Más o menos un millón de imposibles por minuto

No sé si esa es la cuenta más exacta porque cómo se mide el imposible y quién nos garantiza que en realidad lo sea. ¿Y está bien ir pensando que hay tanto sueño breve que nunca nos será?

Esa es una lectura. La otra bien puede ver en cada azar lejano, en esa rara suerte de imposibles, un objetivo nuevo, un horizonte sano hacia el que caminar y ver si así, de a poco, el im- se va borrando.

Cada tanto sucede porque a veces descubres que el agua en que te ahogas apenas es un vaso. Y te lo bebes. Y al final el problema o el deseo era un poco de sed. Y se te pasa.

No es frecuente esta gracia. Pero pasa.

Entonces tomar nota. Y aprender a soñar de otra manera.
Diferente.
O más grande.