Esta botella al mar

que a ratos todos somos, no sólo no se cansa, tampoco se extravía o estalla en mil pedazos.

Resiste. Todavía.

Espera poco y nada. Apenas otra ola. Esa fuerza extranjera donde baila. Ni tan siquiera avanza. Sólo sigue. Sin preguntarse quién la pusó acá, sin poder ni querer leer su contenido. (Otro misterio).
Más ser en plenitud que ocupación constante y tan cualquiera.

Esta botella al mar anoche llegó a vos. Orilla de un quizá donde todo comienza.

Espera bajo el sol.
No sabe nada.

Quizá si le preguntan responda que desea ser voz de tu verano.
Por supuesto no sabe lo que dice.
Pero quiere.


(a L., por ahí, quizá también acá).