"Hace bien admirar".

¿Flaubert dijo algo así? No importa. Compartimos la idea.


Sobrevivimos a la infancia gracias a unos pocos ídolos inventados. "De grandes", o lo que quiera ser este estado intermedio de la vida, la soledad nos duele cada tanto y a menudo se cura gracias a ciertos nombres que invocamos cual mantra cuando se pone oscuro.

Hay libros, cuadros, poemas, canciones, películas, que aparecen en el momento exacto. Nos devuelven el sentido. Nos recuerdan porqué estamos acá haciendo esto.

Hace bien admirar. Y hace más que bien, cuando lo que se admira no es sólo la obra terminada, sino el modo de trabajo, el pensamiento, la ética, el humor que hay tras ellas.

Los hemos mencionado varias veces acá, siempre felices de haberlos (re)encontrado: El Pampero Cine. La productora responsable de Historias extraordinarias. Mariano Llinás, Agustín Mendilaharzu, Laura Citarella y Alejo Moguillansky. El Radar de esta semana nos abre las puertas de su universo creativo. Universo, sí. Porque decir "productora" suena raro, pobre, hueco. Decir "una productora de cine", en este caso, suena a tapadera. A palabra cómoda que sintetiza sin hacer justicia. El Pampero Cine, quizá tenga una sede pero se expande constantemente. Y sus proyectos, cada uno y la suma de todos, poseen algo de esa naturaleza insaciable del aleph borgeano.

Mejor lean la nota. VEAN HISTORIAS EXTRAORDINARIAS. Vuelvan a verla. Porque cada vez aprenderán algo distinto. Y busquen todo lo que se menciona. Balnearios, El amor, Castro, Ostende, Los talentos, La edad de oro, el disco de Citarella... Estarán encontrando lugares a los que siempre les gustará regresar.

Y tomen buena nota de las novedades que tienen entre manos. No les pierdan la pista.

***

“El cine es un objeto infinitamente moldeado por el dinero y el profesionalismo”, explica Llinás, que desde su primera película se decidió a cargar contra esos preconceptos, contra ese reinado del presupuesto por sobre el hecho artístico. “Siempre me resultó asfixiante esa sensación que tiene la industria de que hay una sola manera de hacer películas, esa terca indiferencia ante la diversidad”. (...)

“Con El Pampero somos hijos de varias tradiciones, pero por un lado nuestra independencia recoge el guante de la escena más alternativa del rock argentino de los ’80”, asegura Llinás, que se presenta como fanático de los Redondos y de Sumo (“Estoy rodeado de viejos vinagres”, dice para ejemplificar la lucha de El Pampero frente a la ortodoxia del cine argentino), y asegura no haberse olvidado del espíritu de independencia del Parakultural, donde recuerda haber ido vestido con su uniforme de escolar secundario a ver a su hermana Verónica, integrante de las Gambas al Ajillo. La otra tradición independiente en la que abreva El Pampero es la del más reciente Teatro Alternativo Porteño, en la que se empezaron a sumergir con la excesiva Historias Extraordinarias, una película con un centenar de personajes. “Podríamos haber utilizado actores no profesionales, como era tendencia en el Nuevo Cine Argentino. Pero para nosotros era un orgullo buscar un actor para cada personaje, abrevar en ese mundo al que admirábamos, de artistas que no le pedían permiso a nadie para interpretar sus obras.” (...)

“Sentí que el cine tenía más que ver con esta forma de hacer las cosas”, intenta explicar Laura. “Había algo que se potenciaba, al romper la estructura verticalista de la producción tradicional. Fui y vine, pero con Historias sentí que se había armado algo.” Equipos pequeños y responsabilidad colectiva: ésa parece ser la clave en el esquema Pampero. “Nunca vas a escuchar la frase que siempre escucha Producción: traeme soluciones, no problemas. Porque los problemas son de todos.” Nacida en La Plata, con ambiciones de periodista pero finalmente mudada a Buenos Aires para estudiar danza primero, y cine después, Citarella –cantautora además, con un hermoso disco bajo el brazo, editado en el 2009 por El Pampero Records, y otro por venir– recuerda con una carcajada un apartado de Producción que tenían durante el rodaje de Historias: se llamaba Problemas imposibles de resolver. Ahí estaba el León, el viaje al Africa, y el capítulo de la 2da Guerra Mundial. “¡Los terminamos resolviendo todos! Con este formato de producción, incluso lo imposible se podía vencer.” (...)

¿Por qué te pensás que decidió que protagonizásemos Historias Extraordinarias?”, asegura Mendilaharzu, quien entiende –al contrario de Llinás– que las obras se completan con los espectadores. “Al Dogo no le gusta ver las películas con gente, pero yo terminé de comprender lo que habíamos hecho con Historias cuando se estrenó en el Bafici. Era un material tan generoso, tan pletórico, tan múltiple, que la gente no podía terminar de entenderla. Pero salían con los ojos rojos durante cada intervalo, y te agarraban para saludarte, para agradecerte. ‘¡Quiero que dure toda la vida!’, me dijo uno, y es algo que no me voy a olvidar jamás. (...)

Una de las características de las películas de El Pampero es que, ya desde Balnearios, son trabajos que, a partir de la puesta en duda de la posibilidad de narrar, ponen en funcionamiento una maquinaria narrativa que arrasa con todo. Arremangándose y poniéndose, justamente, a contar historias. “Nuestro problema es cómo volver a la ficción, desde un lugar que no sea reaccionario ni anacrónico”, barrunta Llinás. “Cómo hacer ficción después de Godard, digamos.”

Nota completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8214-2012-09-10.html