de niña sin jardines

Escuchas las campanas
de alguna iglesia antigua,
pasa el afilador
y ladra un perro.

La ciudad como tierra
de imposibles,
tan máquina del tiempo
directa a la nostalgia.

**

Pensarte como juego
en salas de aeropuerto
y esperas cotidianas.
En cafés clandestinos
mientras llueve.

Pensarte como sombra
enrarecida
como gran puzzle en llamas
o tren de mercancías
tan de paso.

**

Bajo el agua contarte.
Cien mil igual a vos.

Y soñarte sin prisa.

Como quien planta robles
y deberá esperar
lluvia y veranos
para tener su sombra
prometida.

**

Despertarse con risa
por adentro
y canciones cosidas
a los pies.

Tropezar con razones
del todo innecesarias
para explicar qué amores
nos tienen del revés.

(Tan dada vuelta).

**

Y un barco de papel
naufragando en el fondo
de algún whisky.

En él van nuestros nombres
y mis ganas de vos
y mis mentiras
y una lista infinita
de ciudades
donde perderse pronto
de tu mano.

**

Y podría decirte
buenos días,
como quien vende pan,
regala besos
o conoce de vos
cada bolsillo
porque acá las mañanas
te contemplan
como posible y mío,
como leyenda o cuento
donde duermen cien años
y una bruja sonríe
y un sabio nos rescata
de este hechizo que obliga
a contemplar tu sombra
desde lejos.

Y no.
No hay happy end.