Una bandera blanca no tiene por qué ser necesariamente una toalla


A veces
hay que descender
de las alturas
Caminar una vez más
entre mortales
Reconciliarse un poco
con la mediocre
comodidad
del que se permite
ir existiendo sin hacer
tantas preguntas
Sentarse por ejemplo
ante la tele
Poner películas
de vídeo
Llamar por teléfono
para lanzar un esoese
o confesarle a alguien
que le quieres
Enviar felicitaciones navideñas
a conocidos, hermanos
y demás familia
Hablar de política
con la mujer
de la limpieza
Comprar pipas con sal
o un cupón
de lotería
Hacer de cicerone
Sonreírle a una solterona
Decir gracias en el banco
Dejar pasar a una viejita
que te clava la punta
del paraguas
en la cola
de la tienda
Leer el Hola
en la taza del váter
o en la consulta
de un dentista
Inclinarte y hacer muecas
gilipollas
delante del bebé de la vecina
Decir: "Qué día más espléndido"
o "Cielo, pásame la sal"
o "Tus ojos me recuerdan
al lucero de la aurora"
Comprarte una corbata
Guiñarle el ojo
a un parapléjico
Solidarizarte con un guardia
en un atasco
Interesarte por el hijo enfermo
de la estanquera
Escuchar declaraciones
de un político
y no sentir asco
ni odio
sino pena
(quiere decirse
compasión)
Aceptar que hay gente
para todo:
aficionados al fútbol
comedores de caracoles
lectores del último Planeta
taxistas
policías
acomodadores
porteros
conductores de autobús
traumatólogos
psiquiatras
funcionarios de Correos
(y que si uno ha tenido
un poco más de suerte
no es por su cara bonita
sino por algún prodigioso
y bendito accidente
de la biología)

A veces
-sólo a veces -
hay que bajar de las alturas
- o subir
de las profundidades -
y atreverse a ser estúpido
y feliz
sin necesidad siquiera
de estar enamorado
y recordarse
que la guerra todo el tiempo
puede acabar
con el más grande estratega

Salir por un momento
de la Obra
y si esa bala
que -desde algún lugar
más o menos alejado
en el tiempo y en el espacio -
ahora mismo
viene a por ti
te alcanza
entretenido
en alguno de estos
mezquinos menesteres
que no se diga
que no estuviste aquí
que no te pringaste
como el mejor cantamañanas
que no fuiste del todo
un ser humano

Roger Wolfe

Días sin pan, ed. Renacimiento, 2007.