Vuelve No soy un caballo


El año pasado tuvimos la suerte de ver esta obra de Eduardo Pérez Winter que ahora regresa a cartelera. La felicidad de aquel día podéis recordarla acá.

http://mecagoenlabohemia.blogspot.com/2011/11/no-soy-un-caballo.html

Haceros un favor: reservad uno de vuestros miércoles para encontraros con esta exquisita propuesta.

No soy un caballo
Texto y dirección: Eduardo Pérez Winter.
Con: Diego Cremonesi, Francisco Egido, Walter Jakob.
Vestuario: María Sábato.
Escenografía: Carla Balboa.
Iluminación: Adrian Grimozzi.
Diseño sonoro: Alejandro Suárez Pryjmaczuk.
Realización de escenografia: Hernán Ghioni.
Operación técnica: Brenda Bianco, Alejandro Suárez Pryjmaczuk.
Fotografía: Julieta Exposito, Facundo Miguel Nívolo.
Asistencia de dirección: Hernán Ghioni.
Colaboración general: Laura González Miedan, Rocío Pichon Rivière.

SILENCIO DE NEGRAS
Luis Sáenz Peña 663
Miércoles 21hs.

De botones y vos

"¡Ellos están llenos de botones!"
Molly Bloom.


Despierto en muy domingo.
Y aunque sigo en capilla
y se ve que ladrando
sin morderte ni un poco,
me permito escribir
como si esto sirviera
para cambiar el mundo
o a nosotros.

Después de todo nada
nos pesa demasiado,
no hay de que arrepentirse
y es hasta divertido
este tener diez años
nuevamente
y ponerse nerviosa
sólo porque hay camisas
con botones chiquitos
que no rompo.

Después de todo nada
que pase queda
y esto terminará
cuando menos lo espere
como siempre sucede
con las puestas de sol
o el torpe calendario
cansado del deshoje.

Y aunque sigo en capilla
después de todo qué.
Habrá que despertarse
tan domingo cualquiera
y salir allá afuera
a tropezar un mundo
que no nos necesita
ni nos quiere
tan igualito a vos.

Repleto de botones
y silencios.

m.trigo

"Ese" Joyce


Enfrentarse a un puñado de páginas cuyo valor dentro del paisaje de la literatura universal es inamovible, acercarse a una forma sobre la que hay miles de estudios teóricos para darle vida a su contenido prestándole voz y cuerpo al personaje femenino que habita en esas frases, es un desafío al alcance de muy pocos. Baliero y Banegas lo logran con creces en Molly Bloom.

¿Quién no ha fantaseado alguna vez con dar voz a Molly Bloom? ¿Qué mujer que haya llegado a esas páginas del Ulises no las ha releído una y otra vez atrapada por esa oleada de verdades, su humor y ese pulso arrebatado en el que inevitablemente se reconoce el propio latido? ¿Cuántas veces se habrá leído en voz alta ese hilo de pensamiento tejido por un Joyce cuyas carcajadas quedaron resonando para siempre en el limbo de las glorias literarias?

Pero una cosa es leer en voz alta esas páginas en el curso de una clase o en uno de tantos congresos complacientes donde los expertos se adormecen con sus sabidurías respectivas, y otra muy distinta, es hacer que esa voz se convierta en una persona durante cincuenta minutos. Eso es lo que consigue Cristina Banegas en la puesta que se presenta en el C.C.C.

No hay grandes artificios en la escena. Apenas los elementos imprescindibles para generar un marco agradable y simbólico a lo que, aparentemente, será una lectura. Blanco, rojo y negro. Un atril, luz, un único efecto de sonido y una actriz descalza. Es todo. Y cualquiera que haya visto Molly Bloom sabe que en esta enumeración la actriz descalza es lo único importante. Porque la actriz se enfrenta a "ese" Joyce.

Banegas exprime cada frase. Cuerpo y voz se aúnan trascendiendo la experiencia de la lectura para convertirla en algo memorable. La actriz disfruta con cada salto en el vacío de Molly y nos arrastra en ese torrente de imágenes logrando que el paso del tiempo, ese desvelo poblado de recuerdos, deseos y rutinas, transcurra ante nuestros ojos. No enumeramos la suma de elementos que nutren su trabajo porque se trata ni más ni menos que de una síntesis genial de talento actoral, es decir, años de profesión generosamente entregados a la idea para lograr el mejor de los resultados posibles.

Da vértigo imaginar las infintas opciones que fueron descartadas a lo largo del proceso creativo de esta puesta. La posibilidad de trabajar este texto en escena engolosinaría a cualquiera. De ahí que haya que celebrar la inteligencia de la dirección de Baliero al dejar que el protagonismo siga descansando en el texto. "Ese" Joyce no necesita nada más. Y Molly no puede estar más feliz.
Molly Bloom

Texto: James Joyce.
Dirección: Carmen Baliero.
Adaptación: Ana Alvarado, Cristina Banegas, Laura Fryd.
Traducción: Cristina Banegas, Laura Fryd.


Con: Cristina Banegas.

Diseño de luces: Matías Sendón.
Diseño sonoro: Facundo Gómez.
Realización escenográfica: Sol Soto.
Realización de vestuario: Marta Klopman.
Fotografía: Andrés Barragan.
Diseño gráfico: Ian Kornfeld.
Apuntadores: Tanya Barbieri.
Asistencia de dirección: Francisca Ure.
Prensa: María Laura Lucini Monti, María Sureda.
Producción: Ana Jelin.
Dirección de arte: Juan José Cambre.


CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN
Corrientes 1543.
De viernes a domingo, 20. 30hs.

Pragmatismo romántico

Dividimos el mundo en infinitas categorías para sentirnos más seguros, para generar certezas que nos permitan incluirnos en alguna. La edad de oro, segunda obra de la dupla Jakob y Mendilaharzu, nos sirve unas cuantas en bandeja para que, entre carcajada y puntadita de angustia, experimentemos nuestra catarsis junto a sus personajes. Unos personajes que nos conquistan con su torpeza y su pasión desmedida hacia un arte. Si los chicos de Los talentos se amparaban en la literatura para justificar sus días, ahora es la música y el virus del coleccionismo de vinilos lo que infecta las vidas de Víctor, Horacio y Jaime.

Entonces, posibles divisiones del mundo conocido.

Melómanos o no.

El músico elegido para encarnar la pasión es Peter Hammill. Horacio no puede tenerlo más claro: El mundo se divide entre los que comulgan con su estilo y los que no pueden asumirlo. Y obviamente, el noventa y nueve con nueve por ciento de esos entendidos son hombres. Puesto que es su fervor por la música lo que les permite u obliga a relacionarse con el mundo, el amor apenas es una extensión de ese universo musical, así que la mujer perfecta, por lógica, será la que encarne esa posibilidad del uno por ciento. Deben amar a Hammill primero para que ellos puedan considerar el quererlas. Así entra en escena Guillermina. No sólo es mujer, es jovencísima, y recién iniciada con éxito en ese doble culto: el vinilo y Peter Hammill.

Coleccionistas o no.

Todo el que colecccionó alguna vez recuerda la poderosa ansiedad que se apodera de uno al perseguir el objeto deseado. Puedes pasar por el martirio del álbum de figuritas durante un tiempo y curarte. O no. Puedes convertirte en coleccionista y saber que el resto de tus días estará ligado a esa imperiosa búsqueda que te asaltará donde menos lo esperes, en la peor de las circunstancias posibles. Jakob y Mendilaharzu crearon a los personajes que encarnan esos tres estados: Horacio, que supo ser coleccionista, Víctor, que lo sigue siendo pero se ve obligado a vender sus piezas como quien entrega partes de su vida, - "¡Confundís valor con precio!", le espetan con el humor tan preciso que identifica a estos dramaturgos - y Jaime, quien comienza a padecer el placer como necesidad cifrando en cada nueva adquisición de un disco su dosis de felicidad.

Prágmaticos y románticos o "modelo americano y resto del mundo".

Sin duda, esta es la categorización ante la que el público no puede evitar posicionarse. La división más tajante. La que late en el pulso de los personajes y sostiene el vaivén del argumento en una pulseada tragicómica. No hay decisión menor a la hora de formar parte de un grupo u otro. El público lo sabe y teme la llegada de ese momento, el acontecimiento que les hará cambiar sin percartarse.

"Ya te vas a dar cuenta de que todas estas cosas no importan nada", le asegura Horacio al joven Jaime, desde ese horizonte de experiencia limitada que sólo el paso del tiempo define volviéndonos un poco cínicos para que nada duela demasiado.

Con o sin manual.

Y he aquí la categorización que más carcajadas de comprensión arranca en la platea, porque todos sabemos que el mundo se divide entre los que leen, entienden y respetan los manuales de instrucciones y los que los contemplan desde lejos confiando en su intuición para enfrentarse a los procesos.

Hay que recordar que La edad de Oro nació como parte del Proyecto Manual del Rojas, es decir, que debemos su nacimiento a un desafío temático que Jakob y Mendilaharzu convirtieron en un elemento dramático que adquiere un sinfín de connotaciones simbólicas. Es un brillante y feliz ejemplo de cómo la imposición de un tema no implica necesariamente el uso y abuso de los tópicos, si no que exige encontrar una conexión íntima, es decir, original, para abordarlo con éxito.

Lujos añadidos: el destacable trabajo del elenco y la banda sonora.
 
Cita para los viernes.
 
Nota de Spregelburd relacionada: http://www.revistaotraparte.com/n%c2%ba-25-verano-2011-2012/las-tragedias-optimistas
 
La edad de oro

Texto y dirección: Walter Jakob, Agustín Mendilaharzu.
Con: Alberto Ajaka, Denise Groesman, Ezequiel Rodríguez, Pablo Sigal.
Escenografía: Magali Acha.
Iluminación: Adrian Grimozzi, Eduardo Pérez Winter.
Ilustrador: Ignacio Masllorens.
Diseño gráfico: Andrés Mendilaharzu.
Asistencia de dirección: Gabriel Zayat.
Productor asociado: Roberto Malkassian.

Teatro El extranjero
Valentín Gómez 3378
Viernes, 23.30hs.
www.elextranjero.com

Homenaje a un elefante asesinado por un rey

I

No existe el idioma de los elefantes porque hay cosas que no se hablan.


Los paquidermos no son tan raros como parecen en los zoológicos.

Antes había elefantes en Sudamérica; antes del hambre, habían muchas cosas en el fondo del bosque.

Yo me acuerdo un poco, no tanto porque era muy niño y de otro color.

II

Para matar a un elefante hay que dispararle por el ojo porque su piel es muy gruesa.

Entonces, para matar a un elefante hay que mirarlo a los ojos, reflejarse en esa babita africana.


El elefante no comprende la muerte porque todo en él es memoria y la muerte está en el futuro, como una banderita de ningún país.


III

Los reyes matan elefantes, venados e indios.

Te podrían matar a ti por ser tan venado o por ser tan india, no sé.

Te escribo para decirte que te cuides porque los reyes católicos salieron con un rifle otra vez.


IV

Una vez vi un elefante pasar corriendo por mi calle; nadie lo vio porque en invierno nadie ve nada.

Tampoco vieron a la niña manca que galopaba en él hablando con una lengua de fuego africana.


Tampoco vieron la estrella de Belén, baila que baila, apuntando a todos lados.

Ni vieron cuando se elevó y antes de perderse golpeó la cúpula de la basílica del Parque Almagro.

V

Te escribo porque los reyes andan matando elefantes, y aunque tú eres menudita y tu piel es de otro color, pienso que un balazo te haría llorar mucho y no sería bueno que se nos inundara el territorio otra vez.


VI

Te escribo porque sé que desprecias la cacerías de los reyes tanto como yo, pues sabes que hemos sido presas tantas veces, porque hay hay algo ibérico en nuestras caras que nos duele tanto como lo indio y lo negro, porque una vez jugamos a los elefantes e hicimos trompas con las manos y yo sé que ahora todo lo graban y lo ven luego en las oficinas.



VII

Te escribo a ti también, rey de España, te condeno a crucificar a un elefante.


Para que veas que no soy un salvaje, dejaré que primero lo mates de lejos a escopetazos y dejaré también que tu corte te ayude en eso, pero a la cruz lo subirás tú solo.

Quiero que tus caderas conozcan el peso de la muerte.


Pablo Paredes M.


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-7877-2012-04-26.html

Nada de la vida, salvo la peluca

No es cierto que se vuelve,
no se regresa a nada,
nadie,
nunca.

Sin embargo, acá estamos
recetando sorpresas,
empaquetando sueños
y diciendo que no tenemos prisa
porque todo es posible.

No es cierto que se quiera
ahora de otra manera,
pero se quiere acaso
despreocupadamente
y el amor desmedido
cansa menos.

Y por eso acá estamos.

Porque la vida
también saber ser esto:
peluca, tacos nuevos,
y estarse quietecita
sonriendo bajito
sin besarte.

m.trigo.

La edad de Cristo ahora

Tiempo de ser quién sabe.


Salvar humanidades o a una misma
de tanta incertidumbre trasnochada.

Negar antes que el gallo cuente tres
será decir que no,
que no te quiero tanto,
que no te quiero nada,
que no te quiero igual.

Nuevo deseo.

La edad de Cristo ahora.

Un año de mejores intenciones
y un horizonte intacto
sembrado de problemas
donde el sol no agoniza como suele.

Silbar pese al vinagre de la esponja.
Cantar como al final los Monty Python,
porque no todo es llanto
ni absurdo sacrificio
por un futuro en rama
que garúa finito
y mansamente.

m.trigo.

Dark bride or whatever

Entonces vas e inventas un mundo muy posible

donde novias son otras que están antes que vos,
y todas se marchitan o se ahorcan
con su velo tan blanco envejecido
y a alguna la rematas en el baño,
ahogada cual Ofelia de pintura,
porque no hay apellido que te vista de seda
el tiempo suficiente como para salvarte
del infierno cualquiera que son las mil mañanas
al lado de un señor que todo sabe,
al lado de un señor que te adivina,
te lee el pensamiento y se te aburre
como si siempre así,
como si el tiempo fuera culpa tuya
y no del calendario y los aviones.

Entonces vas e inventas una banda de rock
so aulladora
que sólo da conciertos clandestinos
en medio del desierto pasada medianoche.
Y allá llegan minitas industriales
con cara de princesa prometida
a quien romper los dientes de un descuido
o pisar muy con tacos finamente.

Y allá llegan legiones de muchachos
disfrazados de sapos tan azules,
principitos en jeans muy desgarbados
que comen corazones
y besan despacito y fuman demasiado
y beben sólo whisky y nunca dicen no.

Y vos tan camuflada en tu peluca,
bufanda de palabras y sonrisa
salvándote del cielo prometido
une fois de plus.

**

Préstamo de: www.ellatambienlaestapasandomal.blogspot.com

El arte de citar

Píldora de Vila- Matas.

"Yo me formé en la era de Godard. Así como él decía que quería hacer películas de ficción que fueran como documentales y documentales que fueran como películas de ficción, yo he escrito –o pretendido escribir– narraciones autobiográficas que son como ensayos y ensayos que son como narraciones. Y tanto en unas como en otras he insertado mis citas. Decía Susan Sontag en el prólogo del admirable –hoy bastante extraviado– libro Vudú urbano de Edgardo Cozarinsky, un pionero y gran experto en incluir citas en sus relatos: “Su derroche de citas en forma de epígrafes me hace pensar en aquellos films de Godard que estaban sembrados de citas. En el sentido en que Godard, director cinéfilo, hacía sus films a partir de y sobre su enamoramiento con el cine. Cozarinsky ha hecho un libro a partir de y sobre su enamoramiento con ciertos libros”.

Me formé en la era de Godard. Lo que le había visto hacer a éste y a otros cineastas de los ’60 lo asimilé con tanta naturalidad que después, cuando alguien me reprochaba, por ejemplo, la incorporación de citas a mis novelas, me quedaba asustado de la ignorancia del que reprochaba aquello, en el fondo tan normal para mí. A fin de cuentas, poner una cita es como lanzar una bengala de aviso y requerir cómplices. Me sorprendía encontrar tarugos que veían con malos ojos lo que yo siempre había visto con mi mejor mirada: esas líneas ajenas que uno incluye con uno u otro, o ningún propósito, en el texto propio. (...)


Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que se le vienen a uno a la pluma cuando nos empeñamos en esa vulgaridad suprema, “no deberle nada a nadie”. En el fondo, quien no cita no hace más que repetir, pero sin saberlo ni elegirlo".


Por favor, leer en su totalidad.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4621-2012-04-02.html


**

Nota: Vudú urbano, de E. Cozarinsky, se reeditó y se encuentra fácilmente en Buenos Aires. Caminen por las librerías de Corrientes un rato y lo tropiezan.

Rodrigo García

Nos gustan los textos de Rodrigo García. Su brutalidad, su desparpajo y su humor. Quizá nos gusten más sus textos que sus puestas, es cierto, pero eso es un problema nuestro, un problema de estómago quizá, un exceso de sensibilidad poética sobrealimentada por otro tipo de experiencias. Falta de costumbre. No dejaremos por eso de acercarnos a ver su trabajo. Porque en los tiempos que corren, si alguien consigue inquietarnos, desconcertarnos o simplemente molestarnos haciendo teatro, bienvenido sea.

Por cierto, el libro Cenizas escogidas, editado por Uña Rota, es una lectura obligada para entrar en el universo García.

Hasta el 11 de mayo puede verse en Timbre 4 Prefiero que me quite el sueño Goya a que lo haga cualquier hijo de puta. (Y ya sólo por ese título, no dirán que no merece acercarse a ver qué onda). Con dirección de García Whebi.

Acá un fragmento de la nota de Agustina Muñoz sobre el autor.

(...) "la obra de García Wehbi no sólo viene a rescatar a ese autor vapuleado sino que viene a tomar partido por todo un estado de cosas en el teatro actual con las que no está de acuerdo y que abre una discusión sobre la relación entre una sociedad y su arte, lo que la violenta, la sorprende, la conmueve o la aburre. Que si Europa celebra estas obras porque tiene culpa, o que los argentinos no quieren enfrentarse a sus problemas, imposible saberlo sin la distancia necesaria. Pero sí vale la pregunta de por qué a los europeos les gusta tanto que un autor les diga en la cara: “Están hechos unos gilipollas que no saben hacer otras cosa que comprar y vender” o “Atreveos a vivir en la pobreza, en la pobreza se vive mejor” o “Es imposible confiar en la inteligencia de un europeo menor de setenta años porque un europeo menor de setenta años no sabe qué es sufrir”. Las reacciones del público tanto acá como allá hablan siempre de algo más profundo: de lo que una sociedad espera del arte y de lo que está dispuesta a recibir de él, de las instituciones y festivales que legitiman los discursos (artísticos o políticos), lo que es prestigioso y lo que queda en los bordes, los espectadores que aplauden, se van indignados o vomitan y la relación de eso con la realidad que rodea a la obra.

Nota completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-7831-2012-04-02.html

Prefiero que me quite el sueño Goya a que lo haga cualquier hijo de puta.
De Rodrigo García.
Dir. E. García Whebi.

Teatro Timbre 4.
Méxiso 3554.
Viernes 23.15hs

Imperdible



¿Ya vieron Los Talentos? Muy bien.

Vuelvan a verla.

¿Aún no? ¿Y a qué diablos esperan?

De la dupla genial Jakob y Mendilaharzu, otra obra recomendadísima que ya están tardando en agendar.

LA EDAD DE ORO
Dramaturgia y dirección: Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu.
Actúan: Ezequiel Rodríguez, Pablo Sigal, Alberto Ajaka y Denise Groesman.
Escenografía: Magalí Acha.
Iluminación: Adrián Grimozzi y Eduardo Pérez Winter.
Ilustraciones: Ignacio Masllorens.
Diseño gráfico: Lady "R" y Andrés Mendilaharzu.
Asistencia de dirección: Gabriel Zayat.

Viernes a las 23.30hs.
TEATRO EL EXTRANJERO
VALENTIN GOMEZ 3378
RESERVAS: 4862-7400