezar. Y fue bueno.
Pero la vida es larga.
Y nosotros muy breves.


Y vos, altísimo y lejano,
del todo incompatible,
absurdo de los pies
a la cabeza.
Llegaste cuando nadie
te esperaba.
Y no acierto a perderte
por más que contradiga.



A todos, como supe,
los amé para siempre.

Duró así de poquito.

El poema

El poema puede ser considerado como testigo de la vida externa e interna del poeta, lo que vio e hizo, su forma de vivir, cómo eran sus cualidades mentales y su sensibilidad, su personalidad o incluso los que pudieron ser sus sentimientos de culpabilidad que, de acuerdo a algunas escuelas del psicoanálisis están detrás tanto de los sueños como de la poesía. (...)

Dado que la poesía representa e interpreta imágenes dramáticas de la condición humana, a menudo los aspectos más duraderos y serios, o muestras ideas y doctrinas, apenas puede evitar su influencia sobre los pensamientos y la conducta del lector. Cuando este analiza un poema desde este punto de vista, comienza preguntándose por las implicaciones morales de la acción humana representada en el poema y las cualidades de los protagonistas. Se trata de comparar el aliento, la complejidad y la verdad de la visión que, acerca de la vida, retrata el poeta con las visiones de los otros poetas y calcular los posibles efectos morales sobre los lectores. (...)

Pero además de las relaciones del poema con la época en la que se escribe, con la personalidad del autor y con el ámbito de valores morales y filosóficos, el poema existe por derecho propio como objeto independiente que tiene su forma propia y sus propias relaciones internas. No es el producto de leyes naturales como las plantas y los animales, ni nace exclusvimente a causa del temperamento dominante de una época o porque el poeta esté dotado de especiales poderes de sentimiento, pensamiento o imaginación. Más bien, el poema existe porque el poeta lo hace, lo construye; pone sus capacidades especiales al servicio de alguna finalidad o diseño organizativo suficientemente distintivos como para dar a su poema una identidad en sí mismo. Esta es la opción personal de los autores, todo ello en función de la consecución del principio organizador que una las partes en un todo - el synolon aristotélico - que debe ser analizado sin teorías previas, sin premisas que puedan mediatizar la lectura que, desde la perspectiva pluralista, es única e insustituible para cada poema y cada autor; la lectura, como el análisis práctico, debe hacerse tomando el poema como objeto artístico de base lingüística, creado en un contexto determinado, con un propósito por parte del autor, mendiante una técnica concreta y un estilo particular, elementos que, como puede comprobarse, afectan a todos y cada uno de los componentes del hecho literario, renunciando metodológicamente a la distinción entre análisis intrínseco y extrínseco.

Javier García Rodríguez

"Adaptación de los planteamientos de Friedman y McLaughlin" en La escuela de Chicago: Historia y poética, ed. Arco Libros, Madrid, 1998, pp. 105-107.

Gabo Ferro

Ure reeditado

POR FIN.

Lo agotamos, lo buscamos, lo pedimos, lo soñamos y finalmente salió la reedición tan necesaria de Sacate la careta de Alberto Ure... ¡Y no nos enteramos! Desgracias del océano de novedades editoriales en el que naufragamos.

Enmendamos nuestro despiste. Busquen Sacate la careta editado por la Biblioteca Nacional.

Disfrutarán perlas como ésta:

"Hay quienes cayeron en el oficio de la representación por astucias malvadas de la historia. Y suelen estar tan a disgusto como está en su consultorio el dentista que sueña con ser actor. No saben cómo escaparse en algunos casos y, en otros, cómo permanecer en lo único que saben hacer pero sin sufrir tanto. Tienen en contra toda la mitología de la vida del cómico, que los hace sentir gente especial, pero esos reflejos sólo los confunden y brillan sobre opacas tristezas y miserias. Éstos ya conocen dónde se produce lo "teatral", eso que más adelante aconsejaremos a los estudiantes de teatro que busquen, pero no lo reconocen como extraordinario. Suelen estar sumergidos en el movimiento que lo produce, y se les ha hecho irrelevante en la masa informe del trabajo. Son actores a pesar de ellos, en el sentido profesional, y en contra de ellos en el sentido personal".

Fragmento del capítulo "Manual de autodefensa para estudiantes de teatro".

Lectura indispensable.

puro amor de mentira(S)

primera (infancia)

te acostumbras

al silencio de las siestas
a los padres ausentes
a los exhibicionistas de los parques
a las ratas guardando la ciudad

y olvidas

lo soñado
la risa de los otros
el humo de los trenes
y las promesas todas


segunda (adolescencia)


estudiar bien de todo y porque sí sirvió como aliciente muchos años.
a escribir aprendimos mal y tarde pero nos quedó el vicio.
el miedo al estropicio se fue coleccionando.
enamorarnos siempre del menos conveniente lo hicimos un deporte.
llorar sola a deshora sin prisa ni motivo perfecciona el armado.

el ser la kamikace que gaste tu apellido como otras comen pipas
aún no está definido como recurso claro.

se está considerando en referéndum.
revisarán los costes. se irá viendo.


tercera (inmadurez)

amo en vos lo que soy. no lo que quiero.
si sos lo que proyecto. no te veo.
amo porque me ves como deseo.
es decir, todo es ego. doble a cero.

vos sos mi sinvivir. te tengo miedo.
amo porque no entiendo.
si sos el gran sentido. no lo quiero.

no amo ni lo que sos ni lo que veo.

invento amar, amor. eso es sincero.


cuarta (despedida)

no me podés querer. pues no me quieras. si lo dicen las mamis todo el tiempo: "son todos igualitos". así que no hay problema. no importa quien se quede. sólo que vos sos lindo y olés mejor que muchos y a ratos es sencillo imaginar tu cuerpo como inmensa montaña donde echarse a perder.

no pasa nada, amor, si no me quieres.la vida es breve y corta como un buen tramontina. no puede desangrarse por desidia. no me podés querer. y qué va a hacerse. de imposibles así nacen enfermedades que duran mucho menos. el amor de estos días es cosa solitaria. no precisa de feedback el invento. hace crecer distinto. te rellena de olvidos y mentiras sencillas. te educa como puede para este puto mundo donde todo funciona de chiripa y aún sigue amaneciendo (que no es poco). quiero decir, que sí, que es muy bonito (el amor, no éste mundo), pero se cansa fácil y no sirve pá tó. al final las mamás tienen razón (por eso las odiamos en silencio), son todos de un idéntico que espanta. el tema es que de lejos no se nota. y se acercan despacio. y muchos ni siquiera dan la cara. se mueven de perfil ya por costumbre. entonces, eso pasa, tardás en ver el tosco parecido. por eso digo, amor, no pasa nada. te irás y volverás. y no serás millones. pero serás un otro repetido. la figurita fácil que siempre se repite.

no me podés querer.
qué poco importa, amor.
qué nada es.


quinta (póstuma)

Cuando el amor se enquista
promete destrozarte
pero al final se muere
y ni aún así te mata.

**

m.trigo

La obra de arte

"La obra de arte ha sido comparada a una ventana a través de la que se puede contemplar la vida sin tener en cuenta la estructura, la transparencia y el color de los cristales de la ventana. Según esta analogía, la obra de arte aparece como un mero instrumento de observación y de conocimiento, esto es, como un cristal o una lente que es en sí indiferente y sólo sirve como medio para un fin. Pero lo mismo que se puede concentrar la mirada en la estructura del cristal de la ventana sin ocuparse del cuadro que se ofrece al otro lado de ella, la obra de arte puede ser considerada también como una estructura formal independiente, como una entidad coherente y significante, completa y perfecta en sí misma, y en la que todo trascender, todo "mirar por la ventana", perjudica a la comprensión de su coherencia espiritual. El sentido de la obra de arte oscila constantemente entre estos dos aspectos: entre un ser inmanente, separado de la vida y de toda realidad más allá de la obra, y una función determinada por la vida, la sociedad y las necesidades prácticas. Desde el punto de vista de la experiencia estética directa, la autonomía y la autosuficiencia parecen la esencia de la obra de arte, pues sólo en cuanto que se separa de la realidad y la sustituye completamente, sólo en cuanto que constituye un cosmos total y perfecto en sí es capaz de suscitar una ilusión perfecta. Pero esta ilusión no es en modo alguno el contenido total del arte, y con frecuencia no tiene siquiera participación en el efecto que produce. Las grandes obras de arte renuncian al ilusionismo engañoso de un mundo estético cerrado en sí mismo y van más allá de sí mismas. Están en relación directa con los grandes problemas vitales de su tiempo y buscan siempre una respuesta a estas preguntas: ¿cómo se puede hallar un sentido a la vida humana? ¿Cómo podemos nosotros participar de este sentido?

La paradoja más inexplicable de la obra de arte es que parece existir y al mismo tiempo no existir en sí misma; parece que se dirige a un público concreto, histórica y sociológicamente condicionado, pero al mismo tiempo parece como si no hubiera querido tener noción en absoluto de la existencia de un público. La "cuarta pared" de la escena parece tan printo la premisa más natural como la más arbitraria ficción de la estética. La destrucción de la ilusión por una tesis, por una tendencia moral o por una intención práctica, que, por una parte, estropean el disfrute perfecto y completo del arte, llevan, por otra, por primera vez a la auténtica participación del espectador o del lector en la obra de arte, de la que llega a disfrutar íntegramente. Pero esta alternativa, sin embargo, no tiene nada que ver con la intención del autor cuando crea una obra. Incluso la obra de más acusada tendencia política y moral puede ser considerada como mero arte, es decir como mera estructura formal, con tal de que sea ante todo una obra de arte; por otro lado, todo producto artístico, incluso cuando su creador no lo haya ligado a intenciones prácticas de ninguna clase, puede ser también considerado como una expresión e instrumento de la causalidad social.
El activismo de Dante excluye una interpretación meramente estética de La divina comedia tan escasamente como el formalismo de Flaubert una explicación sociológica de Madame Bovary y de La educación sentimental".

A. Hauser

Historia social de la literatura y el arte II. "Naturalismo e impresionismo", ed. Debolsillo, Barcelona, 2009. (1962) pp. 268 - 269.

FEBRERO intensivo y creativo

¿Volviste de vacaciones y aún no sabés por dónde empezar? 
¿Ganas de renovar no sabés qué?

 Necesitás un seminario de creatividad.

¿Y qué harás ahí?

Dedicar tiempo y espacio a 

cuestionar lo aprendido, 
lavarte un poco el ojo para mirar distinto,
(re)leer y, por tanto,
escribir,
hacer preguntas,
inventar soluciones,
desordenar tu imaginario,
inspirarte con la obra de otros,

proyectar




Para los que trabajan preguntándose cómo y no para qué. 

Imprescindible: dudas y ganas.

DEL 4 AL 15 DE FEBRERO
lunes, miércoles y viernes 19hs
docente: macarena trigo

Dentro del cuadro


Las cartas de Guadalupe

A fines de diciembre una suerte de azares nos llevaron a conocer los títulos de la editorial Pánico el Pánico, que ya recomendamos entonces. Nuestro primer hallazgo fue Escribir en Cánada. Una biografía de Guadalupe Muro, escrito por Luciano Lutereau.

Ese libro nos presentó a Guadalupe Muro como una escritora que vive en Bariloche y trata de dar forma a una novela. Su empeño y quizá cierta conspiración internacional de sequoias, a las que la Muro pide ayuda y fuerza en un abrazo cósmico, terminó por proporcionarle una beca para participar en el Writing Studio del Banff Centre.  "Banff es Narnia pensado para nerds: es Nerdnia, I love it". Banff queda ahí, arriba y a la izquierda, en Canadá, provincia de Alberta.

Allá, Guadalupe enfrenta grandes desafíos. Por ejemplo, conquistar un capítulo por día y no usar más el "como" durante unas cuantas páginas. También experimentará esas revelaciones sutiles que todo artista precisa cada tanto: "Voy a ser una escritora de las que corren muchos kilómetros. 40 páginas". "Es un precioso día de sol en Banff. Cosas maravillosas pasarán... I'm a certificates ARTIST!"

Para costear el pasaje aéreo de aquel primer viaje Guadalupe armó una rifa sorteando el cuadro "El jinete del caballo con tres ojos", de Tam Muro, cuya reproducción ilustra la portada del libro de Lutereau.

Ahora, Guadalupe Muro vuelve a ser invitada por el Banff Centre para terminar su novela. Y para cubrir los 2510$CAD que precisa su nueva expedición, ideó el proyecto Las cartas de Guadalupe. Una obra literaria colaborativa. Y lo presenta así:

“Las cartas de Guadalupe” busca, por un lado, reavivar la alegría postal, y por otro, jugando un poco con las redes sociales, tejer una red que se escape de la virtualidad y recupere el cuerpo. Intenta llamar la atención sobre las personas involucradas en la comunicación: aunque parezca obvio decirlo detrás de cada comentario o me gusta de Facebook hay una persona que tiene una caligrafía única, que vive en un lugar determinado, que posee una dirección exacta.


¿Hace cuánto que no recibís una carta por correo? ¿Hace cuánto que no abrís un sobre que no sea la cuenta de luz? ¿Te acordás que lindo que es recibir cartas? Esperar cartas, sentarse a escribir una carta, hacerse un tiempo para escribir. ¿Te acordás que lindos son los sobres y las estampillas, la textura del papel, el tiempo que transcurre al desdoblar el pliegue de la hoja y luego la sorpresa?"

http://lascartasdeguadalupe.com/acerca-de

**

El título de nuestro blog es una expresión que cada tanto reaparece en nuestra mente con cierto tono que combina diversos porcentajes de pasmo, incredulidad y/o bronca. Depende del caso. Es una expresión que nace de la constatación diaria de que todos los que nos dedicamos, en mayor o menor medida pero con franco entusiasmo, a cualquiera de los rubros considerados artísticos, desempeñamos una ardua tarea que en ocasiones incompresible. Asumimos jornadas infernales de horarios infinitos, ejercemos como productores, publicistas, difusores, docentes, críticos, mecenas, fans... de nuestro trabajo.

Amar lo que se hace. Hacer lo que se ama. Implica todo eso. Implica un constante laburo de continuidad y conexión entre la vida y la obra. Exige que nuestra vida nos permita desarrollar nuestra obra, aunque la primera transcurra en una oficina de ocho a cinco y nuestra obra viva de una a seis de la madrugada. Cosas que pasan. El arte rara vez fue hijo de las mejores circunstancias.

Entonces, en relación a todo eso, nos queda una foto muy desenfocada de esa bohemia romántica que tanta escuela hizo allá en el XIX. Ya nadie quiere ser bohemio. Mucho menos romántico. Así que, mientras deambulamos con nuestros pinceles, nuestros instrumentos, nuestros sempiternos cuadernos de notas, o nuestras laptos, atravesando la ciudad en hora punta, corriendo entre laburos, pagando taxis para llegar a ensayos donde nadie cobra, cada tanto, cómo no pensar: ¡Me cago en la bohemia!

Ya. Sarna con gusto... Pero es otra cosa.

Guadalupe Muro es escritora. Y tiene una novela bajo el brazo que viajará a Canadá para terminarse. Aparecerán otros textos en esos meses en Banff. Textos que crecerán con ella e iluminarán su solitario camino de escritura. Ahora, como motor de propulsión de todas esas páginas por venir, armó este proyecto de correspondencia donde todos los participantes recibirán un rarísimo objeto en desuso: una carta. Una carta de verdad. Un sobre de papel, con estampilla y sello de correos que habrá viajado cientos o miles de kilómetros para llegar a nosotros...

Uhm. Quizá sí queden románticos por ahí después de todo.


Toda la información sobre el proyecto y cómo participar acá: http://lascartasdeguadalupe.com/como-participar

Días como trenes

No aprenderemos nunca la lección. Volverán las oscuras golondrinas a llenarnos de mierda los balcones. Y volverá la lluvia y dejará tu rostro como santo sudario en todas mis ventanas. Habrá niños gritando en el parque de siempre. Y pensaré de nuevo es tan sencillo. Olvidaré el descuido y la feliz distancia que nos hizo posibles. Y otra vez esta vez.


**

De la felicidad de los trapecios para verlas venir en movimiento, sólo nos advirtieron un aquella canción. Trepamos por la urgencia de los días como bombero a tiempo. Entrenamiento sobra. El miedo es el guisante aquel del cuento. Bajo cien mil colchones aún deja cicatrices.

**

La insensata visión de tu cuerpo en mi puerta en tarde de domingo. ¿Metáfora u oxímoron?

Habrá que redactar la breve nota al pie que justifique tu existencia en mis días como un chiste privado. Vendrán historiadores, allá lejos y entonces, y observarán el tosco palimpsesto donde tu breve nombre fuera escrito y borrado como un mantra cualquiera durante mil y una noches.


**

Amanece seguido. Cada vez más temprano. Y allá afuera despunta el raro privilegio de días capicúa. Constante déjà vu o sólo malos flashbacks. Quién sabe. Quizá el sueño se sume al estropicio. De niño te decían que aquel con quien soñabas te soñaba. Decían tantas cosas con forma de mentira sin dudarlo. Mentiras piadosas le llamaban al circo de inventar cobardías.

**

Hay días como trenes marcha atrás.

**

m.trigo

la mala ocupación

"mi copa y puro de sobremesa,
eres mi única riqueza".
La cabra mecánica



Con todo lo que pasa en este hermoso mundo,
tan jodido,
debiera preocuparme
seriamente
por diestras y siniestras intenciones
rigiendo nuestras vidas insufribles,
debiera andar pendiente
de las tan muchas crisis,
de los grandes mangantes
gobernantes,
de cuánto derritieron hoy los polos,
cuánto perdió el ozono,
cuánto el mar
y sumar porcentajes negativos
a ver qué resultado da el infierno
en este mismo instante.

Pero no.

Me ocupo en no pensarte,
en encontrar los modos de distraer
tu nombre en plena calle,
en olvidar tus manos
y esa mirada ajena
insostenible,
y en borrarte de agendas
nuevamente,
como si así achicara
tu omnipresencia obscena.

Me ocupo en inventar
cien mil razones
para mandarte al cuerno
de una bendita vez,
y asegurarme ahora
de que queda lejísimos
el tan dichoso cuerno
postergado.

Y me preocupa un poco,
un poco, solamente,
el  efecto boomerang
con el que van y vuelven
mis preciosas excusas,
mis perfectos motivos,
mis sobradas razones
para prenderte fuego.

Claro está que si pienso
en este hermoso mundo,
tan jodido,
esto que acá sucede no merece
ni el tiempo ni el espacio
de ser tenido en cuenta,
pero este mundo nuestro,
jodidamente hermoso,
está lleno de trampas y agujeros,
de abismos cotidianos como éste:
un nombre y apellido
del todo inconveniente
que la memoria, perra,
sigue desenterrando.

Así le va a este mundo.

Jodido para siempre
porque en cada horizonte,
cada puesta de sol,
no vemos esa guerra
donde morimos todos
como si no importara,
sólo vemos la estúpida
esperanza
de que quizá mañana
un don nadie cualquiera
nos llene de sentido
o nos traduzca.

(Pobrecito este mundo
que nos soporta y guarda
como puede).

Instrucciones para blindar un corazón

Entre mis argumentos para la desesperanza
estás tú,
el disturbio sangriento, los debates
de Naciones Unidas
y los puntos de sutura en las muñecas.

A tu lado
la luna es ácida como un limón partido
y el sol el punto último
de una frase de desilusión.

Mira,
si quiera si las conversaciones se hubieran diluido
entre cafés o aburrimientos o besos
o la máquina exacta de los meses
te moliera las dudas...
pero las dudas son esa piedrecita o más bien un diamante,
porque la máquina acábo destrozada,
y en el suelo revueltos
el granizo, el cadáver, el sur.

Han pasado los años
y he aprendido a vivir con tu recuerdo
como un viejo sudor
que no puede limpiarme el dorso de la mano.

**  

Yo. Sagitario.
nieto de antiguos centauros
que creían la noche una pantera tuerta
y a su único ojo lo llamaron luna,
tan tiernos,
que morían de tristeza las tardes de niebla,
tan tiernos que sus úlceras,
se las causa un hilo
y sabían los secretos para tallar el agua,
tan tiernos,
que al salir del mar
sus huellas en la arena
tenían la forma de sus corazones.

Yo. tengo un glaciar de lágrimas heladas
desde hace muchos siglos.
porque quise amar más, de otra manera,
porque amar ha sido hacer sufrir a tantos
que el amor es un cáncer
con forma de paloma.
y en mis labios un beso como un barco
con la quilla en mis dientes
fue luego un esqueleto mordido por las olas.
ese amor nos dio el dios.

yo que borré las huellas dactilares de mi manos
para hacer más suaves las caricias
hoy las tengo desolladas de adioses.

eso nos dio:
la sed por otro cuerpo,
el estruendo de todas las ausencias,
para que nos amáramos.
hoy no quiero morirme
como tanta otra vez.

**

Jose María Parreño.

Instrucciones para blindar un corazón, ed. Tansonville, Valladolid, 2009. (1981)

JGR

"Los alumnos de la especialidad han aprendido con los años a formar una piña en el fondo del proceloso mar de la Academia, a sentirse parte de una estirpe de marginados plenamente conscientes de su superioridad, a integrarse en un espacio seguro y protector donde nadie se sorprenda de sus capacidades, donde nadie se burle de sus intereses intelectuales y donde nadie pregunte constantemente aquello de esto que- estudias-para-qué-sirve.

Sus maestros son, claro, gentes de orden. Ellos, tristísimos, malencarados y aburridos profesores con previsible pinta de profesor, con sus anticuados pantalones de tergal y sus camisas rayadas que les han comprado sus mujeres, con sus chalecos de punto y sus americanas pobres, con sus gafas de montura metálica y sus ojillos diminutos, con sus inevitables estudios en el seminario, con sus declinaciones a cuestas y sus aoristos. O por el contrario, tipos modernos con coleta y pendiente, transgresores empollones que abandonaron el Derecho y la Economía, y se pasaron al lado oscuro de la fuerza, dejando a sus padres compuestos y sin más solución que decir: «pero al menos, hijo, a ver si llegas a catedrático».

Ellas, con sus trajes de chaqueta de corte clásico, con sus rímeles excesivos bajo sus gafas de diseño, con sus divorcios o sus solterías, con sus bolsas de la compra colmadas de verduras, de carpacho de ternera y de queso en lonchas, con sus proyectos de investigación sobre poetisas arcaicas poco feministas o sobre variaciones textuales en códices ilegibles. O hippies coloristas con largas faldas étnicas de volantes, con sandalias de cuero y colgantes exagerados, con el pelo recogido en coletas casual o suelto y rizado como quien no quiere la cosa; niñas listas con altísimas notas en la prueba de selectividad que tienen vocación de maestras y ganas de cambiar el mundo".

Javier García Rodríguez.

"Verlaine, campanas de Verlaine (Chritsmas campus tale)", en El cuaderno, n°40.

Revista completa: http://issuu.com/elcuadernocultural/docs/elcuaderno40

Ángel Cerviño

Largueza: el artista da lo que no sabe que tiene.

(FEED BACK). Los cuadros salen del taller y se van por el mundo a trabajar para el autor, que los esclaviza y se aprovecha de ellos como un codicioso padrastro. Las obras son receptáculos atrapa-conceptos, que una vez capturados serán utilizados para nuevos cuadros. Desconocidos nos levantan las liebres: el pintor actúa como un rastreador, él es el que pone las trampas y se oculta para que caigan en ellas las ideas; mientras espera mata el tiempo fumando en una pipa que no es una pipa.

**

Insomnio: se balancea en la oscuridad la rama en la que nunca se posó un pájaro.

Rastrear hasta qué punto, lo que llamamos intimidad, se construye con retales puestos en circulación por las industrias de la conciencia. Cada uno de nosotros no es más que el resultado de un trabajo de patchwork confeccionado con desperdicios de la iconosfera; basura del ciberespacio donde, como en una recogida no selectiva, todos los restos se mezclan, se trituran, y se aplastan a gran presión para obtener bloques compactos y manejables.

Ángel Cerviño.

Kamasutra para Hansel y Greteled. Eventuales, Madrid, 2007.

Couer de pirate

Todas las otras

"It's meeting the man of my dreams
and then meeting his beautiful wife".
Ironic, A. Morissette.



Ella
siempre es más alta,
más rubia,
más delgada,
y se las sabe todas,
y la tiene clarísima,
y sonríe.
Y tiene tantos nombres
como una diosa antigua.
Ha sabido llamarse
Verónica y Alicia,
pero también Esther y,
por supuesto, Eva.
Y supo ser Anísima
a su debido tiempo.


Ella
siempre es más linda,
más etérea,
más hábil,
y quiere ser la madre
de tus hijos
y no es ninguna zorra,
y hasta tiene principios,
y bebe muy despacio,
y coge muy seguido,
y llega a fin de mes,
y llama solamente
lo justo y necesario,
y acierta a contentar
tus cumpleaños.


Ella
siempre es distinta,
más curada de espanto,
más hecha a la sonrisa,
más discreta
y no pregunta nunca
demasiado,
y no quiere saber
dónde estuviste,
y labura en sus cosas
y en la casa,
y triunfa en este mundo
y en el otro
sin dar explicaciones
ni matarse.


Ella
siempre es más lista,
más útil,
más precisa.
Y besa de ese modo
inolvidable,
y cada tanto vuelve
a sorprenderte
como tormenta en día
de verano,
y adivina quién sos
y qué deseas,
jamás llora a deshora,
y todo te perdona
y todo olvida.


Ella
es siempre la otra,
distinta en los espejos
y en las fotos,
idéntica en funciones
para el caso.
Es la que está primero,
llegó antes,
te conoce seguro
desde siempre,
desde alguna otra vida
te conoce,
y me ganó la mano
y se quedó con todo.

Las odiamos a todas
en estéreo.
La vida será corta
pero jode seguido
tan soberanamente
que en algo hay que ocuparla.

Felipe Giménez



"Ya es tiempo de brindar por los buenos tiempos"

www.felipegimenez.com

El amado by Berger

El amor confiere inocencia. No tiene nada que perdonar. La persona amada no es la misma que la persona que vemos cruzando la calle o lavándose la cara. No tampoco exactamente la misma que la persona que está viviendo su propia vida, su propia experiencia, porque él (o ella) no puede ser inocente.


¿Quién es entonces la persona amada? Un misterio cuya identidad nadie puede confirmar, salvo el amante. (…) El amor, aunque une, es solitario.

La persona amada es el ser que permanece cuando sus propios actos y su individualidad han sido disueltos. El amor reconoce a una persona antes de que actúe y a la misma persona después. Otorga a esta persona un valor que no es traducible en virtud. (…)

El descubrimiento de una persona amada, ya formada y completa, es el inicio de la pasión.

Uno reconoce a quienes no ama por sus logros y cualidades personales. Las cualidades que uno considera importantes pueden ser diferentes de las que la sociedad en general proclama como tales. No obstante, tenemos en cuenta a aquellos que no amamos dependiendo de la manera como llenan un contorno, y para describir dicho contorno utilizamos adjetivos comparativos. Su “forma” global es la suma de sus logros o cualidades, tal como la describen los adjetivos.

A la persona amada la vemos de una forma totalmente opuesta. Su contorno o forma no es una superficie encontrada por casualidad, sino un horizonte que lo bordea todo. Uno reconoce a la persona amada no por sus cualidades o logros, sino por los verbos que puedan satisfacerla. Sus necesidades pueden ser muy diferentes de las del amante, pero crean un valor: el valor de ese amor.

John Berger.

“Entre los dos Colmar”, en Mirar, ed. de la Flor, Bs. As., 2004.

In medias res

El final es el mismo. Muy abierto en canal, sin fucking happy end, ni música agudísima legitimando falsas importancias.

Lo que cambia es el medio. El relleno del pavo, del pollo o del cretino a cuerda que acampa algunos días en ese monoambiente donde habita la fuerza del deseo clandestino.


Aunque no lo explicita la receta, el principio es la guinda del pastel, la crema de la torta, el quid de los empachos. El fin se ve venir, como todo paisaje que rueda por la cuesta, pero el principio no. Alcanza para el caso un portazo en la cara, un email sin respuesta, un regalo del todo desmedido. Hay quien cruza la calle y pierde los papeles por una mujercita a la que nunca más. Y están las que suspiran para siempre por aquel delgaducho del colegio que escupía en su cuello en clase de dibujo. El comienzo es sencillo. Crece cual malahierba en el jardín del fondo.

El medio, ese relleno, la duración del plato que todos quieren único, es decir, desbordante de salsa y de promesas, es decir,  indigesto, y a largo plazo germen de muchos platos rotos, insomnios y mentiras, varía en sus especias y mil presentaciones. Sale en sandwich o al plato. Con hojitas de menta decorando el costado y dibujos de aceto. Al horno, a la parrilla, al punto o desagrando. La sal siempre es al gusto. Y el gusto, ya se sabe, no coincide. El sabor es misterio extravagante muy poco criticado. (Se mastica y se traga cada mierda por no pecar de inculto o desalmado en el medio del cuento que se vive...)

Al fin, un bien común, bicabornato a mano para todos. Dos o tres tragos largos antes de ir a dormir para evitar la justa pesadilla bien ganada por andarse metiendo cualquier cosa en la boca. Algunos votimamos inevitablemente antes de que amanezca y el día nos anuncie que el narrador nos tiene abandonados.

No hay de qué preocuparse.
Con el último espasmo se concede también el merecido olvido.

m.trigo

Otras razones para amar a Ray Loriga

¿No es el amor al fin y al cabo una repulsiva curiosidad por los otros, por el alcance de nuestras armas y por el alcance de las armas del , por cómo nos ven los otros, por cómo nos resumen los demás a cifras exactas, centímetros, nóminas, ganancias, pérdidas, compromisos, vaya usted a saber qué? Porque follamos con el alma encogida pensando en qué habrá después, o nos dejamos llevar y por un segundo entramos en las entrañas mismas de nuestro monstruo más amable, pero salimos intactos, indemnes, mojados, sucios de nosotros mismos, felices. Viva el amor entonces, pero, ¿y si el amor que sentimos destruye el amor que sienten por nosotros y el amor, como todo, no es más que una maldad?

"La bondad del asesino".

**

Había nacido, sin saberlo, como nacen algunas personas, con una extraña querencia por lo excepcional. Una maldición, sin lugar a dudas, que atormenta a algunos seres no excepcionales, aquellos que intuyen que existe un tesoro enterrado, pero no tienen el mapa, ni el barco, ni la audacia, ni nada.

**

Tal vez enamorarse es una decisión unilateral y que escapa a la razón.

**

Cuando muera, piensa Gini, en mi lápida pondrán: No se detuvo ante nada ni nadie: Ni ante el absurdo, ni ante el hueco que se abre entre las cosas que queremos y las razones imprecisas por las que las queremos, ni ante la frustración provocada por todos los fracasos anteriores, ni ante la opinión de los demás, ni siquiera ante la propia opinión, a menudo la más rigurosa, y no se detuvo, por fin, ante la imprecisión de sus propios objetivos. En suma, GINI NO SE DETUVO.

Por supuesto, será una lápida muy grande.


"Virginia se enamora".

Ray Loriga.

Días aún más extraños, ed. El Aleph, Barcelona, 2007.

Fotografía, by Barthes


La sociedad se empeña en hacer sentar la cabeza a la fotografía, en templar la demencia que amenaza sin cesar con estallar en el rostro de quien la mira. Para ello tiene a su disposición dos medios.

El primero consiste en hacer de la fotografía un arte, pues ningún arte es demente. (…) Puede ser un arte cuando su noema es olvidado y por consiguiente su esencia no actúa más sobre mí.

El otro medio consiste en generalizarla, en gregarizarla, en trivializarla hasta el punto de que no haya frente a ella otra imagen con relación a la cual pueda acentuar su excepcionalidad, su escándalo, su demencia. Es lo que ocurre en nuestra sociedad, en la cual la fotografía aplasta con su tiranía a las otras imágenes. (…) 

Vivimos según un imaginario generalizado. Ved lo que ocurre en Estados Unidos: todo se transforma allí en imágenes: no existe, se produce y se consume más que imágenes. (…) La imagen generalizada, desrealiza completamente el mundo humano de los conflictos y los deseos con la excusa de ilustrarlo. Lo que caracteriza a las sociedades avanzadas es que tales sociedades consumen en la actualidad imágenes y ya no, como las de antaño, creencias; son, pues, más liberales, menos fanáticas, pero son también más “falsas” (menos “auténticas”)- cosa que nosotros traducimos, en la consciencia corriente, por la confesión de un tedio nauseabundo, como si la imagen, al universalizarse, produjere un mundo sin diferencias (indiferente) del que sólo puede surgir aquí y allí el grito de los anarquismos, marginalismos e individualismos, salvemos el deseo inmediato (sin mediación).

¿Loca o cuerda? La fotografía puede ser lo uno o lo otro: cuerda si su realismo no deja de ser relativo temperado por unos hábitos estéticos o empíricos (hojear una revistas en la peluquería, en casa del dentista); loca si ese realismo es absoluto y, si así puede decirse, original, haciendo volver hasta la conciencia amorosa y asustada la carta misma del tiempo: movimiento propiamente revulsivo, que trastoca el curso de la cosa y que yo llamaré, para acabar, éxtasis fotográfico.

Tales son las dos vías de la fotografía. Es a mí a quien corresponde escoger, someter su espectáculo al código civilizado de las ilustraciones perfectas, o afrontar en ella el despertar de una intratable realidad. 

Roland Barthes.

La cámara Lúcida. Notas sobre fotografía, ed. Paidós Comunicación, Barcelona, 1990. 

Tres pájaros


Berger citando a Heidegger en un pasaje que podría ser de Beckett. 

Es así: 

“Conversación acerca del pensamiento en un camino rural”, del Discurso del pensamiento de Heidegger

Profesor: … todavía no se ha encontrado qué es lo que permite que el horizonte sea lo que es.
Científico: ¿En qué piensa al hacer esta afirmación?
Profesor: Decimos que miramos al horizonte. Por consiguiente, el campo de la visión es algo abierto, pero su apertura no se debe a nuestra mirada.
Estudioso: De forma parecida, tampoco situamos en esa apertura la apariencia de los objetos que nos ofrece un determinado campo de visión.
Científico: … más bien sale a nuestro encuentro.
Científico: Luego pensar sería entrar-en-la-proximidad-de-la-distancia.
Estudioso: Una atrevida definición de su naturaleza que acabamos de encontrar por casualidad.
Científico: Me he limitado a unir lo que hemos mencionado, pero rin representarme nada a mí mismo.
Profesor: Sin embargo, habrá pensado algo.
Científico: O esperado algo sin saber realmente qué.

Esta cita es de 19944-45, cuando Heidegger, con más de cincuenta años de edad, buscaba otras maneras metafóricas y vernáculas de transmitir la significación de la cuestión filosófica fundamental por él planteada en El ser y el tiempo (1927). (…) Heidegger había nacido en la Selva Negra y era hijo de un carpintero. Utiliza continuamente el bosque como símbolo de la realidad. La tarea de la filosofía, para él, es encontrar el Weg, el camino del leñador a través del bosque. Este camino tal vez conduzca hasta el Lichtung, el claro cuyo propio espacio, abierto a la luz y la visión, es la cosa más sorprendente de la existencia, y es la condición misma del Ser. “El claro del bosque es la apertura a todo lo que está presente y ausente”. 

John Berger, "Seker Ahmet y el bosque", en Mirar, ed. de la Flor, Buenos Aires, 2004, pp. 111-112.

(La negrita es nuestro pasmo).

Ciencia cierta

Un poema no se hace,
comparece;
va emergiendo como un islote que el mar pone lentamente en descubierto.
Un poema no dice nada de lo dicho ya,
grita, más bien,
como un apuñalado a quien el arma le revuelve las entrañas ferozmente.
Un poema no canta
ni encanta demasiado,
nos toma de la garganta como Jack, el Destripador en el estertor del consumado crimen de su negra imaginación. /
Un poema no explica
ni justifica,
nos somete como una borrachera desatada a medianoche en el estanco de un burdel.
Un poema no hace luz
ni oscuridad,
sin embargo enceguece como el sol cuando se lo mira cara a cara.
Un poema es gratuito como un accidente
y comprometedor como un crimen sin coartada.

Carlos Latorre.

Reclamo de princesa deslenguada

Otra puesta de sol que regalarte
 y vos,
pelagatos marítimo,
imberbe insoportable
y discretísmo,
pecás de alevosía
y de distancia
y no te hacés presente.

Tenés la caradura
y la certeza
de estar en cualquier parte,
conquistando horizontes
o asestando mamporros
a algún pobre dragón
encabronado
con toda la razón,
quién te manda meterte
en tanta cueva infecta,
quién te reclama hazañas
imposibles
y del todo extranjeras.

Vos,
grandísimo zopenco,
reflejo avejentado
de Narciso,
perfecto para todas
y ninguna,
devorador de noches,
usurpador de sueños,
tenés la puntería
de andar ocupadísimo
en infiernos cualquiera
donde nunca rescatas
mi cuerpo entre tus brazos.

Vos,
musa de trovadores,
estribillo enfermizo
de estúpidas canciones
en tu nombre,
caminante del agua
y otras cien mil blasfemias
que traducen tu escudo
en apellido ingrato
para mis secos labios,
debieras hace tiempo
estar de vuelta,
debieras hace lunas
regresarte
y debieras llorarme
y extrañar este lecho
de sangre envenenada
que te espera sin fe,
sin ganas ni deseo,
pero te espera al fin,
porque lo dicta el cuento
y esa zorra del hada
atolondrada
que repite tu nombre
en mis oídos
cuando estoy por dormir
o despertarme,
"para que no te olvide",
vendría a ser la idea,
como si hicieran falta
las siete putas letras
que te nombran,
como si no estuvieras
cosido en mis entrañas
desde antes de saber
que existirías.

Vos,
legajo sonriente
que acampas donde quieres
tu sonrisa  y tus manos,
sabiendo que esa parte
del cuento no interesa,
vos,
rata inmunda que roe
cada hueso astillado
que poseo,
sombra esquiva y constante
del turbio pensamiento
desquiciado
en el que a ratos sos
mi amor posible
y a ratos el infierno
prometido,
más te vale que vuelvas
sano y salvo
y me raptes de acá,
de esta torre de hielo
escandinavo
donde no hay ni un soldado
que llevarse a la cama
a la hora de la siesta.

Vos,
donde quiera que estés,
que el mar y el sol te guarden
o acallen tu mirada
sobre mí,
la estúpida princesa
enamorada
del cabrón más rapaz
de todo el barrio.

m.trigo



Echando luces


Arrancó este año con un viento de estudio y reconstrucción que sopla huracanado. Cuestión de revolver la teoría, cuestionar lo aprendido.Darse cuenta de que ya no sirve, no cierra, no alcanza, no es tan así ni tan cierto ni tan útil. Y llenarse de dudas nuevamente. Deporte aterrador y necesario.

Cuando no se tiene una profesión presentable en esta sociedad tan catedrática resulta imprescindible reinventarse. Desconocerse un poco. Sobre todo aburrirse. De uno mismo y de sus estúpidos pararrayos. Las tormentas vendrán y los truenos serán las carcajadas que reciban tus muchas precauciones cuando el tejado vuele por los aires.

Somos muchos los que no somos "alguien de provecho". Y todos tenemos esos días en los que venderíamos un riñón por ser médicos, abogados o astronautas con futuro incierto, pero futuro al fin.

Blablabla.

Cambiemos el disco. Rompamos el vinilo de una bendita vez, tirémoslo por la ventana. Fijo alguno lo tropieza y se lo queda.

Si algo nos está enseñando la pobre y mala prensa que nos llega del mundo es que no hay un futuro merecido. Y menos para todos. Quizá fue siempre así, pero ahora nos lo dicen más seguido. Pasó el apocalipsis y acá estamos. Nunca es tan para tanto, pero nos piensan tontos.

Aceptemos entonces esa frase que ronda los stencils: "el futuro llegó". Y nosotros así, con estos pelos. Y bue. Quién sabe si mañana harán falta astronautas a mansalva. No seremos nosotros. Ni seremos tampoco los que redacten cláusulas de contratos infames que habiliten vivir como se pueda. Con un poco de suerte, ni siquiera seremos los que firmen al pie de esa letra tan chica donde la trampa anuncia su presencia.

Nosotros, los don nadie, los que estamos de paso y somos una suma de azares y lecciones del todo inesperadas, a veces descubrimos que con estar alcanza y nos inquieta entonces el dónde y el con quién. Apenas eso. Y bueno, sí, a veces elegimos del peor de los modos por inercia, pero otras sale bien.

¿Dónde nos va llevando este barranco abajo de incertidumbre rara? No sabemos.

Y esa es la gracia, amigos, del asunto: ninguno tiene idea.

Así que no compremos consejos en rebajas, amores con descuento, futuro a plazo fijo y esas gangas. Apostemos apenas por los cinco minutos que tenemos enfrente. A ver qué nos deparan. Qué calle hay que cruzar sin que nos pise un auto, qué canción escuchar, quién cocina la cena y qué libros nos faltan por leer.

Que lo inmediato nos lleve de la mano a lo preciso, con suerte, a lo precioso (jamás a lo preciado).

Que cada menudencia signifique. Y quizá una mañana despertemos habiendo aprovechado la vida, que no el tiempo.

J. L. G.


(...) Ahora se estila más el cine social, el tejido humano, el melodrama de tintes poéticos, la mala conciencia y la liquidación de la deuda externa. El cine de vanguardia ya no se lleva o se lleva de otra forma. Gestualmente alternativo, a la americana, rudimentariamente sentilmental a la europea. De mucho sufrir. El desafío intelectual resulta pedante, frío, pasado de moda. Han muerto las precauciones, el vértigo, el arte por el arte, el cine por el cine. Hay que sentir, en el estómago, en los huesos, en el corazón. En eso estamos; sufrimos mucho, pensamos poco.

De un tiempo a esta parte tengo la sensación de que la gente se cree las películas como si fueran ciertas. Tengo la sensación también de que cuanto más pretende acercarse el cine a la realidad, más se aleja del cine. (...)

A Godard le llámabamos God, que es Dios en inglés; también a Bergman le llamábamos Dios. Ninguno de los dos se enfadaba. Nos tomábamos el asunto rematadamente en serio. No es que nos tomásemos en serio a nosotros mismos (tal vez un poco, pero no sin rubor), les tomábamos en serio a ellos. Aún lo hago. La energía que derrochábamos no nos impedía ver la ironía implícita en la pelea. Y sin embargo nada se tomaba a la ligera. No las llamábamos películas, lo llamábamos cine. Son dos cosas distintas que por momentos se juntan, se superponen, pero también se distancian y en ocasiones se enfrentan, y es lo uno o lo otro. (...) El cine que vemos, y con frecuencia el que hacemos, se ha vuelto plano e inofensivo, falsamente domesticado, sin esquinas. Ignora su propia naturaleza, se reduce, se encoge. No se cuestiona nada dentro de su propio sistema y pretende saberlo todo de la vida real. Qué confusión. Habría que dejar la vida tranquila, la realidad se basta sola, no necesita que la reproduzcan, sino que la incomoden. ¿Y qué hay del cine? ¿Dónde está? Si Hitchcock levantara la cabeza...

Ray Loriga.

"J.L.G., en Días aún más extraños, ed. El Aleph, Barcelona, 2007. 

La película


no tiene título.

Podría ser francesa o alemana. Es una de esas pelis donde sucede poco pero como ese poco le sucede a una mujer, de buenas a primeras parece interesante y uno se pone a verla sin muchas pretensiones. Porque se está de paso, o no hay nada mejor o no hace sueño.

Sucede la película.

Esta mujer cualquiera que se parece a todas y a ninguna también está de paso. Camina mucho rato. Sobre vías de tren, a veces por caminos donde cruza algún perro o una oveja, y luego en la ciudad. Una ciudad cualquiera.

No conoce la prisa, no va a ninguna parte. Nunca nos enteramos de qué le paso antes, así que imaginamos que alguien la quiso mal, o acaso se cansó de ser quien era, abandonó a algún hijo, mató a un padre terrible. No importa demasiado. Alguna de esas cosas son posibles porque parece triste y hay algo en su mirada de cansancio excesivo.

Si ella supiera cómo, dejaría de ser. Pero no tiene idea. Así que sigue estando.

Tiene plata consigo. No sabemos de dónde. Lleva uno de esos bolsos de cuero envejecido donde reina el desorden. Tiene un libro que lee y que subraya. Se sienta en los cafés. Finge leer a veces mientras observa al resto. Le llaman la atención las cosas más absurdas. Junta sobres de azúcar donde escribe las fechas.

En algunos momentos parece que sonríe pero es un gesto extraño muy poco practicado.

De noche se da un baño. Sin espuma. Claramente no entiende que ese cuerpo es el suyo. Quisiera ser distinta. Suponemos.

Sabemos de repente que morirá al final de la película. De un modo inesperado. Y no queremos verlo. No queremos saber más que ella. No queremos seguir ahí cuando lleguen los créditos y ella se haya marchado.

Y la dejamos sola.

Hacemos zapping.

Rilke

París, 17 de febrero de 1903

(...) Las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fáciles de expresar como a menudo se nos quisiera hacer creer; la mayor parte de los acontecimientos no se pueden enunciar, suceden en un espacio que no ha hollado nunca una palabra, y los más indecibles de todos son las obras de arte, existencias llenas de misterio cuya vida es perdurable, frente a la nuestra perecedera. (...)

Nadie puede aconsejarle y ayudarle a usted, nadie. Sólo hay un medio. Adéntrese en sí mismo. Investigue usted el motivo que le impulsa a escribir; averigüe si extiende sus raíces hasta lo más profundo de su corazón, compruebe si se moriría por fuerza si no le fuera permitido escribir. Y sobre todo, esto: pregúntese a sí mismo en la hora más silenciosa de la noche: ¿debo escribir? (...)

Si su vida cotidiana le parece a usted pobre, no le eche la culpa a ella; acúsese a sí mismo, dígase que no es usted suficientemente poeta para convocar a sus riquezas; pues para quien es creador no existe la pobreza ni lugar alguno pobre o indiferente. (...)

Una obra de arte es buena cuando nace de la necesidad. En este su modo de engendrarse radica su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde brota su vida; en si manantial encontrará usted la respuesta a la pregunta de su debe crear. Acéptela tal como suene, sin buscarle las vueltas. Tal vez resulte cierto que está usted llamado a ser artista. Entonces cargue con su propio destino y lleve su peso y su grandeza sin preguntar nunca por el premio que podría llegar de fuera. Pues el creador debe ser un mundo para sí mismo y encontrar en sí mismo la naturaleza, a la que se ha incorporado.

Aunque tal vez, después de haberse sumergido en sí mismo y en su soledad, tenga que renunciar usted a ser poeta; (basta, como ya he dicho, sentir que uno es capaz de vivir sin escribir, para no tener que hacerlo de ninguna manera). Pues aun así, este recogimiento que yo le pido no habrá sido inútil. Su vida, en todo caso, encontrará a partir de ahí caminos propios, y que puedan ser buenos, ricos y amplios es lo que le deseo más de cuanto podría decir.

R. M. Rilke.

Cartas a un joven poeta, ed. Hiperión, traducción de Jesús Munárriz, Madrid, 2007. 




llueve raro


"quien te pudiera tener, guardadito en un bolsillo como un pliego de papel", decía una canción con la que se saltaba a la soga allá lejos y entonces. 

resulta ahora pasmosa esa impunidad infantil de los parques. esa distancia cero que nos destrozaba las rodillas, llenísimas de heridas tan seguido. igual que el corazón. porque se amaba entonces de modo desmedido y sin excusa. sin premeditación. sin darle mucha vuelta ni media explicación. amor a quemarropa en forma de pedrada, bofetada, o ese tirón de pelo donde el odio escocía la mirada. 

ahora no sé qué pasa. 
espanta tanta asepsia. 
tanto seguro en mano. 
no queremos más llagas. 
ni imposibles. 

llueve desordenado pero aburre. 

es un asco crecer, qué duda cabe. no queda ni un resquicio por donde el viento alivie tantísima tontera y miedos neandertales. no hay fuego más allá de nuestra humilde cueva que merezca el andar matando nada. ni tan siquiera el tiempo. 

lo dicho: llueve raro. 

pero al menos cae agua. 
o lo parece. 
quién puede asegurarlo. 

Las lecciones de la ciudad

En estos días volvemos a aprender a mirar con John Berger.
No hay mucho que añadir.

Leer. Crecer. Vivir.

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Fragmentos del capítulo "Ralph Fasanella y la ciudad" en Mirar. Ed. de la Flor, Buenos Aires, 2004. 

Una ciudad moderna (...) no es sólo un lugar, sino que además, mucho antes de ser pintada, constituye por sí misma una serie de imágenes, un circuito de mensajes. Una ciudad enseña y condiciona mediante sus diferentes aspectos, sus fachadas, su trazado. (...)

La ciudad (...) habla a través de las ventanas. Ventanas de viviendas, ventanas de fábricas, escaparates, ventanas de oficinas. En las casas de vecinos, las ventanas son tan repetitivas como los ladrillos, aunque todas son distintas. A veces hay una persona asomada. Sin embargo, las figuras asomadas a las ventanas son diferentes de las que están en la calle. Estas últimas tienen su propia silueta y carácter. (...) Las figuras que se asoman a las ventanas son meros signos dentro del rectángulo que las enmarca. (...) Cada ventana enmarca el lugar de una actividad social o privada. Cada marco contiene el signo de una experiencia vivida. El tríptico en su conjunto reúne la suma de esos signos de experiencia, que son agrupados conforme a una visible ley de la acumulación, ladrillo sobre ladrillo, un piso encima de otro piso, una ventana al lado de otra ventana. La ciudad ha crecido como una colmena; pero, a diferencia de ésta, cada celda, cada ventana, es distinta a las demás. Sin embargo, esas diferencias, que han de expresar recuerdos, esperanzas, opciones, desesperanzas particulares, se anulan entre sí, y siempre se puede sustituir una serie por otra. (Cuando muere o desaparece un inquilino, la habitación que deja vuelve a ser alquilada). Lo que continúa día y noche, años tras año, es el marco de la ciudad. El resto es como el periódico que se imprime a diario. Esta es la primer lección.

Las ventanas revelan lo que hay dentro de los edificios. Sólo que revelan no es la palabra correcta, pues sugiere que antes de la revelación había un secreto. Las ventanas presentan la vida o las vidas de sus edificios. Presentan sus interiores de una forma que muestra que nunca fueron interiores. Nada tiene interiores. Todo es exterioridad. En este sentido, la ciudad entera es como un animal sin vísceras. (...)

La superficie típica del nuevo urbanismo (...) es la brillante superficie del espejo, del cromo, del metal pulido, de los poliésteres; una superficie que, al reflejar lo que tiene enfrente, niega lo que está detrás. (...) La ciudad ha suprimido todo espacio para lo que está detrás o dentro. El único espacio interior autorizado es el de la caja fuerte. Ésta es la segunda lección. (...)

Fueron unos procesos económicos (...) básicos los que destruyeron, invadieron el interior de las casas de vecinos. La casa ya no era un almacén; por el contrario, el almacén era el lugar al que uno tenía que comprar cada día los elementos necesarios para vivir. Estos se pagaban con las horas de trabajo asalariado. El tiempo de la ciudad, el tiempo de las horas de trabajo, dominaba todos los hogares. No había dónde refugiarse de ese tiempo. El hogar nunca contenía los frutos del trabajo, un excedente ya sea de bienes o de tiempo. El hogar no es más que una casa de huéspedes. Ésta es la tercera lección.

En los años veinte Brecht escribió un poema titulado "Sobre el efecto aplastante de las ciudades". Termina así:

Tan breve era el tiempo
que entre la mañana y la noche
no había mediodía
y en el antiguo suelo familiar
se levantaban montañas de cemento. 

Así como el capital está obligado a reproducirse sin cesar, así también su cultura es una cultura de perenne anticipación. Lo-que-ha-de-venir-, lo-que-se-ha-de-ganar, vacía lo-que-es. (...) El tiempo es oro. Esto también puede querer decir que el dinero es la apariencia del tiempo. Al ser puramente cuantitativo, el dinero no tiene contenido, pero puede ser intercambiado por uno: con el dinero se compra. Esta misma es la realidad del tiempo: también éste se intercambia en la actualidad por el contenido del que carece. El tiempo de trabajo por un salario, el salario por el tiempo no vivido "encapsulado" en la compra: la "velocidad" del automóvil, el eterno presente de la pantalla de televisión, el tiempo "ahorrado" con los cientos de electrodomésticos, la paz futura de la pensión de jubilación. La cuarta lección de la ciudad es una ilusión en la que se combinan la negación del tiempo y del espacio. 

Berger, sobre Giacometti *


Un día, alguien le preguntó a Alberto: "Cuando sus esculturas por fin deban dejar el estudio, ¿a dónde deberían ir? ¿A un museo? Él respondió: "No, sepúltenlas en la tierra, así pueden servir de puente entre los vivos y los muertos".

Lo irreductible era el ideal de Giacometti. Sus figuras están allí, con lo que queda después de que el aire y la luz y el uso se dispersaron con el resto de las cosas. ¿Son como esqueletos? Todo lo contrario. Tratan sobre lo que la anatomía no puede clasificar ni identificar. Muestran cómo, en las profundidades de un cuerpo, existe una interfaz, una piel compartida entre lo físico y lo metafísico.

La mayoría de los retratos de la historia del arte aluden, primero, al género y a la clase y el entorno al que pertenecían los modelos; segundo, a lo que tenía de particular y único el sujeto que posaba. (...) Cada uno de los retratos esculpidos de Giacometti parecen presentar un ser irreductible, que sólo entonces resulta ser mujer un hombre, joven o anciano, filósofo o chica de gángster. Cada uno de sus retratos es como un nombre de pila fundido en bronce.


* Fragmentos de una nota publicada por John Berger en la revista Dulce Equis Negra, n°3, Buenos Aires, abril 2006, pp. 38-51.

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Últimos días para ver la exposición de Giacometti en la Fundación Proa. Hasta el 9 de enero. 

http://proa.org/esp/exhibition-alberto-giacometti.php


Cicely

amor: cualquier verdura

ahora que amar, mi amor, vendría siendo casi cualquier verdura que en abuso indigeste, los días son un tren en marcha atrás y no llueve lo justo y necesario. no llueve donde debe o como quiere nadie, pero es cosa del agua y sus lecciones. ser agua no es sencillo.

sucede en esta práctica de amar cualquier resfrío, que un poco se inmuniza, algo se fortalece la estructura y la forma. no el sentido. ese se pierde igual cuando sube la fiebre y se piensa que acaso es por tu culpa. y, por supuesto, no. son las corrientes. y andar medio desnudo. se sabe, lo dijeron: "la única manera de restablecer la salud, en este mundo, es calzándose algo encima del cuerpo". *

también el tiempo apremia o se detiene. y no hay constancia vaga o sistema específico dispuesto a columpiarse un poco menos. hace lo que le canta. y ni siquiera afina. así de irresponsable y vespertino. la ventaja de ser reloj arena es morirse tan lindo y tan seguido. se pierde el miedo a todo después de tres minutos cayendo en el vacío.

ni hablar de las distancias, mi amor, amando así. no hay mapa escandinavo con menos coordenadas. la distancia es afuera. cuestión de un infinito milimétrico. comienza a calcularse desde un lunar exacto. pongamos, por ejemplo, este chiquito mío. y luego van sumándose medidas adecuadas: medio metro, seis cuadras, tres horas de viaje, un libro de poemas, oceáno mediante, veintisiete películas, dos cambios de estación, un calendario, años luz, varias vidas. y al final de la suma fijo que no estás vos. cuando se llega allí la verdura es distinta. más o menos cualquiera.

complejo el mecanismo del amor. cuadro abstracto. le faltan llavecitas y botones. serían salvaciones necesarias. un click y el artilugio se detiene. un botoncito rojo en el costado y cesa ese runrun de mil demonios que a todos ensordece. doble click y volamos por los aires. y después somos piezas de un puzzle más sencillo. boticelli en la uffizi, por ejemplo.

m.trigo

(* robada a L. Lutereau, Los santos varones).