Ahora que el viento sopla

y nos hace posibles y despeina certezas y nos barre el cansancio, parece un buen momento para llenar la boca con palabras espejo, de esas casi en desuso. Vocalizar clarito, el impacto sonoro de un te quiero, o simplemente olvido, o ese misterio inmenso del ahora.

Se me ocurre también mirar el horizonte y hacer rodar despacio cada inquietud o miedo hacia ese fin del mundo mentiroso. Volvernos medievales. Dejar que allá termine el mapa conocido y que todo resbale hacia un averno clásico. Observar que sin lastre el pensamiento avanza renovado.

Ahora que el viento sopla probemos la quietud. Ser montaña o ser piedra esperando otra lluvia.
Dejarse estar y ser.

Ahora.