Cosas de los retornos

Hay quien los dice eternos. Porque uno se comienza eternamente y entonces es sencillo asumirse en regreso. Sin embargo, siempre hay algo que cambia. Nunca es la luz la misma, ni el día, ni la hora, por eso de que nada se repite tampoco en el teatro de la vida.

Se regresa a la inmensa novedad de los recuerdos.
Se regresa a unas calles que supieron llevarnos por ahí.
Se regresa a unas pocas miradas, a unos cuantos abrazos, a un silencio.
Se regresa a costumbres ya olvidadas. A olores y comidas. A cierto ritmo ajeno.

No se regresa nunca a lo que ya se tuvo.
Sabina lo resume: "En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver"...

Y es así. No se regresa nunca en realidad. Porque el espacio sigue, la incierta geografía de los mapas permanece, pero el tiempo es distinto y nosotros también hemos cambiado.

Y entonces no hay manera.