Así la espera

Raros ratos. Silencio. Y el aire tan de paso
sobre todas las cosas imprecisas.
Del todo innecesarias a su vez.
Lo saben.
Quizá por eso callan. Y no esperan.
O lo hacen de otra forma.

No así, no como yo.

No se espera arañando las paredes
o mirando horizontes a punto de borrarse.
Ni se espera en andenes
por antigua que sea la costumbre.
No se espera tampoco contando cicatrices,
picaduras, restos de tatuaje
de nombre abandonado.

Sobre todo,
no se espera inventando
al filósofo inmune a tu palabra,
porque llegará el día
donde tampoco vos
sabrás qué hacer con su sonrisa a mano,
su brevedad certera,
sus ganas de ser otro y estar lejos
o de quedarse acá,
en medio del silencio de la tarde
y hacer como si nada
mientras el aire borra
cada duda.