El arte tan posible

El arte que nos cura, nos nutre, nos redime, no nace con la idea de hacernos el favor de la catarsis. No sabe cómo llega, de qué herida se cae, cuánto costó. No sabe ni que es arte cuando toca este mundo. Se para ante sus padres pidiendo explicaciones que nunca saben darle. Se mira en los espejos y no se reconoce ni en formas ni en maneras de estarse quietecito. Siente un rumor por dentro que a ratos lo enloquece y le da miedo. Está en otra frecuencia de pasiones. Algo le duele mucho y no acierta a decir dónde ni cómo. Le faltan o le sobran las palabras. No le preocupa el tiempo o el futuro, pues se sabe pasado de antemano. Cada tanto se pierde, se apuesta a la ruleta, se droga, prostituye y emborracha como un hijo cualquiera. Pero tarde o temprano el mar nos lo vomita y amanece sin marcas, con su belleza intacta y los ojos abiertos para siempre.

m.trigo.