Hubiera preferido

no dar explicaciones ni disculpas,
no enredar la metáfora
ni andar pensando en vos
como si fueras alguien
dispuesto a restaurarme.
Hubiera preferido
ser capaz de besarte
y que vos me dijeras,
pero nena, salí, qué te tomaste.
Y morirme un poquito en ese instante,
emborracharme luego
y santaspascuas.
Hubiera preferido
que el amor fuera un chiste
o un buen libro.
Y no un asco que siempre sale mal.

Hubiera preferido
sentirme mejor sola.
Criar gatos y eso.
O lo de hacerme monja.
Sería yo buenísima
rompiéndole las bolas
a dios a toda hora
con cuestiones retóricas
y dudas infumables.

Hubiera preferido cocinar.
O querer tener hijos.
O al menos serte útil.
Pero se ve que el día de reparto
de virtudes sensatas
y buenas intenciones
yo me dormí en el baño
la resaca.

m.trigo