Suecia

No tengo una puta idea
y estás lejos
cinco horas más atrás
ocho horas más adelante
qué importa
ocho horas y nada para ser más precisos
y esas vidas lejanas
tienen una idea
y mirarlas tomar
café y té respectivamente
me hacía inmensamente feliz
porque tienen una idea
y cuando hablan de ella
había alegría
y si me preguntaban
se me ocurría algo.

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Las nubes son increíbles. Están ahí, esperando que las vea. Yo no puedo porque estoy ocupada conmigo misma. Mi dificultad por existir consiste en un darme por vencida. Tenía ciertas ideas de cómo era la cosa y de golpe perdí el tren. Las nubes no se alteran por mi ignorancia. Están presentes, yo no las veo. Un poco luz, un poco gris, reflejo de un vidrio recortado con el azul. Una gaviota. Y mis problemas son en resumen no aceptar mi vida. No encaminar lo que tengo y pensar una y otra vez en lo que no quiero que suceda. En cambio el cuervo lleva un recipiente para papas fritas vacío, de plástico blando. Simplemente eso.
A través del vidrio se siente el sol. Dicen que es un día hermoso. Yo sólo siento las sombras de las moscas que se interponen entre el afuera y el yo. Mis manos que parecen de piel de reptil. Atrapar a los insectos. Ahora, la sombra de la nube lo cambia todo. Existe un gran impedimento que no puedo expresar. Cada vez estoy más sola. Por un lado es un accidente. Por otro es una corriente que empuja a las moscas hacia fuera. Y finalmente es una elección. No sé si mía o de ellas.

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Alejandra Szir.
Suecia, Libros de Tierra Firme, Bs. As., 2006.